Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 31 de mayo de 2010

Foto... Luz... Vela...

Me escapé de la fotofobia que me provoca la luz mediterránea, pero tengo molestias. El primer baño y un nuevo paseo en busca de lugares conocidos y sin olvidar, que una temporada es larga pero no da para eso. Arena y soles sin nubes, entre azules y un poco de viento. Se soporta el calor, pero amenaza. Y mi espalda, sin cortes, se curte despacio y con queja.

Más que nunca lo necesitaba y el tiempo se detuvo, consciente de que era sólo un momento, todo irreal y casi forzado, que regresaría a lo que vuelve a ser hoy. Pero al menos sobrevino el paréntesis. Y tantas otras cosas confundidas en sueños. Tan extrañas, en realidad.

Una cena comenzó con una vela naranja, en forma de testimonio, accesoria e inútil, entre luces naturales de nuestro mar que se alargan ahora para desconcertar, improvisada. Avanzaron platos y conversaciones, el descenso del sol, recuerdos primigenios y alguna caricia. Se cerró la noche ahi afuera y nadie encendió más luces; nos distrajimos planeando lugares y rememorando los caminados y solo la vela permanecía. Me gustó sentir el calor de la cera líquida en la mano, que cayó al desplazarla de habitación. Porque la vela nos seguía y no podía recordar cuál había sido la última vez, con velas... Pero lo intentaba.

viernes, 28 de mayo de 2010

Como no sabían que era imposible, lo consiguieron...

Aparezco impelida porque hoy no procedería aunar letras. Pero pienso que no hay que pensar que todo es disuasorio, especialmente la naturaleza humana. En época de hiperregulación, quizá sería buena idea establecer una suerte de examen [tipo test, incluso] para valorar si l#s candidat#s a "persona" pueden circular. Habría un subgrupo, un grupúsculo, destinado a l#s que discurrimos por caminos más de negocio. Y supongo que se podrían añadir otros...

No tengo humor. Porque me lo han quitado con el mal hacer que empieza a abundar. Me pregunto si la educación, la cortesía y/o la ética están reñidas entre sí y son, además, incomplatibles con actuaciones diarias. Creía tener una respuesta [que conjuntaba con el cirio blanco que abandoné hace ya algunos años en el interior de un gran armario a los que tengo acceso], pero fue mutando despacio hasta transformarse en un contrario con tristeza y algo de pesadumbre, también. Es que, en estas circunstancias, el escenario se complica y a una le resulta más difícil, cuando no imposible, avanzar. La imagen que se ajusta aqui es la de alguien desplazándose por algún lugar del ártico, arrastrando el trineo cargado con lo necesario, en plena ventisca, el cuerpo hacia delante, intentando vencer la fuerza del viento, con los ojos semicerrados detrás de unas enormes gafas de materiales tecnológicamente perfectos. ¿Si? Esa...

Además, todo parece aunarse para confluir en lo contrario a lo deseado o necesario o preferible. A pesar de ser un viernes largamente esperado. Cargado de nubes que pienso dejar atrás, en la confianza de que no lleven cristales de roca ni partículas que dificulten el desplazamiento de la aeronave y, en caso de ser de agua, tampoco procedan con descargas en tromba que lo retrasen o incluso cancelen, con el correspondiente cierre temporal del aeropuerto. No más caos, por favor. Que el comienzo de la próxima semana promete ser complicado y, según como, hasta imposible. Aunque no haya imposibles contra los que no podamos luchar...

jueves, 27 de mayo de 2010

You make my life complete...

...pero no va a ser una declaración de amor, sino el trozo de una letra que escuché mientras me duchaba. Te recordé y me sonreí. Quizá porque es cierto, quizá porque lo ha sido alguna vez, incluso cuando tú no estabas en mi vida, ni formabas parte de mis sueños ni tan siquiera pensé que alguna vez llegarías a protagonizarlos. Me gustaría saber qué sientes caminando en escenarios de ensueño, en este mundo cuasiperfecto y onírico y plano. Dime.

