Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 29 de marzo de 2012

Cambiando de exigencias y de escenarios...

De pronto todo se ha transformado y mi panorama diario es completamente nuevo. Estoy reinventada y dejándome llevar, en cambios que se producen a la velocidad de la luz por lo menos, pasando de un tema al siguiente sin solución de continuidad, mediando una bocanada de respiración inconsciente. Siempre he sentido pánico ante los nuevos retos, a la pantalla en blanco [no puedo poner la hoja en blanco porque ahora solo escribo notas a mano, breves, para compensar mi miedo a olvidar esas cosas que surgen y que debes hacer; la vida pasa por un ordenador...], a plantear mis argumentos y que me resulten convincentes a mi primero, luego a los que han de venir. Me ocurre alguna vez, todavía, cuando surgen asuntos de los que conozco nada y debo despachar con fingida soltura y seguridad. Por eso cuando regreso a mi despacho y cierro la pesada puerta de madera de color haya, aparecen los males, la sudoración, los miedos palpitantes. Cuestión de un par de minutos. No más. Luego todo fluye y consigo desovillar la idea, plantearla, sintetizarla, trasladarla y hacerla entendible a l#s [como yo misma] ajen#s a la materia. Al final, fluye y me sorprendo reprendiéndome a mi misma con aquello de que ya va siendo hora de que aflore un poco de seguridad. Hoy no me ha sucedido, todo lo contrario. Pero, como el chiste, me gusta recordar cuando tenía estas angustiosas sensaciones, sobretodo porque siempre, siempre acababa saliendo airosa. Un poco como esa manía mía a la gente, a pensar que soy de las que no sabría mantener el tipo constantemente atendiendo al público [una ya tiene un mal carácter consolidado y sólidamente instalado en el día a día]. Y hoy, que reviso memoria y agenda y veo que han sido tres los días, tres, en los que he debido expandirme y exponerme y acoger y ser confortable y contagiar, me doy cuenta de que no ha sido para tanto, que incluso ha habido momentos fantásticos y lo cierto es que mi gestión ha sacado buena nota. Cosa que me hace recordar que una valoración de 8 sobre 10 [¿sólo un 8? por favor...! debe tratarse de un error! si mi clase fue divertidísima...!!!] por parte de l#s alumn#s, que recibí con cara circunspecta y sincera preocupación, buscando el lugar en el que se quedaron amarrados esos dos puntos en el trayecto, para rectificarme a mi misma en futuras ocasiones, ha sido la nota más alta de todas las que han recibido los otros ponentes... A vueltas con la edad: ahora una ya no acepta ni los ochos, cuando toda la vida me bastaron los tristes cincos...
Y asoma de nuevo el charco y un traslado relámpago y me desconcierta, como tantas veces...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Edades...

Someter a crítica, poner en cuestión, dudar de todo. Hablar de sexo y de fantasías y deseos ocultos. Compartir secretos y generar debate. Hasta de decir lo contrario de lo que estás pensando, fingiendo incluso error en la comprensión, para que se refuerce la tesis opuesta, rotunda. De verlas venir "d'unhoralluny" y de saber cuándo he caído en la trampa a cuatro patas. Saber cuándo es mi voz la que canta o ha llegado la hora de cerrar la boca y que se luzcan otr#s. Absorber lo que nunca he sabido y observar, que siempre ha sido lo mío, para recibir datos y retenerlos. Saber que estás de más o que sigues echando de menos como el primer día.

Y es que tengo una edad en la que una ya está preparada para tantas cosas...

martes, 27 de marzo de 2012

Basta con proponérselo...

