Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tot cremant les ferides...

http://lavidatevidapropia.blogspot.com.es/2012/08/com-si-avui-fos-sant-joan.html

Jo cremo les ganes de sortir corrent quan la por em recorda que sempre penso que no en sé, que no podré donar respostes adequades, impossible estar a l'alçada. Cremo el record de la infància i la mare omnipresent i el pare amb una existència petita i difuminada. Cremos la casa plena de germans i veure'ls marxar de mica en mica mentre em feien gran i els enyorava, jugant sola al quarto de la cantonada, el de jugar. Cremo l'angúnia de ser gran i responsable de dos éssers més petits, que creixen meravellats davant una vida plena de possiblitats i tant poques pors. Cremo la claustrofòbia de tants anys seguint, continuant, inventant-nos cada quinze dies, callant que el futur és impossible, no té termini, i avancem sense moure cap dels dos peus. Cremo l'ofec de la pèrdua que va ser i la que ha de venir a regalar-me la orfandat definitiva. Cremo les llàgrimes dels qui tenen futurs més buits que el meu i se'n adonen. També cremo les ganes de marxar la fugida que no vaig fer quan hagués tocat i viure lluny i ser jo amb una vida distinta. Cremo la pressa per acabar d'escriure, que m'esperen...

martes, 28 de agosto de 2012

Tempus fugit...

No es nuevo, esto de somatizar. Los síntomas son algo distintos y es que me sorprendo con grandes suspiros y al final me sonrío. Hoy creo que tengo un muro gris cobalto detrás de los ojos, antes de llegar al cerebro [¿el tamaño importa?]. Una losa alargada y fina, de portland, sobre los hombros. Mi lenguaje corporal debe ser gráfico aunque no ha despertado comentarios todavía. Todo llegará, con la paciencia de la que yo carezco. Quedan algunos días en nuestra particular cuenta atrás. Podría ser metafórico [de la vida y tal] pero no lo es. Aquí andamos a contrareloj y tenemos el countdown controlado diariamente y anotado en una pizarra vileda de las dos que visten un par de paredes del despacho, junto con cifras, pending issues, cosas preocupantes, conceptos con los que no estamos familiarizad#s y necesitamos recordar, muchos relojes con horas distintas en diferentes lugares [it's 5 o'clock somewhere...] y un ritmo frenético que a mi personalmente me crispa pero no debo padecer. Y fotos, muchas fotos. Todo en blanco y negro, limpio, muy feng shui. Un pez azul en pecera redonda, incluso. Y el tiempo que vuela...

lunes, 20 de agosto de 2012

Una breve disculpa...

Esto del verano... hacer lo que nunca hace en otras épocas del año, con el ánimo alegre porque sabes que es perfectamente provisional, como pasar calor o planchar de un tirón decenas de prendas de ropa de diferentes tamaños, equivalentes a las tres lavadoras que he ido haciendo desde mi vuelta. Una por cabeza, pero sin prisas, pensando en el tiempo que hacía que no planchaba, con lo que siempre me ha gustado; años, han pasado. Días intensos, estos de soledades en la ciudad; consciente de que voy a echarlos de menos tanto como ahora los echo de más en algún momento. Tiempo para planear el frío y de tomar decisiones sobre nuevos destinos. Una no puede estarse quieta. Tengo que hacer llamadas para las reservas de las que voy a ocuparme en unos días. Y es que todo tiene que salir perfecto [aunque esta entrada me haya pillado con el paso cambiado; y es que acabo de ver una foto en el WhatsApp y se me ha traspuesto el alma...

domingo, 19 de agosto de 2012

La foto del fin de semana...

De todo lo que he vivido me quedo con los sesenta largos desnuda, despacio, sorbiendo a bocanadas el olor a lavanda recién regada. Y tú esperándome...

Hoy tengo lectura pendiente, así que no me extiendo más...

jueves, 16 de agosto de 2012

Me cuesta tanto desprenderme de ti...

