Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 26 de marzo de 2010

Visiones y sueños...

Paréntesis largo por el que me disculpo. Fuerza mayor. Motivos laborales. Actividad frenética. Diversión.

Me enfrento a un nuevo paréntesis, más largo que el anterior, en el que habrá un poco de mucho y todas las ganas. Hasta vuelos.

Me siento extraña, consciente de haber entrado en una etapa distinta. Y eso es, en definitiva, de una amplitud que asusta un poco.

Seguiremos viendo...

jueves, 18 de marzo de 2010

Miles de cosas que contar...

Sin tiempo y sin ganas. Así, ¿cómo se puede escribir un post?

martes, 16 de marzo de 2010

Miscellaneous...

Lo he estado intentando. Lo de sonreir cuando hablo por teléfono, dar las gracias cuando hago esperar y tener una expresión calmada. Y funciona. La gente responde, a su manera, devolviendo la actitud que obtiene. No digo yo que sea para ir fingiendo, sobreactuando o falseando la personalidad propia. Pero con algo de esfuerzo...
Sigo con un par de docenas de cosas diferentes a llevar a cabo y reconozco que algunas me divierten infinitamente. Otras no. Está claro que mi camino está alejado de este sillón y lo sé. Lo peor es que también conozco la ubicación exacta, las coordenadas precisas, con precisión milimétrica, de cuál es en realidad mi verdadero y auténtico camino, el único. Supongo que no puede ser [dijo la cobarde de mierda con la cabeza baja y un hilo de voz]...
Mañana de nuevo arriba. Y abajo. Bueno, para ser precisa, al centro. A empezar una nueva actividad, como si escogiera juego en uno de esos pequeños ordenadores de iniciación para los niños y las niñas. Sin escoger, porque me lo han asignado. Pero yo contenta. Que las responsabilidades siempre me han puesto... en guardia...

jueves, 11 de marzo de 2010

Micro...

Fuiste mucho más que mi mitad y nos compartimos a partes. Alma y pensar. Cuerpo y sentir. Eramos un conjunto y fuimos alguna mitad. Somos unidades diferentes, menos redondas, más inaccesibles y tan separadas. Como un todo distinto y un núcleo nuevo, que ni siquiera tiene el sabor igual. No quería dejar de sentir y fuiste inevitable...

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Alguien necesita título?

Los pies helados y el paisaje blanco. Tú eres mi paisaje y mi melodía. Me siento en ebullición manejando veinte asunto de forma simultánea y cayendo en la cuenta que hay piezas de un puzzle imposible que encajan. Pero necesito avanzar, solo un poco más. Moverme para sentir el movimiento y que las cosas se desplazan y la vida va continuando, más lenta de lo que me gustaría. Y no hablo del tiempo. Tampoco de la climatología, como es de apreciar.
Siento que hay tanto por hacer y que apenas evolucionamos. Algún día, quizá, se producirá el gran salto hacia delante.
La gente se va yendo, para siempre. De una forma un poco real y definitiva, también. Y s cumple un año en uno de esos casos míos y solo puedo bajar la cabeza, detenerme y abandonarme al silencio, sin lágrimas. No me gusta llorar y ponerlo todo perdido, excretar lágrimas y padecer hinchazones temporales, acompañadas en rojo. No, no me gusta. Soy lenta recuperando normalidades, además. Pero sí soy de echar de menos. Eso sí. Es que no mancha, no hincha, no moja. Es personal, íntimo, intransferible. Un acto de homenaje, tantas veces, individual que, a mi, me reconforta. Es como si hiciera mis deberes para con la persona que dejó su huella, a la que acudo con una mezcla de miles de sentimientos. Porque hasta a mi me echo de menos, en la que nunca más seré debido a la ausencia de esa misma persona, que se fue para siempre o que desapareció de mi vida.
Porque hay risas que únicamente surgen ante bromas determinadas producto de un único humor. Buscar esas bromas en otras caras es una batalla perdida a la que jamás me someto ni enfrento. Hay cosas que tengo ya aprendidas (como la de no jugarme la vida por esas carreteras en colapso para llegar a un trabajo del que luego no va a ser posible salir con dignidad. Así que a mi este caos reciente me pilló cómodamente instalada en casa...).

martes, 9 de marzo de 2010

Buf...

Deja que suspire despacio y a conciencia antes de pensar en lo que duele, en tu ausencia, en las palabras que nunca debimos decir. Deja que cierre los ojos y trate de retrocedernos, un poco, hasta ese sofá naranja y la manta marrón, que tuve la suerte de que los inviernos contigo fueran gélidos. Como éste. Y ahora me abrigo poco, menos y sin ganas, simple gesto de conservación del calor producido por la combustión de previas ingestas, tan equilibradas que para ti serían del género comedia. O ciencia ficción, futurista quizá, me digo. Deja que imagine la expresión de tu cara cuando alguna vez, como ahora yo, rememores, revisistes y nos repases, que es imposible que el ejercicio lo haga solo yo. Con esta frecuencia sí, naturalmente. Con periodicidad anual sería lo normal y ahí te imagino y te coloco, en suspensión por la llegada de alguna de las fechas que recordabas tan bien y por lo que te admiraba, yo, que no soy capaz de recordar nombres propios ni siquiera apellidos ilustres o no. Pienso, y deja que lo diga, que ahora no sé qué tipo de sentimiento tuve antes, mucho menos el que queda ahora, después de haber pasado por todos los registros de los libros de psicología y de los manuales del comportamiento humano, lo habitual entre nosotr#s, vamos. Pienso a veces que utilicé tu presencia para salir ahi fuera en compañía. También me empeñé en que me acompañaras en mis primeros batires de alas. Y estuviste. Quizá mje dieras fuerza para saltar al abismo sin cuerdas elásticas, sin arneses, directa a la soledad. No sé si te escogí para aprender a sentir diferente y acabara dando lecciones un poco más allá de ti y de mi. Es posible que te quisiera, también. Pero poco probable, siendo honest#s. Ya no hay sorpresas, a estas alturas, y una se sabe libre, egoísta, lúcida, sola, herida y superviviente. Cuánto dolor. Toda la distancia. Las ganas intactas y el sentimiento ausente... Deja, deja...

viernes, 5 de marzo de 2010

Vuelos...