Soy de las que por las mañanas [salvo escasas excepciones, todo hay que escribirlo] se ducha aburrida de repetir los mismos movimientos y alguna vez recuerda usar la mano izquierda para verter el gel y enjabonarse al revés o empezar el secado por los pies o esparcir las cremas en el sentido inverso, para dar estímulos a mis reflejos. Y doy abiertamente y sin complejos las gracias a Dios por ser de las personas que cada vez menos puede ir a trabajar. Y me reconozco una apasionada de la enorme cantidad de posibilidades que ese trabajo me regala. Aunque también crea con fervor en aquello de que hago que me guste lo que hago, porque todo es cuestión de actitud. Estoy ahora en fases de absorber conocimientos diversos pero muy concretos que pueden no tener nada que ver con aquellos lejanos estudios universitarios que sirvieron para algo en algún momento dado pero que hoy, debo reconocerlo, han dejado de ser útiles porque los va suplantando el sentido común [paso de añadir aquello de "el menos común..."] y la experiencia, a partes iguales. O sea, al cincuenta por ciento. Necesito ampliar mis conocimientos y especializarme en áreas que me son ajenas. Todavía. Y es que, como todo el mundo sabe [esta vez sí] todo es cuestión de tiempo...

lunes, 26 de marzo de 2012

Autogeneración energética...

Creo que el mal humor no puede venir solo de la hora cambiada. Tiene que haber algo más, mucho más, porque este malestar requiere explicaciones. Como que anoche nos costó especialmente conciliar el sueño y los tres andábamos dándonos vueltas a nosotr#s mism#s, una vez en horizontal. Queriendo dormir con prisas, al final, conscientes de que la noche avanzaba a enormes zancadas y seguíamos viéndolas venir. Como que el tipo con el que he estado reunida un rato, hace otro rato, tenía una tez cetrina y una expresión grisácea, a conjunto, que repelían; con sus silencios interesantes de los que enseñan los manuales: cuando no sepas qué añadir, calla y tu interlocutor romperá el silencio para regalarte información complementaria. Como que mis vacaciones quedan todavía algo alejadas de lo que me gustaría y con incertidumbres como el destino y la temperatura [esta segunda, responsable de la determincación acerca del primero]. Como que las reuniones se multiplican y llenan agendas a la vista del acontecimiento que se desarrolla estos días en la ciudad y completa hoteles de todas las estrellas y congrega a contactos e interlocutor#s de otros continentes. Se me cierran los ojos. Espero que mañana sea un día distinto y que mi energía no se vea rebotada en cualquier rincón, con lo que me está costando generarla hoy...

sábado, 24 de marzo de 2012

Y de pronto escribo dudas...

Parar es estupendo cuando los días te arrollan. Dormir hasta que te despiertas, un desayuno frugal, recados innecesarios que te permiten revisitar el barrio, preparar comidas y después tumbarse al sol maravilloso de un marzo que grita primavera, adormecerte en un silencio extraño en este barrio del centro de la ciudad, sobre la línea que la divide en diagonal. La tarde por delante y un largo paseo de casi tres horas, con música, observando, esquivando rutas conocidas y buscando las alternativas, como si no quisiera encontrarte de frente, como si me diera miedo verte frente a mi. Y sin embargo... no ha sido ni un error ni una sorpresa. He entrado [porque he querido] en una tienda de cosmética y he rebuscado hasta dar con tu colonia y, pensándomelo bien, después de olerla con los ojos cerrados durante dos segundos, he apretado el tester justo sobre la parte interior de mi muñeca izquierda. Por dos veces. Soy diestra y lo contrario hubiera sido forzado. Sabía las consecuencias que eso me iba a traer y, a pesar de ello, a pesar de todo, he repetido la operación, esta vez apuntando con precisión en el dorso de la misma mano. Y ahí me he pasado a ratos el resto de la tarde, oliéndome a grandes inspiraciones, apartando a manotazos las escenas violentas de nuestros abrazos, los largos ratos en horizontal, mi propio olor después de ducharme en tu casa y salir feliz a la calle, cuando existía esa clase de felicidad que olía a limpio, cuando éramos y lucía el sol, cuando sabía que volvería a ese lugar, a tus brazos, y repetiríamos algunos hábitos que ahora, hoy -lo confieso-, me aburrirían un poco. No puedo creer que haya escrito algo que podría no ser nostalgia... ¿Será que este blog está llegando a su propio fin...?