Es un tipo estupendo que alcanzaría la perfección con una ortodoncia. Es perfecta hasta su juventud y su simplismo; su sonrisa queda distraída por esa boca impropia pero, a pesar de ello, rie a menudo. Es franco y alegre. Y hoy, comiendo, me ha confesado que también es adúltero. Con lo que a mi me duelen estas cosas, me ha resultado sencillo comprender que su novia lo encontraba raro, últimamente...

Contraseñas...

No quiero hablar de los efectos del paso del tiempo. Me debato entre cierto bienestar por seguir en la lucha y la tristeza al dejar los mejores años atrás. Esto va de bajada. Todo. Porque últimamente me observo de reojo en el espejo, por las mañanas, como quien tiene algo que esconder, y me siento como Pluto. Tan potente la fuerza de la gravedad. Disculpa que lo publique, pero era inevitable que la idea surgiera en algún momento, ahora que dejaste de reir.

Luce el sol ahi fuera, detrás de las ventanas, y visualizo nuestra playa, tanta piel envuelta en crema y el calor y tu presencia. Apenas me interesa el agua, dejé de ser anfibio. Otra consecuencia del paso del tiempo. Yo, que en mi infancia robaba baños en piscinas ajenas. Hoy, no me mojo excepto si son de confianza o me fuerzan la voluntad y la decisión y soy sumergida.

Vuelve el verano y regresan tantas cosas y algunos recuerdos. Unos que volverán a tener lugar, como la mejor de las rutinas. Otros, en cambio, imposibles, seguirán esperando pacientemente una reaparición que tendrá lugar en la próxima primavera. Todos los verdes.

Tengo una palabra de paso que conservo y utilizo cuando no existen grandes riesgos y quiero unificar. Soy fiel a mis promesas, aunque nunca las haya publicado bajo el título que negociamos una tarde en tu casa, ese día que también decidimos no estudiar. Tú seguiste suspendiendo y yo, en esas circunstancias, sacando mis mejores notas. Se me da bien eso de estar enamorada y rindo infinitamente más. Siempre ha sido así. Cada vez. Varias veces. Pero tampoco tantas, no vaya a parecer...

miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuando se me agarrota la garganta y no puedo hablar...

Sé perfectamente que es inútil, por improductivo, recordarla. Pero me sucede. Mucho más a menudo ahora que cuando estaba viva. Tengo en mente nuestra última conversación, fría y difícil, porque mi llamada era para dárle -justamente- el pésame por su viudedad. Así que ni ella ni yo estábamos receptivas sino que cubríamos expediente, correctas. Un tiempo largo de silencios, con algún recuerdo aislado y accidental, al final su muerte inesperada. Esa muerte traicionera que no avisa, ataca de manera irreversible y te arranca cosas por decir, que siempre se quedan. Creía, ingénua, que alguna vez levantaría el auricular y hablaría con ella, quizá de nada, tal vez de sus nietos y algún punto de logística familiar en el que me hubiera podido ver envuelta. Siempre me sucede que proyecto cosas que hacer. Y, a pesar de hacer muchas, alguna se me queda ahi, pendiente. Como esa conversación que ya nunca tuvimos...

Pero creo que no es eso lo que importa demasiado, porque hablamos mucho y durante largos años. La sensación es de que todo está bien, aunque reconozco que si así fuera su recuerdo no sería tan recurrente, ni me asaltaría por la espalda con agravantes.

Desde que no está tengo ganas de acercarme a su casa y sorprenderla, una tarde cualquiera. Llevarla a pasear y decirle que la pérdida de peso le sienta estupendamente. Preguntarle cosas acerca de la infancia del padre de mis hijos y de su forma de ser. Hablarle del carácter de sus nietos y de los miedos que solo comparto, por la noche, conmigo misma, cuando pienso en nuestros futuros, en la de riesgos en lso que podemos caer, en las intervenciones quirúrgicas que nunca les han llegado aún y en las enfermedades. La echo de menos y a veces necesito pensar en ella.