La decisión está tomada y no hay vuelta atrás.

Después del madrugón, de llegar pasadas las siete a la flamante nueva terminal, agotada y con la logística familiar por los pelos, me dan vuelo más de una hora después. ¡Una hora! Venga, vamos... era para no creérselo. Me he cuasidesnudado y descalzado con dignidad ante fuerzas privadas que, además, me han cacheado con una envidiable profesionalidad y ya a plena luz del día y ante el público consumidor presente en el escenario y me repetía que era la última vez que opto por ese medio de transporte tan cómodo... ¿Cómo pude pensar un solo nanosegundo que el avión era mejor? Mi capacidad de autoengaño ante los cambios de rutinas es, pienso, infinita.

El vuelo movido, de forma que he acabado incrustada en el espejo del baño por una pequeñas y breves turbulencias que nos han atacado sin previo aviso. Y el aterrizaje ha sido con fuerte rebote de las ruedas en la pista. Fallo de medición del gps, diría yo -que soy profana, también, en esta materia-. Vamos: un lujo de vuelo.

Llovía al llegar. Llovía al salir. Y aqui lucía el sol con generosidad y potencia porque no ha llegado aún el anunciado cambio de tiempo para este fin de semana que, al parecer, regresa el invierno que jamás se fue. Todavía.

Y la verdad es que no me encuentro demasiado bien. Todo coincide: menstrúo con profusión, arrastro escasez de sueño(s), la cabeza llena de datos inútiles o imprescindibles y proyectos de los del tipo difíciles/imposibles. Normal, en este escenario y con esta actriz.

Al fin el fin de semana... y qué semana...

jueves, 4 de marzo de 2010

Trenes...

Antes solo iba en tren a Alicante. Un par de veces al año. Eran más de 4 horas y solía hacer el trayecto acompañada de colegas y, sin embargo, amig#s. Extraño a menudo esas horas compartidas entre paseos al coche restaurante, risas tranquilas, llamadas telefónicas y tiempos muertos. Ahora la tenfe nos ha puesto a tiro a los de la costa noreste peninsular los trayectos a diferentes puntos del país (y con esta última palabra me refiero a todo el territorio, todo, incluida Portugal y Andorra, si), especialmente a la capitalidad nacional y me descubro yendo y viniendo con cierta frecuencia, acostumbrándome a nuevas rutinas que ya repito sin querer: compro la prensa, con prisa, en el mismo kiosko; a la hora de comer me acerco siempre al mismo lugar; me gusta llegar temprano y comprar chicles de menta en una tienda de chuches que hace esquina [a veces logro resistirme a la regaliz y al chocolate, pero otras veces ni lo intento, que voy carente...] y entrar pronto, con los vagones medio vacíos, a localizar mi plaza e instalarme; mando algún mensaje y repaso el correo; me siento como una niña cuando percibo que el viaje acaba de comenzar, tan despacio, y espero las bebidas y los auriculares y, últimamente, veo hasta las películas; a medio camino voy al baño y me sorprendo de que esté limpio y tenga lo necesario todavía; suelo consultar en incontables ocasiones mi teléfono, que he puesto en vibración al entrar para no molestar a mis compañer#s de viaje... Y no soporto escuchar que suenen otros teléfonos ni siquiera conversaciones ajenas...

Hace muy poco los de la compañía aérea nacional me encuestaron sobre mi supuesta deserción a la competencia y me sirvió para descubrir que, en contra de lo que yo siempre decía, estoy empezando a preferir el tren... Ahora ellos estarán procesando el dato e intentando implantar medidas correctoras que les permitan recuperar clientes y me da la sensación de que no hay vuelta atrás...

lunes, 1 de marzo de 2010

Un poco de todo, algo de nada... y una sonrisa...

Ha llovido sobre mojado. Necesito comer chocolate y dormir sin interrupciones. Todavía me sorprende ver tractores por la calle, con sus luces naranjas dando vueltas, infinitas. Luce un sol espléndido por encima de casas y árboles. Las palmeras son para otras latitudes, en vacaciones. Me distraigo. Me muero de sueño. Y te extraño. Todo simultáneo menos el chocolate, ausente. No sé envidiar pero admiro en mayúsculas. A veces también olvido con qué dedo debo teclear la y pero la desorientación dura un segundo, solo. Me siento en uno de los últimos bancos de una majestuosa iglesia vestida de domingo, con sus luces y sus turistas, y no me dejas descansar ni agradecer ni pedir, como me había propuesto al invitarte a entrar. No, la conozco. He estado alguna vez. A pesar de tu extranjería en mi ciudad, nada que ver con la ola de inmigración que llegó hace poco con la fuerza de un tsunami. Qué duras consecuencias, el castigo de la naturaleza...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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