Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 27 de marzo de 2013

Esta noche te he soñado y...

Llegan palabras de lejos y a media noche. Despierto de tanto en tanto y alargo la mano derecha para chequear la pantalla del móvil, que tiene el brillo al mínimo para no cegarme en cada intento. Y ahí está la compañía, la ilusión, las ideas y todos los pensamientos. El confort y un poco la sensación de paz. Solo un poco. Los tiempos andan revueltos y son de oportunidades para tod#s, a pesar de que en algunos casos sean retos maravillosos y en otros solamente el ir continuando, sin queja. También llega tu voz, precipitada y arañada a todas las compañías, como suele ser siempre la mía. A trizas e interrumpida, siempre. No manejo bien mi tiempo, tienes toda la razón. Tampoco puedo improvisar, como me gustaría por naturaleza. A veces, me regalo alguna licencia y rompo reglas y normas como la ingénua que soy y que no quiero dejar de ser, consciente de todo lo que queda por aprender, que me enseñen. Me sugieren que me pasee por mi compartimiento estanco y, como sería la primera vez, no sé por qué lugar se empieza. Sucede que yo solo tengo ganas de estar contigo y de invertir todo mi tiempo libre, escaso e insuficiente; pero todo lo que tengo. Porque después de soñarte hoy...

martes, 26 de marzo de 2013

Furias y mitades...

Me hablan de lianas y no puedo dejar de pensar que es, precisamente, mi caso, mi experiencia y mi pasado. El tono es rotundo y juzga, discriminatorio. Mis casos fueron, debo decirlo, sin querer, sin forzar ni buscar alternativas substitutorias ni hacer grandes planteamientos resolutivos que abren etapas a medias, sin acabar. Es mi caso porque me atrapan y he tenido esa suerte, por la que me siento afortunada, al final. La vida está llena de oportunidades y de casualidades y también reconozco que a mi, a veces, me ha sorprendido con el paso cambiado. Pero las soledades han sido breves, aunque se me aparecieran eternas y apenas me han dado tiempo a que me instalara en ellas, a lo sumo ocho días... Soy de las convencidas y creo firmemente que los cambios -todos, cualquiera- se deben asimilar deprisa y hay que adaptarse a idéntica velocidad. Pero me siento furiosa ahora, al recordar todo eso, porque hago memoria y ninguno de mis cambios fue alevoso o premeditado, tampoco pretendía arrasar vidas ajenas. Y fue todo lo contrario. Me quedé siendo la mitad de mi, a medias, sin opciones de seguir ni posibilidades de elegir. A un lado. Y me apoyé. No me parece nada extraordinario ni poco leal. Ni que de paso al lanzamiento de reproches aunque me den la oportunidad de replantearme a mi misma mi modus operandi en estas cosas tan serias que a mi me quitan el sueño, aunque no puedan arrebatarme los sueños...

Te echo de menos...

Aún quiere venirse conmigo y a veces improvisamos algún recorrido, que suele repetir lugares porque nunca nos alejamos tanto.  Se monta detrás y a ratos se me abraza fuerte, fuerte. Su pelo largo en perpendicular, sobresaliendo del casco. No para de hablar, de recordar puntos de algún camino y contarme lo que recuerda: si, es aquel campo con tres casas sueltas y una cabaña con un pajar y comida para los animales... Como si fuera fácil, con estas pistas, recobrarlo de la memoria. Me pregunta sobre las historias que llevo a cuestas, del río, los caminos y los perros que un día, hace tanto, salieron a nuestro encuentro por sorpresa y ella era tan pequeña. Se mira en el retrovisor redondo a medida que avanzamos y me cuenta que parece Rudolf, el reno de Papá Noel, porque tiene la cara enrojecida de frío, ganas de llegar a casa y acercarse al fuego, que todos vamos alimentando constantemente. No hace frío, ahora. Hace compañía. Y es que yo estoy extrañando tanto...

lunes, 25 de marzo de 2013

Tiempo libre y una conversación crucial...

Recorro el valle a trote corto por cumplir con los propósitos y a pesar de que mi mitad inferior proteste por la falta de hábitos. Necesito disponer de los escasos y extraordinarios momentos de tiempo libre haciendo lo planeado. Necesito orden. Las listas de música siguen creciendo y me dejo envolver en cada caso y según el momento, la mente entretenida y sonriente. Regreso a casa y, de lejos, las dos chimeneas humean un cielo gris, la luz advierte que hay gente en el interior y yo adivino que hay charlas, risas y, seguramente, algún grito. La convivencia, ya se sabe. Un poco cada un# a lo suyo, excepto algun#s que lanzan directrices constantes, sin dejar parar, sin evitar interrupciones. Y la mesa, que, por dos veces, nos reúne a tod#s...
 
He detenido el coche en cualquier lugar, con prisa, con ilusión, para escuchar tu voz esta mañana y que se me volcara el corazón una y otra vez. Quizá no sepas que he revisitado todos los rincones de una vida, considerando miles de posibilidades y opciones, haciendo planteamientos distintos. Sonriendo, también he ido llegando a conclusiones y a alguna pequeña certeza, si es que eso es considerable, si se puede considerar (quiero decir) y existe; y, de existir, si conviene valorarlos, todos, algunos. Ha regresado por un momento, en el principio y por sorpresa, el miedo a repetir días de gloria, a aparecer entre silencios y vacíos, de nuevo. Aún siendo inexplicable la sensación y el sentimiento, lo sé. Aún temiéndolos a ambos, respetándote sobre todas las cosas y en plural, también. Todo tiene consecuencias y es imprescindible minimizar cualquier cosa que acompañe a la palabra "colateral". Es un mandamiento que me resulta imposible de ignorar, porque me gusta tratar como quiero ser tratada...

domingo, 24 de marzo de 2013

Hay cosas que no se preguntan...

