Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 31 de mayo de 2016

Siguiendo una especie de hoja de ruta [horrible, por cierto]...

El sofá se convierte en un barco pirata. Me rodean, como suspendidos en algún elemento, todos los objetos necesarios y me siento náufraga, como si flotáramos en la imagen final y trágica de la película Titanic. Hace el mismo frío, existe idéntica oscuridad y nadie se me lleva a ningún lugar. Visibilidad nula. Duermo a ratos, tapada con una manta. El sol no me da en la cara pero sigo teniendo frío. Es una tarde larga y eterna, que se une a una noche poco reparadora a pesar de la química, con entradas y salidas, la cabeza ida, el corazón latiendo lento, las constantes vitales de alguien a quien van a inducir un coma, imagino. Respiraciones cortas y superficiales, de tanto en tanto. Hipos discretos y pequeños, como un recordatorio del disgusto más reciente, que se une a los anteriores, que suma. Algunos suspiros sueltos. Apatía, astenia y anorexia. Ira, furia, enfado. Un poco de miedo, también. Bueno, un poco no: todo.

Porque asusta saber el poco control que en realidad tenemos sobre nuestra vida. Porque nos creemos muchas cosas que no son reales ni ciertas, como por ejemplo que tenemos tiempo y que podemos detenernos a pensar, a no ceder, a dejar transcurrir nuestra pequeña y mísera existencia, ahora que sabemos que ni siquiera somos alguien o que el orgullo y la dignidad sirven para algo, a cualquiera. Lo cierto es que a veces una no da pasos, ni mueve ficha, ni nada parecido por un miedo atroz o por vergüenza, a pesar de tener claras tantas cosas y muchas certezas. Igual hay que seguir adelante, sin grandes elecciones, así que quizá importe pero no sea posible intervenir, más que dejándose llevar, lo cual es, por sí solo, una decisión y una elección.

Parece que todo se está cumpliendo, que, sin saberlo, sigo una hoja de ruta que me traslada de shock en shock y me incapacita. Y me invalida bastante. Decido esconderme en el rincón de pensar de los asustados y no salir al exterior, a la superficie. Miré al sol a la cara y me dio miedo. Pensé en salir a correr o caminar largamente y no me vi con fuerzas. Valoré sacar a la Bestia al exterior y marcharme un poco lejos y me visualicé debajo de un camión. O así. Así que no. Nada. Aquí estoy. Mejor de lo que podría pensarse después de todo porque de casa ya vengo con la conciencia tomada de que nada es eterno...


lunes, 30 de mayo de 2016

Postéalo, me dices. Y lo hago. Para no naufragar...

"La vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra."
(Gabriel Celaya, Biografía).

Cuenta atrás...

Quedan cinco.
Todavía.
Todas las alarmas, avisos y preavisos.
Primera cornada.
De improviso, por sorpresa y a traición.
Intercostal.
Profunda y sangrante.
Salada, como las lágrimas.
Respiro hondo.
Me escondo en el rincón.
Me preparo para las que han de venir.
Negro.
Triste.
Decepción...

viernes, 27 de mayo de 2016

Gracias por el regalo, Vic...!!!

Yo no te amo así.  David Trueba.

