Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

domingo, 28 de diciembre de 2008

Diez mil besos, diez mil lágrimas...

Nunca lo recuerdo. De una vez a la otra, tan separadas, logro dejarlo en algún lugar de mi no consciente. Hasta que vuelve y me sorprende, con mayor intensidad. No sé si es el tiempo que llevo encima el que lo potencia, pero aseguro que esta vez ha sido con tanta fuerza, con tanta furia, que me ha desolado por dentro y me ha agarrotado la garganta, impidiendo articular voz, sonido. Solo ganas de llorar, sintiéndome en un desierto, el mío propio, ese que hace que haga ya tantos años que no soy, que vivo en algún lugar distinto a mi, que no me reconozco.
Miedo. Desolación. Soledad. Otras lindezas tan tópicas que obvio dejarlas aqui. Serán diez días. Diez noches. Diez mundos. Diez vidas. Dos continentes. Diez mil anécdotas que me pierdo. Veinte mil momentos en los que echar de menos. Y sus lágrimas [idénticas a las mías de ahora].
Y su voz pequeña, angustiada... mami, es que si se cae el avión... Y una pena, su impotencia, la mía. Los remordimientos del egoísmo. Los replanteamientos de una vida por vivir, con sus reproches de colores, como el papel de envolver, charol, satin o pinocho. ¿Y si se cae? Me pongo a imaginar, adivinando las letras en el teclado, más por inercia y práctica que por nitidez.
Suspiro y su olor está en mis manos, procedente de las suyas, en todos esos minutos en que me las ha sujetado sin poder despegarse ni un centímetro, entre abrazos apretados de melena al viento y la cabeza hacia atrás, consciente del fin de las cuentas, de que venían por ella. Pidiéndome besos en su piel para poder regresar a recogerlos cuando me extrañe, en el mismo lugar, esta vez el dorso de la izquierda, al azar, por comodidad. Allí he depositado diez mil besos cortos, apretados en la piel, escondidos en los pliegues, esparcidos generosamente en toda la superficie para que sean también besos fáciles de encontrar, en caso de necesidad. Qué caso tan probable, el de esta necesidad. Dios mio...
Mientras, él, tan mayor, tan cambiado, tan de ángulos rectos y mirada asustada, disimulándose a si mismo, a mi misma. Despidiéndose a su modo, con algún abrazo, sufriendo ante la frase en cursiva que oyó al vuelo, pensando en voz baja un algo así como qué iba a ser de mi si se cae?
Todavía no saben que, siempre, la vida continúa.
A pesar de todo, de cualquier cosa. Incluso de estas ausencias tan desgarradoras...

Let's see... 2009!

Me siento en la extraña obligación de no marcharme sin desearos... Bueno... desearos... Quiero decir... ahora que estamos en plenas fiestas, se acaba el año, va a comenzar otro... Y todo eso. Pues parece como algo obligado esto de dejar un mensaje típico, un topicazo, vamos...
Y lo cierto es que a todas no... pero a alguna, aislada, pues no digo yo que no... No es un deseo invencible, ni mucho menos. Pero deseo, al fin y al cabo, si... probablemente... Tal vez necesitaría más datos, más contacto, más conocimiento. Pero no importa...
Y dicho esto, como van a ser muchos días de desconexión, os confieso en voz baja que tengo el convencimiento de que el 2009 va a ser un año especial. Por no decir extraordinario. Y se adminten apuestas.
We'll see...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Primeras veces...