Llueve a ratos, los fuegos funcionan sin descanso, la humedad y el próximo vuelo en cuatro días. Tiempo familiar y de convivencia. Y de palabras escritas despacio y leídas con dificultad. Y músicas compartidas. A veces la comunicación también es un milagro. Recupero sueño y las ganas de hacer, las ilusiones. Nunca me han faltado, nunca. Aunque se hayan cumplido tantas, casi todas, en los últimos tiempos, como si fuera lo normal y no hubiera que reponerlas y substituirlas de tanto en tanto.  Y la mente se va lejos, haciendo planes. Y cerca, proyectando otras novedades que tienen que ver con planos menos verticales, porque una vez es excesivamente poco, hay que sacarse los miedos y volver a empezar...

sábado, 23 de marzo de 2013

Otro de mis datos ininteligibles...

Hoy, que estoy rara, no me ha gustado cómo suena el verbo "volver a...".

miércoles, 20 de marzo de 2013

No me condicionas nada pero te echo de menos...

Son días raros, estos. De muchas cosas y casi ninguna clara. De algún descubrimiento, también. A mi edad, quién lo hubiera dicho o adivinado? Hace frío ahí fuera y la cama es la habitual king size, a pesar de no compartirla. Recuerdo que antes mis colegas bromeaban en el mostrador, durante el check in, que convenía ahorrar habitaciones e incluso agua, así que me pedían compartir cama y ducha y noche en vela, seguramente. Me zafaba dignamente a pesar del atractivo de los proponentes. El mundo de la moda, ya se sabe... Cambié de sector. Mis colegas de hoy suelen rozar los setenta, así que no deben ni recordar que existe alguna de las tres posibilidades: sexo salvaje, baño compartido y vigilias completas... Moqueta típica y una habitación enorme y muy poco acogedora, la televisión en cadena francesa, como suelo cuando estoy fuera y sola y no molesta. Enough English today! Spotify lanzando sus listas y haciendo compañía. Cómo no me dijiste antes que existía esa maravilla? Falso. Me lo dijeron, si. Pero debías ser tú quien viniera a convencerme con solo mencionarlo y sin ningún interés en evangelizarme... Tumbada en la cama, entre almohadones mullidos y llenos de plumas y aire, recostada para ver el teclado, ignorando un poco cierto malestar físico que me ha hecho hacer varias cosas: no provocar una cena con un amigo que vive aquí y a quien no veo desde hace tanto, rechazar una invitación política profesional para la cena y, definitivamente, abstenerme de cenar y quedarme tranquila en el hotel. Pensando en ti...

martes, 19 de marzo de 2013

Todo sigue y sus ausencias...

Procuro no perderme ninguna, como hicieran mis ascendientes. Me propuse desde el principio asisitir a todas las llamadas del centro escolar de mis descendientes, para que nunca pasaran la vergüenza que yo pasaba cuando en casa estaban desalineados con la escuela por esa falta de comunicación. Es de comprender que estuvieran hartos de ese tipo de gestiones rutinarias y nunca se lo reproché pero me hice algunos propósitos enormes de cara al resto de la vida. Por supuesto, lo he cumplido. 

Hoy me he sentado de nuevo en una clase en la que pasé meses hará treinta años y he observado al resto de comparecientes, con detenimiento y al detalle. El tiempo ha pasado para todos y la piel lo evidencia. Hemos evolucionado y se notan las diferencias de edad entre los que eran padres de un primogénito o de los últimos de esa família. Francamente, ellas están impresionantes y han doblado el volumen que tenían a la altura de parvulario (deben pensar lo mismo de mi) y ellos atractivos. Así es la vida. 

Pero había dos ausencias, en esa clase. Y dos viudos. Faltaban ellas y faltarán en la fiesta de graduación que estábamos preparando, como faltan casi a diario en tantas cosas. Me destroza el ánimo imaginar esa noche y que no estén. La vida ha seguido con fuerza y sus hijos han crecido y son adultos hoy. Y yo las echo de menos...

Y no sucedió nada...

El espacio era muy pequeño y, sin embargo, acogedor. Las distancias muy cortas. Pero no hubo beso. Solo un breve baile de manos y todas las dudas y los miedos. Alguna caricia tímida y breve en una mano derecha que ni siquiera podía devolver nada y la mirada largamente clavada en algún lugar cercano a mis ojos. Ni te besé ni me besaste. A pesar de todo. Quizá porque se nos hizo demasiado tarde...

lunes, 18 de marzo de 2013

Llamamiento...

Si alguien tiene los datos de contacto de la presentadora de las noticias de la 1 de fin de semana, por favor, por favor, por favor, que me los pase. Tengo que hacerle llegar algunos mensajes personales...

domingo, 17 de marzo de 2013

Juegos, redes y apuestas...

