Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 30 de abril de 2009

Breve despedida, breve...

Me pisan las prisas. El tiempo se acaba. No alcanzo a centrarme, con calma, para hacer las cosas despacio y obtener los resultados perseguidos. Las horas vuelan y el límite está cada vez más cerca. Quizá debiera estar peor. pero solo estoy así. No sé si es mucho o no. Si es nada. Tampoco sé si funcionará, siendo así. De momento, solo sigo con minúsculos avances, con pequeños matices, con insignificantes movimientos hacia delante. Tres días para detenerse y suspenderse en el aire, como ingrávida...

miércoles, 29 de abril de 2009

Precipitaciones...

Una vez dije que este [quizá el anterior] era un blog sincero. Tengo la suerte de no tener que camuflar otra cosa que mi identidad. Bueno, me temo que es lo más grande que alguien tiene que camuflar. Pero leo a pocas personas que no deban hacerlo.

El hecho de por qué me camuflo no es de interés ni objeto de análisis ni explicación, aasí que se queda así.

Venía a cuento lo de la sinceridad. Sí. Puedo hablar de lo que siente mi alma y solo corro el riesgo de que me reprochen la [¿cómo se llama?] nostalgia. Pero no el sentimiento en sí. Sin acritudes sentimentales. También puedo darme un paseo por sentimientos del pasado y personas que no forman mi presente silenciando nombres, cambiando algunos rasgos. Por prudencia. Pero no debo dar explicaciones ni desmentir que sean tan realmente importantes como parecen en el post. No soy un personaje, en conclusión. Lo que se ve es lo que hay.

Y así, en esa dinámica, puedo contar que "escultural" es [apartando a la modestia con delicadeza] la palabra que mejor me encaja cuando visto una ropa determinada. Así me siento después de que una de las cuentas atrás que comencé hace meses haya superado todas mis expectativas [nueve kilos menos, nueve] y enfundada en unos pantalones negros y subida en unos tacones, envuelta en una camiseta negra con parte de licra [supongo, no lo he verificado en la etiqueta porque no puedo: picaba y la corté al estrenarla, como casi siempre]. El gimnasio da sus frutos, lo aseguro, aunque hayan debido de pasar años desde que se inició mi rutina ininterrumpida de por lo menos dos veces a la semana. Supongo que sentirme así tiene tantas razones acumulativas, pequeños detalles, sensaciones agradables. Pero sentirse [y encontrarse] bien es incomparable con casi cualquier otra cosa... A pesar de que la realidad y la etimología puedan ser cosas tan distintas y la percepción de la palabra escultural pueda ser divergente y hasta contradictoria.

lunes, 27 de abril de 2009

Vivencias. Carencias...

Vives. Lejos de aqui. Lo sé ahora por diferentes vías. Y lo acabo de escuchar. Una grabación puesta deliberadamente a mi alcance. Creo. Hablas, en susurros, con quien compartes esta vida tuya. Lejos, como la vida mía. Y tan cerca de aquella que casi lo simplifica todo. Solo podría hablar del tono de una voz queda, que continúa. Sigues ahi, tan igual, tan grave, tan en serio. O tal vez no. El resumen, el resultado, la conclusión es ésto: vives, has sobrevivido, creo que estarás reviviendo algún minúsculo episodio de nuestros momentos y convives, con esa otra voz, tan sureña, tan didáctica y, por un segundo, tan imperativa.

Hubo un momento en el que pensé que no lo conseguiríamos. Y sin embargo.

Decisiones...

Creo que nunca lo supe, pero sabía. Me costó algún tiempo acostumbrarme, cambiar de hábitos y costumbres, no repetir los mismos gestos, las rutas, los caminos, no caminar contigo y no recogerte ni que vinieras a buscarme para verme unos minutos en el coche, aparcado en cualquier lugar de alguna calle poco transitada. Me costó mucho tiempo y toda la tristeza del mundo.

En cambio tú has aprendido a vivir sin mi. No sabías, porque te ahogabas al imaginar la vida con mi ausencia, en mi desaparición. Me decías que no podías seguir sin mi voz ni mis llamadas, mis caricias y mis cuidados, mi cariño o mis palabras; tampoco sin mis letras o mi forma de ver la vida, tan pragmática [quizá, a veces], tan así.