Puf. Ya no sé si esto va a ser resistible. Recuerdo borrosa la comida de despedida de navidad y empezar vacaciones. Salir volada con el coche para ir en busca de mi descendiente menor, acogida con su ascendente en dos grados, y comenzar un recorrido largo por algunas tiendas en busca de. En casa, maletas por hacer. De las complicadas porque debían contener material blando, del que se usa excepcionalmente, y duro. Para tres. Muchas bolsas. Suerte que el espacio no es problema. Dos días de ejercicio intenso a un ritmo infantil, que parece que [ahora que bajan precios] desayunen diesel A+. Y dos noches insuficientes para recargar mis modestas y gastadas baterías recargables. Deshacer tantas bolsas como hice y organizar la ingente cantidad de cosas a lavar. Últimas compras. Contrareloj y a la escapada. De nuevo organizar en grupos la ropa limpia y planchada. Serán necesarios un par de equipajes diferentes, esta vez. Un grupo para dos días, con frío, estilo city. El otro, para más de una semana, compaginando ciudad, montaña y el mismo deporte practicado. Se efectúa un volcado de aramarios y problema resuelto. Mientras quepa. Pero a estas alturas ya se tienen maletas de tantos tipos y tamaños como existen en el comercio legal.
A mi se me cierran los ojos de pie, en movimiento, mientras paseo arriba y abajo la casa, tratando de recordar la cosa que se me olvidaba pero es necesaria y ni que me maten. Acaba saliendo, accidentalmente. Y se coge y se incorpora al equipaje. No hay que olvidar ni mochila, ni uniforme ni material deportivo, que el primer día de cole salen desde ahi. No desde aqui. Y mi otra maleta, la grande, la de las cuatro ruedas, la de tantos días, se va llenando de objetos a base de memoria. Esta vez olvidé consensuar el contenido del excel habitual y ya no sé si convienen cinco camisetas térmicas o eran cinco los pares de guantes y/o los cinturones. En fin. Apelando al sentido común. Pero la opción seguir una lista perfecta me resulta mucho más cómoda, la verdad. Desde ayer está todo listo. Bueno, todo quizá no. Falta el necessaire [anda que no me dí cuenta mayor del significado de esta palabra, a pesar de haberla usado toda la vida...], prendas de ropa que se estaban secando. Y así. Habrá que hacer memoria y leer las listas que voy dejando sobre las cosas con la relación de things to do before I... leave [qué película tan bonita me pareció y qué magnífica Leonor].
Se me acaba una etapa. Ayer pude salir de casa por los últimos regalos sabiéndoles a ambos en casa y me dí cuenta de que era una "primera vez". Hoy están cada uno en su cuarto, con sus cosas de teki y las novedades que la mamá noël les ha dejado hoy. Eso es otra primera vez...

martes, 23 de diciembre de 2008

...Mis genes recesivos y yo os deseamos felices fiestas...

viernes, 19 de diciembre de 2008

Friday night...

Nunca me hablan de ti. Y a veces pienso que sería una buena solución, ya que no he aprendido a olvidar. Ni siquiera soy elemental, en según qué asignaturas. Pero algo me dice que debes seguir viviendo, muy cerca, no en soledad, en una vida rutinaria que gira alrededor del quinto día de la semana y [sobretodo] de su larga noche, rellenándote de alcohol y sonriendo como imbécil. O idiota, que no hay grandes diferencias. Y la mirada perdida, peligrosamente ausente, por vacío. Hoy es uno de tus días y no te gusta la navidad. Por dentro tienes un desierto...

Renuncias y adicciones...

A veces se me llena la cabeza de ganas y de impulsos y las imposibilidades los multiplican por cinco. Con ello tenemos la palabra enorme e invencible, por ejemplo. Lo que, unido a perseverancia y alguna que otra cosa de estética naïf, produce insomnio, como mínimo. Vuelvo a pensar en las renuncias y sé que hacía tiempo que no me sucedía. Forman colección, listado, relación. Y continúo adelante, como si tal cosa. En realidad no sé si algún día cometeré una barbaridad. [Y te besaré, por ejemplo. Porque es lo má sorprendente que podemos regalar, a veces. El beso]. Sí, pensaba de nuevo en las renuncias y repaso deprisa la ya larga lista. Se acumulan con el transcurso del tiempo. Así que. Y el resultado, ahora mismo, es que me quedé sin adicciones. He podido con todas y con la ayuda de tantas cosas, incluso de personas. Y eso, indudable, me ha redefinido hasta arrojar el resultado que soy hoy. Pero creo que lo único que cuenta es que tú eres mi única adicción. Ya ves...

jueves, 18 de diciembre de 2008

Reporte de una cena excepcional...