No quiero y nunca he querido. Pero alguna vez, pocas, me he sentido una muesca en la culata de madera de un rifle o en el ala de uno de esos aviones de la segunda guerra mundial, en un lateral de alguno de esos submarinos alemanes; un trofeo, el reto o, incluso, una apuesta. Fíjate bien lo que digo. Como caída irremediablemente en las redes de alguien, presa de sus ardides, del embrujo. Así me he sentido. Miserable y ridícula, pequeña, inexperta y avergonzada. En realidad, mis apariencias siempre han engañado. Y soy de las que, al final, caigo. Sin verlo venir ni esperarlo. Sin imaginar siquiera que alguien pueda albergar un segundo de maldad. Parafraseo al Sr. Benavente para recordar que las personas malas solo hacen que dudemos de las buenas. Pobres. Las que no tienen nada que ver... Caigo rendida, absolutamente, a muerte y para siempre. Eso estaba diciendo antes. Esencialmente entregada por principios, sin sospechar que la vida no es recíproca y que a veces no es de dos direcciones, tampoco y olvido que me están haciendo jugar alguna partida de algo que ni conozco, como también ignoro las reglas y las normas de ese juego. Estos espíritus cautivadores (que tienen la capacidad infinita de engancharme con relativa facilidad, aunque ya se sabe que las cosas relativas son opinables) me atrapan y no importan las advertencias ni los odiosos yatelodije de después, cuando estás bañada en lágrimas y acurrucada en un sofá, sin comer, sin ganas de seguir un día más, ni de luchar para levantarte o buscar cualquier excusa o argumento que te insufle energía e ilusión; cuando el reproche es más fácil y, sobretodo, mucho más inoportuno y me atrevo a decir que inadmisible. Es mi forma de ser y no puedo contra eso: contra lo que siento o, mejor, lo que me hacen sentir. Contra los descubrimientos de todas las bondades que, finalmente, no lo son tanto o han pasado a ser nada. Luego, al final, es cuando una se da cuenta de que había un empeño muy bien disimulado en provocar, en forzar y empujar, magnificando todo, enredando y buscando el fin predeterminado: atrapar. Atrapar para salir huyendo, para escapar y desaparecer inmediata e irreversiblemente de esa vida pequeña y corta y estrecha que se había construido a base de cualquier cosa, como las letras o las voces o la piel o cualquiera de esas tres cosas combinada. Sin importar las consecuencias, sin pensar un segundo en cómo procesan los demás esos reveses de la vida, como los que dan los diez primeros de la ATP. Reveses impecables, secos, azules, certeros y tantas veces letales. Soy, desgraciadamente, diestra, así que a mi se me dan bastante mal y los encajo peor aún. Torpezas...


Una se hace las tres pes: planes, propósitos y proyectos. Y luego viene la vida y lo cambia todo. Y así ha sido estos días, en los que también más que nunca necesitaba la intervención y auxilio divino para sobrevivir. Me creo una persona organizada y ordenada. Viernes a media mañana. Alguien en mi despacho, sentado plácidamente en busca de algo parecido al consuelo por un error involuntario que me tocaba a mi solventar, y mecánicamente busco en un cajón de la izquierda los billetes del día. Cierto que hay seis o siete acumulados, en condiciones normales. Aparecen los de fin de mes, los de mayo, los de... Pero no el del viernes ni el del domingo. Recuerdo en diagonal que esta vez no he recibido el habitual correo de la compañía aérea recordando el próximo vuelo. Los peores presagios, claro. No puede ser. Sería la primera vez que sucede algo así... Busco en la bandeja de entrada. Hotmail ha cambiado la interfaz principal sin consultar y no estoy familiarizada todavía. Todas mis búsquedas salen negativas, el tiempo corre, me esperan para una reunión de otras dos horas, quedan cinco para despegar. Hago una compra cuasi automática y sin pensar. Con las prisas, la ida es perfecta pero la vuelta resulta ser para el 24 de marzo. Juro que me fijé. Lo juro. Que no soy nueva en estos lares, que sé que estas cosas suceden y que hay que fijarse bien... Y lo hice. Revertir uno de los trayectos, entre sudores fríos y a contrareloj, porque solamente quedaba un pasaje libre. Un deporte de aventura, lo prometo. Solo una plaza. Dios existe. Obviamente, mis dos horas de reunión solo me tuvieron de cuerpo presente... Y todavía ahora, esperando volar con ese billete milagroso, no sé si dupliqué la compra porque las consultas de mostrador fueron infructuosas...

El tiempo se ha ocupado también de que no pudiera dedicarme al deporte, justo el fin de semana en el que tenía previsto cerrar temporada en condiciones que parecían estupendas por los metros acumulados. Segunda en la frente. Finalmente (espero), un despertar extraño y otro contratiempo, que nos ha hecho regresar con un vehículo distinto al del viaje de ida. Nuevas complicaciones y un domingo difícil que se ha ocupado de destruir cada una de las tres pes de las que hablaba al principio.

No quiero dejar de comentar la resiliencia y la posibilidad de sobrevivir contratiempos sin romperse. Sin romperse. Me he roto muchas veces, de pena, de decepción, de soledad y miedo. Rota, literalmente. Suspiro a golpes y redacto frases a escondidas. Después de leer, ver, oir y escuchar durante más de 48horas, creo que necesito escribir. Después de saber que hay quien considera un privilegio (qué palabra tan enorme...) poder dormir abrazada a mi y que deje de moverme como el rabo de una lagartija durante esas noches breves e interrumpidas. Oirte pedir "no te vayas" mientras me miras a los ojos (si, los que reconozco que brillan menos que nunca...) y yo me siento tan lejos, tan asustada. Sentir que tú te mueres un poco con cada minuto que corre antes de la despedida y que la cuenta atrás me alivia algo y abre y permite... Hay desproporciones y diferencias. Hay preocupaciones por lo que no se conoce, lo que se intuye y se imagina. Pero... No es posible que todos esos escenarios sean ciertos ni un segundo. Imposible que haya habido el mínimo segundo de duda o de ansiedad... Imposible...

