Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 31 de julio de 2009

Sí. También yo.

Esto es un breve.

Cuento que estará callado algunas semanas y es que estaré de vacaciones y me temo que sin conexión.

Como mínimo, que sepaís que de cobarde nada.

De va - ca - cio - nes.

La lástima es que amenazo con volver. :)

jueves, 30 de julio de 2009

Soledades de verano...

Procuro no hacerlo pero me fijo.

En estas tardes libres pero de libertatd absoluta sin pareja a mano [ni de hecho ni de derecho] ni descendientes ni ascendiente, salgo a la calle. Y es que tengo cosas que hacer, detalles que ultimar, compras que realizar antes de que sea demasiado tarde. Y mañana ya lo será, tarde. Así que tengo escaso margen para maniobrar.

Mis diferentes calurosos callejeos urbanos de estos últimos días me han arrojado a la cara algo que sabía. Por tanto, hablamos de un verbo llamado recordar. Nada nuevo bajo este sol abrasador de un julio que más parece agosto. Asfixiante.

Decía que he recordado y el recuerdo en sí ha sido un golpe certero en la boca del estómago, por sorpresa.

La ciudad, en verano, nos devuelve a toda esa gente mayor, a esos ancianos que viven solos o se quedan solos, que no pueden salir de las ciudades y solo lo hacen de su casa, de uno en uno, por las tardes, cuando el sol ha dejado de estrangular para apretar con fuerza, en busca de algo de compañía, aunque sea solo la que ver a otras personas les devuelve con la mirada, porque en la calle tampoco nadie les habla. Van como perdidos porque solamente ellos saben que no están yendo a ninguna parte. Y otros quizá ya olvidaron a dónde iban a ir y no recuerdan que salían en busca de aire, a estirar las piernas, que nadie les espera y no tienen lugares a los que volver en los que alguien les espera, como antes. Todos se han ido. En sentido literal. En sentido figurado. Y es que eso no importa. porque están solos...

Es esa soledad que da miedo. La que se te pega al despertar y de la que no consigues desprenderte en todo el día, hasta la hora de acostarse. Quizá la verdadera soledad...

miércoles, 29 de julio de 2009

Valor...

No podría apetecerme más. Creo que sería imposible.

Y, sin embargo, volveré a dividirme.

Y temeré echar de menos, que suceda algo malo, que no me quieran avisar, estabas tan lejos, tener que regresar, la incertidumbre, que se arruine la estancia...

Y me preocupará la falta de cobertura, los hipotéticos riesgos, las urgencias, una eventual e imperiosa necesidad de ser localizada...

Como siempre, en algún momento conseguiré desconectarme todos los cables que me unen a esta vida para tratar de comprender eesa otra vida que llevan en ese lugar... Serán algunos minutos, valiosísimos...

viernes, 24 de julio de 2009

Una infancia...

Una vez fui pequeña. En mi infancia hay mucha gente y poca soledad. Conocí lo que significaba la palabra intimidad de adolescente, cuando mi casa empezó a vaciarse por la celebración de algún matrimonio y el drama de algunas independizaciones en una época en que no tocaban. También pasaron otras cosas del tipo vergonzante para una familia tan conservadora, pero se disimularon con maestría.

Cuando fui pequeña envidié con algo de rabia a las amigas que venían de pasar largas temporadas en la playa. Ellas llegaban tostadas, renegridas, el pelo castigado y aclarado por el sol, fibradas por los deportes náuticos. Yo sabía que llevaban la vida desordenada de ponerse el bañador al despertar, cambiándolo por el pijama, sin pasar por la ducha porque se iban directamente a la piscina o a la playa.

Los deportes de agua, las charlas en la arena hasta la caida del sol, cada tarde, las comidas desordenadas y los baños repetidos, tardíos, cuando apetecían.

A mi el desorden siempre me ha gustado un poco. A veces, todavía ahora, duermo alguna vez en el sofá, tapada con alguna manta si hace frío. Eso constituye para mi el mayor síntoma de rebeldía. No deshacer la cama una noche es mi forma de protestar contra el cartesianismo imperante. Aunque no se entere nadie. Es algo entre yo y yo.