Así me siento...
Tengo
los órganos vitales adormecidos,
las partes blandas rígidas,
la mente líquida,
el alma partida...
Anoche volví a enfrentarme a ella, con toda la ilusión que había podido coleccionar en apenas una semana. La tengo muy presente y, sin embargo, nos vemos tan poco. A pesar de sus promesas, siempre soy yo quien establece contacto. [He hablado de ella en otras ocasiones. Es la de los chicles de clorofila]. Siempre promete llamar, con esa cara de disculpa, consciente -ella, yo también- de que no va a hacerlo. Por miles de razones que sé resumir: no quiere importunar, no soporta la idea de avergonzar. No son esos los verbos exactos. Creo que tampoco puede con el adjetivo "pobre" que suele acompañar su nombre.
Procuro prepararme antes de verla, borrarme de la cabeza la imagen de adolescente corriendo hábilmente tras el balón de baloncesto, recordarla como la última vez. Y siempre revivo la conversación mantenida en la calle con una de sus hermanas: "...sí, pero es que... es degenerativo...". Y procuro agravar un poco a ciegas su estado actual. Pero su proceso va mucho más deprisa que mi imaginación, que se niega a estroperala, a hacerle daño, y cada vez me sorprendo girando la cara para que no vea cómo mis ojos se llenan de lágrimas.
Camina muy despacio. Mucho. Arrastrando ambas piernas, en cada paso, desde detrás y hacia adentro. Tiene que acompañarlas al sentarse y levantarse. Se apoya, insegura, en un solo bastón. Empuñadura de plata, caña de color negro, línea minimalista, de diseño. Y, al desplazarse [me niego a llamarle caminar], busca tu brazo, solo para sentir el contacto porque es como si no quisiera apoyarse, apretar, colgarse, depender de nadie. Solo tengo ganas de llorar. Y no puedo. En cambio, tengo extrañas sensaciones de rechazo ante lo sucedido, de furia con la vida, de superación [¡podremos conseguirlo!¡por favor, no te rindas!]... Quizá si pudiera darle ánimos para que encontrara un aliciente en su rutina rehabilitadora, tal vez llevármela a alguna parte, de viaje, empujando su silla de ruedas por calles y pasillos de aeropuerto, ella sentada, sonriendo y feliz...
Sentadas parece todo tan normal... Durante la cena es como si los años se hubieran detenido y las anécdotas que compartimos de nuestras vidas de hoy hubieran sido compartidas. La miro, la observo. Ya no está nerviosa. Ella está todavía más asustada que yo, antes de verme. No lo dice ella sino sus manos. Explora las reacciones ajenas para verse a si misma más allá del espejo, reflejada en nuestras expresiones. Y a veces no sé fingir, sé que percibe mi tristeza. Intento capturarla en la retina ahora que -pienso- todavía está bien. Pero no lo está. Aunque va a estar mucho peor. Y sé que me pierdo tantas cosas de su vida, que voy a extrañarla siempre, que lamentaré no haberme dedicado más...
Estoy intentando deshacer el nudo que me obstruye la garganta. Gracias. Necesitaba tanto llorar estas lágrimas como respirar un par de bocanadas de aire...

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Priceless...

Semana crítica, esta. Normalmente me alimento a mediodía y por la noche [también me quito el ayuno nada más despertar y justo antes de entrar en la ducha, pero eso -ya lo sé- es otra historia] pero con menos ceremoniales y comensales [de hecho, suelo comer sola, o hacerlo cuando me dejan porque ya estoy cansada de dar conversaciones absurdas que acompañen los ágapes, que han sido años de hacerlo y se me agotaron las ganas]. He perdido la cuenta de los encuentros navideños que llevo encima y, sobretodo, no quiero ni pensar en los que me quedan antes de poder tomar el avión. Todos los trámites previos, todos, los viviré con tanta pasión como me sea posible. Pero no me hago ilusiones, que a estas alturas de vida pasiones, pasiones... Creo que ya las quemé.
Confieso que no me gusta no poder esperar al menos una gran sorpresa por estas fechas. Es lo que tiene que ya me las hayan dado antes del día señalado. Pero creo que me pone triste, un poco, pensar que no habrá nada más. Es como si no fuera Navidad y a algo tendré que agarrarme para que me interese esta época, digo. En cambio, tengo tantas que dar [sigo hablando de las sorpresas, que la frase no había acabado] que me sobran los minutos que nos separan del momento cumbre. Esas caras de incredulidad y sorpresa, mezcladas con una medio sonrisa... Priceless...

martes, 16 de diciembre de 2008

Pensamientos sueltos e inconclusos, como todos los pensamientos...