No nos han enseñado a querer, nos han enseñado a que nos quieran. Nos han enseñado a sentir el estremecimiento del amor correspondido. Pero no nos han enseñado a ser rechazados, a ver languidecer el amor. Que una persona te quiera o te desee te llena de una energía tan potente que te transforma en otra persona más poderosa, más plena, más radiante. Es lógico que cuando ese amor termina, sufras una bofetada brutal en tu autoestima, proporcional a la euforia anterior. El desamor no es sólo una íntima derrota, es a veces también una puñalada en el orgullo, un fracaso social. Por eso los que escriben por las paredes “te quiero Mari Paz” no están dispuestos a escribir un día: “Mari Paz ya no me quiere”. Por eso los acomplejados, los torturados, los psicóticos, los frustrados pretenden que el ser amado tiene que corresponderte. Les parece justo. Pero el amor de verdad no está escrito con ese argumento. El amor tiene altos y bajos, tiene llegadas y partidas, futuro y pasado.
Saber amar es saber aceptar el adiós, entender la caducidad de las pasiones, como todos los instintos humanos tan pasajeros, caprichosos y deliciosamente sometidos a las leyes de la gravedad. Nadie se atreve a empezar una relación amorosa reconociendo que igual que comienza un día puede terminar. Con la misma irreductible pulsión. Y que los sentimientos entre dos personas no pueden ser sincrónicos a toda hora. Te querré siempre no puede convertirse en una sentencia de muerte. Yo no te quiero así, tendría que ser la frase de un buen amante. Yo te quiero con la larga sombra del desamor que apunta allá, detrás de la pasión, la convivencia y la complicidad. Los hombres y las mujeres somos unos seres frágiles e inestables a los que a veces el amor nos exalta y nos convierte en fuertes y serenos. De ahí el miedo a perderlo todo. El miedo a volver a ser lo que éramos antes de que unos ojos amados nos miraran con amor. La ruptura proporciona el momento perfecto para demostrar al otro la calidad de un amor, que el respeto puede más que el dolor.

jueves, 26 de mayo de 2016

La vida regresa, a veces, y se repite...

Sí. Era un espejismo, provisional, transitorio. Todo ha vuelto a su ser, a la normalidad, a lo que venía siendo antes, hace algunos meses. Energéticamente como era de esperar. En mi línea, ningún sobresalto, lo habitual. Miles de posibilidades, volatilizadas. Los planes que nunca hice, suprimidos. Todos los miedos sentados a mi mesa. Cansancio, astenia, insomnio, la consabida alergia entre capas de falta de ánimos. Todos los caminos, las bifurcaciones, las posibilidades, las opciones y las propuestas, con límites, deleted, fuera. La vida regresa, a veces, y se repite. Quizá empiece a cansarme que se parezca tanto a otras vidas mías. Sé que toca respirar hondo, aguantar el aire, estar callada y dejar hacer al cosmos. Estoy de paso, como de invitada, hay que guardar las formas que nunca antes practiqué, mantener silencio, serme respetuosa con mis propios duelos, los cambios, los roles, nada de intervenir ni dar pasos o tomar decisiones. Aunque planes hubiera hecho, pasos había dado y señales he ido mandando. Mal, está visto. Claramente. Con torpeza y mala puntería. No han llegado, han venido de vuelta y me los han regresado. Nos proponemos no reprochar y, sin embargo, tengo la garganta llena de palabras con las letras anudadas, haciendo una bola imposible de digerir. Me procuro una sonrisa. Me la instalo. Me mando señales y mensajes...

lunes, 23 de mayo de 2016

Qué fuerte me parezco...!

Supongo que es una suerte de espejismo. No quiero pensar que sea provisional o un accidente. Ojalá sintiera que es definitivo y no sólo transitorio. Porque, sin embargo, me siento fuerte. Súper fuerte. Incluso superlativamente. Además, también me siento en calma. Y serena (como la Williams). Consciente de todo lo que queda por hacer pero con tantas ganas, con todos esos planes que aletean en mi cabeza y voy cortando como puedo, mal, porque nunca he sido de las que saben esperar. Y me impaciento, a pesar de que intento contarme, bajito, que no pasa nada si dejo de ser el ser resolutivo por excelencia que he sido siempre. No pasa nada. Sigamos. Adelante. Ya pasó, ya pasó...

Volverán los miedos. ¿Para qué engañarme?

Inspiro lenta y conscientemente, las manos elevadas sobre el teclado negro con letras blancas. Me recuerdo en modo pánico y contextualizo. Al final las cosas fluyen y he aprendido a preocuparme solo cuando no queda remedio, unos minutos antes. Reconozco haber cambiado mucho en eso, sí. No sé la razón, exactamente. Diría que hay muchas. Y que todas son una consecuencia, un efecto y una conclusión de lo vivido.