Lo de los veranos en la playa me perseguía porque los míos siempre han transcurrido en la montaña. Dos meses, pero siempre en Pirineo o pre Pirineo. Con sus lluvias cada tarde y su fresco al anochecer, su humedad. Vivía algún día de playa, incluso algún mes seguido en las Baleares, en el más puro estilo Estrella Damm en su anuncio Formentera [me temo que solo se ve en la comunidad autónoma de Catalunya, pero no lo sé seguro]. Pero eso no hacía más que incrementar mi frustración por no disponer de una casita a pie de calle y poder vivir a mi manera, tan desordenadamente, entrando y saliendo sin peligro porque mi playa estaría justo enfrente. El pueblo hubiera sido tranquilo y pequeño y en casa hubiera habido alguna motora para hacer esqui acuático y bonitas excursiones a las calas vecinas donde hacer inmersión o snorkel o perderse con algunos amigos.

Nunca se me ha ocurrido quejarme de la infancia que tuve. Pero esto refleja la que me hubiera gustado tener...

jueves, 23 de julio de 2009

Exclamación breve. Y absurda.

¡Cuánto daño habrá hecho el Reader a los contadores de visitas!

martes, 21 de julio de 2009

¡Socorro!

Necesito ayuda...

¡Mi ecs me ha agregado como amiga en el facebook!

¡Dios mio! ¿Qué puedo hacer?

Bocanadas de felicidad...

Me apasiona esta ciudad. Tengo una extraordinaria facilidad para encontrarle todas las gracias. Y reírselas. Regresé a una cita anual y me volví a ver sobre una bicicleta, rodando en grupo. Ninguna influencia del Tour, por supuesto. Y volví a pedalear por la Diagonal [meeting point desde el que arrancó la comitiva al completo], el Paseo Sant Joan. Y crucé la Plaza Tetuán y seguimos hasta la Ciutadella después de pasar por el ojo del Arco de Triunfo. Vila Olímpica. Forum. Mar, playa vacía, brisa en la cara y humedad, gente corriendo, paseándose a sí mism#s, a algún perro. Qué sencillo sentirse bien, a veces...

lunes, 20 de julio de 2009

Experiencias de ingravideces azules y mojadas que se comparten...

He vuelto a sentirme ingrávida. Esta vez también iba acompañada y pasé los mismos nervios. Superé el estado de pre pánico mucho después que él, que pedía comenzar cuanto antes. Todo me parecía infinito y hasta pensé que la experiencia no terminaría nunca. Lo hice, pero no por mi. Repetí hiperventilación y ansiedad, por él. Sentí la agorafobia en azul, otra vez y quise retirarme en seguida. A él se le hizo corto. Le ví moverse como si fuera su medio. Lo observé de lejos y de cerca, encima, al lado y debajo. Me preocupó no verlo y sentir que me habían dejado de atender por cuidar de él. Pensaba que tenía que seguir pensando que todo estaba en orden, que podía respirar, que la boca no se me había secado y que era posible respirar. Me hablaba a mi misma, en un diálogo silente. O silencioso. Ahora no sé bien. Fue una sensación extraña y fantástica compartir algo así con él, que descubre, que observa, que se empapa, que comienza... caminos y vivencias. A su lado. Por el momento, lo sé perfectamente...

viernes, 17 de julio de 2009

Siempre...

Hay frases hechas que parecen amenazas. O escritura automática. O un vacío infinito. Hay días que nunca acaban porque tú no estás y otros que ni siquiera quiero que den comienzo. Hay instantes de esa felicidad extraña que hace llorar y daños que no consiguen que nos liberemos de ninguna tensión. Nada tan irreversible como la muerte. Nada tan frágil como esta vida. Todo tan mutable. Nada tan eterno.

A veces pienso en ti, lo confieso. -Signo de interrogación- Qué quieres que te diga -se cierra el signo anterior-. Podría mentirte, sería capaz de engañarnos como hiciera tantas veces en el pasado, creo que aprendería a hablar -y escribir, claro- de profundos temas de esos que merecen un estudio aparte, un ensayo, un tratado. Pero prefiero seguir con el lema de mis espacios particulares y lanzar al teclado primero y a la pantalla después lo que dicta mi alma, esa cosa pequeña y de color luz que se desplaza muy despacio en mi interior y me constituye esencia. Me importa nada que pienses que entiendes algo, que no es cierto o que podría callarme, que dicen estoy más guapa, como todo el mundo. Te lo aseguro, que no me importa nada.

Pero callas, como una de tantas cobardes que pasa, lee, se mueve por páginas finitas [hablo de la duración no del grosor, tonta] y se retira sin teclear un solo signo, que ni siquiera hacen falta palabras. Solo se pide un rastro, a veces. Otras veces, tampoco se pide nada, como siempre.

Y, como sabemos, siempre es tanto tiempo para no poder olvidarte.

jueves, 16 de julio de 2009

Hay presencias infinitas que...

