Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 27 de enero de 2010

Lecturas en tapa negra y brillante...

Anoche me acosté temprano. Por fin. Y es que tenía una cita con el tercer Millennium desde hacía demasiado tiempo. No me gusta dejar nada a medias y confieso que se me resistía, hasta más de la mitad. Pero ayer, que estaba enfadada con media humanidad [la otra media no me había hecho nada, así que no tenía por qué estarlo], se acabó. Sigue en mi mesilla de noche [que es casi más alta que yo, donde se amontonan otros libros, a la espera] porque voy a prestarlo, como sucediera con los otros dos y como han hecho conmigo misma. Ahora intento recordar qué otra lectura tengo en ese montón, esperando, y ni uno solo me viene a la memoria. Qué horrible hacerse mayor. Así que esta noche va a ser una sorpresa.

Anoche estaba enfadada contigo, pero tú no lo sabrás nunca. He conseguido esquivarte y que no detectaras las decepciones que estoy coleccionando en estas últimas semanas. Un enfado a solas es, efectivamente, menos enfado. Un cincuenta por ciento menos, por lo menos... No hubo fiesta en la casa de al lado y hacía mucho frio en la habitación pero, como soy mujer de recursos, me tapé hasta muy arriba de forma que solamente sobresalía la nariz, los ojos, la frente y la parte superior de la cabeza. Y cerré los ojos para entrar en calor y pensé en ti y en mi voz triste, como intentando convencerte de que te quedaras, que ninguna otra oferta me igualaba y que tú lo sabías. Pero lo que yo ignoraba era que todo está lleno de paraísos y que es cuestión de un poco de suerte y otro poco de paciencia, unido al gran movimiento requerido. A casa no van a venir a buscarte.

Anoche creí que habías encontrao el tuyo, de paraíso. Créeme si te digo que me alegra saberlo y tenerte en orden, en cualquier parte y lejos, pero bajo control. Y es que hoy me han vuelto a recordar que el enamoramiento dura entre 12 y 18 meses, digan lo que digan. Ese es el amor eterno que l#s enamorad#s solemos prometernos. Vaya eternidad. A pesar de que el cariño, el querer continúen, claro. Pero son cosas distintas. Y he pensado que llevas mucho más que eso apalancada en tu vida nueva y yo también, instalada en la mia. Quizá hayan surgido fisuras o se haya precipitado la ruptura. No me lo pregunto. Un desasosiego...

Dame...

Bien, el óvulo maldito debe haber recorrido ya casi la totalidad de su camino y parece que vuelvo a la normalidad, despacio, que recupero un poco mi ser. Es de destacar que en éstos últimos tiempos acuso un bajón intenso durante un par de días y cada mes, coincidiendo con mi fase de eliminadora compulsiva del óvulo. No consigo acostumbrarme y cada vez me pilla por sorpresa, como si fuera nueva en la materia.

Lo peor son, sin duda, los daños colaterales y mi forma de arrasar el entorno, gratuitamente, con fuerza nueve en cualquiera de las escalas que regulan tsunamis, terremotos y demás catástrofes. Sigo oyendo eso tan familiar de que engancho, como el pegamento, a pesar de que esté sintiendo que conviene un urgente cambio de aires (oxígeno, nitrógeno y argón, como cantaba Ana). Y no me importa pero tampoco me estremece. Qué más da (pronúnciese sin interrogantes, con voz cansada, como arrastrando las vocales, al descuido).

Dame razones y argumentos, explicaciones y disculpas. Por favor. Mi lista de reproches tiene ya cuatro bullet points y estoy que me muero de ganas de contártelos, para que puedas reirte de mi... Venga...

martes, 26 de enero de 2010

Pozos...