En él pienso cuando veo montañas. Es una asociación fácil y simple. Pero cuando murió yo estaba muy lejos, caminando entre volcanes y vegetación y recuerdo que me sentí tan alta que me pareció estar a su lado, de alguna forma, en su medio natural. Y me despedí de él durante varios días, en momentos de intimidad y de soledad, con lágrimas igualmente aisladas y discretas. Preveíamos que su enfermedad era terminal, así que mejor que peor cada un# se fue preparando a su modo para el desenlace. No pude decirle adiós por esa razón tan simple que es levantar sospechas acerca de el propio estado. Así que lo evité, con toda la lástima del mundo, consciente de que perdía mi oportunidad. La única.

Pero de ella la sorpresa fue tan infinita que todavía me atrapa y se me agarrota la garganta. Parece que no la he llorado lo suficiente, todavía. Y siento que el mundo está un poco más vacío, desde que se fue, tan sola, tan discreta, sin molestar. Y sin despedirse...

lunes, 24 de mayo de 2010

Con todas mis disculpas...

Festivo en la ciudad y laborable en este lugar. El calor en este despacho es hoy especialmente insoportable, porque todavía no se ha puesto en marcha el cambio de temporada y hace escasas semanas funcionaba aún la bomba de calor. Y eso que ya visto una fina camisa de algodón blanco. Existe el cielo más celeste que recuerdo haber visto, ahi afuera. Y el verano se anuncia en cada rincón, ahora que los árboles visten sus verdes más intensos y vuelven a estar cubiertos de hojas nuevas [paso de escribir eso de los brotes verdes, porque ya cansa].

Una se siente especialmente extraña cuando sale a la calle y ve que en Balmes solo hay dos almas: una paseando al perro, la otra en busca de la prensa. Aunque sus ocupaciones son, ahora, lo de menos. Por la Diagonal, famosa ahora, la cosa cambia: como un domingo cualquiera la gente corre [¿por cobardía, ¿para tener sed, ¿miedo? no sabría decir...], va en bicicleta o en patines, apenas hay autobuses y el tráfico es tan escaso que me atrevo a ir por los carriles centrales en lugar de por el lateral, como cada día, solo porque hoy no hay que ir evitando atascos, que las mamás no sacaron los coches para acompañar a los niños al cole. Busco a Hukia, como casi cada día, sin recordar que también para ella es festivo. Y me siento como Pooh, buscándote donde no estás, sin encontrarte. También echo de menos a Club. Y lamento mucho la situación de Farala.

Ahora es cuando, con tanto link, ya nadie está leyendo este post, porque es la contratécnica para eso: poner ofertas en tu propio blog para que las escasas visitas se entretengan en espacios mejores. No si...

Hoy me siento incapaz de concentrarme y solo pienso que queda menos para ir al gim, para que sea viernes, para que mi vida cambie de nuevo, para tenerte otra vez. Me recuerdo que hay que vivir ahora, que la vida sucede una vez. Y me sonrío y nos recuerdo y me acuerdo de que lloré pensando en ti. Yo, que no quería retroceder en el tiempo, que no quería saber si te echaba de menos, que prefería ignorar si alguna vez te quise y me doliste tanto. Yo, tan vulnerable, disimulando. Te daría letras para una canción de amor si supiera que las necesitas. Olvidaría mayúsculas y escribiría sin ninguna por ti, para ti. Aunque el resultado fuera a ser tan malo como lo es el post improvisado de hoy...

P.S.: mientras escribía, han venido a preparar el aire. Ahora ya hace frío... Si es que cuando no es una es la otra, caramba...

jueves, 20 de mayo de 2010

Gerundio de esperar...

Entrar en una sala de espera y que la adolescencia te sorprenda otra vez, entre sonrisas felices con el reencuentro. Observar canas en las sienes de un coetáneo y visualizar las propias para contextualizar sin caer en pensamientos del tipo "qué mal le ha tratado el tiempo...". Me pongo chaqueta y hace calor, se me toma la voz por la noche cuando decido salir en manga de camisa. Espero una respuesta que ha de venir escrita y de lejos pero por vía electrónica. Tanto silencio me inquieta. También espero el nuevo vehículo de dos ruedas y color negro que ha de llegar mañana [por fin, seis años después de que se la asignara como ganancial cuando salió por la puerta de casa; con la de ganas que le tengo -a pesar del casco, si; a pesar del casco-] procedente del sur. Y tu llamada. Y tus palabras. Que me hables entre sonrisas y en silencio... ¿Nadie se da cuenta de lo muy difícil que resulta escribir más de doscientos posts sin emplear ningún recurso que informe acerca del género de las personas de las que hablo y que sea el lector o la lectora el o la que llegue a sus propias conclusiones, a veces -como se ha visto- equivocadas? Es que lo es... Casi tanto como escribir sin usar un lenguaje sexista [como en la frase anterior...]. Suerte que las dificultades estimulan. Que si no...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Es algo tan improvisado...