Ni los kilómetros de ayer. No duermo bien a treinta grados; y las ojeras... He repetido sol y ruta, aguantando un poco más que ayer, a pesar de las agujetas en piernas y caderas. En pleno centro de Plaça Catalunya he dejado de correr, he bebido en Canaletas [primera vez en la vida, que recuerde conscientemente] y he seguido el paseo por el barrio gótico y el casco antiguo. Quizá más lleno que ayer porque a los turistas se les unían los locales trabajando o dejando de hacerlo por hoy. La playa a rebosar y mi paseo magnífico, con un zumo maravilloso de melón, kiwi y naranja en vaso gigantesco [sablazo acorde con el tamaño, que se me ha olvidado preguntar antes de perfeccionar la compra venta y claro...]. Con la subida hasta casa tampoco hoy he podido. Tengo comprobado que cuando vas cansada la Vía Augusta parece la ascensión al Montblanch por la cara norte. Esta es mi ruta preferida [la que he hecho esta tarde, no la del macizo francés; bueno, me refiero a la montaña...]. He recordado esta tarde que comencé a hacerla [la ruta, con erre] con lágrimas en los ojos cuando me dejaste. Sí, me dejaste tú. Pero quince días antes lo había hecho yo por sorpresa y te sorprendió tanto que necesitaste días para reaccionar [debías considerarme incapaz de tomar iniciativas y reaccionar ante tus agresiones psicológicas y tus tortuosos chantajes emocionales, claro]. Y mira que me habías avisado una y mil veces que sería yo la que me iría detrás de una cara nueva, de las muchas que tenía en cartera. Y te lo negaba. Y yo tuve razón, la tuve toda. Porque yo estas cosas no las hago, me las hacen y después vienen otros y me enamoran y me dejo enamorar. Y fuiste tú quien engañó al final, yéndote con la otra cara que venías simultaneando a mis espaldas [anchas, muy anchas]. Sigo asombrada por lo magistral de tu actuación, que todavía no me explico. No haberlo notado, no haberlo presentido ni imaginado... Terrible, terrible engaño... Y así me van a mi los sentimientos, los temores y las cosas, en términos generales...

miércoles, 15 de agosto de 2012

Y mira que lo intento...

Vi el lugar, por primera vez, desde el agua, antes de zarpar. Día mariano de siete horas de intensivo y mucho cansancio por las largas noches de insomne que me estoy habituando a recibir como regalo. En breve recorrido de treinta minutos [ventaja de trabajar en agosto, por ejemplo] aparezco en casa y me calzo zapatillas deportivas y me visto pantalón corto y tirantes, además de colgarme a la espalda una breve bolsa con lo imprescindible [como puede serlo para mi un pareo, ese maravilloso trozo de tela que de tantos apuros me ha sacado contra agua, viento, frio, sol y otras hierbas desde que Ella me regalara el primero]. Corro como a plazos, en series, sin ambiciones y en bajada desde casa hasta el mar. Al principio, una Barcelona tan vacía y a medida que me acercaba a las zonas típicas han comenzado los tropiezos con los extranjeros despistados detrás de sus cámaras y girando sus mapas con cara de perdidos. Qué gente he visto... expresiones de impacto para retener [especialmente una de soledad, gélida...], parejas mixtas de razas distintas y sus descendencias de pelos y colores de piel maravillosos, parejas de iguales [especialmente de chicos, algunas de mujeres y algunas de ellas hasta mayores, esa especie que se esconde en alguna parte y apenas sale, sin que yo sepa la razón ni dónde pueden estar...], deportistas musculados de piel bronceada y sin apenas ropa, pocas mujeres haciendo top less, mucho balón en la playa repleta... El invento de ir pidiendo la canción que te apetece en ese momento y que YouTube te la facilite al instante ha provocado que se me agotara la batería y es que me he tumbado en el espigón, al sol, al menos una hora, de nuevo sucia de salitre y con el pelo revuelto, añorada y nostálgica, mientras hacía esfuerzos por seguir y resistir sin venirme abajo, que ahora no estoy entrenada como antes. Tengo un nuevo restaurante para cuando vengas. Me hubiera gustado quedarme de pie en la calle [secundaria, poco transitada, por la que corría viento fresco del norte y se escuchaba la música de la plaza de la catedral] hasta saberme de memoria toda la carta, que evocaba tantas cosas y prometía otros momentos contigo, frente a varios platos y muchas copas de diferentes vinos tranquilos. Y es que siento que se me han acabado las posibilidades de sorprenderte y eso no debería estar permitido, sino todo lo contrario...

martes, 14 de agosto de 2012

Miedos...