Una sensación pegajosa, como de suciedad, que no se desprende. He intentado recluirme, esconderme y callar. No he conseguido sentirme sola. Pero tengo un sentimiento de impar que no acabo de comprender, que no se entiende. Fabulo imaginándome a solas en esa casa enorme, ante el hogar encendido, subiendo leña húmeda, comiendo fácil y sin mantel, durmiendo encerrada y con muchas mantas, paseando brevemente entre el frío y los campos de los vecinos. Me imagino y me proyecto y no me veo bien. Lo intento otra vez viéndome frente a la tele pero esa imagen es ciencia ficción y busco otra. Quizá estrenando el dvd de la nueva tv y escuchando algo que signifique, un libro entre las manos, sobre el regazo, los porticones abiertos aún a miedia tarde. Y siento frio. Y no me gusta reconocer que también siento soledad, esa que he comenzado a tratar para familiarizarme, para conocernos, para tutearla. Una nunca sabe en qué momento van a sorprenderla y ya no me gusta ser pillada en un renuncio, en falso, con el paso cambiado, por sorpresa. Ayer te releí, en esta misma pantalla, y pude reconocernos con el alma llena de pena... Y eso ha sido una de las razones de mi entrada en este pozo oscuro que no sé escalar. Resbalo...

lunes, 25 de enero de 2010

Un corto...

Nuestro Código Penal debería tener algún precepto que castigara el hecho de escuchar a Leonard Cohen cuando llueve y el cielo es gris, con penas de prisión y multa. Como estamos en el caso contrario, yo no escarmiento. Y la tristeza cala más que las finas gotas de lluvia que no dejan de caer desde el domingo... y hasta incluso acabas por replantearte tu propia existencia, el lugar y las razones. No sé si estoy queriendo bien...

Imposibles...

De vuelta a casa, de noche, una llamada interrumpe una conversación. Leo en la pantalla y me sorprendo sin colgar. No deja mensaje. Devuelvo la llamada y una voz me devuelve a un pasado mal cerrado, lleno de grandes momentos de felicidad. Ahora que soy mayor tengo conciencia de que no volverá y por eso me siento un poco peor. Habla. Se convierte en papeles que hay que revisar. Bueno, naturalmente la gente llama, regresa, para pedir. Excepcionalmente lo hacen para saludar. Así que era de esperar que esa llamada fuera interesada y causara una cierta decepción mal disimulada. Es así y ya lo sabemos. Lo difícil para mi es ser imparcial, en este caso. No decantarme claramente por una de las dos partes. Hay algunas razones que generan interferencias y me inquieta, pero lo verbalizo para que no haya sorpresas. Master en las tres pes, supongo. Pero no importa. Lo único que importa son los recuerdos que regresan de alguno de esos momentos. Y visualizo a una bebé, los baños nocturnos y un secador de pelo que abrillanta, además de secar, una melena lisa de color castaño, un salón y algunos instantes con una precisión y nitidez que me siguen sorprendiendo.

Con eso en la cabeza, me desaparezco un par de días para descubrir cuánto puedo llegar a disfrutar con mis descendientes, aunque me destruyan físicamente. Yo, que pensaba estar en forma... Vamos, por favor... Me encanta observarlos y descubrirme sonriendo, admirada de cómo son ya, de quiénes son ahora y de su pericia en algún caso... Si, me encanta ver sin ser observada...

miércoles, 20 de enero de 2010

Tú y una canción...

La misma ruta compartida elevando la voz, con el volante entre las manos. Hoy se interrumpe antes de la más de media hora habitual y la autopista hacia al sur se presenta a través de la luna delantera, todo gris, envuelto en blanco, niebla espesa entre las viñas, enredada. En la radio, la voz familiar de todas las mañanas comenta el tema de siempre, reivindicando quejas, denunciando errores, estimulando vibraciones equivocadas. Rechazo absolutamente y muy deprisa que me intoxiquen un poco más y miro, consciente de estar transgrediendo rutinas, los dvds que tengo por estrenar [conste que por religión no hago descargas paralelas -bueno, muy pocas-, así que las carátulas son de colores estridentes, perfiles en negro muy bien definidos, de una exquisita impresión y diseño, nítidas] y me encuentro con el recopilatorio que debe sacar, junto a sus giras mundiales, a mi admirado Leonard de sus problemas económicos, que le sobrevienen, como a Vivaldi y a otros enormes artistas, al final de su larga trayectoria.