Ahora que la vida te ha cruzado de nuevo en mi camino, tantos años después, decido con cuidado, con mucho miedo, no volver a intervenir en la tuya, que ya aprendiste a continuar, como si yo hubiese muerto.

No me parece bien aparecer otra vez [con lo que nos costó la separación -exclamación-, que tuvo lugar en cuatro o cinco veces, todas tan difíciles y tan definitivas y con tantas lágrimas y hasta súplicas y/o peticiones desesperadas] y sorprenderte con un ha pasado mucho tiempo, han sucedido tantas cosas... te echo de menos...

Una idea y un hecho real...

Algunas veces nos detenemos y pensamos cosas que querríamos en el futuro. Posesiones, valores, formas de vida. No importa el qué. Nos proyectamos. Tengo la extraña sensación de que se me cumplen los deseos, las voluntades, las peticiones. Me cuesta concretar y tener certezas porque lo cierto es que ni apunto ni tengo buena memoria. Pero ahora que veo lo que constituye mi realidad trato de recordar las cosas que pedí y, algo debo olvidar [claro], pero alguien, algo repartió suerte y yo debía llevar los números premiados. Sin queja por lo que no tocó. Claro.

Me llora el ojo izquierdo. Con lágrimas. Aprovecharía la ocasión para llorar con sentimiento. Pero, como sé que no debo, prefiero no hacerlo y continuar, creyendo que soy bastante afortunada. Sin exageraciones.

domingo, 26 de abril de 2009

Joder, qué paseo...

Creo que voy a escribir de sobre un paseo. Quizá de la práctica de un senderismo. De trekking, para determinado tipo de persona. O personaje, depende. Un paseo improvisado. No por falta de preparación, no. La ropa y el calzado eran técnicos y en la mochila lo necesario. Improvisada la ruta elegida, sin mapa, solo las indicaciones del lugareño que regenta el supermercado que abastece a los pueblos de la zona, a muchos kilómetros a la redonda. Habla de varias opciones pero sus ojos, sus expresiones y hasta los gestos nos venden la segunda. Así que no hay duda. La subida a lo que queda de un castillo, desde el cual se ve una vista impresionante, de mar y montaña, a una respetable altura[que no puedo precisar por desconocimiento, no por falta de ganas]. Y, claro, hay que subir. Más de una hora, casi dos, subiendo, poniéndome a prueba, a ver si la lesión que se arrastra conmigo, los muchos kilos de menos, la abstinencia de nicotina desde hace tres años [más], el gimnasio, la felicidad, pueden hacerme subir sintiéndome bien. Y no recuerdo muchas cosas semejantes a la sensación que produce el silencio roto solo por el viento, una infinita soledad de naturaleza, el sol y el pelo despeinado, las manos entrelazadas fuera de cualquier bolsillo y pronunciar tu nombre seguido de algunas otras palabras que nadie comprendería... Subir atravesando pueblos abandonados, a medio reconstruir. Parar a observar las montañas que aparecen a los pocos minutos de haber mirado. Respirar profundo, consciente de que el aire se renueva constantemente, procedente del mar, camino del interior. Ese aire sabe distinto, huele a humedad y a nube. Compartir la vista, consciente de que lo que miro lo veo porque estoy contigo. Si estuviera sola me temo que me sentiría ciega...

viernes, 24 de abril de 2009

Infinitivos...

Estrenar amor. Retomar el interrumpido. Recrearse en la cotidianeidad de los gestos. Alargarte y encontrar. Llamar para conseguir una cita inmediata. Cerrar la luz, con el sueño en las pestañas. Pasear y descubrirse acompañad#. Poder desaparecer por un breve. Y de repente regresar. Todo continúa para poder seguir...

jueves, 23 de abril de 2009

Cómo me gustan el sol y el cielo azul...

