Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Quizá porque son poco útiles...

Parece que en vacaciones me aburro. Como no voy acelerada, todavía duermo peor que en condiciones normales. Pienso millones de cosas y no puedo poner ninguna en práctica. Quiero moverme, hacer vida normal, vivir. Espero que haya sido la doble festividad y que mañana termine todo, cuando retomemos lo cotidiano, a pesar de no regresar al trabajo, como los niños. Estoy inquieta. Extraña. Desconcertada. En stand by de cosas que desconozco y que presupongo, aún sin saber de destinos ni de finales ni de comienzos. Es todo extraño, como yo estos días. Desubicada, desplazada. Participo y me veo en cuenta atrás, de nuevo equipajes, carreteras y kilómetros, espero que el frío que no está aquí me lo encuentre allí. Casi todo se me escapa, como las ganas de vivir estas fiestas...

martes, 25 de diciembre de 2012

Y me han mirado con cara rara...

A veces se olvidan sensaciones: esperar una llamada y comprobar compulsivamente que la línea funciona; chequear una y mil veces seguidas que la cuenta de correo sigue vacía y que no han llegado las noticias o las respuestas porque hace solo dos minutos que mandaste el último mensaje; la primera cita y quién se atrevió primero a pedir el número de teléfono; esperar una voz que no se conoce, un acento especial, un timbre algo nervioso y una conversación cuasi vacía; estar pendiente del reloj, del calendario, de la cuenta atrás, para acercarte a ese café, a un encuentro, a una larga charla, un fin de semana. Y vuelan mariposas y te pones nerviosa y te tiemblan las manos y la voz y el pulso, se seca la boca y se incrementa la sensación de ridículo.
 
A veces una piensa que todo eso ya no va a volver. El tiempo es implacable y los estragos aparecen de improviso, cuando parecía todo tan tranquilo. De pronto eres una persona diferente, que nunca fuiste; y hay líneas de expresión, colores de cabello, hay que alejar el objeto a observar o que leer y para conseguirlo los brazos se extienden hasta doler; desaparece el fondo físico y la musculatura que alguna vez estuvo; adolescentes que te repasan y te dan mil vueltas, hiperventilas mientras intentas aguantar con alguna dignidad bajo un sol de justicia y una temperatura de playa, a pesar de ser diciembre, qué diciembre tan cálido. Pero es inútil. Es la edad invisible, la de la autoestima desaparecida, el pensar en mantenerse a flote sin grandes cambio y, por supuesto, sin mariposas a mil kilómetros a la redonda, como con órden de alejamiento.
 
Es una época triste, para qué negarlo. Como la de la Navidad. Época de miedos y de nostalgias por lo que aún no se ha perdido pero que sin duda tiene fecha de caducidad.
 
Una observa a su alrededor, como en modo panorámico, en silencio. Y el resultado es una confusión y mucha nostalgia porque se comparte lo evidente con aquellos que deben ser y mientras tanto hay quienes se quedan por el camino. Y no decir de la nostalgia de no estar dónde se quiere en compañía de aquell#s a los que sin dudas prefieres.
 
Es una época triste, de noches largas e insomnes, de planes sin grandes metas y con desconciertos y un poco de miedo, que yo el ritmo del 2012 no creo que pueda aguantarlo dignamente... El día que dejéis de necesitarme me iré a vivir fuera de aqui...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Paréntesis breve, inter fiestas...

