Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 26 de febrero de 2010

Vidas...

Saboreo otra vez la palabra ilusión porque no quiero acomodarme. Y proyecto momentos de otros días para dibujar el esbozo de lo mucho que podrían llegar a ser los que están a punto de venir. A pesar de no perder de vista ni un momento que la vida finaliza en seco, a veces. Asumimos riesgos a diario y sin gran conciencia de eso avanzamos, a pasos cortos pero efectivos y eficaces, que nos impulsan en el tiempo. Quiero valorar este sol de ahora después de todas las lluvias caídas días atrás y la alerta de viento que nos aguarda. Quiero saber que cantaré muy fuerte las canciones de Nino Bravo versionado en el coche, esta tarde. Y que saborearé muy deprisa los dulces y los salados, los ácidos y los amargos en un restaurante a pie de carretera. Y que me va a ilusionar hasta el estremecimiento querer y sentir reciprocidad en la piel, envuelta en frío por fuera. Quiero que la vida no resbale entre un calendario, que escape en silencio sin oponer resistencia. Quiero sentir que sigo viva...

jueves, 25 de febrero de 2010

Time goes by...

Hay acontecimientos en esta vida nuestra que pueden cambiarla casi por completo, ¿lo sabes? Son hechos impredecibles e inesperados, relevantes y definitivos, inevitables, casi siempre. Y una no sabe cómo acomodarse al nuevo escenario, a l#s viejos protagonistas ni a las nostalgias que desaparecieron. Podría ser un espejismo transparente, fruto de la imaginación desbocada o un accidente. Podría, incluso, no haber sido nada. Sin em bargo, esta oportunidad lo fue para escuchar frases impensables, impagables, inolvidables. Ya, un poco de cacofonía, para variar. Tampoco a mi me gusta, pero ha salido así, en automático, como tantas veces. Voy al ralentí, recuerdo despacio y no me acostumbro. Tiempo...

miércoles, 24 de febrero de 2010

Fracaso...

Tener hijos te llena la vida de matices. Se pasan momentos difíciles y se viven experiencias irrepetibles. Una de las más agradables para mi ha sido la de encontrar lecturas adecuadas a cada etapa, edad y momento de su evolución. Al principio [los cuentos] eran pequeños, delgados, con muchos dibujos y vivos colores, apenas con letra ligada. Ahora que estamos en la fase de libros gruesos con tapas negras y algo de rojo [sagas conocidas, by the way] que -confieso- prefieren tener sin necesidad de leerlos, ahora -decía- estoy revisando su colección inicial y hace unos días dí con uno, cuadrado y delgado, al que le tengo un cariño especial. Tanto que, como otras muchas veces, lo volví a leer y observar y acariciar mientras mi hija seguía durmiendo sus cinco minutos más de cada mañana antes de despertar para ir al colegio. Leí sus frases cortas con la perfecta letra fina y de imprenta. Observé las magníficas ilustraciones en gama de ocre suave y azul claro perfilado todo en negro. El maridaje del protagonista con el argumento y los dibujos me parece, por alguna extraña razón, sublime. Me atrapa. Es uno de los pocos cuentos infantiles que pienso conservar para siempre. A veces me imagino evocándonos en esa etapa de vivencias y convivencias de niños, con el libro abierto entre las manos, sentada bajo una manta y observando la calle desde la residencia que [imagino, supongo, deduzco] va a acogerme en mis últimas épocas.
Es tanta la atracción que el cuento me produce que me entretuve en leer el nombre del autor, el del ilustrador, hasta el del editor. Inmediatamente pensé que a ellos les gustaría saber que una madre ha caído rendida ante su obra, años después de haber sido editada y acudí al google para localizar a la persona que había creado unas frases tan evocativas, tan acertadas, tan concisas y perfectas. Fue con tristeza como descubrí que murió hace algunos años, pocos.
Si hubiera reaccionado antes, cuando los niños eran más pequeños, habría llegado a tiempo de hacerle llegar unas líneas.
Siempre llego tarde. La muerte me deja demasiado a menudo con las palabras en la boca. Y esas palabras son tan indigestas...

martes, 23 de febrero de 2010

Reencuentros...