El buen tiempo, la ilusión de una jornada intensiva que este año sí espero poder disfrutar, los cien deportes y actividades que pienso compartir, la ropa de verano fuera de sus bolsas y amontonada para re planchar. A mi me gustan el lino y el algodón. La Keli me va a matar cuando vea el panorama de hoy. Los pies helados, ahora, gracias a las primeras sandalias de la temporada. Todo huele a verano, aquí. Y unas ganas locas de pisar arena, de pasear arena, de posar, de re posar...

A pesar de las previsiones y de todos los pesares a mi nadie me va a quitar estas ganas de comerme medio universo, de hacer las cosas pendientes, de divertirme haciendo cosas que liberen mi adrenalina de su prisión, de saberme libre y con las ataduras justas, haciendo lo que de verdad apetece, en cada momento. Ahora que estoy entera, completa, sin mutilar. Ahora que mover los brazos no me duele porque aún no hay cicatrices. Ahora que sigo siendo yo. Y que tal vez sigo oyendo esa voz que recomienda tirar adelante. No a los lados. Nunca hacia atrás...

sábado, 21 de mayo de 2016

Mes de Géminis. Tiemblo un poco...

Arriba y abajo con los destinos. Me cuesta no proyectarme e imaginar lo que quiero esperar de la experiencia. Tan lejos. Y antes algo más cerca. Siento que se acabó el frío, el invierno, y todo empuja a estar fuera y hacer lo que no suelo. Este azul, el olor a neumático de las calles de la ciudad, esta brisa y los rayos de sol dentro de los dos ojos. Haciendo lo que nunca tengo tiempo de hacer, escapando de una nostalgia nueva, de unas ganas raras que no sé bien cómo manejar, ahora que el espectro es más amplio que nunca y que lo veo todo bastante distinto.

Llego tonificada y con peso de más, hábitos nuevos que me encanta haber implantado. Llego más serena de lo previsto, consciente de que es irreal, supongo. De que esto se viene abajo de un golpe. Entro en Géminis hoy. Sorprendida, desconfiada, asustada y preocupada. Otra vez? Ya es junio de nuevo? En breve... De nuevo las golondrinas, esos olores, las flores de la terraza, hierba que cortar, ganas de hacerlo todo, tumbarme al sol y respirar hondo.

Habrá valido la pena sudar, correr tras las pelotas amarillas, haber caminado caminos y playas, trotado bajando calles de algunas ciudades, haberme deslizado sobre blnco, sobre azul, sobre verde. Ultimamente procuro recordar que debo respirar profundamente tres veces y regularmente. Oxigeno y sonrio porque sienta bien. Odio los besos de nicotina.

Apetece meterse a la Bestia entre las piernas y salir volando, quiero volver a tirarme por barrancos mojados y liberar adrenalina, navegar este mar y los que sea posible, escuchar y reir, morirme a carcajadas, vivir en jornada intensiva. Estoy regenerada. Con todas las ganas del mundo tomar un avión, ir muy lejos aunque sea brevemente, porque necesito otra vez sentir lo que las distancias me provocan. También soy, a me udo, el tipo de persona que me gustaría conocer, a quien elegiría para acompañarme, como hago con quienes me acompañan hoy.

viernes, 20 de mayo de 2016

Poesía, distancia, cultura y un destino...

Me llaman demagoga. Y filósofa. A mi me gusta hablar de poesía, que es el verbo sinónimo de "acariciar en la distancia", eso tan complejo de sobrellevar que es solo para valientes, para comprometidos, para fuertes y, sobretodo, generosos. Es momento para la reflexión y el silencio, para mirarse dentro y a los lados, omitir la toma de decisiones importantes y, simplemente, dejarse llevar. Flow.
 
