Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 29 de octubre de 2012

Por si eres tú quien lo ha perdido todo...

Nunca me enamoraría de quien ha perdido batallas y espera en soledad a que lleguen milagros. No me gustaría sentir que rescato de los pozos y de las lágrimas y de las dudas más trascendentales. No querría abrazar a alguien que no tiene ninguna posibilidad de ser abrazada y es el último recurso, la única posibilidad y la vez final, que eso se nota. Lo cierto es que apenas sé enamorarme, más allá de responder impulsos ajenos, empeños y ganas. Me enamoré una vez, activamente y [como no podía ser de ninguna otra manera, perdón por la inmodestia] salió bien. Todas las otras, diría, me dejé y me consiguieron. Suena fácil lo que fue casi imposible. Y diría que imposible, sin el casi, si no conociera el final. Que me conozco. 

A veces me preocupa la imagen de intransigente que proyecto, absolutamente sin querer. O la de estricta. También la de impaciente y perfeccionista. No puedo comprender que todo eso, que es, se trasluzca tan clara y fácilmente. Quizá ell#s sean mucho más perspicaces de lo que aparentan y me tengan engañada. O no. Pero lo que me incomoda son los comentarios que acompañan el uffff de rigor. No sé si eso pueda tener arreglo, aunque lo cierto es que a los resultados me remito. Supongo.

Proyecto días a solas, lejos, con la cara bien alta y sin jugar al escondite. Que todo el mundo tenga la información y que nadie intervenga, incomodando. Nada de eso. Vivir de espaldas a todo tiene un precio. No compartir con nadie que el corazón revienta es una canallada. Y lo digo perfectamente consciente de las imperfecciones, de los no puede ser y de todos los es imposible que se me agolpan en la garganta mientras tecleo. Tendríamos que ser consecuentes, siempre, a todas horas. Caminar con la barbilla levantada de quien tiene todas las conciencias en calma, nada que disimular, nada que esconder. Mucho menos todas esas cosas tan bonitas. Menos enamorarse de alguien que ha perdido...

viernes, 26 de octubre de 2012

¿Precisamente ahora...?

Se me cierran los ojos, lentos. Y pienso que habrá sido el vino, las dos copas. Y recuerdo que la noche la pasé de tirón, aunque breve. Dos madrugones en cuatro días me tumban sin remedio, dos noches fuera, encuentros extensos y definitivos bajo presión y en cuatro idiomas, alternados con la naturalidad que solo las mentes abiertas son capaces de aplicar, sin necesidades de disculpas ni de falsas incomodidades. Tolerancia ante lo distinto y respeto por lo fácil para los demás. 

Se me erizaba la piel de los antebrazos imaginando y descubriendo que ese era también un lugar para quedarse, largamente, aunque sea tan inviable. El segundo en poco más de un año [¿qué me está pasando, por favor?]. Primera visita por trabajo al centro neurálgico del corazón del centro de las decisiones de esta Europa nuestra tan poco potenciada y a la que nadie respeta. Despidiendo el otoño porque, en efecto, están hoy en riguroso invierno y pasé verdadero calor bajo un cielo dolorosamente azul para unas retinas idénticas.

Procuro disimular el fastidio, los nervios, la pereza y el agotamiento de todas esas cosas por inútil en todas direcciones: ascendiente, descendientes y colateral. Una se calza una máscara superficial que va de pies a cabeza y convence mientras por dentro se corren maratones y todos los temores se agolpan en la epidermis, entre tantos pliegues. Hay, sin embargo, algún momento magnífico, sutil, como que un par de caballeros exquisitos se tomen todas las molestias por mostrarte algunos lugares inevitables y el Restaurante de referencia, entre paseos cálidos y vías adoquinadas y magnificentes como solo la centroeuropeas. 

Hay antes y después y a mi ese lugar me ha señalado la piel del alma, me he sentido sabiendo que habrá más, memorizando consciente el infinito y desconocido aeropuerto que, me temo, me visitará de tanto en tanto. Otro de esos cambios extraños que me suceden en estos últimos tiempos. Me asustan tantos frentes, no resistirlos o manejarlos mal, olvidar, perder, demorar... 

Lo que nunca fui, me descubro siendo...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Hoy la proporción ha sido de 10 a 3...

