Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 14 de septiembre de 2010

Destiempos...

Sí, te estuve observando. Con detenimiento, desde lejos, prudente. Me dí cuenta de que los pantalones eran de loneta de algodón y finas líneas verticales y que tenías las manos pequeñas. Me fijé en los zapatos y en lo abundante de tu pelo azabache. Sé que tienes los labios finos y la piel oscura, poco vello y la estatura de nuestra media nacional. Era fácil observar que soy algo más alta que tú y que tienes la espalda más estrecha. Te miré de reojo las pocas veces en las que me atreví porque te sabía absorbiendo impactos externos, saboreando luces y colores, los sabores del Mediterráneo. Debía conocer los detalles de los que alguna vez me habías hablado y fijarme en que te habían crecido las uñas y que no sabes arañar. Hoy sé que empiezas a ver mal de cerca y que te escoras a la izquierda cuando paseas, sin darte cuenta y muy despacio. Que te acercas a tu acompañante hasta rozar los brazos [caídos en paralelo al cuerpo, en suave balanceo, o ligeramente inclinados hacia adelannte, en flexión natural] y, en ese preciso momento, rectificas el rumbo y te alejas algo así como un palmo. Un palmo solo. Y se recomienza en un sutil y apenas perceptible acercamiento, un baile de movimientos y espacios. Ojos oscuros y distraídos, de miope, y sonrisa fácil. Quizá sean estos los rasgos encargados de dar la bienvenida al extraño, a la extraña. La mirada y la sonrisa. Te observé lo que pude, tanto como me dejaste, lo que me permitió el miedo a ser sorprendida, a cruzar la mirada y quedar expuesta, en evidencia, dispuesta yo también a que hicieras exactamente lo mismo conmigo y comenzaras tu examen. Ahora sé de ti que no vistes ni pulseras ni reloj ni anillos, solamente algo en el cuello y unos pendientes, como dijiste. Te gusta pasear y coleccionas paseos memorables para los anales. Hablas desordenada y apresuradamente porque los nervios te traicionan, como a mi me secan la voz y alguna vez callo. Con torpeza, no para mejorar el silencio. No. Pero sí, tienes razón, me dí cuenta de que eres de contacto y que te gustan las expresiones físicas, ese tipo de manifestaciones; pero eso nos atrapó a destiempo, con las cabezas demasiado llenas, demasiado dispuestas...

2 comentarios:

  1. Descripción cinestésica. Hecha con el sexto sentido. Ese que es tan venático, tan propio e intransferible.
    Sin anillos, sin pulsera, sin reloj. Raro para estos tiempos. No?
    Sabes? La observadora y la observada despiertan ternura.
    Un beso, descriptivo.

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  2. Victoria: bueno, son distintivos, al fin y al cabo: de clase, de manera de ser, de estatus, de estilo de vida...

    ¿Tú crees? ¿ternura? y eso que son personas fuertes... oh y dime, ¿por qué crees que son dos ella? curioso...

    Un beso, descrito.

    ResponderEliminar

No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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