Hoy es el día de las invitaciones, la cultura, los conciertos y la poesía. Todo se concentra, como suele ser habitual. Y pienso que en mi alma es día de arena fina, blanca o dorada, de mares azules y olas suaves, nada de viento, mucho sol. De dejarse caer y hacerse hueco sobre la toalla o el pareo, de abrir los brazos en cruz y con las palmas hacia arriba, después de haberse agotado persiguiendo una bolita de color flúor con una pala en la mano, de haber sudado y de haberse hidratado con una clara o una copa de vino. Blanco. En ese escenario solamente cabe el blanco. Lo siento. Es que lo habéis probado poco. Al tiempo.
 
Tengo un próximo destino. Quiero despedir mi fin de año particular en un lugar en el que tengo que ir antes de morir. Por muchas razones. Por nostalgia. Por hallazgo. Por coincidencia. Por tributo. Vuelven las ilusiones. Despacio. Serenamente...

martes, 17 de mayo de 2016

Decisiones, omisiones y amaneceres...

Al final es cierto que siempre decidimos. Al hacer o al omitir. Al cumplir con nuestro deber o al lanzarnos al barro, huyendo de lo que se espera de nosotros. Todo influye, posiciona, contribuye y define. Somos quienes queremos ser. Quienes no cambiamos cuando echamos la vista atrás y nos descubrimos posicionados ante alguien, algo, todo, la vida.

De poco valen las excusas, contarnos frente al espejo que había una razón poderosa para ir o no, para decir o no, para sentir... Somos. Y hemos cambiado, al decidir una u otra opción, al esperar algo, al contribuir al silencio, al considerar que el tuyo propio puede determinar a terceros.

Cada día decidimos. Hasta arruinar nuestra vida de mil maneras, tomando caminos arriesgados, que pueden destrozar. Coquetear con el entorno, ponernos al límite, perdernos buscando lo improcedente porque detrás hay una oferta irresistible. El vacío de la soledad, el miedo a la vacuidad más superficial, reconocer el propio fracaso. Sin mirarse a la cara. Vemos lo que odiamos. 

Todo regresa, al final. Nos viene de vuelta. Como las decisiones que tomamos sin intervenir, deseando no precipitarnos, creyendo que hay tiempo, que podemos ir tirando, incluso sin llegar a decidir, a veces. Como el ayudar a todos menos a uno mismo. Apelando a la responsabilidad para con los demás y eludiendo el deber de socorro hacia sí. Inconsciencia, irresponsabilidad o quién sabe? Pues hay que saber... No todo vale. No hay que mendigar gotas de afecto en el exterior cuando hay en los aledaños cucharas soperas repletas. Hay que abrir los ojos, el corazon, el alma y escuchar los silencios y los gritos. Las guerras silenciosas.

Suerte que has querido que amaneciera, por fin y entre carcajadas...

martes, 10 de mayo de 2016

En mi momentum, en mi contexto... un verso suelto...

He soñado con rizadores de pestañas increíbles; simples, sofisticados, de vivos colores y especialmente eficaces. Varios modelos. Será que me compraron uno recientemente y que el domingo olvidé el mío en casa...
 
También me he pasado un rato esta noche soñando con jengibre caramelizado. Leí algo acerca de sus propiedades impresionantes. Intenté incluirlo en mi compra telemática del fin de semana pero mi proveedor no lo tiene a la venta. Tendré que hacer aquello que hago ya tan poco de personarme físicamente toda yo en alguna tienda del barrio. Pereza salvaje. Falta de tiempo. Menos ganas aún.
 
Otra nota mental: brócoli, avena, chocolate negro, nueces, espinacas, aguacate. No es la lista de la compra. Es la de alimentos con propiedades antioxidantes.
 
Todo esto es previo a una locura que no será transitoria. O sí. Pero será larga. Como la travesía y la soledad. Todo tiene un comienzo. Todo pasa por algo. A todos los cerdos les llega San Martín. ¿Se me olvida alguna otra frase tópica que se ajuste bien a este mi momentum?
 
Y esta locura es previa, también, a tratamientos ayurvédicos que depurarán lo poco que queda de mi, después de recoger lágrimas de ocho ojos diferentes en tan solo un par de días y de tomar decisiones que suponen cambios de hábitos en alguna de mis adicciones. Bonita colección, la de las lágrimas. Motivos diferentes. Circunstancias tan distintas. ¿El tiempo gris y lluvioso? ¿el puñetero Saturno? al final, ¿qué importa? Todo son lo mismo: lágrimas!
 