Todo parece más distinto que otras veces y esta luz no puede ser la misma. Me empeño en observar cuán largas son las jornadas, lo que tarda el sol en ponerse [sobretodo ahora, entre los edificios de la ciudad, escondiéndose para seguir luciendo, como jugando] quizá porque sé que voy a echarlo de menos otra vez cuando nos muevan los relojes tras el nuevo solsticio. Seguro. Son gestos inevitables contra los que me rebelo, indefectiblemente, año tras año e intensamente. Sin desfallecer, porque a mi también me mueven iras determinadas y un poco irrrelevantes. Pero, ¿qué quieres?, me ponen en movimiento. Y a mi eso de sentirme viva me genera adicción, como tantas otras cosas que he debido ir venciendo con el tiempo. Qué recurrente me parezco hablando por segunda vez en este mismo párrafo del tiempo... Pido disculpas, humildes y silenciosas, cabizbajas y ruborizadas, porque en realidad no es tan relevante ni tan presente en mi día a día.

Es cierto que a veces me pregunto, sola en el coche, cómo debe enfrentarse a su jornada laboral un conductor de ambulancia. Por ejemplo. El pánico escénico que yo siento ante un nuevo reto, con el planteamiento de una nueva consulta, ¿en su caso, es vencible? Me imagino imaginándome ante escenas violentas, sangrientas, mortales, un suponer. Y con el miedo que siento me cuesta creer que yo fuera capaz de reaccionar. Es cuestión de entrenamiento, seguramente. También valoro lo que puede pensar alguien que no cesa de pasar códigos de barras ante un lector óptico de cualquiera de los supermercados que pueblan nuestras vidas. Durante jornadas de ocho horas, seis días a la semana. O un odontólogo. O la aparejadora recién licenciada que teme olvidar fórmulas y que las paredes del nuevo proyecto no resistan lo suficiente. La soledad del director general y el privado de libertad con años de condena por delante. El miedo del estudiante llamado al aula para el examen final.

No sé la razón por la cual me gusta imaginar otras vidas. Deduzco, pensando que soy otra, que es una cuestión de evasión de mi realidad a un mundo distinto, incluso mucho peor, también. No me aporta gran cosa, porque todo se basa en suposiciones e imaginación, subordinadas. Pero es como lo de contar cosas cuando estoy en el exterior [árboles, farolas, bombillas, motivos ornamentales]. Solo sucede...

martes, 18 de mayo de 2010

Imagine...

Me cuesta llegar a todas las primeras líneas de los múltiples frentes abiertos. Doy las gracias a quien corresponda de poder compaginar todo lo personal que va sucediendo y hay que ordenar con lo profesional que, hoy, entra en casacada, como si hubieran abierto los compartimentos de un dique o un pantano y el agua manara sin control y con una fuerza invencible. También me quejo en secreto, muy bajito, por la poca ayuda que tengo pero luego, de manera inmediata, me quejo por no pedirla. Si lo hiciera dejaría de sentirme tan sola, en esas ocasiones. No en todas.

He vuelto a dormir mal, con diversas interrupciones. A las cinco, en punto, me hubiera duchado para poder empezar a hacer gestiones y revisar papeles. En lugar de seguir tumbada boca arriba soñando que se solucionan los asuntos que me inquietan, que nada cambia o empeora y que el mundo podría acabar siendo un poco mejor. Pienso constantemente en subirme a la cinta y correr hasta que me falle alguna articulación [la cadera, probablemente], sudar, oir música y evadirme. Simultáneamente. Yo soy más de gym que de gin. Eso está claro.