Hoy se ha muerto una parte de mi. Y una etapa grande. Para siempre, como solo la muerte sabe hacer. Han desaparecido tantas cosas, que solo quedan en mi cabeza, para recuperarlas alguna tarde, a solas, con una breve sonrisa de nostalgia y soledad y frío.
La muerte, sin embargo, ha devuelto también viejas amistades interrumpidas, que sería insálubre recuperar. Lo sé, lo sé. Pero es una sensación grata querer así, a pesar del tiempo y del silencio. Y ser querida.
Hay abrazos inolvidables. Y lágrimas. Y caricias en la espalda. Y gestos y algunas miradas desde lejos, sin temor a ser interceptadas. Y compañía. Hay cosas que no importan y otras que seguirán importando tanto... Hay cariños irrompibles, capaces de olvidarlo todo y recomenzar. Hay momentos cargados de temor y de soledad, de miedo al vacío, de desorientación. Es bueno sentirse acompañado, aunque tod#s sepamos que aqui hemos llegado sol#s y así vamos a marcharnos...

lunes, 22 de febrero de 2010

Los besos que no vas a darme...

La pena y las lágrimas se contagian. Hoy me han arrastrado, pero confieso que mi pena era frágil, instensa y estaba muy cerca de la epidermis. Hay días en que la vida deviene seria y hay que estar, sabiendo o no. Aprendiendo, de alguna forma. Y en mi caso, acompañando, porque [a pesar del dolor propio] me envuelven los ajenos, próximos, cercanos, nuevos y sorprendidos. Una caricia, una mirada, la presencia y el gesto. Con esto debería bastar para recomponer una normalidad que ya nunca será como fue. Hay hechos irreversibles, uno especialmente. Y ese es el que estamos procesando como podemos, por sorpresa. Yo con las manos y los pies helados, algunas lágrimas que salen en grupo y una tristeza honda, por los 22 años, por las deudas, por el cariño y la nostalgia, por lo que quedó por decir y lo que nunca me dijo. Por todo eso...

viernes, 19 de febrero de 2010

La vida es una vez...

La vida es una vez. También tú lo fuiste. Y lo he sido para ti. Y nunca más seremos. No hay esperanzas de repetirnos y parece que sería de todo punto inconveniente. Eso dicen. Yo no podría decir porque lo cierto es que por un momento nos estuvimos repitiendo, sí, y no salió tan mal. Hasta que supe que éramos tres. Y a mi los impares no me gustaron nunca, tal vez porque los pares son más redondos, más dulces y más fáciles, sin aristas. En cambio, esos impares, esos primos imposibles...
La vida solo nos sucede una vez y nos sorprende inexpert#s y con ganas, poco calculador#s de consecuencias y nada dad#s a reflexionar. A la mitad me quedé a solas y sin ti pero hemos ido continuando, a veces un poco mejor... La perspectiva del tiempo nos va redondeando los cantos, como a los pares, y nos transforma en muchas cosas, algunas de las cuales buenas. Sin perder el destino, sin alejarnos de caminos bifurcados y tratando de evitar atajos que solo traen callejones sin salida a nuestros pasos, torpes.
La vida también eres tú, fuiste tú...

jueves, 18 de febrero de 2010

Relaciones...

Me pregunto si es necesario tener que repetir todas las gestiones que hago porque se hacen mal. Me duele ver cada mañana que el diario es cada vez más delgado e imagino a que los proveedores de noticias en todo el mundo ya no les requieren sus servicios y también me pregunto a qué se dedican ahora. Son muchos. Ayer superé en cincuenta mil el millón de puntos en el plock, que me tiene enganchada por su sencillez. Llega la primavera porque escucho los pájaros en el alféizar de mi ventana y me siento feliz. Se van personas que habitaban nuestras vivencias y creo que la vida es un poco distinta. Pienso mis recuerdos y siento algo de todo. A veces me cuesta vivir sin ti. Ando metida en tantas guerras que la sensación de falta de control es un poco inevitable. Y, sin embargo, estoy ilusionada...

miércoles, 17 de febrero de 2010

Resolución, contraste, brillo...