Ninguna sombra es tan alargada como la tuya. Lo juro. La longitud de tus tentáculos me tiene maravillada. Eres la presencia invisible más intensa de todas mis presencias, de las que han sido y de las que todavía siguen siendo. Yo prometo que me empleo a fondo para construir un telón de un material altamente resistente, todavía desconocido en el estado de la técnica, para que nos separe bien. Pero tiene, debe tener, fisuras porque reapareces. Como aquell#s a quienes consideras muert#s, desaparecid#s de tu vida, olvidad#s, que han dejado de ser peligros#s. Y, sin embargo, un día cualquiera, sin preaviso, irrumpes con un pantallazo a primera hora de mi día. Y me sigo preguntando, entre tarea y tarea, entre gestiones, cómo lo consigues. Si acaso resultara que lo tuyo es consciente y doloso. Que podría no ser.

Se me acumulan planes y proyectos. Y ganas de vivirlos. Me despisto y me veo planeando a un año vista. Incluso más. Y todo se revuelve, para no confundir capitales con desiertos, aguas y arenas, ni siquiera compañía. Eres la común, entre todas ellas.

Mientras, con estruendo mediático, siguen cayendo los aviones. Mi teoría secreta, que hago pública, es simple: tanto ahorro de costes. Era previsible, de esperar y cuestión de paciencia. Reducción en construcción de aparatos. No hablemos en la revisión y el mantenimiento. Es que no podía ser. Pero maldita gracia que la gente desaparezca por centenares, de una tacada. Creo que procuraré no pensar en ello cuando esté ahi arriba. Noto que en éstos últimos tiempos opto por el tren, cuando la alternativa existe de verdad. Más que tren, casi metro, que une capital y grandes ciudades. Pero confieso que es de forma involuntaria.

Hace demasiado calor para ir al gim. Pero sigo yendo. Reconozco que menos. Pero hay diferentes razones. Todas de peso.

Estoy inquieta. Inquieta. Totalmente. Demasiado.

miércoles, 15 de julio de 2009

Refrito de temores...

Los planes cambiaron. Es malo hacerse ilusiones. Me encuentro con alguien entre manos y me cuesta mucho de manejar. Pienso en cómo llenar tiempos enteros, vivos. Y me resulta difícil casar mi voluntad y sus ganas. Es curioso ver cómo hay fuerzas arrolladoras que ya dejaron de ser y otras que se estrenan. Nada coincide. Ninguno de los gustos y me preocupo por lo que se va a dejar escapar. Una oportunidad, que dijo mi pedante compañero. En una oportunidad... ¡Qué forma más terrible de usar sinónimos tiene el hombre! Lo seinto. Pero tenía que escribirlo.

lunes, 13 de julio de 2009

Nervios en julio...

Una se sienta aqui un lunes de julio y la cabeza le cuenta cosas, igual que el cuerpo mullido de esfuerzos poco ordinarios. Así se amontonan las ganas de cambiar entornos y romper rutinas y se busca un objeto de interés poco habitual y se topa una y otra vez con alguna fantasía que ya fue desechada hace algún tiempo. ¿Y si fueras tú...? Pregúntatelo, anda. Quizá no estés tan confundida...

Siento que los brazos pesan y cada vez que los muevo para encontrar algún papel, el boli, un expediente de los que pueblan mi mesa, me veo a mi misma bajo un maravillosos sol de justicia sujetando una desbrozadora con la que el entorno de la casa queda para disputar un Open cualquiera. Creo que ninguno otra actividad de las que hago en esta vida me satisface ni tanto ni de igual forma. Es una debilidad. Si alguien va a casatigarme por actos u omisiones, pensamientos o acciones, por favor que no me impida cortar la hierba.

Recupero libertad provisional, esta noche. Porque solo serán unas horas. Pero unas horas que en mi mente cunden como si fueran meses. Y proyecto y planeo y pienso en escribirte y decirte que me digas a la cara todas esas palabras bonitas con que amenazaste un día y callaste por saberme ocupada, como algunos servicios públicos. Anda, atrévete. A veces me siento valiente y fuerte y no me da miedo el resultado de una traición y solo me mueve lo nuevo, lo extraordinario, el riesgo.

Nótese que hoy no hablo de recuerdos, ni de tiempos vividos, ni de ganas de regresar a la última de las mejores historias de mi vida. No. Hoy esto es un desafío, grande, en mayúsculas, un reto. Y me pongo frente a ti, con las piernas ligeramente separadas y los brazos en jarras, flexionados sobre mis caderas. En posición desafiante. ¿Tendrás lo que habrías de tener?

Creo que tú tampoco.