Hoy ha sido un día especialmente raro, que comenzó muy temprano y me llevó al Madrid de los Austrias con esos parquets de madera con enormes separaciones entre lamas [se debe a que se instalaron con la materia prima todavía verde, me contaron una vez] que crujen escandalosamente a cada paso [más si es con tacones]. El día era precioso, hoy que decidí sacar la primera americana de invierno. 

Una no departe amigablemente de los objetivos, estrategias y hoja de ruta de una empresa grande con los Directores de todas las delegaciones de los cinco continentes, en busca de iluminación. Comida privada en un lugar público y visita rápida para tres [una impresionante biblioteca del siglo XVII]. Y reunión totalmente imprevista con La Coach de referencia en nuestro país para establecer la hoja de ruta de las vacas sagradas [anquilosadas, algunas] de la organización. No tiene precio que tu CEO te pida sinceridad para responder acerca de los puntos débiles del sistema, la cultura de la Casa y los compañeros miembros del Comité de Dirección. No tiene precio que insista, que -si es necesario- abandona la sala de reuniones para que nos sintamos más libres. Y contesto para alegría [no, más: la felicidad] de La Coach, que cree haber encontrado un tesoro, una fuente de conocimiento, una analista en tiempo real y me reclama para su equipo. Desde luego, los hombres que me acompañaban no son, precisamente, resolutivos y a mi es suficiente con sugerirme el tema para empezar a largar.

Hay días que son regalos, que son Navidades, que son cumpleaños y aniversarios. Hay días que merecen ser vividos intensamente para soñar que alguna vez pueden llegar a repetirse, si los astros vuelven a conjugarse y los escenarios y los protagonistas no mutan demasiado...

martes, 16 de octubre de 2012

Una presencia que persiste...

Ayer hizo cinco años que estuve en una fiesta y ayer se repitió una nueva fiesta para celebrar otro cumpleaños. Hablo de una de esas fiestas mezcla de gentes desconocidas que solo tienen en común el conocer a quien la organiza. Y eso es bien poco. Incómodo, si apareces sin acompañante, naturalmente. Hace cinco años me presenté con más reparos que otra cosa y me quedé cuatro horas, cerrando el local. De entre todos los asistentes, coincidí taburete alto con taburete alto en una esquina del salón, copa de vino en la mano, cierto nerviosismo y mucha timidez, con una mujer que me resultó incomprensiblemente interesante. De mi edad, regresada de una larga temporada en un potente país europeo, fluidez en varias lenguas, con alguna ingeniería que no recuerdo y expatriada de nuevo a su país gracias a otra poderosa multinacional del sector energético que ni siquiera me propuse recordar. Andaba en busca de marido para un ansiado bebé, que la naturaleza empujaba. Fueron horas agradables de conversación pausada entre coetáneas con vivencias comunes de quienes han crecido en un mismo lugar.
 
He podido seguirle los pasos discretamente gracias a nuestra común amiga y a ese maravilloso invento que [a veces] es el FBK. Para mi gigantesca sorpresa dio un giro inesperado, vio la luz y cambió de vida, dejando de buscar marido alguno. Hace dos años que se instaló en una relación física y espiritual intensa y [creo] vive feliz. Ayer la vi otra vez. El tiempo ha pasado para todos y reconozco que a mi me ha apisonado, pero no me lo pareció [feliz]. Ayer estuvimos [ni queriendo nos hubiera salido tan bien] enfrentadas, una en cada extremo de la mesa rectangular a la que nos sentábamos una veintena de invitados, en los lugares más alejados. Y, sin embargo, me tropecé varias veces con sus ojos azules. Lo cierto es que me apoderé de las risas de los no conocidos que compartían mi extremo de la mesa y su zona se convirtió en un lugar apagado y silencioso, aparentemente poco confortable.
 
Voy a reconocer que su recuerdo ha sido recurrente estos cinco años. Y que me cuesta apartarla de mi cabeza ahora que pienso que puede que pasen otros cinco años antes de poder volver a charlar con ella y ponerlos al día, como me apetecería... Pero no voy a reconocer nada más. Porque... ¿y si me lee...?

lunes, 15 de octubre de 2012

De hábitos e imperfecciones...