Queramos o no, éste es un día especial. Comercial, tradicional. Huele distinto. Hasta el tiempo se ha superado a si mismo y el sol de hoy es de los que calientan de verdad. Hace calor. Hemos apagado todas las fuentes de calor regulables y la temporada de invierno ha terminado. La primavera [con su inseparable astenia] está haciendo acto de presencia para instalarse una temporada. Soy de esta época, me gustaría escapar. [Cada vez odio más escribir el "me gustaría" en un post, de verdad. Hoy yo no quería hablar de Sant Jordi, que eso ya lo harán cientos]. Me apetece vivir y los planes que me esperan me hacen sonreir por dentro, disimulando. Es una cosa mía, que me he acostumbrado a no compartir. A veces creo que estoy muy sola. A veces los demás también lo creen y se acercan a mi, silenciosamente, con sigilo, por temor a ser espantados. Tengo mala fama. Supongo que sucede que la vida se puede compartir mucho más de lo que lo hacemos. Conste que no soy reservada. Conste también qu ay no sé ni lo que están tecleando mis dedos, que sobrevuelan el teclado, con prisa, los esperan en otros asuntos. Y este es importante, aunque pueda no parecerlo. La terapia de escribir de forma automática una lista de incoherencias es, a estas alturas, imprescindible para aportar algo de cordura, acompañar soledades, limpiar ideas grises. Y compartir...

miércoles, 22 de abril de 2009

Los besos de siempre y las caricias finas...

Anoche. Anoche. Es una bonita palabra.

Me acosté con un libro encantador entre las manos, haciendo el tiempo que me habían pedido antes de cerrar la luz. Todo el mundo sabe que cuando se cierran todas las luces, lo habitual es que los dragones salgan de sus madrigueras, los secuestradores comiencen a observar tus movimientos, los asesinos actúen y, lo que es peor, los monstruos comiencen a acercarse a los pies de tu cama para sujetarlos por sorpresa e inmovilizar a las niñas de diez años. Eso es lo normal, digamos.

Normal. ¡Qué palabra tan compleja!

Anoche se me cerraban los ojos y se me caía el libro, pero aguanté lo suficiente y ha conseguido hacer la travesía a toda una noche en su cama, sin despertar. Esta mañana lo normal ha sido despertarla con los besos de siempre y las caricias finas que tanto le gustan. Además, he improvisado una canción, con su letra precisa, exacta, acompañando la conocida melodía en la que me he apoyado para la rima, y una breve y sencilla coreografía de baile, con sus giros, sus reverencias y genuflexiones.

Anoche [que es una palabra bonita] dormí de tirón, así que es normal [palabra compleja, si] que esté de buen humor.

Sí, de buen humor. A pesar de que mi experimento de ayer saliera bien y haya podido comprobar que correr en cinta me tritura la cadera. Al menos ya sabré qué explicar cuando comience la rueda de reconocimientos médicos que comienza en breve. A pesar del dolor, buen humor...

martes, 21 de abril de 2009

Verdades y confusiones...

Creí que se habían enamorado de mi. Una línea interpretada.

Por suerte, fue una confusión que duró solo unos minutos. Mia.

Escribo por suerte y todavía no sé si hubiera querido decir por desgracia...

Creo que todo está por hacer...

No sé bien si el cansancio me lleva o soy yo quien le arrastra. Tantos vuelos. Incontables pasos. Demasiadas noches insomne. Y digo insomne porque ese es el diagnóstico para quien suele despertarse más de una vez durante la noche. A pesar de ello, del cansancio, consigo acabar la clase de spinning y me quedan fuerzas para correr cinco minutos en cinta. Lo cierto es que hubiera durado más. La razón es que intento saber si eso ha sido la causa de mi lesión de cadera. La misma pierna, el mismo lugar que quién más me ha dolido. Es una coincidencia tan inexplicable e irracional que no voy a dedicarle tiempo. Podría ser hasta casual.

Quizá tengas razón al decirme que esa es su única forma de estar en contacto conmigo... Pero me temo que alguien cabal decidiría contactarme directamente, sin usar intermediarios. ¿O no? Sí, creo que opinarás como yo. No deja de ser sorprendente que decidiera triturarme a mi y a mi autoestima, sin miramiento alguno, y mantenga ahora esta actitud proteccionista, como de estar en contacto para que no note nada extraño. Más de tres años después... Es, como mínimo, sorprendente.