Tengo el estómago golpeado. Hoy es un día de esos en los que los inputs que llegan son todos complejos. Ayuda, consejo, acción. Me gustaría llegar mucho más lejos y me siento pegada a la silla con superglú y no me resulta nada fácil permanecer quieta. No dispongo del tiempo material para cambiar de registro y siento que me arrastro. Creo saber lo que procede, en cada caso, en el momento, y luego todo permanece igual, para no cambiar. Como si nunca se hubiera vislumbrado esa señal lejana, esperanzadora, rellena de ilusión por dentro, cubierta de una pátina de condiciones finas. Mucho que hacer, en realidad. Y tan poca resolución, como en las pantallas planas...

Decisiones...

Tengo una estupenda pantalla grande perfectamente ubicada frente a mi cara. Y lo veo todo limpio, cercano y de tamaño razonable; sin esfuerzo. Habrá que adaptarse deprisa...

No somos conscientes de lo mucho que nos puede cambiar la vida, de la cantidad de vidas diferentes que cada un# puede vivir, de que la suerte se puede girar y todo empeore. No pienso solo en la salud. Es un pensamiento más global.

Esos cambios que ocasionalmente se producen son la consecuencia de las pequeñas [a veces grandes] decisiones que vamos tomando mientras vivimos, creyendo que en absoluto son relevantes ni determinantes de nuestra trayectoria. Y ahi erramos.

Sé de alguien que hace menos de diez años se daba largos paseos por el cielo, en confianza, con seguridad y calma. No existían las preocupaciones, de ninguna clase. Y, sin embargo, todo eran quejas.

Trato de imaginar hoy en cómo ese alguien se enfrentará a cada nueva jornada, que todo cambió y existen serias preocupaciones que empiezan al despertar y no se van ni dentro de la cama, por la noche.

Eso sí. Un día cercano a la cuarentena [topicazo] decidió que esa primera familia que había montado en su juventud ya no interesaba. Buscó otra y la construyó desde cero. Un poco tarde, tal vez.

Ahora su entorno zozobra mientras su primera familia sigue el curso natural, en abundancia de recursos y escasas preocupaciones.

Aquél día tomó una de esas decisiones que lo cambian todo...

martes, 16 de febrero de 2010

Links y networking...

Tengo una paradoja incómoda. Por un lado, la primera víctima cercana de esta crisis que nos empeñamos en invocar como un mantra está temporalmente sin actividad desde el viernes. Por otro, ayer la ficha que tengo abierta en un lugar que me linkea con colegas me proporcionó un nuevo reto profesional. Vale que como en anteriores ocasiones precisé solo un segundo para rechazar amablemente el proyecto, con estupefacción más que sorpresa. Pero el hecho es que alguien me encontró. Así que mi ego y yo regresamos sonrientes a casa, aunque absolutamente nada en mi vida hubiera cambiado...

jueves, 11 de febrero de 2010

Tactos y tocamientos...