Hará un par de semanas algunos jovenzuelos que no han llegado aún a los treinta me pidieron que les enseñara "sitios pijos" de la ciudad. Y aseguro que, no tengo idea de la imagen fiestera que transmito con mi silencioso lenguaje corporal, pero mi memoria no alcanzó a encontrar una fecha próxima en la que hubiera salido de copas por ahi. Seguramente los garitos que frecuenté en su día cerraron por obsoletos. O por lo menos los habrán reformado a fondo porque hemos vivido por lo menos dos ciclos de modas desde que los decoraran, por aquel entonces. Sí, un poco triste caer en esa realidad mia. Yo que siempre digo que soy ave nocturna. ¡Cómo nos hemos de ver!

lunes, 17 de mayo de 2010

Un miedo...

Iba a entrar un nuevo post improvisado, antes de que las llamadas se me coman el tiempo. Cuando me ponga con la nueva documentación que estoy pendiente de recibir, va a ser complicado mover la cara de delante de este teclado. Lo sé.
Acababa de entregar un sobre en portería para que se trasladara a otro centro puntualmente, así que me tomé las escaleras como el ejercicio que hoy no pude hacer por estar en una reunión hasta demasiado tarde.
Así que el sonido característico en mi teléfono de un nuevo comment pasó totalmente desapercibido.
El comentario apareció por sorpresa y de manera inesperada en mi pantalla al visitar una de las últimas páginas navegadas esta mañana, antes de marcharme de aqui. Enarqué las cejas, las dos que tengo perfectamente simétricas respecto a un eje vertical.
Luego lo contesté.
Después de hacerlo visité [tengo esa mala costumbre] la página que contabiliza visitas y hace estadísticas completamente inútiles acerca de éstas en un idioma que no es ninguno de los dos maternos, pero no importa porque solo suelo mirar de entrada el lugar desde el cual entran, el geográfico quiero decir [ya sé, ya sé: eso depende de donde esté el servidor alojado... pero si sale Illinois o México D.C. pues una ya sabe cuán cerca o no está esa visita y se puede empezar a inventar la composición de lugar y de vida del o la visitante; entretiene...].
En este caso último al que me estoy refiriendo desde el principio del post la coincidencia de ciudad de residencia y ciudad del o la visitante me ha hecho empezar a pensar en algo que no me ha hecho ninguna gracia:
...¿y si la entrada se hubiera producido desde mi casa, desde mi propio ordenador?...

viernes, 14 de mayo de 2010

Y también soy dragón...

Deja que me acostumbre a la idea de que quieren llamarme Penélope. Supongo que por esa canción tristísima de la que me hablaron hace un par de días, contándome cuán arrollador puede ser el final [que, confieso, a mi -a pesar de gustarme la letra y la melodía- me pasó desapercibido hasta entonces] con esa desconcertante frase de "tu no eres quien yo espero". Digo supongo, porque no tengo idea de la razón que puede llevar a alguien a imaginar que ese nombre me vaya mejor que el consabido Sonia que todo el mundo se empeña en regalarme sin imaginar siquiera la importancia que ese mismo nombre tiene para mi (anotación al margen o en pie de página, como se prefiera: tod#s l#s que me conocen saben que mi nombre empieza por ese. Aqui va un guiño).

Ha vuelto a llover y anoche al acostarme nos acompañaron larguisimos truenos pero han prometido soles como huevos fritos. Eso reconforta aunque la maleta del fin de semana sea un enorme caos de desorganización e improvisación. Me empeño en viajar ligera de equipaje y acabo pillando catarros a destiempo o con zapato de montaña en una playa desierta (para tumbarme en una enorme roca del nuevo espigón, por ejemplo).

Este dato vuelve a ser cierto. Como lo es lo que aqui escribo. Ya no sé cómo exponerlo para que se comprenda desde fuera. Es rara la ocasión en la que he dejado paso a alguna fantasía y me he alejado de mis realidades presentes o pasadas. Aqui es evidente que suelo recrearme más en lo que sucediera hace algunos años, durante una de mis rupturas, de las fragmentaciones, de mis reconstrucciones a partir de esa nada enorme en la que me dejaron instalada en esas mismas ocasiones.