Estoy en época de esperar respuestas, de percibir pequeños movimientos y adivinar, trazos indelebles apenas perceptibles a la vista. Hay que tener una agudeza auditiva de la que yo ya carezco, a pesar de oir demasiado bien.

Tengo la piel tostada y el alma inquieta. Tengo pendientes tantas cosas y la paciencia se me acaba. Soy implacable conmigo pero será mucho peor contigo. Dime ¿sabes suplicar?

Sonrío. Porque de alguna manera tengo que demostrar que no estoy nerviosa. Y miento.

miércoles, 8 de julio de 2009

Bajas presiones en gris oscuro...

Cambio de tiempo y de tercio. La cabeza me va a estallar. Si alguien tiene un cuchillo que corte limpiamente, por favor, que lo deje a mi nombre en recepción... Un fin de semana se asoma por ahi, hay quien está entusiasmad#con ese hecho, pero a mi me da hasta pereza. Esta vez, como precedente. Porque habrá otros en los que tendré que contener mi euforia, como a veces. Esta jornada intensiva me está matando. Duermo fatal y poco. Las noches insomne se suman entre sí. La jornada laboral comprimida, mirando el reloj para leer en algún momento que todo acabó, por ese hoy. Salir con prisa y comer tan tarde que alguien diría [y lo han dicho] que estoy enfrentándome a una merienda cena. Luego, toda la tarde atiborrada de gestiones pendientes y, sobretodo, de pagos con visa y similar, vaciándolo todo. Que esa es otra: tiempo libre y los comercios en rebajas. Inevitable. Insufrible. Insoportable. Pero es. Y, algunos días me regalan soledad al final de la tarde. Tan poca, que apenas se percibe o aprovecha o saborea. Simplemente vuela. Agotamiento acumulado...

martes, 7 de julio de 2009

Todavía queda tiempo... Demasiado aún...

Todo el cielo está gris. Parece que a mi se me acaban la paciencia, las ganas, los ánimos. Todo me parece distinto cuando hay palabras amables en lugar de reproches y malas maneras. Lo demás parece fácil, lo mío no. El calor ya no estrangula y solo aprieta. A la altura del cuello también. Del de la matriz, no. De momento. Me convendría poder cerrar el tema destino vacaciones, que ha estado suspendido demasiado. Hay una sensación de urgencia que flota en el aire. Como de prisa. Y es solo una apreciación simpática y contagiosa... Nada cambia. Nada de nada. Ni siquiera la forma de escribir. La esencia permanece en el fondo...

lunes, 6 de julio de 2009

Calor y preferencias...

Los días pasan al vuelo y mis noches se arrastran, envueltas en calor, en camas vacías. Levantarme despacio, caminar prudente, sin luces, esforzarme por mantener los ojos cerrados, que escuecen a veces desde la operación porque ahora se hidratan menos, a tientas, beber. Doy muchas vueltas, de pie y en horizontal. Se me estropeó el ritmo del sueño hace más de un año y no quiero seguir la tradición química de mis ascendientes, así que resisto hasta que mi humor se resienta y no queden remedios...

A pesar de que me encanta la noche, a solas me asusta. Cuando tengo pensamientos enredados, temores entretenidos, recuerdos para llorar y planes por llegar. No hablo del miedo de los ruidos, que también. Hablo del que se produce a solas y nadie puede confortar ni transformar en sucesos racionales ni generar explicaciones lógicas. O levantarse a ver qué lo produjo. Yo paralizada, envuelta en la sábana y en mi propio miedo. El verdaderamente difícil de alejar porque nace ahí, sobre las cejas, y es fruto de tantas cosas que guardamos con egoísmo para nosotr#s sol#s.

No soy tratadista ni ensayista y tampoco experta en terrores nocturnos, así que dejo ahí el apunte, para su debida constancia y a los efectos oportunos.

El conejo enano salta en su enorme jaula, hace ruido, más que la música y el rumor del aire acondicionado, levanto la mirada del teclado y arqueo las cejas. Identifico el sonido, que piso al escribir y pienso que no hay por qué estar preocupada. Pero un poco lo estoy: existe un juego de llaves de esta casa en manos de algún desconocido que se las robó a mi descendiente y ya no sé si pensar que habrán sido tiradas en algún lugar obvio o bien aguardan pacientes a entrar con calma y todo el tiempo del mundo. Preferiría no estar dentro, la verdad...

miércoles, 1 de julio de 2009

Shock...

En shock. Intentando comprender si existen las casualidades. Preguntándome por qué este ensañamiento y temiendo que todo pueda empeorar. Para luego quejarnos...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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