Queriendo cerrar etapas no hago más que abrir nuevos frentes. Sigo divirtiéndome tanto como me dejan y lo cierto es que encuentro serias resistencias para ello [para que me dejen]. Me gusta pensar que, a pesar de todo, esto es provisional, estoy agotando la fase y en algún momento el entorno va a cambiar para siempre y de forma rotundamente definitiva e irreversible. Mañana por la mañana voy a tener que recordar no ponerme perfume ni colonia, que esconde los olores y los matices de los vinos y ese sentido, el del olfato, es crucial en una cata a ciegas. Pasado me toca madrugar para seguir durmiendo en el AVE y regresar no demasiado tarde vía Barajas, después de haber dado un nuevo espectáculo en el que seguro que creceré dos palmos, de lo mucho que van a criticar mi presentación. Aunque sea en tono jocoso y constructivo, naturalmente, soy de las que procesa mal la crítica; aunque la acepto y la digiero, aún siendo de digestión muy lenta. Si hubiera nacido perfecta todo sería distinto; pero solo nací perfeccionista y eso, quien lo padece, sabe bien lo que es. Frustrante, por un lado; y te condena a vivir en un permanente estado de insatisfacción, por el otro [sic mi preciosa psicóloga blondie... hace una eternidad, claro]. Ahora que soy [tan] mayor y estoy cómoda en mi estado, no he mudado demasiado los hábitos pero reconozco que me he relajado. Y no me está sucediendo nada... 

viernes, 12 de octubre de 2012

La vida cambia de repente...

No puedo escribir más que tristezas. Maldecir esta odiosa distancia que yo no sé cómo vencer. Llorar que el hecho, las escenas se hayan repetido con tan poco tiempo de diferencia. Y que todo sea tan extraño, definitivo y traumático. Me ducho y al salir, mojada, un messenger telefónico entre BBs, antes de las 07:00: "... ha muerto. Me acaban de llamar". Pero... ¿cómo? Pero... ¿qué ...?

De pronto sabes que no fue accidental. Que la pareja estaba en crisis. Que ella tenía acceso a toda la medicación del mundo. Que era adicta a la famosa anestesia de aquel cantante que fue negro. Que tenía moratones por el cuerpo. Que él está bajo sospecha. Que todos esperamos a conocer la autopsia.

La vida cambia y empiezas a rebuscar en el alma-zen cuál fue la última vez que la viste, cuál fue el último encuentro fortuito, los planes truncados y los viajes que ya nunca serán. Los últimos besos y lo distante que estuvo en la última fiesta, como ausente, una mirada extraña y sin acabar de encontrarse cómoda en ningún lugar.

Yo te echaré de menos, tanto como maldigo estar tan lejos. Yo te recordaré de mucho en mucho al principio y de tanto en tanto después  Pero te seguiré recordando toda la vida. Que yo para esto es en lo único en lo que soy fiel...

martes, 9 de octubre de 2012

Has vuelto tú a mi memoria, de manera tan infructuosa e inútil como siempre...

[Qué título tan largo...].

Siempre con prisa y hoy no ha sido la excepción. Una dirección céntrica a media tarde, pero retrasadísima. Desde la Diagonal he escogido Muntaner para llegar a Aragón y a su flamante escuela de negocios [where business people grow...], sin caer en la cuenta de que esa era tu calle, la nuestra. Primero, he alzado la mirada a la izquierda, al primer piso, y nos he visto fumando en la ventana, en el intermedio de cada clase, apurando los minutos, las conversaciones, los silencios, el humo y los nervios. Inmediatamente después he mirado a la derecha, a la misma altura del principal, dónde vivías con tu madre y tres hermanos menores, dónde me enseñaste las caricias y los besos en largas tardes de estudio que no nos llevaron a ninguna parte a nivel académico [bueno, a mi a algún lugar impreciso; a ti, a un matrimonio fabuloso con un flamante heredero de esa burguesía empresarial tan nuestra... Me quedo con lo mio, por cierto...] y a tantos lugares en el plano sensorial. Nos he visto y al no reconocerte en la cara de nadie, he recordado que han pasado unos escandalosos treinta años. Treinta. 30. Y creo haberte encontrado dos veces durante ese lapso de tiempo, sabiendo que nunca te has marchado de nuestra ciudad, que sigues viviendo aquí, educando adolescentes despreocupados y difíciles, conviviendo con alguien a quien no amabas entonces, sin profesión conocida. Es imposible tanta crueldad y no sé si el destino es el único responsable. Tampoco sé si sería capaz de reconocerte hoy. No sé si te encontraría en la calle, entre tantas caras, entre bocas sonrientes, el cabello tan distinto. Ni tú. Ni siquiera tú y tampoco tú. No me adivinarías hoy, estoy segura y quiero seguir así, creyendo que nos sobrepasaremos por las calles céntricas que debemos frecuentar y nos omitiremos, sin querer, para siempre y para todos los restos de esta vida que avanza en décadas demoledoras, sin vuelta atrás...