La cuarta es que ni siquiera soy capaz de insertar el link a una canción que ahora suena en este avión, solo para mi... Como en estas situaciones, my way de Sinatra. Ad so on...

viernes, 15 de marzo de 2013

Inquietudes y reticencias...

Me llegan noticias de que hay cierta inquietud, por no llamarlo preocupacion, a la vista de estas últimas entradas. Mis besos más cariñosos desde aquí. Pero me permito avisar a navegantes profesionales y hasta neófitos, otra vez y las que haga falta, que este es el lugar de las pequeñas locuras, de las licencias poéticas, de las hipérboles, los excesos y las exageraciones. Nunca nada es lo que parece, todo tiene sus extensas explicaciones y se suelen camuflar guiños que únicamente cazan aquellos y aquellas que siguen el día de cada día en la vida de quien redacta, procurando novar en lo posible las frases hechas y las normas de conducta, etiqueta y saber estar de nuestra lengua, innovando si fuera posible como consecuencia de los juegos con las letras... También se pisan y superponen épocas y hasta se mezclan personas, así que no hablamos, precisamente, de autobiografías... En cualquier caso, el modoque rememora nostalgias es mi mejor perfil. Lo sé y lo sabemos. Así que suelo aprovecharme impunemente, como la malvada que soy y puedo ser...

Llevamos 70 días de año y emprendo el desplazamiento numero 26. Un día voy a sumar los kilómetros recorridos porque la app maravillosa que encontré recientemente resultó tener un límite y lo sobrepasé en el viaje 10. Y creo que batiré récords. Pero el de hoy no debería contar más que como premio: a la resistencia y el aguante, al éxito de conseguir imposibles en tiempos imbatibles, por la fuerza de los hechos y las palabras, por haber logrado los propósitos y los resultados en escenarios tan complejos y distintos, también por la coherencia y la integridad...

Me hablan de reticencias. No creo que los puntos suspensivos que me acompañan callen más de lo que cuento. No lo creo de verdad. Sé que dejan paso a imaginaciones locas y completan lo que a veces nos gustaría saber, leer, oir y hasta escuchar. Pienso que quizá sea eso lo que resulta interesante. Pero no son, en ese aspecto, perseguidos... Cada cual que se quede con sus pensamientos, sobre los que nunca podré,  ni  probablemente querré, influir...

Enfados y notas de cata...

Hay abstracciones imposibles y genericidades que no proceden. Hay personas perjudiciales frente a otras, que resultan ser una bendición, un regalo. Hay toxicidades que acaban por desaparecer y por ser olvidadas, a pesar de todos los impactos negativos que dejan, como una estela (y no hablo de la famosa diseñadora hija del celebérrimo cantante, que es sir y que nació en Liverpool), en un paso arrollador, que arrasa, como le sucediera en su momento a Atila. O eso dice la leyenda. Hay mitos que se desmoronan con el primer golpe de la brisa, sin grandes esfuerzos ni vientos huracanados. Eso depende de la consistencia de cada uno, del trasfondo y las intenciones. Fueron depósito de ilusiones o esperanzas; se vieron como ángeles custodios o tutores avanzados; simplemente, también, como acompañantes de viaje. Y, al final del día, humo. Ni señales, ni recuerdos, ni espacios en la lista de los grandes personajes que marcan etapas, cierran ciclos, protagonizan nuestras historias. Al final del día, como digo, momento en el que la enorme cama te recepciona algo fría y te acurrucas en posición fetal para que todos los males que acechan ahí afuera no te encuentren, te superen pasándote de largo, ni te vean ni detecten el olor cítrico de tu piel. Hoy han sido los dulces (ya, no eras de dulce; no lo eras), los salados, amargos (mucho, la verdad), el umami (nota curiosa: es una palabra japonesa que significa "gustoso", se usa en enología para acotar un sabor salado y proteínico que recuerda al del caldo) y el astringente. Todo lo que suele acompañar a las notas de frutos rojos que se encuentran en los tintos y rosados. No se me va el enfado con esta sinopsis de mis dos últimas horas de vida. Podrían haber sido peores pero han estado bien... No se me va el regusto amargo que se me ha quedado impreso en las papilas gustativas. No se va por mucho que bebo agua, como debe ser, para limpiar la boca y que entren nuevos sabores. Qué bonita metáfora...

jueves, 14 de marzo de 2013

Dos bloques y mil modos de...

Primer bloque. Modo revival...
 
Hoy sé que entonces no te comprendí. Sabía que tu lesión era de origen psicológico, que todo mejoraría cuando decidieras que tu convicencia era inútil, yerma, imposible y, sobretodo, que no te hacía feliz. Yo lo veía y te acompañé, poco consciente de mi razón. Abandonaste al poco tiempo las muletas de metal ligero con empuñadura de plástico negro; discretas, como tú. Con calma, comenzaste a dar pasos, primero por casa, luego conmigo, contenta de sentir que la inmovilidad de tantos meses quedaba atrás. Feliz de compartirlo, con la sonrisa más grande que había visto nunca, en toda mi vida. No tardaste en comunicar que tenía que desalojar la casa y entre lágrimas suspendísteis la convivencia, no de manera muy pacífica. Creo que entonces no creías en el poder de la mente, en los beneficios de los mensajes positivos y optimistas, en su fuerza arrasadora cuando hablan de derrota y nos conducen a la enfermedad. No creías y sé que hoy lo haces como los invidentes, con una fe ciega. Sabes que hay que ordenar las ideas, los sentimientos, la vida; que hay que decidir objetivos, ideales y futuros, descartando lo que no compensa, lo que tampoco convence. Sé que caminas perfectamente y que no volviste a bailar porque fue una decisión tuya, no por imposibilidad. En cambio yo...
 