Más de veinte días sin gimnasio. Me pregunto si mi mente va a poder. La cena de navidad con ellos ha sido este mediodía. Sí, aqui cenamos al final de la mañana. Supongo que no pasa nada, ¿verdad? Pensaba... He procurado no pulverizar mi satisfactorio decrecimiento pero he sucumbido en los postres. Frugal, discreta. Espero que mañana no me fusile la que viste bata blanca y ropa de calle debajo. Avanza la cuenta atrás. Aumentan los temores de siempre: que nada urgente intercepte mi asueto, que incluso yo merezco. Lo pienso elevando un poco la barbilla, mirando hacia las alturas, rictus solemne, expresión tan seria. Pero sin cruzar las manos. Por favor. El listado de favoritos da dos vueltas de pantalla y me aburre tener que bajar el cursor. Ya dije que me preocupaba porque la copia de seguridad que me hice con carpeta aparte está obsoleta, hasta desfasada. Sería triste, supongo, la pérdida. Pero reiniciaría mi tránsito desorientado por los lugares y reencontraría personajes. Seguro. Que de todo salimos. Se me cierran los ojos y eso significa algo: que tengo sueño...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Lo tengo...

Me cuesta mucho pedir cosas para mi. Hace mucho tiempo que he dejado de desear las cosas materiales que antes perseguía. Quizá sea tan austera ahora como mi blog. Lo ignoro, en realidad. Pero este año ¡lo tengo! Ya sé qué voy a pedirle al papá noel, los reyes, el niño, los hados, el año nuevo, los espíritus navideños y a quien corresponda.
  • salud [para mi y los míos]
  • ubicuidad y
  • una cajita.

Con que todo siga igual, me basta.

Con que no se me rompa más el corazón cuando quiero estar en un lugar y me encuentro en otro, sería fantástico.

La cajita [no importa ni el material ni el color o la textura; no tiene que ser muy grande] es para recoger las partículas de corazón que se me rompe cuando descubro que no tengo el don que me pido.

Sé que pido imposibles. Si fuera fácil, me lo conseguiría yo misma...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Un poco explicación. Un poco resumen...

Gracias, Farala, por decirme que este lugar es oscuro. Quizá tengas razón. Pero me cuesta hacerme a la nueva plantilla y organizar un espacio que no sea ni muy, ni más, ni menos. Y es complejo alcanzar el punto de equilibrio, porque -lo sabes- hablamos de sensaciones, de percepciones. Tan personales como el frío o el bienestar. Y lo que hoy [o a mi] puede gustarme, no necesariamente se mantendrá para pasado mañana [ni siquiera para ti]. La confusión y el desconcierto ya están servidos y somos unos cuantos comensales. Es como el maldito corte en la primera línea, al pasar a la segunda, se come algunas letras y no queda justificada la tabulación. O esto de los párrafos, que no se dejan separar por doble espacio [como a mi me gusta por deformación, incluso profesional]. Los bloques de texto se hacen insoportables de leer y tal vez no se lean nunca. Y seguro que hay otros detalles, cromáticos también, que se van escapando. Y bien.
He recorrido calas con un mar nervioso y varias filas de olas. No es normal en nuestro mar. Y el cielo cargado de lluvias lejanas, sobre el agua, lloviendo sobre mojado, hasta sobre las olas que habían de llegar a mis pies, todavía [y las quye estarán llegando, ahora mismo, de noche, oscuro, frío] en la playa de gruesa arena tan típica de aquí, con una pendiente fuerte y más en este invierno tan riguroso que vivimos estos días. Mientras, nevaba en otros lugares.
Bailaban nuestras manos y sonaba alguna música que sólo oíamos tú y yo, o solo yo, solo tú. Y nos caminábamos la piel y nos perseguíamos los poros y cada arruga, todas las dobleces y los rincones invisibles. Sólo se sentía, con la mirada al frente y un silencio roto a veces por alguna ola que conseguía atravesar las ventanas y el cristal y el son de nuestra música, la tuya o la mía. Y besos de vez en cuando, entre tristezas, porque todo es efímero y vuela y es fugaz, como el tiempo de mi nuevo reloj, con esfera blanca y metálica, nítida y limpia. Una luz gris plomo, la de nuestro mar; esta mañana y este atardecer. Salimos a buscar el sol y nos volvimos cuando era solo una gruesa franja naranja reposando sobre el mar de espuma y varias capas de olas blancas y azul cobalto. Un poco como el cielo.Y al regresar, el frío se había instalado en la punta de mi nariz y de mis dedos. A nuestras espaldas, todo seguía siendo naranja. Hasta que no lo fue más...

viernes, 12 de diciembre de 2008

Miedo...