Las vacaciones escolares son una bendición. Cuando se suman con los años y en el tiempo y te descubres disponiendo de seis semanas libres al año, el panorama se distiende. Hace poco, en una de mis etapas críticas, me planteé "comprale tiempo" a mi superior jerárquico. Me lo regaló. Hubo un evidente cambio de prioridades en mi y decidí que tenía que sentarme en el suelo, ir al parque, preparar papillas sanas de color verde y dar todo mi cariño [que no anda escaso, precisamente]. Y así fue, aunque seguro que pudo ser mejor. Cuando te quedas sola y tienes dos responsabilidades, te asustas, empequeñeces y flaqueas. También adelgazas, mucho. Pero remontas y engordas y ahora cosecho resultados. De nuevo el cambio de ciclo y de prioridades y ahora ya es todo distinto. Tengo un objetivo claro y me dedico tanto como me dejas. Y conste que me dejan poco, me ponen mala cara y hasta me reprochan. Eso quienes tienen otras prioridades o quienes no quieren reconocer las mías o tienen otras necesidades. En fin. El 2013 va a ir como un tiro. En una u otra dirección, seguro. Y espero que la compañía no falte así que todo el mundo será más que bienvenido...

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Es para estar agradecida...

No tengo ni siquiera la más leve de las percepciones, ni lo recuerdo de tanto en tanto, ni tan solo una sensación accidental. Nada. No siento que sea Navidad, que haya que ser feliz [lo soy, pero lo de siempre, lo normal, espontáneamente], intercambiar regalos, estar junt#s, ni que me empujen a celebrarlo todos los rincones iluminados de esta ciudad húmeda y cálida hasta ahora, en diciembre. Me sobran las chaquetas, los resfriados y los soles de invierno. Me falta la nieve y la lluvia, la nevada anual que todo lo colapsa y rompe las rutinas. El frío.
 
Este año es de cambios y de primeras veces en una vida frágil que tendemos a dar por supuesta, sentada y sabida. Hace un par de días me dediqué a agradecer que mis piernas funcionen, igual que mis órganos [no estoy enganchada a la diálisis, mis dietas pueden ser normales y contener azúcares]. Puedo distinguir nítidamente los colores, leer letras y adivinar objetos a distancia. Estoy sana y fuera de un hospital. Puedo pensar y tengo memoria, mis huesos están íntegros y fuertes y soy capaz de percibir olores y sabores, cosa que aporta grandes satisfacciones. No soy muchas cosas que podrían limitarme y restar calidad a mi vida. Y, sin embargo, no nos damos cuenta...

martes, 18 de diciembre de 2012

Y las mariposas, a veces...

Otra vez una noche tropezada y dividida en tres. La desolación y el silencio que me empujan a acelerarlo todo y meterme en la ducha, la impaciencia, se multiplican por mil cuando suena el despertador y se incrusta en esa zona pequeña que tenemos sobre la nariz, entre las cejas; ese lugar que se frunce con el paso del tiempo y las inquietudes. No son preocupaciones, en realidad. Ahí se instalan algunas tristezas, nervios y sobretodo todas las risas.
 
Ayer le pregunté hacia dónde iba yo. Con semblante serio confesó no saberlo y yo me dibujé como dando vueltas sobre mí misma, en inútiles círculos concéntricos. Da el pego porque, como camino deprisa, parece que tengo muy clara mi dirección, mi destino, cuál será el futuro. Por mucho que trabaje lo de las debilidades y hayamos tomado conciencia común de las fortalezas que nos hacen invencibles [ya será menos, claro; pero es positivo pensar de esta forma], sigo sin saber con exactitud. A veces me atrevería con todo y me comería medio mundo. Luego me atraganto, me asusto y me quedo en el sitio.
 
Creo que hay posibilidades. Venga, acércate. Atrévete. Deja otra señal, unas letras, una voz. Ni nos imaginamos lo que nos espera, cuánto vamos a divertirnos hablando deprisa, pisándonos la vez y la voz, comenzándolo todo, atreviéndonos...

domingo, 16 de diciembre de 2012

Avances y retrocesos...