Tiene 3 cds y busco, sin mirar directamente, el de First we take Manhattan. La comienzo y la adelanto, siempre tan impaciente. Una nueva canción anodina, que omito. Y aparece esta:


Creo que voy a ser incapaz de transmitir la forma en que de pronto me he enfrentado a mi misma cuasi adolescente, dentro de un coche potente y blanco, conducido por mi ecs, deslizándose entre curvas nevadas, dirección a una jornada de esquí, hace casi treinta años. Y esa canción como banda sonora de una etapa plácida, entonces. Recordaba la letra que cantábamos y la melodía tantas veces tarareada, por dentro y por fuera, en compañía y las manos ocupadas buscando entrelazarse entre otras más fuertes, seguras. Me desataba algunos instantes para cambiar la velocidad del coche y regresaba deprisa a compartir calor, que era un país frío en época de invierno y los cristales estaban condensados [como la leche, sí] y debíamos limpiarlos de tanto en tanto, aunque el gesto sirviera de tan poco porque de nuevo se cubría todo de un velo fino y molesto, visible, con el que a veces jugábamos a escribirnos palabras y a dibujarnos paisajes en perfiles gruesos y torpes, que nadie sabía dibujar.

He pensado, mientras trataba de recordar la letra de alguno de los párrafos, que quizá todavía no soy consciente, a través de los años y de mis propios engaños, de la pena que siento, del sentimiento de pérdida absoluta e irreversible, del cambio que su ausencia provocó en mi y en mi entorno. Creo que no. Quizá va siendo hora de detenerse a pensar, porque, como dice Mario Benedetti, cada día es un comienzo nuevo y hoy son el momento y la ocasión perfectos para recomenzarse en limpio.

Olores, sabores y melodías. Son los mejores sistema de transporte, en realidad. Violentos, a veces. Bruscos e inesperados. Esa canción me ha irrumpido por completo hoy y me tiene atrapada con un pie fuera, bloqueada, con una sonrisa tristísima pegada a la piel, incapaz de concentrarme en lo que reclama mis dedos, mi tiempo, mi energía y atención.
Quizá con un poco de tiempo consiga despegarme de esa voz, de ese frío, de ti...

martes, 19 de enero de 2010

Vivaldi...

Ha habido momentos de todo y hubo momentos de ti. Compareces con una orquídea en las manos y hoy recuerdo cómo nos detuvimos a ver el aleteo detenido, suspendido, de un colibrí azul brillante, pequeño. Sorprendente como un juego de palabras sobre nuestros pasados turbulentos, cuando nos arrojamos los nombres a la cara y cerramos los ojos tratando de olvidar uno de esos recuerdos que incomoda. Hemos tenido momentos y se hizo el tiempo plácido de soñar sostenidamente, sin solución de continuidad. Sigues ahi, también, en nuestros momentos. Has cruzado fugaz uno de mis instantes y hacía tanto que no sucedías. Me encogiste el estómago y me resultaste tan diferente, tan otra cosa que hasta me sonaste a etapa superada. Y a mi no me gusta superar porque no me desasosiega lo bastante, que necesito razones...

viernes, 15 de enero de 2010

Yendo...

Cielo límpido y las viejas ganas de siempre. Todo a punto. Toda dispuesta. Renovando ilusiones, acortando plazos, acercando. A todo y a tanto. En distancias y en proximidades, incluso de las imposibles de verdad. Seguirán suspendidas en el tiempo y el silencio, acercándome imperceptible y callada, sin dar nunca señales, sin ser vista. Una tierra extraña que atrae sin remisión, cargada de personajes conocidos que han llegado a atrapar. Pero que ya no. Ya no. Con pronósticos magníficos y planes tan cambiantes como el parecer de uno de mis gemelos, atrapados sobre los hombros, sentados con los pies al aire, observando y riendo por debajo de la nariz, a base de suaves emisiones de aire, como burlándose de mi completamente. Ya nadie sabe por dónde transcurrirán los momentos, ahora. Quizá bajo soles de justicia, junto a jueces naturales, actuando alevosamente y en cuadrilla o simplemente en soledades bífidas y bilingües, por silenciosas. Y es que todo calla, a mi alrededor. Y ante mi protesta de preaviso que persigue eximirme de toda queja, me reclaman el silencio, que es lo que se espera, en definitiva. Ni alboroto. Nada más. Solo eso. En algún lugar y de una forma que no conozco todavía. No voy preparada. Pero voy... Que habrá que improvisar.

jueves, 14 de enero de 2010

Algunas lindezas...

