Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Hablando de ética...

Supongo que a algunas nos debe pasar. Me dicen que no se me entiende, que mis posts son difíciles, para mentes privilegiadas. No sé si estar de acuerdo. Es cierto que soy opaca de manera forzada y aquí las razones no importan. Es así. Pero creo que hay cosas inteligibles a la primera, evidencias y hasta planteamientos plagados de obviedades. Siempre me ha sucedido y ahora ya llevo dos blogs a mis [anchas] espaldas [de nadadora] y muchos años por aqui (creo que más de diez pero, como suelo reconocer, el tiempo se me hace de mal contar, como por falta de interés; es otra historia...): la gente llega con curiosidad y, me tarevo a decir que con interés; según el caso, se lee un gran número de entradas y se hace una composición y llega a conclusiones. Comenta, atrevida, durante una temporada que suele ser corta. Y desaparece después de establecer una cierta relación de proximidad, con intercambio de correos y, en el mejor de los casos, algún encuentro puntual. Todo eso salvo honrosas excepciones de gente que decide permanecer. Y permanece.
 
A veces quiero creer que la palabra clave es la siguiente: disponibilidad. Cuando una está disponible está abierta a planes, citas, correspondencia y largas conversaciones. Cuando una no lo está, tiende a esconderse, a no propiciar futuros inciertos, interesantes. Hay quien decide disimular su indisponibilidad y avanza hacia cualquier parte, sin saber el lugar al que se dirige. Yo lo he visto, yo lo he hasta padecido. Pero, suerte o desgracia, no tod#s somos iguales y hay quien opta por una determinada honestidad. No abandero ninguna causa ni se me llena la boca de anécdotas, mucho menos de felicidades, pero generalmente tardo muy poco en advertir de esa falta de disponibilidad que suele terminar con todo, excepto en los casos en los que el interés trasciende y supersede cualquier otra opción. A mi me gustan estas cosas, ver las reacciones de las personas, tratar de entenderlas, buscando por qués y tratando de aplicar la empatía.
 
Decía que mis posts son difíciles y raros. Quizá haya conseguido explicarme, excusarme. En este AVE que parece ir más lento que nunca antes...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Otra vez...

A rachas y a trompicones. Las cosas van a fases y etapas y la que abro en estos días no es solo la navideña, que acostumbro a vivir intensamente y a celebrarla con un [para mi] largo asueto. Y blanco. En la etapa que estreno comienzan los madrugones otra vez, los aeropuertos y los taxis y las camas de hotel [que nunca he abandonado, en realidad], las muchas personas relacionadas con asuntos tan diversos a los que hay que adaptarse deprisa, las ausencias de la mesa del despacho y de las salas de reuniones; luego vendrán las urgencias, los recordatorios y hasta las exigencias. No puede ser de otra manera. Puede parecer imposible pero está llegando un momento extraño en el que se acumulan temas y se inician novedades que mejor llamar primicias, por la inexperiencia mía y las ganas que quiero ponerle. Nunca prometí nada. Siempre hay reuniones pendientes. Largas conversaciones y, al final, la certeza de que siguen quedando diferentes puntos por tratar y la incertidumbre de la próxima vez, entre viajes, en medio de las ausencias bilaterales. Me desplazo breve, me muevo deprisa. Pero eso no le sucede a todo el mundo, que debe tener otras obligaciones, atender distintas exigencias, aprovechar los días de calma y alargar, permanecer en lugares y tiempos. En cambio yo... apagaré un despertador a las 04:00 para seguir durmiendo un par o tres de horas más tarde camino al sur y deshacer el camino volado otra vez de noche, incorporándome tarde a lo que debe ser una jornada normal en la vida de mis descendientes. A Dios agradezco que puedan permanecer sin tutorizar y yo tranquila...

jueves, 15 de noviembre de 2012

De la primera vez, de grupos que cantan y de otras adoraciones...

A una le perforan el alma una vez. La primera. Y todas las demás veces ya no son nunca la misma ni la inicial y más sentida. Simplemente te enamoras y pierdes hasta la esencia mientras todo va sucediendo, el cerebro se adormece temporalmente y tu cuerpo padece reacciones químicas, biológicas y físicas impunemente, sin previo aviso. Hablo de la primera vez, del primer amor. Quizá se olvida. Tal vez. Y se revisita de tanto en tanto, cuando la adolescencia entra en grises, como en borrador y todo se ha ido modificando de manera que nada es real sino el producto de los matices subjetivos. Pero de buen rollo, se altera. Se olvida quién protagonizó esa vez primera y, sin embargo, los sentidos permanecen casi intactos, aumentando, deviniendo imposibles. Puede ser que todo lo demás sea una copia, un intento de regresar, retrotraerse, recuperar. Todo.

Iba a hablar de relaciones asimétricas por la edad pero voy a abstenerme, de la misma manera que no quiero referirme ni al lápiz de Ikea ni al pistacho [es un estribillo popular de una canción de un grupo mallorquín llamado Antònia Font; me gustan. También los Manel y Anna Roig i l'ombre de ton chien y nada -me gustan- algunos otros que no es necesario decir, ¿para qué? si todo es tan subjetivo y carente de valor, a veces; con lo que deben esforzarse, los pobres, para salir adelante para que venga una idiota a dar opiniones que nadie le ha pedido, vamos...] o a los malos humores y las tensiones que se acumulan alrededor, con cuerpo, con alma, nombre y apellidos.