Me dicen que soñar mantiene la mente jóven. Y yo añadiría que es motor que empuja hacia adelante. Razón de supervivvencia. Y hasta excusa ante los desalientos cotidianos que incomodan a menudo una turbadora paz.

Pienso que tener un sueño es una obligación, como el voto, como actuar como un buen padre de familia [¿y las madres, no aparecen en el Código de Comercio español? no], como pagar impuestos y cuidar de quienes habitan tu entorno. Pero me temo que no hablamos del mismo tipo de sueños, ¿verdad? Yo podría decir que sueño con un futuro plácido y despreocupado, sin grandes responsabilidades, con una familia saludable e independiente. Pero me conformaría con quedarme así, de manera indefinida. Bueno, algo cambiaría, si...

Se me puede soñar como imagen, como construcción, una suerte de Frankesnstein hecha a retazos y de imagenes y de proyecciones. Un bikini negro, un mar, baja estatura y una superdotación, casi, rayando la neurosis de l#s perfeccionistas. Pues no es exacta ni precisa, la imagen. Pero no seré yo quien se empeñe en recordarte que somos líneas [éstas sí son rectas, como las que me empeño en encontrar hasta en las curvas] paralelas destinadas al desencuentro, mundos alejados, vidas diferentes. Ahora si. Ahora me corresponde a mi hacer el recordatorio, a los efectos oportunos. Con una ligera sonrisa en los labios...

jueves, 13 de mayo de 2010

Interpretaciones libres...

Cuando el insomnio desaparece por una noche y una duerme sin interrupción, el día aparece distinto, aunque sea gris y el suelo esté mojado. No quiero cuarenta días de lluvia, como anuncian el calendario y el santoral. Qué buena idea ponerme en las manos de ella otra vez y que masajeara todas las zonas de mi cuerpo excepto una. Pero las otras, todas. Por ambos lados. Y una encantadora conversación acerca de la vida, la muerte, la soledad. Nunca somos iguales cuando alguien se va. Esa parcela que compartimos con el o la ausente desaparece para siempre. No es posible repetirla con otro alguien. Y estoy de acuerdo y por esa razón nos pisábamos las palabras, como niñas.

Luego nos sobrevino el silencio. El cómodo. Ese de pensar en algunas cosas que preocupan, que hay que hacer o resolver. Y en eso estuve, manteniéndome en vigilia, reservándome los sueños, el sueño para la noche que iba a venir, que había llegado ahi afuera pero no podía verlo. Lo sabía.

Alguien se retrasa. Lejos de incomodarme, como antes, comprendo que este lugar no es fácil de encontrar. Así que abro correos, leo deprisa, contesto con calma a uno de esos que llega por sorpresa y sorprende. No puede ser de otra forma. Que me sorprenda, que lo conteste.

No es lo mismo decir "ayer fui a la masajista" que escribir el largo primer párrafo de esta entrada, ¿verdad? Alguien en mi entorno sabe perfectamente mi actividad de anoche, así que sería fácil atar cabos y llegar a conclusiones acertadas. Por lo tanto, sin esconder información, la expongo en disfraz. Creo que es una forma de mantener el anonimato, de ser desconocida, de no ser localizada [¿cuál era el tercer sinónimo Io? imposible recordarlo... :( ] fácilmente que hace que me sienta cómoda.

Y no tengo idea de la razón por la cual decido exponerlo. Las cosas son así. Simplemente suceden. Han surgido hoy, de la misma manera que todos mis posts son, como dijera una vez, "cien por cien sinceros". Hablan de mi, de quién soy y de cómo siento. Pero hay que entretenerse en interpretar, supongo.

Lo que me sorprende, a mi vez, es que no lo parezcan...

miércoles, 12 de mayo de 2010

Lluvia...

De pronto la lluvia...

Mis planes mutan con el paso de las horas y el destino se ha visto modificado por razones caprichosas e impredecibles. Si no es posible volar, si no se puede asegurar ni la ida ni el regreso, nos queda la carretera. Unas horas de soledad interrumpida con algunas voces y conversaciones. La música. Parar en algún momento y sentir que no debo entretenerme, me esperan.