Gélida. Pétrea. Inerte. Insensible. Implacable.

¿Cuándo fue que sufrí tanto dolor que se me acabó? ¿en qué momentos me ha ido sucediendo la pena, la decepción y la tristeza? ¿dónde se me fueron las lágrimas que lloré?

Siento que no me quedan dolores ni tristezas ni lágrimas para algunos trámites de los sentimientos. Ya no tengo historias de desamor, por ejemplo.

A mi edad...

miércoles, 13 de enero de 2010

Niego. Tampoco afirmo...

Hiberno con discreción y procuro pensarme poco. Trato de no hacer memoria para ignorar que no hace tanto vivía ilusiones con una sonrisa silenciosa pero perceptible. El rostro iluminado y l#s escéptic#s escudriñándome con esa expresión de "cómopuedesertanfeliz" pegada en la cara. También en la suya, en la nuestra, en esas caras de cada día y de algunas veces. No me planteo ni me cuestiono qué pasos caminaré en adelante porque, como a tod#s, a mi los cambios también me inquietan. Esa rutina tan curtida que incomoda pasa a ser valorada como un bien escaso al que hay que proteger de la inminente extinción. No voy a mutar ni cambiaré direcciones. Sigo en los lugares de siempre y con la misma gente [¿quién cantaba esa canción? no va de acertijos, sino de... ¡por Dios! ¿cómo se llama esa palabra que define la falta de memoria? ;)]. Pero no niego que estoy alborotda por dentro [qué bonita palabra, por cierto...], inquieta y otros tantos sinónimos que no voy a tratar de recordar. Porque no quiero resultar infructuosa y porque estoy un poco triste, ¿para qué negarlo?...

lunes, 11 de enero de 2010

Hibernación...

Y de pronto me siento exactamente igual que los osos en invierno...

viernes, 8 de enero de 2010

Otra Navidad...

Digamos que en este largo paréntesis de silencio que ha venido provocado por unas vacaciones he pensado a menudo en posts mentales. Resulta difícil que aparezcan aqui porque, al ser intangibles, se volatilizaron. Y nada cambia con eso.

En estas semanas ha habido tiempos para mucho. Decir todo sería decir demasiado. Pero con el mucho me cubro suficientemente. Hubo familia y horas muertas en casa, que se compartieron con sonrisas. Hubo gente y charlas largas y comidas infinitas. Hubo sensación de Navidad y generosidad y muchos regalos. Yo también me he tenido que autoregalar, como dice Farala en uno de sus últimos posts. Hubo trenes y aviones y coches. Hubo culturas distintas y pieles diferentes y otras creencias y costumbres. Hubo que compartir y se hizo con felicidad. Hubo hoteles y camas grandes y otras pequeñas. Hubo comidas extrañas y voces lejanas. Hubo ganas de quedarse y ganas de regresar. Hubo tiempo y refranes.

Y hubo recomienzo, sin necesidad de poner a cero el contador ni de plantearse retos ni propósitos ambiciosos. Soy mayor para esas cosas y todo lo que normalmente se propone la gente creo que lo tengo bajo control. Dejé de fumar, acudo al gimnasio con regularidad. Y las otras cosas no me importa cometaerlas sin ninguna voluntad de enmienda...

Me gusta mi locura y la vida que llevo, aunque sea cargando bolsas con poco equipaje y tomando reiteradamente aviones que me desplazan de lugar cada tanto...

Me gusta lo que hubo...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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