Visualizo la siguiente habitación de hotel, tan familiar, tan céntrica, tan fácil hacerla mía. La cordura se mantiene con ciertos hábitos, como el de llegar, buscar el lugar en el que el trolley negro y rígido de vértices redondos pueda mantener sus dos hojas abiertas, deshacerla inmediatamente después de los primeros besos detrás de la puerta: el necessaire [tremendo en esta lengua, ¿verdad?], colgar las pocas prendas que lo requieren, sacar los zapatos de sus bolsas de viaje, volver a dar abrazos y besos, enredarme en un hombro y, por fin, descansar, sabiendo que la vida me regala algo más de 48h. y que voy a compartirme completamente, a obsequiar, dejarme vencer por varios placeres distintos que van desde el gastronómico pasando por el cultural sin olvidar el más físico de todos. Extraño a veces esa gran ciudad y perderme por sus barrios, locales y enormes calles. Nada que ver a cuándo la visito por mis obligaciones profesionales. Nada.

Odiaba ese lugar. Ahora adoro volver...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Thoughts...

Se me está desordenando el caos. Es probable que sea materialmente imposible. Pero el mío tiene vida propia, actúa por su cuenta y es cierto que la palabra se queda corta para describir el interior de mi cabeza a día de este hoy que ya acaba.

Sucede en raras ocasiones, así que ando desentrenada.

Funciono por compartimentos estancos, perfectamente sellados. No hay fisuras ni escapes. Y así -con un mucho de organización no improvisada- voy transitando con cierto éxito [el éxito lo determina cada una, en este caso; me refiero -en el mío- a un más que aceptable grado de satisfacción, por ejemplo] por todas y cada una de las facetas que me forman y, por lo tanto, completan. Y hasta complementan, vale.

Solo ocasionalmente todo se mezcla y en mi cabeza se produce un cortocircuito. Me manejo mal, en esos momentos.

No sé si comprar el primer vuelo que salga hacia California y empadronarme ahí o bien pedir a gritos que me ingresen en algún hospital, me pongan una vía y me administren propofol durante un par de semanas y me dejen aislada, sola, hasta que los circuitos neuronales vuelvan a estar comunicados y recupere mi salud mental. Y las ganas de un millón de cosas.

Uno de esos largos días en los que valoras seriamente si serás capaz de seguir adelante...

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me gustaría decirte algunas palabras...

Como decía... el tren...
 
He visto el otoño y todos los viñedos de color y entre la lluvia. Aquí las estaciones van a otra velocidad y se nos están avanzando. He ido en su busca lejos dos veces y las dos he fracasado: me he adelantado, contra todo pronóstico, también. No han empezado la poda y los sarmientos están en su esplendor en tamaño y en plena decadencia por sus sinfonías en marrón y rojo. Ojalá el agua caiga y caiga hasta empapar dulcemente la tierra que ha reducido su productividad, alterando precios y mercado y obligándo a rehacer presupuestos. Es una ansiedad constante, esto...
 
Al salir, de noche, me he entretenido en escribir una nota en la pizarra de casa, con el ánimo de acompañar desde la ausencia, persiguiendo una presencia virtual y simbólica que haga un nanosegundo de compañía, justificando retrasos inevitables, con cualquiera de las combinaciones posibles e imposibles. Él ni siquiera vio la nota. Ella ha pedido que llegara antes. He charlado con el maquinista y no hay nada que hacer. Serán pasadas las diez y volverá a ser de noche.
 
Agradezco a los dioses que me tengan ocupada y sin posibilidad de pensar. En cuanto me descuido, recurro. Y no hablo de apelaciones, no. Me refiero a pensamientos de esos que te revisitan hasta aburrir, agobiar, saciar. Los pegajosos y los desagradables, ese estilo de pensamientos que una tiene cuando quedan cosas por hacer, palabras que decir, conversaciones pendientes y tanto por vivir a medias. Me veo recordando y, eso sí que no, ya no tengo edad para lamentos, remordimientos y disculpas. Ahora no...

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los puntos suspensivos son sólo tres y van seguidos de espacio...

La serendipia ha hecho que hoy le ponga nombre a algo que hace mucho que sé de mi misma. Nada cambia pero es como dar cara a las personas con las que correspondes, por ejemplo: libera y da calma, al menos a mi. Confieso, sin embargo, que la fuerte atracción debe venir acompañada de piel. Y voy a dejarlo aquí porque es una anécdota, el tema, consecuencia de la casualidad... como ya he dicho.

El tren ha irrumpido con tanta fuerza en mi cotidianeidad, que empiezo a ser capaz de caminar entre vagones con naturalidad profesional, como si esos vaivenes que provocan los socavones que fueron noticia que abría telediarios y que a mi me hicieron jurar que jamás dejaría el aire, Barajas ni el Prat, porque la tierra era demasiado peligrosa, nos engañarían y alguna vez un largo tren acabaría deglutido. Como si esos vaivenes, decía, no fueran capaces de romperte la cadera mientras te colocas una enorme sonrisa que disimula el dolor físico, el del ridículo y hasta el amor propio maleado... Pasan los años y no suceden esas cosas, yo he cambiado de hábitos [jamás pensé en hacerme monja, por cierto] y padezco modificaciones físicas evidentes, que asumo con dignidad y tristeza.

Tengo el convencimiento de que cada día está lleno de infinitas posibilidades, sonrisas escondidas, retos, personas interesantes que te arrancan carcajadas deprisa en conversaciones arañadas, cada día está lleno de ti y de tus voces, los detalles compartidos y el devenir privilegiado de una época maravillosa que no acaba, contra todos los pronósticos que nunca ha hecho nadie. Vale. Un poco pastelero, queda. Pero, ¿qué quieres? Estoy destrozada...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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