De pronto dejó de llover...

martes, 11 de mayo de 2010

Es imposible ser más egoista...

No puedo dejar de darle vueltas, así que lo mejor será que lo exponga...

Una consulta que se viene prolongando en el tiempo. De esas consistentes en "mi vida se está haciendo pedazos y necesito que me aconsjes". Cada encuentro se prolonga una hora y consiste en una larga exposición visceral que trata de ser convincente y justificar actitudes. Paso por mil expresiones distintas y dos cientos silencios, incrédula.

La historia comienza de una manera bastante gris y común: él la deja a ella por otra algo más joven y una vida muchisimo más interesante, aderezada con el glamour que da el dinero. Veinte años de matrimonio, dos hijos y la vida que se deshace.

Ella ha pasado por todos los registros previsibles, a pesar de negarlo siempre: el estupor y la sorpresa, el llanto y el abandono pre anoréxico, la furia y algo de odio y, ahora estamos en ello, la venganza.

La parte económica ha cobrado un protagonismo tal que lo emocional apenas ha venido siendo considerado como elemento de capital -sino exclusiva- importancia. Y ello la ha llevado a abandonar el chalet con piscina, garaje y jardinero para regresar a la casa materna, un piso discreto en un pueblo de segunda sin encanto. También se ha visto conducida a acompañar a sus dos hijos a vivir con la abuela paterna, con el fin de no tener que abonar gastos ni pensiones y de conseguir fastidiarle a él para que reaccione y disponga de escaso tiempo libre en el que retozar en la playa con la nueva compañera.

Ella vive con la madre. Él con la nueva compañera/amante. Los hijos con una abuela mayor que no está para tratar preadolescentes rebeldes que no pueden comprender qué ha sucedido con sus vidas sin haber hecho nada para "merecer" el cambio a peor. Sacan buenas notas, como siempre. La abuela, por supuesto, tampoco está ya para tomar responsabilidad sobre unos muchachos que entran y salen sin dar grandes explicaciones, que estrenaron recién su mayoría de edad.

Entre las parejas de nuestros ascendentes, indisolubles, que todo lo perdonaban, y el egoismo imperante en esta época debería existir un término medio... digo...

Son l#s que dejan las cicatrices más profundas...

Busco lo que otr#s tienen, convencida de que ell#s persiguen lo que he alcanzado. Son los juegos de roles, los papeles, lo que hay que vivir. Y me refiero a cualquier cosa, a todo lo que pueda ser comparable, perseguible, mejorable. No importa el área de influencia o la eficacia de los cambios. Soy falible y contradictoria y, cuando amo, no admito mitades ni parciales. Me empleo a fondo e imagino que la contraparte va a hacer lo mismo. Aunque mis disgustos me ha costado porque, aqui, no tod#s somos ladrones. Y ahora ya lo sé: tampoco de la misma condición. L#s hay canallas. Y otros que no lo son. Pero l#s primer#s...

lunes, 10 de mayo de 2010

De nuevo las contradicciones...

Sería un poco distinto si dejara de pensar en ti, si no volviera a escribir acerca de lo que tu desaparición sigue provocándome, si dejaras de ser presencia esporádica y ya indefinida, si nunca te hubiera podido amar, si no hubieras intervenido a convertirme en lo que soy. Lo que queda de mi, mejor. Después de tantas cosas, de las pérdidas, de lo que nunca pudo llegar a ser y lo que al final acabó siendo. De las decepciones y la esperanza, de las vivencias y las soledades. De ti y de mi. De los plurales y algunos momentos en singular. De conjugar el verbo querer sin pensar en ilusiones o deseos de aquello que nos falta. Escribo sobre tu ausencia y lo sigo haciendo desde la alegría. Ahora sí. Hoy sí. Porque lo necesito. Porque es la esencia de este lugar. Porque la nostalgia me arranca algunas frases con sentido, a veces. Y me permite pensar que escapo a aquello que es normal, habitual, hasta ritual. Aunque pueda llegar a ser un tópico, en cierta forma excepcional...

viernes, 7 de mayo de 2010

Así son algunas cosas...