Soy pensadora, curiosa, difícil de comprender, escritora encriptada y otras tantas cosas. Soy, también, alguien que dejó de fumar hace algunos años [no soy, sin embargo, de las que cuentan los minutos desde que abandonaron la adicción] y quién esporádicamente añora con nostalgia el gesto de tener un cigarrillo entre el índice y el corazón de la mano derecha [soy diestra, por desgracia para mi] y llevárselo a la boca en intervalos cortos para inhalar y exhalar un humo caliente que contiene centenares de productos químicos que afectan a nuestra salud. Vale. A veces me gustaría volver a fumar. Lo reconozco. Es improbable que lo haga pero me gusta lamentarme mientras lo recuerdo. Tengo un carácter adictivo y sé que debo andarme con ojo. Con todo, incluidas las personas. Me engancho y lo hago con relativa facilidad y hasta la médula. Suele ser recíproco, por fortuna. Me encantan los post que comienzan por un me gustaría porque ya destilan calma, porque transmiten la ilusión que conlleva el fin de la frase para quien escribe...  Hace unos meses decidí cambiar de hábitos. Ahora aprovecho el tiempo de aviones y trenes para estudiar temas atrasados o nuevos. Antes solía perderlo, el tiempo. Y se me hace increíble todavía valorar el rendimiento y los resultados, el impacto también. Avanzo en mis fortalezas, por ejemplo, igual que conozco a fondo mis debilidades, que procuro matizar, al menos. En fin, lamento el caos pero es que dispongo de poco tiempo y hago tres cosas a la vez... Soy, al fin y al cabo, caótica. Y géminis...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un momento de silencio...

Tengo treinta minutos para mi entre el momento en el que se vacía la casa y en el que conviene que empiece la ducha. Una reunión de tutoría a primera hora con el padre del vástago promete alguna risa y un poco de ansiedad. Aquélla la proporciona el que fue, ésta el tutor. Y es que me resulta incomprensible el grado de dificultad al que se enfrentan ahora los chicos y las chicas; no recuerdo que fuera tan complicado, que requiriera tantas horas. Ni siquiera la Facultad me resultó tan caótica como ahora, que los convierte en arqueólogos de la materia en busca de la elaboración de los mejores apuntes del mundo. Lo veo como una pérdida de tiempo. En cambio, seguimos sin saber debatir o hablar en público, como si no fuera crucial en una vida. Sin que nadie rectifique, cada vez que legislan al respecto. Y mira que lo hacen con frecuencia, pero nada. Un olvido tras otro, un error endémico nacional. Sirve para hacer los más espantosos ridículos en entornos plurinacionales. Los españoles no necesitamos badge...

Todo va bien. Y sin embargo siento que se me despierta algo en el estómago. Un poco de pereza ante el próximo avión. Algo de rutinario en ciertas conversaciones. Como un vacío aquí delante, un camino cortado, la carretera en obras yendo hacia ninguna parte. La sensación no es de miedo ni de preocupación, solo de vacío. El que precisamente yo no puedo permitir ni quiero permitirme. No hay queja, nada que perturbe una plácida existencia. Quizá de tan plácida ahora, aburrida. Todo es subjetivo y las agendas no tienen por qué parecerse o llenarse a la vez o entenderse igual.

Tengo treinta minutos hasta que vaya a entrar en la ducha y hoy, en lugar de pensar con el volante entre las manos, conduciendo por inercia y conversando telefónicamente, me he sentado aqui, en silencio, en blanco, para saber cómo estoy. Me sorprendo un poco porque debería haber dejado la impaciencia por ahí caída y sin embargo...

jueves, 6 de diciembre de 2012

Teatros y alertas...

Un regalo. Dos entradas. Una obra colorista, explosiva y alegre. Vigilia de puente, en el mejor de los casos. Un repaso mental a l#s probables acompañantes. Repito el repaso. Tengo que esforzarme más. Tiene que haber alguien en mi misma ciudad, sin compromiso, a quien me apetezca ver, disponible. Venga, esfuérzate. 

Qué triste que la respuesta sea: nadie.

Definitivamente, algo no va bien. La parte intangible e inmaterial gana por goleada. Y una vez leí que eso era malo, señal de alarma, aviso de mal funcionamiento.

Confieso preocupación y esta vez no voy a negarlo...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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