Se avecinan largas vacaciones y encuentros familiares, compras, idas y venidas, nieve y playa, coches y aviones, movimiento y convivencia, enormes cambios cuando mute el año. ¿Quién dijo miedo...?

jueves, 11 de diciembre de 2008

Celos...

Las buenas noticias se suceden y concatenan y no salgo de mi asombro. Es como si estuviera esperando que todo volviera a la normalidad más anodina y compleja, la del esfuerzo y el premio, proporcionalmente exquisito. Y tengo pensamientos raros, como de desconfianza y por eso, hoy, he recordado la razón absoluta de nuestro final. Y hasta la palabra es fea, porque los celos [tan difíciles de explicar, de comprender, de padecer y de sobrevivir] arrasan con todo. Me ha costado recordar con precisión las sensaciones que tus dudas provocaban hasta en mi forma de mover las manos y de tocar el teclado y de mesarme el pelo y de mirar. Dudabas. Vivías dudando. Supongo que sigues igual, sobreviviendo, gris, sufriendo. Larga vida...

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Quiero deshacerme de ti, de una vez por todas...

¿Cuándo voy a poder deshacerme de ti, que regresas y casi compareces? ¿Falta mucho para que pueda dar por concluida tu etapa o lo que necesito es colocar un cadáver sobre el tuyo? Cierro los ojos, indefectiblemente, mientras tomo mis duchas diarias. Y ahora no quiero oir nada que tenga relación con el PH de mi piel, las capas protectoras y la corrosividad de los geles y champúes. Me ducho y cierro los ojos, digo. Y, al hacerlo, me observo. Levanto la cabeza hacia el techo y dejo que el agua caiga sobre mi cráneo y me resbale toda, de arriba abajo. Mientras, me enjabono con un metodismo que solo lo dan los años y la repetición de movimientos, que siguen un orden lógico y perfecto. Sucede lo mismo con el proceso de secado y odio compartir toallas. Ni siquiera la tuya ni siquiera la mia. Me visto por capas y siempre de la misma forma. La última prenda es el jersey, la camisa, la camiseta. Pero confieso que lo que realmente me gusta es no vestirme, aunque tuviera que ocultarme porque nada es como fue en su orígen. Pero me reivindico sin exhibirme. O me exhibo sin reivindicarme, como si fuera otra. Como si no fuera tú...

Día diez...

Hay muchas cosas (también de este lugar) que no me gustan. Intento, a mi manera, ir introduciendo mejoras, pero tengo limitaciones y ningún problema en reconocerlo. Este fin de semana me llamaron evangélica, por hacer cosas sin contarlas. La discusión procedía de que creo muy poco en la industria de la pobreza y prefiero actuar cerca. Pero soy respetuosa con la actitud de quienes me rodean y dejo vivir en paz. Y es que hasta quienes más cerca están de mi lo desconocen casi todo. A vueltas con las vidas paralelas y los compartimentos estanco. Quizá sea cierto que al final a todo nos acostumbramos, hasta a tener una vida B [y sino que se lo pregunten a Jei, que ha desgranado su blog principal en otro para apuntes de tono más intimista]. Lo malo viene cuando las vidas con las que tratamos de convivir son la C o la H o la N, de tantos espacios como conseguimos mantener abiertos de forma simultánea. Es bueno tener memoria, a veces. Sobretodo para mentir. Es un esfuerzo ímprobo el recordar los detalles. Creo que el verdadero truco es no levantar sospechas ni interés. Si nadie quiere contrastar información, difícilmente se pillará a nadie en falso, con el paso cambiado.
Estamos a día diez y solo hice un recado: no era precisamente ni prioritario ni estaba en las listas [en las mentales era solo una posibilidad que mutó en impulso irrefrenable. Nota: el regalo en cuestión no es para mi]. La multinacional francesa de la cultura y la electrónica me manda un correo informando que el día doce es el día del socio. Y yo ese día estaré muy lejos de uno de sus centros. Estupendo. Me inquieta no poderme dedicar con calma a hacer esas cosas que me ilusionan. Pero hoy tampoco quiero volver a hablar de la vida que llevo, el poco tiempo de que dispongo y lo atrapada que me siento en este papel extraño y polifacético. Me canso solo con pensarlo. Aunque los cuarenta minutos de cinta de hace un rato reconozco que me han cansado bastante...

martes, 9 de diciembre de 2008

Saberes...