Segundo bloque de un día prolífico en cuanto a ideas y posts se refiere. Nada extraordinario...
 
Ha habido abundancia de muchas cosas, generosidad. He sentido conscientemente y con intensidad. Tiempos muertos y otros tantos llenos de una vida efervescente. He explorado lugares con la vista puesta en todos los rincones, sabiendo que la eternidad es un minuto, a veces. He acortado frases y me he incomunicado para no explotar situaciones frágiles, improcedentes, que venían indefectiblemente acompañadas de remordimientos, reproches y otros vocablos que también comienzan por el prefijo re. He evitado ser yo y, en ocasiones, he desviado la mirada porque los ojos, ya se sabe, reflejan el alma. También me he sentido impaciente e impotente, por ejemplo. Hoy va de palabras y me temo que casi todas están aquí para encajar y echar una mano (al cuello, me temo igualmente). Sigo dando grandes bocanadas de aire para ver si se me desanuda el espacio que tengo debajo de la barbilla y encima del pecho, profundas, para no tener que repetir muchas veces el proceso de desagarrotamiento. Las doy de tanto en tanto porque sé lo que ha habido; lo sé. Pero lo peor de todo es lo que faltó. A mi me faltó un abrazo, solo uno. Pero no un simulacro de aprendiz o un ensayo o una tímida aproximación con los músculos tensos. No. A mi me faltó el abrazo que desencadena que el cerebro comience a secretar miles de sustancias positivas, que preludian todas las cosas dulces. El abrazo que acerca y provoca, ubica y te desplaza en el espacio. El que pega dos cuerpos y los hace encajar como piezas de puzzle. Sí, ese. Exactamente ese... Y también me faltó un beso. Solo uno. El que se pegaba a las afueras de mis labios cada vez que se movía tu boca a un palmo de la mía. El que tímidamente se desplazaba por los contornos del perfil cuando sonreías. El beso que nunca nadie te dió antes y el que no te has atrevido a dar, todavía, porque no sabes que puedan existir besos de ese tipo. Besos con prisa, con fuerza, con ganas. Besos de pie, de aeropuerto y de ascensor. De los de detrás de la puerta de un local público lleno de gente y por las calles de madrugada. Besos de adolescente aprendido o de primerizo bien dirigido. Besos líquidos que se pasean por el filo de los labios, de los dientes y de la lengua, aprendiendo de memoria cada esquina y todos los rincones. Igual me han faltado tantas otras cosas pero, ahora, solo echo de menos dos...

No he podido evitarlo...

Mi tren espera en la vía 5. Quería huir y todo el universo ha pensado lo mismo que yo. No voy a hablar de trenes. No quiero hablar de huídas. No hablaré de nada. No querría porque no procede, porque es pronto, quizá porque es precisamente demasiado tarde. Terapia de choque ocupacional, sin ver el teclado, sin necesidad de pudor, que a estas alturas mi invisibilidad es más que evidente y seguro que nadie observa nada. A veces, respiro deprisa grandes bocanadas. Cuando me acuerdo. Entonces me implico y decido avanzar, dejar la mente en blanco, esperar que vuele el tiempo, a despertar. Compartiendo mi anorexia en algún lugar de la ciudad que jamás recordaría, he observado a una pareja. Mediana edad. Elegantes, han elegido la mesa más discreta y apartada, han ordenado su comida ligera (nada comparable a la mía, naturalmente) y se han puesto a charlar. En cuanto he regresado mis ojos (que cada vez son menos de color azul indantreno y más opacos, ¿verdad?) al lugar, me ha cautivado la escena de un beso adolescente, sensual, profundo y prolongado, entre otras cosas. A su edad. Qué maravillosa envidia. Por el sentimiento que no sé si compartían entonces, más allá de otras tensiones que estaban resolviendo en aquel preciso momento y que necesariamente iban a continuar en algún lugar lleno de intimidades. Por la publicidad. Por la falta de pudor y de vergüenza. Por la entrañable desfachatez de canallada juvenil y por la fuerza que produce el engaño voluntario, consciente. Brillaban, como el agua de un río. Como unos ojos llorando. O la nieve que refleja un sol. Como unos labios sobre los que se acaba de deslizar la lengua que humedece las palabras que no se dirán sobre besos que no se darán. Decía, perdón, que no quería escribir y que no quiero. Pero a veces la vida se incrusta, se introduce y se coloca bajo la piel, entre los pliegues, dentro de los poros y te das cuenta que el castillo de naipes es mucho más frágil de lo que jamás imaginaste, tanta soledad. Tanta gente. Tantas vidas y tan distintas. Todos los mundos y tratar de acotarlo todo, ubicarlo en la zona de error involuntario. No hay alternativa ni otra salida. A mi alrededor, pequeñas multitudes en tránsito, que se van a ir dispersndo de forma radial por nuestras geografías, por el espacio. Una mujer joven, de lacia melena rubia, sonríe mirando la pantalla de su teléfono móvil, cada vez más, en una conversación que la está llenando de vida, mientras espera la llamada de la voz que anunciará una salida inminente hacia algún lugar al que pertenece y en el que, es de suponer, alguien la estará esperando. No he podido evitarlo. Y hubiera debido. No he podido hacer que no sucediera, a pesar de las señales, las sospechas, los temores. No he podido. No. Y he retrocedido hasta épocas oscuras que me juré no revisitar. No he podido evitarlo y hubiera debido. Eso es todo lo que puedo decir, sin que se note demasiado lo que me gustaría gritar, para que no parezca que estoy diciendo lo que nunca debería haber dicho...

miércoles, 13 de marzo de 2013

Eres percibido de una forma distinta en función de tantas cosas...