lunes, 8 de octubre de 2012

Como si todas las quincenas fueran iguales...

Mucha carretera y horas completas al volante. De tirón. Sin paradas ni siquiera para el consabido peaje, que hasta esto tenemos inventado para facilitar el paso y el pago sin apenas darnos cuenta. Siguiendo la costa, viendo el mar, cantando las canciones que conozco y tratando de memorizar letras de los Manel, que llegan a ser entrañables. Converso y escribo retales de palabras en frases cortas que pueden llegar a sonar rudas y apenas puedo explicar o justificar. Suerte que recibo clemencia. Y conversaciones telefónicas impacientes y el gas un poco más a fondo, programando un par de kilómetros más a la hora, que total no se va a notar y sin embargo son minutos y se van sumando o, mejor, restando. Hay quincenas infinitas pero la pasada no lo fue; no me preguntes por qué. Las ganas intactas, el abrazo tan fuerte y el calor, el sol, el azul. Nunca entenderé que la mirada se me ponga líquida cerca del mar, a veces indantreno, siempre azul; como al llorar pero en plena fiesta de felicidad y entre sonrisas un poco tontas. A veces es más fácil percibir la asimetría y otras veces son empates técnicos, tablas o paridades con efecto bloqueante, sin ninguna intermitencia ni posibilidad de reacción o movimiento. Hay kilómetros que matan, a veces; otras veces, los centímetros producen idéntico resultado. Es imposible elegir, una vez dentro. Es como preguntarse, cada mañana bajo la ducha, si a una le ilusiona acudir a sus obligaciones profesionales, quienes tengan la suerte de tenerlas. Tengo el circuito diseñado para economizar tiempo y movimientos mientras me cuentan noticias que entretienen mi mente y la updatean [que diría una compañera algo anglosajona en las formas] o, más últimamente, la escandalizan porque mira que el patio está mal. Y me entretengo entre alguno de los recuerdos [normalmente] magníficos que colecciono, para no plantearme casi nada, para no cuestionarme los planes, para emplearme a fondo sin detenerme a valorar si realmente existen alternativas viables a esta vida. He dicho viables. Y el matiz es determinante, crucial...