Impacta este vacío y semejante silencio en este lugar. Su ausencia se deja notar y me da vértigo mirar hacia adelante y ver que tardará, aún, en volver. Las breves conversaciones, incluso solo las miradas. Todo lleno si está presente. Y tan callado ahora que no está. Pasarán los días, llegará la costumbre, haremos aprendido a sobrevivir sin su asistencia y regresará un día con la sonrisa puesta y las ganas de volver...

jueves, 6 de mayo de 2010

Sumando días...

Ayer me hablaron de ti. Ni siquiera quise contar la de años que han pasado desde que aconteció nuestra historia. Cándida, maravillosa, desproporcionada y tan dolorosa. Pero voy a hacerlo ahora, despacio porque soy de letras puras. Veintisiete años. En letras. Ningún dígito. Son menos contundentes, más dulces. Aunque impacten igual. Como la primera vez que usas una década para referirte a algo, a alguien. O las dos décadas unidas. Corta la respiración. Voy a prepararme ahora para cuando pueda, al fin, cuantificar diciendo aquello de "hace treinta años que". Que no queda ya nada. Impresionante...

miércoles, 5 de mayo de 2010

No todo es imposible...

De pronto, una se coloca en su sitio, acompañada. Y percibe que cualquier atisbo de cambio, la más mínima esperanza de avanzar, parece un sueño. Me acompañan el espacio y la distancia. Sueño con poder regresar a lo que fuimos alguna vez. Y, permanentemente insatisfecha, observo con impotencia que nada cambia para ser todo distinto. Por completo. Haz la prueba y vuelve la mirada hacia atrás, algunos años antes. Verás que ya nada es igual, que piensas diferente y que nada tiene la misma importancia que tuvo, relativiza. Me sorprende ver la cantidad de vidas que llevo vividas, repasar l#s protagonistas de cada una de las etapas, tomar consciencia de cuan diferente estoy siendo y, con toda seguridad, seré. La nostalgia me atrapa para retrotraerme y desplazarme, en el intento de volver a vivir lo que ya fue. Aunque en esta etapa sé a la perfección que eso no es posible...

lunes, 3 de mayo de 2010

Contrastes...

Este lunes extraño y distinto también lo es aqui. Habitualmente comienzo el cuerpo de la entrada improvisando, ignorando el tema que va a salir ahi afuera. Dejo el título para el final, que suele venir sugerido en las últimas frases. Pero hoy, decía, es diferente porque el título ha sido, precisamente, lo primero que he escrito. Como debería ser, creo.
Dos ideas danzan en mi mente, en calma. La primera es que han sido días mejores de lo temido y de paisajes contrapuestos: elevadas montañas, que culminaron en un paseo por una playa desierta, primera vez en esta temporada, bajo un sol cálido y agradable porque no provocaba sensación de calor.
Caminamos sobre enormes rocas que hacían de espigón y solo algunos años antes no existieron. Es una playa de nueva creación, que se vió desplazada por la ampliación de un puerto deportivo. Así que piedras y arena fueron colocadas por grandes máquinas y gente con casco y combustión de diesel y ruido de motor.
Ahora que está terminada y es mayor que la anterior, resulta un lugar cargado de magia y de energía negativa [no olvidemos que, según la ciencia, la negativa es la saludable y no al revés...], especial para compartir, como ayer. Estuvimos caminando sobre las rocas hasta dar con una relativamente lejana y con una superficie perfectamente plana, lo suficientemente grande para dos.
Y la convertimos en paraíso.
Y nos quedamos ahí más de una hora, sintiéndonos cerca, entre caricias prudentes que únicamente pretendían transmitir lo que ya sabíamos y confirmar lo que horas antes nos estuvimos contando con las manos, en la piel y el contacto, a media luz y restándole tiempo al sueño. Conducir entrelazándome con tu mano izquierda es una de las mejores sensaciones cuando se deshacen kilómetros, al regresar. Apretarte bien fuerte o simplemente descansar la mía sobre tu palma abierta, boca arriba, inmóvil. O bailar, como hace años en otras montañas y también a oscuras, además de en silencio.
Me dormí en tu regazo, escuchando el mar, bajo el sol de las cuatro y tus manos jugando con mi pelo, en una roca lisa del nuevo espigón...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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