En términos relativos y, sobretodo, en los más absolutos, debo optimizar las oportunidades que me ofrecen las áreas de mejora que, a estas alturas, tengo perfectamente identificadas. Así, procede gestionar adecuadamente momentos puntuales que llenan los espacios de mi memoria -escasa- y dejarlos debidamente fotografiados con todas las letras que puedan resultar necesarias, para que sea tan completo, integral y obvio como sea posible. En función de la disponibilidad de los minutos requeridos, he venido haciéndolo, cuando mi vida tenía únicamente tres docenas de compartimentos perfectamente estanqueizados. No ahora, que tiene algunos más y me limito a ir tirando, a veces balones fuera y/o al río, otras veces palabras bonitas, o silencios o solo miradas. El momento en cuestión, dejando dilaciones indeseadas en otros planos que no proceden hoy, lo protagoniza una persona que se me representó, en pocas palabras, alta, serena y más tranquila y abierta de lo que se le suponía, en ambos casos. Sucede que hacía demasiados meses que no revisitaba el retrato mental que me había realizado con el tiempo, con su forma de comunicarse, gracias a sus silencios y sus escasas apariciones, debido a sus reacciones ante mis entradas tímidas e inquietas, como consecuencia de su trayectoria. Ahí me encontré con la sorpresa de ver lo que no has imaginado. Sin ser bueno ni siquiera malo, me recuerda a la frase célebre de que, si ignoras hacia dónde te diriges por falta de objetivos, lo probable es que termines en cualquier otra parte. Una serenidad tranquila de las que secretamente ofrece lecciones de las que hay que aprender. Y eso es lo que se procura, de forma constante...

martes, 12 de marzo de 2013

Tienes que aprender a poner tu mente dónde esté tu cuerpo...

Una semana realmente extraña, fuera de todos los lugares y espacios, con aprovechamiento extremo del tiempo, robado al sueño, alargando. Simplemente, supongo. En contraposición a aquello que resulta complejo. Sin más. Nuevas formas de ser, nuevas compañías. Incluso graves problemas de comunicación que llevan a discutir hasta por un título de los que se regalan... Escribo 'Madrid eres tú' sin por ello faltar a ninguna verdad, ni siquiera a la más absoluta de todas las verdades. E inmediatamente (Reunión!!!) me rebelo, reaparezco, me vuelvo a ubicar y me negocio la alternativa: 'Madrid no puedes ser tú...'. Evito, sin embargo, añadir el categórico 'de ninguna manera' que se me agolpa en la garganta, desmenuzadas todas las letras, sueltas. Como título me parece mucho más gráfico y realista, más alineado con el diálogo que mantengo interior e internamente conmigo, con el duelo y el batir de sables que vengo practicando, hasta con mis acusadas contradicciones que a veces te hacen pensar que me falta consistencia. Y me atrevo a añadir que me sobra, además, torpeza...

domingo, 10 de marzo de 2013

Hay regalos que nos mantienen en pie...

Sabré de ti lo que tú quieras que sepa y esa fue la primera lección magistral. Con esa premisa, avanzo a tientas en la creencia de que hay que estar razonablemente atenta a la información que llega a este lado del mundo. Tus buenos días fuera de hora y tus buenas noches a media tarde. Al final, la costumbre. Como la de despertar y abalanzarse a cualquier instrumento capaz de leer correo electrónico, en cualquier lugar de la casa, a media ingesta de lo que ese día me vaya a quitar el ayuno, reconcentrada, dejando para más tarde la llegado de la información general de las cosas que pasan y que necesito recibir en una jornada normal. Me gustan los correos largos, las cartas infinitas, los soliloquios, los monólogos. Que alguien se exponga y comparta los sentimientos, las costumbres, las dudas y las preocupaciones es, evidentemente, un regalo. Yo, lectora insaciable de los textos que construyes con esmero, en todos los lugares en los que presientes que te van a sobrar unos segundos. Y resulta que son para mi...

sábado, 9 de marzo de 2013

Retomando viejos hábitos...

Hay muchas maneras de volver atrás. Pero seguramente ninguna tan violenta. Un salto, una pirueta y veinte años volados de pronto. La misma naturalidad e idénticos comportamientos. El sol de cara y el viento y ninguna nube. Las mezclas de fuerzas y autoridad, la lucha por la dominación y la sumisión, midiendo a ver quién claudica antes o si se puede prolongar un poco el mando y seguir gobernando. Un poco todo junto. El grupo. Los lugares y paisajes y hasta el beso en los labios, que ha despertado algo que era imposible de saber...

viernes, 8 de marzo de 2013

Para eso son las vacaciones...

Un día extraño de primavera en el que ha lucido el sol para vengarse de tanto frío y la gente muy joven ha sacado las havayanas del cajón, como hacen lo sislandeses el quince de agosto, a pesar de estar a diez grados y los extranjeros vestir polar. Imposible recordar el nombre del lugar aunque pueda visionar el paseo, la única tienda, el hotel y hasta el edificio donde encontré una magnífica chaqueta azul hecha por y para la gente local, que me arrebató todos los fríos acumulados en dos semanas de vivir entre icebergs y glaciares y los fiordos infinitos. O las casas unifamiliares con un jardín pequeño con un par l tres de árboles y, cuando había niños, un (para nosotros) original artilugio típico de países fríos, consistente en una cama elástica redonda y protegida por redes, usualmente de color azul. O el cementerio y el parque que atravesamos sin ninguna prisa, bajo un suave sol que ni alcanzaba a calentarnos la piel de la cara, entre estanques y una vegetación saludable y abundante. Era la hora de las fotografías bonitas, con la mejor luz del día, cayendo horizontal y resaltando los verdes y los dorados. Sonreías...

jueves, 7 de marzo de 2013

El ser hay que ganárselo...