jueves, 4 de octubre de 2012

Hablemos del tiempo, de la independencia, de los BRIC. Del sincrotrón y de los oportunistas, los tránsfugas y los chaqueteros. De lo bien que se expresan los políticos de [casi] todos los colores y de las manifestaciones a favor y en contra. No sabes qué gritarás al expresar tu contrariedad, que todos los mensajes suenan rancio. Póngame usted una caña, por favor. Cuéntame que estrenaste una enorme casa y que ya te has independizado. A los treinta y tantos, tocaba, que las dos lo sabemos. Manifiesto sorpresa al conocer que cocinas, tú que no supiste hervir unos espaghetti hace unos pocos años y necesitaste indicaciones sobre cómo aderezar el agua y cuándo echar la pasta. Y tú, dime. Tu marido de viaje estrenando fábricas en un país sudamericano de proporciones continentales, saliendo en prensa sonriente, disimulando la caída de ventas en el mercado nacional [todavía] nuestro que tanto se acerca a la raya del 60%, pero no vayamos a decirlo. Yendo y viniendo del gimnasio, a los museos, restaurando muebles interesantes y cuidando de tus jardines [de idénticas proporciones a las del país sudamenricano al que me he referido antes, seguro]. Llenando como se puede el vacío del haber dejado de estar obligada a cumplir horarios y el que deja la frecuente ausencia de la pareja por trabajo. Supongo que queréis otra caña, ¿verdad? ¡camarero, por favor, otra ronda! -dice él, señalando con el índice de la mano derecha el centro de la mesa para cuatro haciendo círculos de radio pequeño, como el de la boca de un vaso de vidrio, por ejemplo-. Bueno, tu turno. Directivos que antes fueron tus compañeros y que hoy salen en la prensa diaria hacen declaraciones poco afortunadas y se exceden de los que son sus áreas. El año que viene tendremos una segunda equipación realmente horrible pero hay que vender y eso vende. El universo de los conflictos está superpoblado de impresentables y en nuestra frontera con el norte están sucediendo cosas buenas en tiempo real. A algunos les va bien fuera y a los de dentro la salud les trata mejor que nunca. Nos alegramos. El azote de la crisis ataca a todos los sectores a los que representamos y se nos anudan las gargantas de preocupación... Soy poco habladora y esta vez no hubo interrogatorio sobre status sentimental, como suele suceder. ¿Podría darnos la cuenta, que se nos hace tarde? Tengo el coche aparcado aqui en frente. Me vienes de paso. Si quieres te llevo...

martes, 2 de octubre de 2012

Crónicas de una [crítica] nómada crónica...

No quiero otoño. Ni tener prisa por cambiar citas y encuentros que se solapan y coinciden con precisión quirúrgica y matemática. Está llegando el frío y a mi me recuerda al blanco, mil veces lo he dicho, de las montañas y me da pereza recomenzar los hábitos de temporada. Comeré setas y castañas, seguramente; lloverá y anochecerá antes y todo será negro a media tarde y frío; me deslizaré y regresará el verde y el sol. Como cada año, todo invariable; con preferencias y sin poder cambiar apenas nada para seguir en esta suerte de resignación calmada, tranquila, estable. Nómada crónica y crítica. Cuestionándome en algún rincón secreto y en voz baja si esto puede acabar por ser eterno y, como dice, si nos vemos así hasta el infinito senil que acabará con todos los tiempos nuestros. No lo sé porque no lo planteo porque no quiero saber la respuesta, seguramente; porque no me interesa proyectar hacia adelante y ver tristezas, lágrimas y nostalgias ante nuevas soledades que acaban resultando familiares. Porque estoy con el consabido carpe diem y no veo más allá porque no quiero ver [y ya se sabe que no hay más ciego que...]. Aunque sea cierto lo de que nunca [en ningún momento de la vida adulta post adolescente y de manera más bien poco interrumpida] acabé de estar sola porque soy de enamoramiento fácil: basta con perseverar y [eso sí] reunir El Requisito...

lunes, 1 de octubre de 2012

Cuanto daño hace la convivencia...

Recorreré carreteras al volante y sola durante horas. Cruzaré provincias y comarcas. Venceré el sueño y la prisa. Pondré los cinco sentidos en los asfaltos mientras me aprendo canciones y las canto cuando no te escucho al teléfono y te hablo. Pasarán los kilómetros a ambos lados, por delante y se acortarán las horas de luz. Me acercaré a veces por aire, otras en tren, las menos en coche y pasarán dos días. Los años no han conseguido que me de pereza el movimiento y que lo prefiera a quedarme quieta y a jugar en casa. Porque jugamos. También. Y superamos todos los momentos a veces típicos de esa convivencia excepcional, rara y periódica para volver a comenzar e introducir tantas novedades como nos sigue siendo posible. Hay cosas que cambian y otras que siguen siendo mejores de lo que nunca han sido antes. Están cayendo los meses, los años, las semanas y las ganas que no se alteran ni siquiera se alternan con la desgana, porque eso me consta en ambos lados. Me entretengo a veces [como tú] en buscar la novedad, en encontrar lo que rompa cualquier atisbo de rutina, aquello que vuelva a colocarlo todo en su lugar: una cuasi clandestinidad encantadora, un secreto arriesgado, una escapada sin avisar, ese no sé qué de l#s amantes, lo que se siente cuando, además, se desconeta el teléfono y el mundo deja de dar vueltas hacia ninguna parte. Todo eso. Solo eso...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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