¿Sabes?

Sabes a mar...

Sabes amar...

Sabes...

Contando hacia atrás...

Hace algunas semanas dije aqui que andaba de cuenta atrás. La primera se deshizo deprisa porque contaba horas para un encuentro y, cuando ha pasado, creemos que el tiempo vuela. Y no, es animal rastrero pero llega allí dónde se propone. Por lo que se refiere a la segunda de las cuentas, decir que ya voy por el 2, 1, 0, que pude con los tres primeros. Y no ha resultado nada fácil. Pero era necesario y me asombra mi infinita capacidad de renuncia. Me asusta la larga lista de cosas que se van quedando por el camino que recorro. No digamos la de personas que corren idéntica suerte...
Ya no es lunes. Y hoy sí quedan tres para llegar a destino. Sonrisa.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Noche...

Se conoce que a mi Estocolmo me sentó mal. Regresé con un leve escozor en la garganta. He hablado demasiado mientras caminábamos por esas calles oscuras y profusamente iluminadas con luces navideñas, pensaba yo. Demasiadas bocanadas de aire frío. Me tenía que haber puesto bufanda, como ellas. Y a base de ibuprofenos he conseguido ir haciendo vida normal. Bueno, normal, normal, no. Porque por primera vez en mi ya larga vida he conseguido dos veces en la misma semana correr más de media hora en cinta. Treinta y cinco maravillosos minutos. Y ni un atisbo de flato. Y el jueves, ayer, fue el último día, me sentía bien y mejor que me sentí al ser felicitada por un compañero, asombrado de que el tiempo que marcaban las cifras analógicas del aparato fuera real. Pero esta noche... esta noche... se desataron todos los demonios, comenzó el picor de garganta, la tos, el levantarme para ir a sonarme, a tomar jarabe, a chupetear pastillas para suavizar la garganta. Total, que he visto todas las horas que tiene la noche desde mi despertador y ahora tengo una laringitis de libro. Abierto. No he ido a trabajar y he dormido un poco a media mañana, después de acompañar a mi descendiente menor al colegio y de quitarme el ayuno nocturno. Necesitaba recuperar fuerzas porque ahora me toca cargar el coche, de cosas y de gente, y trasladarnos a todos [espero que san#s, salv#s y sin contratiempos] a unos ciento cincuenta kilómetros de aqui, a pasar un poco de frío, supongo, cosa que irá estupendo para mi laringitis... Pero tendrá momentos estupendos de fuego, familia, actividades en común, deberes, libros, mandalas, cocina y algún grito, que ya se sabe... Noche horribilis, por cierto...

jueves, 4 de diciembre de 2008

Yo querría...

...tener veinte años y ser como soy hoy,
pasear por la calle en un abrazo muy estrecho [como la pareja que acabo de ver por la ventana],
saber quién comparte tu vida,
hasta cuando vas a seguir amándome,
vivir un poco más intensamente y mucho más lejos de aquí,
preguntarte si me seguirías a las antípodas,
conocer tu significado y por qué lo hiciste,
verte los ojos y acariciarte en la nuca,
oler a ti,
no tener de qué avergonzarme,
poder asegurarte que no habrá nadie más que tú,
alejarme de mi misma pero contigo,
ocupar algún lugar en tus recuerdos,
ser encontrada,
permanecer inmóvil mientras me reconoces,
entender por qué se te acabó el amor,
escaparme a tu lado,
tenerme confianza,
sentir que no hay un lugar mejor en el mundo que tus brazos,
verme dentro de veinte años,
que no me impacientaran estas esperas,
ser algo menos ambiciosa con todo lo que querría,
que nunca te hubieran lesionado la médula con esos rayos,
que mis descendientes no tengan que sufrir,
recuperar la ilusión por algún capricho,
volver a soñar contigo,
poder parar esta lista infinita...

Mudanza inevitable...

Vengo de sparklingdreams.motime.com. Me gustaba. He estado ahi casi dos años. Están haciendo cambios y no puedo acceder. Como preveo que voy a tener problemas de ahora en adelante, he decidido cambiar, abrir otra etapa. Y aqui estoy. Pero en mi línea. Sin cambios. Intimista, solitaria, recurrente, nostálgica de fondo, metódica. We'll see...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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