Suelo recordar la frase de tanto en tanto. También nuestra correspondencia, nuestra relación y las llamadas telefónicas. Nos tuvimos lugar durante un par de años, seguramente y yo la admiraba. Por decenas de razones, por nuestras semejanzas y por su valentía y fortaleza. Escribía de manera deliciosa y sacaba adelante un par de preadolescentes entonces sin presencia ni auxilio del progenitor, sola, con muy mínimos ingresos. Ella fue quien escribió que esperaba la entrada de mis correos en su buzón como algo extraordinario, que seguía un breve ritual, que se moría de impaciencia por 'lamer' cada una de mis letras, de todas las palabras y releer una y alguna otra vez todos nuestros mensajes. Magistral conjugación que me recuerda cuán extraordinario es a veces ponerse nerviosa cuando lees el nombre de un remitente todavía en negrita...

miércoles, 6 de marzo de 2013

Como si bastara...

No quiero echarte de menos. Pero te echo.
Procuro pensar todas las cosas y enredarme en los detalles del cada día. Me entretengo con cuidado y prolongo las distracciones que me ocupan y preocupan. Hasta me concentro en los papeles que he perdido y lleno los vacíos y los tiempos que se mueren, entretanto.
 
No quisiera echarte de menos. Y, sin embargo, te echo.
Como si fuera incapaz de vencer al pensamiento, regresas. O faltas, que esa es otra historia. Para escuchar lo que quiero callarme e ignorar lo que jamás pienso decirte. Darme cuenta de que no estás en el lugar al que no sabes que perteneces.
 
Me gustaría no extrañarte. Y lo hago.
Como si fuera natural lo contrario, como si tenerte conmigo hubiera sido posible en algún momento. Como si nunca hubiera valorado vivir sin ti. Y me sorprendo a medio vivir, serena. Y reacciono y regreso al inicio de las distracciones y repito las rutinas de siempre, en medio de tu ausencia.
 
Sé que me convendría dejar de pensar en ti. Pero te pienso.
Lúcidamente, con nitidez y todas las ganas que la vida todavía no me ha quitado, que no he perdido, que no se han escapado y que conservo entre las manos, con fuerza, por si regresas alguna vez. Para regalártelas. Por si vuelves conmigo...

Quería sólo dejar constancia que no te cambiaba por nadie...

Es una casa de campo, en un campo cercano a la gran ciudad, recién rehabilitada persiguiendo determinados origenes familiares, entre viñas. El lugar perfecto para evitar interrupciones innecesarias. La sala contiene una mesa rectangular que hace las funciones de mesa de trabajo para vestir luego un sobrio mantel de grueso lino gris, pulcra e impecablemente planchado, transformándose en cómodo comedor. Sus correspondientes sillas y alguna que excede las necesidades. Algún aparador, un platero y un par de estanterias de madera. Todo pintado en una gama de blanco a gris medio, decapado. La tapicería y los cojines siguen la misma combinación cromática. Velas sin encender en diferentes lámparas de cuatro brazos, bajas, con lágrimas y el absoluto protagonismo para una chimenea, que ha estado siempre encendida, acompañando y moderando el frío húmedo de hoy. También aquí ha llovido todo el día, dulcemente...

Ubicada a la diestra del anfitrión, he tenido durante todo el encuentro (es el embrión de futuros próximos de enormes magnitudes) una ventana de frente, a través de la cual  me alejaba y volvía a regresar; he adivinado árboles mojados, lluvia, un cielo con niebla baja y toda la nostalgia. Me he dado cuenta de que todavía es invierno, a pesar de que los días se alargan y ya es perceptible. Como cuando aterricé en el sur y me encontré con una puesta de sol de un rojo intenso, tan inolvidable como tu fuerza. Y necesito la primavera como te necesito a ti...

Haz alguna maleta y vente conmigo. Hay playas de azul turquesa y arena rubia. Lo sabes? Hay lugares en los que basta con algo de calzado y un par de pareos. Conozco azules profundos que se navegan a nueve nudos y el viento te despeina. Tomar un avión y amanecer a seis mil millas y veinte mil pies, contigo. Despertar a media noche entre urgencias y que sea imposible la reconciliación del sueño hasta la rendición del agotamiento. Sentir hambre y sed y volver a empezar por un rincón inexplorado de tu piel, de cada uno de los pliegues. Y regalar lo que solo una vez antes. Volver a sentirse, volver a empezar, en todos los lugares del mundo. Tan lejos y tan cerca...

[El título del post no es mio, si no un regalo. Tiene dos lecturas, aunque quien lo pronunció pareció no ser consciente de ello: me fue dicho en la acepción menos posesiva de las dos posibles. Que conste].

martes, 5 de marzo de 2013

Me debes unos versos...

