Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

domingo, 28 de agosto de 2011

Qué domingo más difícil, hoy...

He venido a buscar el viento y que me diera en la cara. De frente, como las gaviotas y l#s valientes. El viento que solo se encuentra al lado del mar. Me he caminado la ciudad y me he cruzado con toda la gente. Noventa minutos a paso rápido observando historias y personas y doliéndome de los pies, agotados. A ratos te buscaba y a otros desviaba el camino para no repetir la que es tu ruta del gotico. He descubierto callejones en los que el riesgo me alertaba erizándome la piel y los olores me devolvían a Asia y he querido tomar el Aerobus al aeropuerto, sin billete, sin destino. Se pone el sol y tengo el pelo revuelto, ahora que el mar es plateado en lugar de azul aunque la arena sea rubia y fina. Escucho inglés y admiro abdominales perfectos en cuerpos nuevos y post adolescentes que se ejercitan sobre bjetos de dos, tres y cuatro ruedas, alguno con batería. Miles de razas y de parejas de enamorad#s tienen tomada la ciudad y a mi se me pega la soledad entre los pliegues de la piel, escondida y avergonzada. Los aviones desfilan a la altura de mis ojos, sobre el mar y el sonido de las olas, que rompen. Hacen cola, el avión y las olas, para llegar, para volver a salir; y a mi me cuesta sonreir. El viento sigue desenpolvando tristezas y creo que voy por un taxi porque no me apetece seguir caminando, ni viendo felicidades ajenas, precisamente hoy...


Y casi resulta que el taxista es el hombre de mi vida. Un decir porque me hablaba y su biografía era la mía per en sexo distinto. Por edad y circunstancias. Ha sido agradable, conversar con un desconocido y pisarse las palabras, en un trayecto que ha alargado disimuladamente unas manzanas, dando un rodeo que he pagado yo, en un día como hoy en el que, nada más poner el pie en casa, el teléfono me ha comunicado la muerte de una conocida muy apreciada para quien este final [pese a la enfermedad crónica] no era lo que se esperaba. Pero le falló el corazón y deja marido y dos descendientes y mis ojos anegados...

5 comentarios:

  1. Domingo que parece no acabar nunca. Ni siquiera en la madrugada de este lunes.

    Si el mar hablara y las gárgolas del barrio gótico... Hay ciudades para andarlas.

    Beso. Enorme, sparkling.

    Victoria

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  2. silbante: gracias. Hay épocas...

    Victoria: ¿qué lo voy a contar a usted que no sepa...¡? Un beso, reforzado.

    dintal: se agradece. Mucho. :)

    ResponderEliminar

No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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