Hay un lugar esperando. Y mil cosas que hacer. Moverse despacio y con cuidado para acabar mimetizada, absorbiendo los silencios del viento y oliendo a lavanda. El césped no existe todavía. Los mínimos detalles gritan por los rincones. No puedo parar, ni siquiera quiero dejar de pensar en ese paraíso, al que creo pertenecer con algo de culpabilidad mal disimulada. Son vidas que podrían transcurrir fundiéndose con la nuestra y sin embargo...

lunes, 20 de abril de 2009

Reflexión. Breve.

Salir de viaje me gusta.

Me permite echar de menos.

Puedo regresar...

miércoles, 15 de abril de 2009

Nunca seré para ti...

Terrores nocturnos.

Insomnios.

Arritmias y taquicardia.

Persecuciones verbales y perseverancia ligera.

Incertidumbres o certezas.

Tiempos aprovechados y perdidos.

Futuros que tal vez serán.

Revisiones rutinarias.

Reuniones y risoterapia.

Masajes y cítricos.

Silencio. Profundo.

Soledades a distancia y miradas compartidas.

Recuerdos y dolor.

Sonrisas a solas por lo que podría ser.

Pero no será.

Los relojes no son para la garganta.

Tú no fuiste nunca para mi.

Pero todavía no lo sé...

martes, 14 de abril de 2009

Otras vidas, otros mundos... Que sí...

Tenía asumido que todo terminaría, porque ya soy mayor. Sé que las cosas agradables acaban y con ese principio básico bien digerido me voy moviendo por la vida. Nunca mejor dicho. Y decía... que he regresado digna y con la cabeza alta, tratando de tener controladas mis respiraciones, no perder la calma, procurando que el abatimiento no se me instalara entre las cejas. Pero hay cientos de mensajes que me llegan por todos los flancos y son, precisamente, de los que te sumergen, te tiran para abajo, como hundiéndote. Este símil habla por sí solo de la sensación de pánico que siento cuando tratan de ahogarme en el agua. Dentro de la relativa gravedad de algunos de ellos, los mensajes son más bien grises, pero de un gris oscuro, casi negro. Y así, claro, cuesta bastante resistir.

Existen otras vidas, otros mundos. Estoy de regreso de ellos. Así que lo sé perfectamente, lo tengo claro. La idea [exagerando un poco] me tortura porque todavía me siento más estúpìda que antes, que nunca. Como si me estuvieran tomando el pelo o fuera tan poco hábil como para no saber organizar una vida como la que veo en sueños. No me refiero a palacios, tampoco a paraísos. Eso forma parte de otra categoría y no hablamos de ello. Me refiero al ritmo lento, al tiempo ocupado, al ejercicio y la respiración, al verbo compartir y a la palabra cotidiano, a lo que sucede en horizontal, también a la calma vertical que sobreviene después con las miradas, a las pequeñas cosas que jamás se pueden vivir, al té de la tarde y a recordar que le gusta que le hidraten la piel de la espalda después de la ducha o a olvidar la nota bajo la almohada cuando ya me marcho, con la maleta en mano y silencios en la garganta, tristeza en los ojos. Luego tratas de encontrarle una explicación [una, no más; solo una, A ver...] a esta rutina, a todas las decisiones que te han traído hasta aqui, después de tantos años acertando y errando. Miro. No me gusta. Creo que cambiaría todos los paisajes, los escenarios, los fines y algunos de los personajes de la película. Y saldría otra cosa, resultaría un nuevo ser.

Hay otras vidas. Que sí...

viernes, 3 de abril de 2009

Va de silencios y ningún corchete...

Esto va a guardar silencio algunos días. Creo. Aunque, pensándolo mejor, si encontrara algo de tiempo, quizá...

jueves, 2 de abril de 2009

Entre corchetes...