Voy a comentar [muy brevemente] mi revisión ginecológica anual, porque me consta que otras muchas lo hicieron antes que yo y, lo reconozco, seguro que con más gracia.
Primer paso: la bata, que me tuve que poner hasta tres veces porque no sabía si lo mejor era atada delante o atada detrás. Obviamente, erré con la decisión de atarla atrás, que me había parecido claramente más favorecedora. Por lógica, la exploración mamaria obligaba a la posición contraria... Parece que yo no tengo lógica ninguna...
Segundo: la espera [desnuda y con la bata atada por detrás] en un triste cubículo de uno por uno, aunque las instalaciones sean nuevas y de alto standing. Escuchando mi teléfono dentro de la taquilla cerrada con llave que no dejaba de escupir avisos correspondientes a mensajes de diferentes tipos, tareas, incluso mensajeros diversos.
Tercero: la eco vaginal. No comprendo la razón por la que hay que apretar tanto el enorme falo contra los ovarios. Pero dolió y el gel estaba helado de verdad, como mis pies volando sobre el potro. Situación cómoda, a media luz con la doctora... y sus miraditas... Me pregunta si continúo teniendo la regla (¿?).
Cuarto: nueva espera en el cubículo de antes. Ahora la posición del cierre de la bata azul ya había sido rectificada. El teléfono seguía con vida.
Quinto: creo que se me han olvidado ahi dentro. Me atrevo a salir para recordar a todos los efectos y a quien convenga que estoy como mi teléfono y todos los pasillos están desiertos y en silencio, Murphy...
Sexto: con error en la fonía de mi apellido [cosa que, para mi vergüenza, solo me pasa en los hospitales y las salas de espera de los médicos y derivados], bien alto, soy llamada a la sandwichera mamaria, donde se me practican -en una antinatural posición vertical- diversos bikinis en cada pecho, no sin cierta dosis de dolor y sentimiento de humillación que, sin embargo, se me pasa enseguida. Me explora a conciencia, la jovenzuela de rigor, que, para mi sorpresa, vuelve a preguntarme si sigo teniendo la regla. Pero bueno... ¿qué les pasa a todas este año?
Séptimo: recomposición de las prendas de ropa y joyamen diverso en El Cubículo triste. Consulta a la pantalla del teléfono.
Octavo: espera de resultados en el pasillo que hace las veces de sala de espera, con los separadores correspondientes de cristal esmerilado mate. Termino de ver el correo y la vidilla telefónica en general, abro el primer Hola que me encuentro cerca y, de nuevo Murphy, me vuelven a llamar con errores en el apellido. Creo que ha llegado la hora de aceptarlo y no corregirlas más, que es una guerra perdida. Los recojo sonriendo y pregunto que qué procede ahora. Recojo la tarjeta naranja de otro mostrador, subo un piso andando (recibo mails que me dicen que haga ejercicio y sea ecológica usando mi estupendo par de piernas en lugar del ascensor y a veces obedezco), me acerco a otro mostrador. Pregunto. Entrego de nuevo la tarjeta. Me indican. Me siento en otra salita de espera y abro el diario. En la sección de Política internacional ya me oigo a mi misma contestar "Si, soy yo" y me voy.
Noveno: revisión ginecológica con una doctora a la que le saco unos veinte años. Reconfortante verse confiando en la juventud que nos sustituye a l#s de mi generación... Charla breve. Paso a otra sala con el potro. Exploración mamaria con los brazos flexionados bajo la cabeza. Tacto externo y vaginal, con pellizco y presión en ambos ovarios. Dolor. Ella me pregunta si, además de mantener la regla, tengo pérdidas de orina...
¡Pero bueno! ¿se puede saber qué les ha pasado a todas este año? :(
Menuda perspectiva tendré que plantearme...

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Es la hora, ya? :S

Me cuentan que hay quien tiene, mientras conversa, la pantalla toda llena de corazones. Y me sonrío, por la forma de contarlo y por lo hiperbólico de la grafía que querían trasladarme. Con éxito. Hay personas que siempre me hacen reir, a pesar de todo. Más si compartí veintitrés años de vida. Que, como es de ver, soy de apegos rápidos, vamos...
Me acumulan faenas y hago lo que puedo. Pienso que el nivel ha bajado, que ya no es tan divertido trabajar en equipo y que esta casa está llena de lobos, como dijera el filósofo en cuestión. No paro de teclear, se me atropellan los recordatorios, que se hacen montones ordenados alrededor de mis brazos. Hubo un momento en el que pensé que era mejor instalar el teclado sobre la montaña que estaba estudiando frente a mi, a la altura de la nariz, que tratar de sortearlo por encima y acertar con las teclas. Más rápido hubiera sido. Pero también más antiestético, en caso de ser sorprendida o pillada con el paso cambiado y el gesto extraño.
Lo que era divertido en casa ha devenido preocupante. Crecen sin avisar, vamos. Y así [sin reglas] no hay quien siga el juego. Un viernes se larga con niñas y al volver me cuenta que la bebida que le pusieron estaba malísima y muy fuerte. Pero si eres menor, ¿cómo te sirvieron alcohol? No, tranquila... que ibamos con una niña de 16 años... ¿Tranquila? ¡¡pero si ellas van a la velocidad del rayo y se te van a comer con patatas, hijomioporfavor!!... Lo peor es que no sé si ha llegado mi hora. La de ir a la farmacia por remedios para que, al menos, se plastifique convenientemente... Digo yo...

lunes, 8 de febrero de 2010

Divertimentos...