No debería sorprenderme. Y me sorprendo. Esto no es la primera vez que ocurre y, como vivo en un permanente estado de insatisfacción, sucede que lo que hoy me aplasta y asfixia, en breve será echado de menos. Sin variar. Cuando me aplaste y asfixie otro tipo de rutina más otoñal, de las de noviembre en la ciudad, acompañada de algún grito y/o discusión en voz alta y esmerada para ser transmitida y alcanzar distancias. Por ejemplo. Concluyo, en silencio [¿la radio cuenta?]. En concreto, dos conclusiones que vendrían a ser una por lo relacionadas que están entre sí. Suelo vivir empujada hacia delante, esperando y hasta forzando lo que ha de venir. O bien apoyada en lo que ya fue vivido y, con el tiempo, se ha visto inconscientemente potenciado a la décimoquinta potencia. Enésima no me gusta. Está manido. Y el juego de las palabras es para eso [no hablo de la construcción con letras que arrasa en estos momentos y en la que yo, por cierto, soy mala...], para variar los temas, los mismos, aunque se me reproche que soy imposible de entender y de comentar, por intimista o complicada o por no dejar pistas ni datos que permitan. Es el temor a ser encontrada, señores, señoras. No hay más. Como el que me produce ser [espero] la única ánima en un edificio de cinco plantas, desierto en días como hoy en los que solo trabajamos l#s [afortunad#s] desgraciad#s. Si. Mañana trabajo y será momento de sentirse más desgraciada que nunca antes, probablemente. Eso si tengo tiempo de despegarme la soledad que me está persiguiendo estos días y que me ha hecho intentar aproximarme a la encantadora filipina que se ocupa de los colores que lucen mis pies desde este mismo verano. Qué mal estamos, sin darnos cuenta. Mañana trabajo, decía. Sin queja. Al menos por mi parte. Aunque las dos mil quinientas procesiones van corriendo por dentro de una y no se detienen ni amagan con hacerlo...

lunes, 13 de agosto de 2012

Siempre he tenido un poco de razón. Sobretodo para las cosas que duelen...

A veces toca caminar hacia atrás. Y releerse en silencio, a solas en una casa, a media tarde de un lunes de agosto, laborable y de calor en alerta. A solas de soledad, me refiero; en ningún caso de falta de compañía. La palabra es avidez. Y todos sus sinónimos y palabras de la misma familia, idéntica. Ávida de todo lo nuevo que pueda llegar cargado de suspiros, paréntesis, largas conversaciones, caricias accidentales, historias jamás oídas antes y todas las ganas que asaltan por sorpresa, porque hace ya tanto tiempo de cualquier cosa que pueda parecerse a eso, por accidente... Ávida, buscando en todos los rincones, en los nuevos y hasta tratando de extraer de la memoria direcciones, nombres y .coms [¿o era .net?], encontrar lugares familiares que se encuentran clausurados o encerrados para que solo algun#s elegid#s puedan entrar, con la cabeza alta. Ávida y nostálgica de cuando entraba y salía, elegía y podía leer vidas diferentes a las que seguía con cuidado e interés y atención y algo de fe. Ávida, nostálgica, impaciente por llegar a alguna parte, quedarme y leer largamente letras nuevas que atrapan por la garganta y no te dejan parpadear, lamiendo las letras, navegando los posts en diagonal, buscando más allá en el archivo de meses, de años pasados, anteriores, tan interesantes o más como los que ahora son de rabiosa actualidad porque han ayudado a definir lo que es el hoy. Ávida, impaciente, nostálgica y un poco inquieta, enfadada y furiosa [según] por los resultados, los silencios, los vacíos y las ausencias que aparecen a golpes de añoranza. No sé por qué pero esta tarde está siendo tan difícil como cualquier otra de aquellas en las que solo estaba pendiente de que dieras señales de vida y nos dejáramos volver e hiciéramos planes de algún tipo, especialmente del tipo un café abajo en cinco minutos, no me tardes, anda. Y tú cruzabas la ciudad enorme para eso, solo para eso. Para esconderme en tu coche en un callejón mal iluminado en el que acabar por abrazarme hasta que se me cortaba el aliento. Y a veces lloraba porque sabía que una tarde como hoy, un lunes de agosto, laborable y de calor en alerta, no ibas a estar más conmigo...

domingo, 12 de agosto de 2012

Cuatro semanas...

Supongo que puede parecerlo pero nunca me he ido... Veo ahora que mi última entrada es de junio y que se me enredan los dedos, lentos, en el teclado. Se me han alargado los días y las cuatro semanas se han hecho increíbles. ¿Cómo se resume uno de los veranos de tu vida? ¿Cómo...? Cuando aún tengo la retina llena de naranjas a contraluz y puestas de sol entre templos vacíos, cuando todavía tengo la planta de los pies húmeda y no me he podido quitar el salitre, no me he calzado zapatos ni vestido sujetador ni pantalón largo. Cuando me acompaña el sonido de las velas desplegándose al viento y mi piel recuerda lo fácil que me resulta sudar en Asia, flotar durante horas como una boya en una cala pequeña de este Mediterráneo de la menor de nuestras islas, sentir el mareo y dormir entre vaivenes y rumores de agua corriendo a ambos lados de la proa. Uno de los mejores veranos y sin embargo algo se mueve aquí dentro...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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