miércoles, 21 de marzo de 2012

Recomienza un viaje y regreso al lugar del que siento que no me he marchado, con la triste sensación de haber dejado de pertenecer. Si continuo yendo a Madrid una vez en semana voy a tener que hablar con mi jefe. Pierdo la noción del espacio y los niños ya no saben como reprocharme las salidas de casa tan temprano, aunque haya dejado los desayunos y los bocadillos preparados. La suerte sigue acompañándome y ahora son mayores, para entender por qué me marcho, para haberse acostumbrado a que él se fuera hace ya algunos años y convivamos armonicamente siendo solo nosotros tres, para haber aprendido a no hacer preguntas tan difíciles como solían. Si esto me llega a suceder hace tres o cinco años...

El AVE va completo y la gente está abalanzada sobre sus smartphones y sus tabletas, despachando con prisa correos llegados de noche, repasando informes en papel, haciendo lecturas atrasadas -como yo misma- y terminando en tensión hojas de calculo a medio hacer que deben ser enviadas de manera inminente. Leen periódicos y hacen ruido con las páginas enormes y otros hablan alto por teléfono, aunque con esta crisis hayan decrecido las operaciones, que encima cuestan más de cerrar. Si hasta yo he notado que hay menos conversaciones comerciales.

Un señor mayor para la actividad frenética que parece tener lleva tanto tiempo al teléfono que siento el impulso de contarle que nos esconden informes en los que se hablan de terribles enfermedades a causa del abuso de los móviles y sus baterías, que emiten radiaciones muy malísimas para la salud...
Es temprano y tengo el regreso tarde, justo para llegar a una reunión familiar curiosa y que me apetece mucho porque, de naturaleza ordenada, me gusta tener las cosas bajo control y saber al menos quien lleva, más o menos diluida, mi misma sangre.
A mi lado, separado por un reposabrazos abatido (mucho más que nosotros mismos), un tipo interesante, con disfraz de ejecutivo moderno y un poco alternativo, con todos sus gadgets que le diferencian de entre otros de sus semejantes, leyendo un diario económico de ese inconfundible color salmón, facciones particulares y angulosas, bien afeitado, sin olor concreto.
Detrás, a mi espalda, un papá les da los buenos dias a su par de hijas pequeñas y les pregunta acerca de un dibujo que dejó hecho sobre la mesa antes de salir, les desea suerte en el control y que pasen un buen día, respectivamente. La voz es moderadamente alta aunque entrañable, así que no incomoda y -al resto- no nos despierta ningún instinto vergonzante.
Se lamentan los reposapiés repetidamente y la cobertura empeora a medio camino, pasada la zona de obras en la que el tren ralentiza y todos nos detenemos a mirar a través de las ventanas los paisajes más castellanos. Que por Zaragoza se presentan en rectángulos rosa, ahora que estamos en primavera...

lunes, 5 de marzo de 2012

Los riesgos de no parar...

Era tarde y regresaba. Era de noche y me sentía agotada. Todavía debía llegar a casa, deshacer el equipaje, cenar algo ligero, ralentizarme y dormir. Puntualidad británica al ir a tomar tierra, las luces de Barcelona a ambos lados del pasillo, entre los perfiles de cinco desconocidos, sobre fondo negro. De pronto, los motores vuelven a acelerarse con mayor intensidad que antes de prepararse para el aterrizaje y pasamos de una fuerte inclinación descendente a una brusca subida, porque volvíamos a despegar. Aterrizaje abortado. Comienza nuestro viaje hacia el sur y llegamos, por lo menos, a Tarragona. El capitán se demora en darnos explicaciones que no comprendemos en un español muy complicado, tanto que yo comprendo "presidente" en lugar de "precedente" cuando nos cuenta que el avión anterior al nuestro se ha demorado y no ha abandonado la pista con lo cual no podíamos entrar ni nosotros ni los posteriores.

