Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 14 de agosto de 2012

Miedos...

No debería sorprenderme. Y me sorprendo. Esto no es la primera vez que ocurre y, como vivo en un permanente estado de insatisfacción, sucede que lo que hoy me aplasta y asfixia, en breve será echado de menos. Sin variar. Cuando me aplaste y asfixie otro tipo de rutina más otoñal, de las de noviembre en la ciudad, acompañada de algún grito y/o discusión en voz alta y esmerada para ser transmitida y alcanzar distancias. Por ejemplo. Concluyo, en silencio [¿la radio cuenta?]. En concreto, dos conclusiones que vendrían a ser una por lo relacionadas que están entre sí. Suelo vivir empujada hacia delante, esperando y hasta forzando lo que ha de venir. O bien apoyada en lo que ya fue vivido y, con el tiempo, se ha visto inconscientemente potenciado a la décimoquinta potencia. Enésima no me gusta. Está manido. Y el juego de las palabras es para eso [no hablo de la construcción con letras que arrasa en estos momentos y en la que yo, por cierto, soy mala...], para variar los temas, los mismos, aunque se me reproche que soy imposible de entender y de comentar, por intimista o complicada o por no dejar pistas ni datos que permitan. Es el temor a ser encontrada, señores, señoras. No hay más. Como el que me produce ser [espero] la única ánima en un edificio de cinco plantas, desierto en días como hoy en los que solo trabajamos l#s [afortunad#s] desgraciad#s. Si. Mañana trabajo y será momento de sentirse más desgraciada que nunca antes, probablemente. Eso si tengo tiempo de despegarme la soledad que me está persiguiendo estos días y que me ha hecho intentar aproximarme a la encantadora filipina que se ocupa de los colores que lucen mis pies desde este mismo verano. Qué mal estamos, sin darnos cuenta. Mañana trabajo, decía. Sin queja. Al menos por mi parte. Aunque las dos mil quinientas procesiones van corriendo por dentro de una y no se detienen ni amagan con hacerlo...

2 comentarios:

  1. ¿Dos mil quinientas procesiones? pshhh. Eso está chupao ;)
    Un beso, sparkling

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  2. Miedos.
    Enanos que se hacen secuoyas.
    Y cada procesión lleva... cuántos nazarenos?

    Se me acaba de romper una tetera. jo... Y es que estoy de mudanza.

    No trabajes mucho.
    Un beso.

    ResponderEliminar

No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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