Los avisos legales de algunos correos son mucho más largos que el mensaje. Me desesperan las presentaciones que se desarrollan palabra a palabra y acabo cerrándolas sin terminar, aunque me gusten. Me acostumbraré a oir el nombre de la ciudad que me persigue. Los chicos jóvenes que ocupan el sillón del copiloto de un porsche o similar tienen cara de estúpido sorprendido, de no podérselo creer. Ayer ví uno. He soñado que dormía en algo similar a un gran barracón prefabricado, de lujo, con cortinas pesadas y muchas ventanas, pero temía que alguien entrara. No me ha gustado. Una cena agradable, anoche. Volví a llorar con el libro que nunca termino y eso me revolvió las entrañas. He cometido muchos errores, pero el peor de éstos últimos días ha sido suscribirme al seguimiento de comentarios de dos entradas de blogs en los que comenté, excepcionalmente, y me acribillan los mensajes, que confundo con correo personal: estoy en guerra [recuerdo que suena a sónar, que son unas siglas inglesas, como ya conté un día no hace mucho]. Qué cruz, de verdad. Creo que debería darme de baja, mientras me pregunto cómo se puede sobrevivir recibiendo cien comentarios a un solo post y en dos días. Sigo con mi pequeña lesión, mimándola como si fuera un bebé, y mi estómago ya no sabe procesar ese tipo de alimentos tan extraños [como el chocolate]. Sigo con mi digestión de la cena de anoche. Mejor me hubiera sentado el pesacado al horno que me ofrecieron por eseemeese. Sigo, también, con la cabeza pesada. Me han dicho que los días de lluvia estoy, estadísticamente, triste. Y es cierto. Hoy ha llovido y todo volverá a mojarse, a juzgar por el color del cielo, mis biorritmos y la falta de luz. Suspiro. A ver si dejo de encontrarme mal. Quizá debiera tomar algo. Si sí, lo prefiero con alcohol. Y dulce, muy dulce [he estado a punto de añadir "como tú", pero -como es de ver- he podido contenerme, porque lo he puesto entre corchetes, como los silencios que me enseñaste a representar. Ya ves...].

miércoles, 1 de abril de 2009

Hoy me siento oscura...

Un peso en la cabeza y esta vez es cierto: es la presión, hacer cien cosas a la vez, tener en pantalla un asunto, una perdida en el móvil y la oreja izquierda pegada al fijo, leyendo tres correos en el mismo número de cuentas. Simultáneamente, claro. Sino no tiene ninguna gracia.

Quiero ponerme en pausa, quiero beber agua, necesito tus caricias, como el otro día. Y que te distraigas por mi piel.

Se me acerca esa fase en la que el comienzo de vacaciones es como un nudo en la garganta: se rompen las rutinas, aparecen los silencios, me alejo de tantas posibilidades y solo la pequeña pantalla de la BB pegada a mi piel, vibrando seguido, tan a menudo. Todo cambia. Mis paisajes son otros y el silencio de tus palabras se instituye realidad...

Las citas empujándose y ningunas ganas de sonreir.

Hoy estoy oscura.

Hay un nombre de ciudad que me persigue. Por todas partes. Como cuando te hieres levemente: todos los golpes van al mismo punto, a generar dolor. Pues igual. Cada día escucho la fonética de ese lugar que tanto me gustaba y que ha devenido tabú, imposible, impensable. Escenarios familiares que no podré volver a pisar, supongo que por si acaso, imagino que para no intranquilizar. Que hay fantasmas durmiendo que incomodan a las presencias inmateriales.

Y no me gusta doler, a pesar de que practicara ese deporte en el pasado. Me rehabilitó mi nueva vida, esa que aprendemos a vivir cada día. Me enseñaron y me gradué. Practicaba, pero lo dejé. Hay cosas que no se hacen. Hay cosas que tampoco se hacen así. Y te lo dicen un día y no te crees nada porque estás completamente convencia de que tus actos son, apartando modestias, impecables, sin tacha, sin dudas. Innegables e incuestionables.

Truena ahí fuera, todo está gris.

Me siento oscura.

Y me dudo porque siempre lo he hecho.

Soy de hábitos, de digestiones largas, de frases cortas y largos silencios, de olvidos imposibles, a veces fiel...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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