Se me escapó una palabra sólida, que suelo repetir hasta tres veces y que dicen que es muy mía. Pero es que es tan gráfica. Miro a una desconocida que comparte pasillo y nos sonreimos, pensando en secreto "delaquenoshemoslibrado". Es inevitable imaginar que la toma de decisión en la cabina generó momentos de tensión que no vivimos en el resto del avión. Much#s sabemos que hay dos momentos críticos en un vuelo: el aterrizaje y el despegue y que hay dos momentos sin vuelta atrás en ambos. Supongo que por unos segundos la decisión fue correcta y estoy escribiendo ahora, sin ningún drama, solo valorando.

Me pregunto cómo puede un idiota no desalojar una pista de aterrizaje, no darse cuenta y entorpecer el paso de los que le siguen, con centenares de personas cansadas que no piensan en otra cosa que en llegar a su casa.

Mi admiración secreta por el piloto anónimo que ayer solucionó un conflicto que no es ni siquiera anécdota porque no va a trascender...

viernes, 2 de marzo de 2012

Creo que por ti hasta banalizaría mi existencia...

Hay una curiosidad que me hace pensar a veces y otras me hace girar la cara y es alguien. Un encuentro largo y una charla aparentemente insustancial y de la misma longitud. Eso fue una tarde celebrando el cumpleaños de una amiga común. De eso hace años, ni muchos ni pocos y no los recuerdo. Entonces jugábamos en equipos distintos y parecía todo tan definido y tan imposible. Hasta que pregunté y mi amiga se sonrió por debajo de la nariz mientras me miraba a los ojos, toda interrogantes. Yo me despaché inconscientemente y como pude. Y durante todos los tiempos me ha seguido mandando noticias, quizá porque yo preguntaba primero hasta que me comunicó la bomba de que también había cambiado de equipo y, para sorpresa global, jugaba en nuestra misma liga. Así que...


Y cada vez que el FBK me devuelve la imagen [variable con el tiempo, refrescada a menudo, interesante como el primer nanosegundo de ojos azules y rizos marrón claro] me detengo a recordar esas casualidades, mientras me sonrío pensando que nada es imposible. Basta con quererlo o con ser paciente y dejar que circule el tiempo. Pero lo cierto es que, aparte la comodidad de la cercanía, ni un solo minuto de compromiso. No pretendería enredarme más que entre sábanas blancas y noches en vela.


Porque, por esta vez, a mi solamente me atrae la piel...

jueves, 1 de marzo de 2012

Una y mil veces...

Comienza un mes y se vacían las agendas con el fin del anterior. Paréntesis con espaciosy sin ganas. No me sienta bien dormir seguido y ando todo el día entre tropiezos, físicos, verbales, emocionales. De pronto estoy cómoda aqui y me prefiero en otros lugares. Veo turquesas por todas partes y me siento como sin aire por dentro. Agotada por haber resistido todo el ejercicio a pesar de la falta de entrenamiento y mis ausencias continuadas. El mundo envía palabras amables por escrito y me sonrío, a solas en el nuevo despacho que he retomado, una vez acabó el proyecto que nos reconvirtió en el equipo que somos. Ellos sin afeitar; ella, impecable. Se me acercan el vuelo, el blanco, el sur e intimidades de reducidas dimensiones, como despedida de la temporada que tal vez no vaya a finalizar ahora pero que ya dejo atrás. No me gusta quejarme de cansancios pero voy a hacerlo en bajito, porque se me caen los párpados y prefiero no levantarme para no ser vista. De momento, ha regresado el orden y todo parece bajo control aunque eso nunca se sabe. O, al contrario, ya se sabe que en cualquier momento llega la sorpresa en forma de respiración contenida, batería de preguntas, semblante circunspecto y el consabido papel que [gracias a Dios] siempre falta y queda pendiente. Tiempo para prepararse para lo que ha de venir, para pensar en el siguiente paso, para ordenar ideas y pasar a la acción...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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