A mi, de vez en cuando, me regalan versos. Llegan de lejos, de quien lee y me sigue en secreto, perseverando a lo largo de los años. A veces me regalan poemas. También vienen de fuera, de extramuros y los meses, poco a poco, se añaden y se suman. Hablan de todas las cosas y hasta de la piel y las ganas. De tanto en tanto recibo correos y palabras unidas que se muestran cercanas, aunque no conozca a quien las escribe, aunque tenga sentimientos muy fuertes y, también, aunque haría una defensa violenta si fuera necesario. Que l#s mí#s son muy mí#s! Y no se tocan. Los años se entrelazan y van sumando versos, poemas y textos. Y constancia. Porque hay que perseverar en el intento de no dejar por los caminos a quienes nos acompañan. Es la parte fácil: interrumpir, dar por hecho, abandonar. La difícil lo es y suele serlo. Y a mi me encantan los retos. Porque me empeño en querer y, a mi edad, lo hago ya sin ningún pudor ni vergüenza, profusamente, a voluntad y sin límites...

lunes, 4 de marzo de 2013

Tengo sensación de fragilidad...

Solias decir que para recibir los mejores besos de la ciudad había que estar entre mis brazos. Discutíamos largamente. Yo te declaraba culpable y tú considerabas que yo era la responsable. Con estos labios, nadie lo diría, bromeabas, contenta de saber que no despertaría sospechas, que no había peligro, que no me lloverían las ofertas, ni me visitarían las tentaciones. Los mismos labios que los que un conocido director de cine definió como de 'persona con mal carácter' (bueno, dijo mala leche, pero yo -ya se sabe- no escribo tacos) refiriéndose a Demi Moore, que estaba en la habitación de al lado, junto al marido post adolescente que bebía whisky y jugaba a la play incesantemente y hasta a media noche. Estábamos en público y me dí secretamente por audida. Nadie asoció ideas. Estábamos en un comité de crisis, era domingo y el mes de agosto, así que a nadie le importaban esas suriliezas... Él fue muy gráfico y mi procesión interior. El jet lag era lo que le debía tener despierto, supongo. Yo voy a regresar a los labios, a los que recuerdo de tanto en tanto por irrepetibles, inimitables, imposibles ahora. Los mejores besos. Lo repetías cada vez que caías entre mis brazos. Durante horas. Enteras y completas, indefinidas, improvisadas. El recuerdo es nítido, por el abuso, supongo. Por las sobredosis y hoy por las abstinencias...

domingo, 3 de marzo de 2013

Hoy me ha dado por ti...

Pongo un link porque es la canción que me ha traspasado estos dos días. Espero que no sirva de excusa para salir de esta página...

Soy de las que repite tantas veces como es posible, como se resiste cuerda, una misma melodía. A modo de mantra. Siempre que apetezca y no se convierta en un impacto negativo, naturalmente. Y esto ha sucedido con esta canción las veces en las que he podido darle al replay. No eran días de nostalgia o de extrañar cosas pasadas y, sin embargo, hay cosas invencibles... Y soy, lo confieso, una reincidente.

He estado observando, como viene siendo habitual, y visto cómo ocupabas de manera inmediata mi lugar en la cama, al abandonarla por un momento; boca abajo, como si yo siguiera ahí, como si buscaras el recuerdo de mi aroma, consciente de que en algún momento lo extrañarías; me he dado cuenta de que ocupabas mi sitio, el de siempre lejos de la ventana (que siempre es para ti), como si estuviera debajo, con los brazos abiertos y la cara en la almohada. Te he oído sollozar tras los besos infinitos de las noches eternas. He escuchado, extemporáneamente, la frase "¿qué iba a ser de mí si tú no estás...? y hasta el típico ¿qué haría sin ti? en algunas conversaciones sencillas y poco consistentes, después de mirarme fijamente a los ojos mientras yo seguía conversando, sin querer darme cuenta del momento capturado, para siempre. Esta timidez... Quizá te has atrevido a hacer promesas de eternidades futuras y a realizar peticiones imposibles sin querer recordar que no soy la persona adecuada ni para las unas ni para las otras

No sé si hay cosas que se presienten por la noche, mientras velas el sueño de quién te acompaña, en las facciones relajadas que suelen aparecer entre sueños. Desconozco si hay rostros que son incapaces de guardar secretos o si se trata de adivinanzas inadecuadas e improcedentes que a veces no se aciertan. No tengo todas las respuestas. Ignoro si hay miedos que se convierten en realidades y sueños que jamás llegarán a cumplirse, por mucho que los hayamos soñado alguna que otra vez, hasta el más mínimo de los detalles. El tiempo es relativo. Nunca es tan largo como convendría a la ocasión y en cambio hay momentos en los que es imposible reaccionar con agilidad y todo cambia, antes de lo previsto, de que te des cuenta, de que todo haya terminado...


viernes, 1 de marzo de 2013

Locuras...

Todos los paréntesis son importantes y el de hoy providencial. No escondo que necesito desconectar, parar, cambiar, respirar, vacaciones. Me noto en bucle y en colapso, a veces. Se me acumula todo sobre las cejas y bulle y se mueve y todo choca. Hace demasiado tiempo que no me detengo en mis pensamientos, por miedo a saber de pronto que hay tanto que cambiar. No me gusta que me pregunten ni hablar de las abstracciones en las que antes no me costaba nada entretenerme. Sin ser miedo al cambio, al que suelo dar la bienvenida, creo que la sensación es de pánico a la toma de las decisiones previas. Y así me voy recordando que todo marcha bien en todos mis compartimentos estanco. A veces pienso que también creemos que hay sistemas educativos perfectos e impecables, hasta que un chaval se sube al tejado de algún edificio y dispara a matar al primero que se le cruza y se cobra docenas de víctimas antes de regalarse el tiro de gracia...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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