Es lo normal cuando te ausentas del despacho un par de días. Al volver todo se intensifica, el teléfono suena más de lo habitual y los papeles te rodean por prioridades. El tiempo aprieta y no queda otra que recuperar el ritmo perdido y disfrazarse de resolutiva, en este caso. Luego los asuntos pasan sobrevolando la mesa, reciben la firma y continúan el trámite hasta otras mesas. Compartir momentos con quienes se dedican a lo mismo que tú es siempre postivo porque ayuda a reubicarse. Sé, sin embargo, que hay otras opciones y no echo de menos. Podría, naturalmente. Pero creo que es la pereza, mezclada con la edad y con el robo que sufrí en algún momento [que no sabría identificar ni en el tiempo ni en el espacio] de mis pequeñas o grandes ambiciones, que ahora ya no. No suelo mirar hacia atrás con la fruición de antes. A los lados me dirijo poco, con ranqueza. Y hacia delante... cuando lo hago es con la esperanza de no tener que realizar grandes cambios. Quizá algún día, quizá...

Tengo que reconocer que en una semana mi descendiente mayor ha operado un cambio de carácter [bueno, también físico, en la voz, en la altura, hasta en sus silencios] que lo está revolucionando todo. Especialmente a mi y a mi vida...

Empieza la diversión. Seguro...

viernes, 5 de febrero de 2010

Destinos...

Estaba contenta. De verdad. Y sin embargo acabo de llorar. Con sentimiento y a solas ante la pantalla. Un paseo por el "libro de las caras" y de pronto un pequeño video y un título que dejaba clarísimo que una mujer joven murió hace un año. No la conocía a ella y tampoco al autor del vídeo con fotografías de toda una vida y una música mensaje. Era un homenaje a los veintiséis años que la pareja ha compartido y una muestra de la soledad del viudo, joven, con dos hijos que ha quedado supérstite. Y a mi ese cuadro me afecta profundamente. Porque me da la sensación de que en mi caso nunca será así. Como las parejas a las que veo por la calle, entrelazadas, apretadas, atrapadas en una mirada...
Temo a la soledad y la adivino. Igual de tanto pensarla y temerla acabo invocándola y atrayéndola a mis polos [positivos, deduzco, por lo de la repulsión y la contrariedad que establecen las leyes de la física, no por otra cosa] para que se me instale dentro y fuera, para los restos...

Tengo los ojos empañados y el alma de plastelina después de ver el vídeo, de visualizarme a mi en ese otro contexto tan distinto...

Por cierto, se la llevó el cáncer de mama y creo que sólo tenía cuarenta y dos... Lamento el vacío que dejó al marcharse, esos dos hijos adolescentes... qué difícil...

jueves, 4 de febrero de 2010

Depende...

Intentando un relevo generacional y devolver lo que una vez me fue dado.
Proyectando un aprendizaje en la distancia que persiga más que eso, una vuelta más de madurez.
Inmersión social en la que es inevitable volver a tomar conciencia de que lo que de verdad me gusta es el networking.
Manteniéndome cerca [mucho peor de lo que me gustaría] estando tan lejos y después de todo este tiempo.
Buscando no desatender ni un segundo las otras facetas, multiplicándome en verdad y sin querer evitarlo.
Lo cierto es que el día se me hace corto...

lunes, 1 de febrero de 2010

Dificultades...

Mi dolor de cabeza es bastante más grande que la taza de te verde que sostenía entre ambas manos hasta que comencé a teclear. Quería entrar en calor ya que tu alma me queda algo lejos, ahora. He vuelto a saber de ti, de forma absolutamente accidental. Y a ratos pienso que se va a producir algún tipo de señal, de movimiento, de reacción ante mi acción [inevitable que me quede quieta, en este tipo de situaciones. Tsé.] y me siento un poco inquieta. De ahí vendrá el dolor de cabeza, pienso. Quizá sea debido a un déficit de horas de sueño, un superávit de cansancio, un exceso de ejercicio y/o una tensión acumulada ante lo que mañana ha de venir [cuando yo haya volado hasta alli, claro está, previo madrugón, a confesar ante alguien que vestirá de negro, como yo...]. Creo que en un par de días habré conseguido deshacerme de la visión de un horizonte amplísimo, tocado de un azul limpio y doloroso, de una luminosidad hiriente, lacerante, demasiado intensa, pura. El blanco que alfombraba la extensión, sobre el que me deslizaba sonriente y temblando de frío. He querido memorizar la sensación, el momento, la vivencia y me cuesta tanto...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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