No incluyo las mías propias [sigo hablando de las lágrimas, por si hubo pérdida del hilo], que también.
 
Todo está como convulso. Se van cerrando puertas con dulzura, sin sobresaltos ni portazos. Sin grandes sorpresas, tampoco, en algún caso. Cada vez soy más intolerante a los ruidos, al caos, a la falta de armonía, a los no consecuentes. Y más intransigente, según dicen. Sí. Se me acusa de eso. Pero para acusar como Dios manda [¿Qué qué Dios? pues el que cada uno elija libremente, faltaría más...!] hay que calzarse los zapatos del acusado, en calma, y caminar. No soy ejemplo de nada y no creo pretenderlo. Me basta con sobrevivir, a veces. Al final siempre he sido una individualista, un verso suelto, el protón libre, la mala estratega que salta al ruedo a defenderse, nunca a atacar. La que pierde cuando la presionan. La que se repliega. Sobretodo, aquella que parece tener una fortaleza de la que carece.
 
Nunca deberíamos creernos lo que vemos proyectado en los demás. Es un error, generalmente. Y, sin embargo, lo hacemos.
 
Voy a ordenar mi mente. Sigo en modo out, quizá más, todavía. Pero algo ha cambiado: no es un castigo. Al menos, no ahora... Queda mucho por comprender, todavía.
 
Todo irá bien. Procuro repetírmelo como un mantra, entre respiraciones rítmicas, lentas y profundas. Aunque hoy, ahora, me encantaría que alguien me definiera la palabra "bien", en mi contexto... Y ya, de un de paso, que me quiten el telón negro, grueso y pesado, de terciopelo, que parece colgar frente a mis ojos. Todo irá bien, ¿verdad?...

viernes, 6 de mayo de 2016

Nota mental: Modo out on...

Se me acumulan las cosas, las emociones y las experiencias. Algunas se repiten. Y mis hormonas tienen exceso de trabajo. Finalmente había decidido dejarme caer hasta el sur, sola y empuñando el freno y el gas. Pero el tiempo tiene otros planes para mi. Malditasea.

Aplicaré aquello que he aprendido de condicionar mis planes y no decaer cuando algo sale diferente a lo programado. No hay expectativas, por lo que no hay frustración. Sucede lo mismo con las personas. Por eso estoy tan distante en estos últimos tiempos raros, que ni yo misma me reconozco.

Y ahora toca mi fase más egoica, introspectiva y ostrácica. Ese modo que me asusta y paraliza a partes iguales, al que me tenía que enfrentar tarde o temprano, a pesar de las distracciones que aparecen en el trayecto y con las que me entretengo, sin perder el foco, ese foco angustiante. Era consciente. Lo sabía. Al final no puedes ir contra eso que nos empuja. Es inútil.

Es curioso cómo repito patrones. Como atraemos siempre lo mismo. Y repetimos, como si no supieramos que será divertido y difícil, todo a la vez. Y te acabas enfrentando a tragos que en realidad querías evitar, a toda costa. Y fracasas...

Ayer oí la primera golondrina en la ciudad. Ese vuelo veloz y desordenado. El sonido de mi adolescencia preparando examenes finales, a media carrera. Cuando todo cambió y empezó. Escucharlas otra vez me hace sonreir con el emoticón de la mueca torcida. Con nostalgia y pena. Pienso un poco en mi ascendente y le rindo un secreto homenaje, le brindo un recuerdo. Y todo sigue, como hoy...

miércoles, 4 de mayo de 2016

Extremadamente exigente, soy...

Tengo que reconocer que en este viaje de auto conocimiento voy descubriendo cosas nuevas cada día. La última, crucial, es que soy extremadamente exigente. No digo que no. Todo lo contrario, seguramente. Porque lo soy conmigo y lo hago extensivo a los que me rodean, envuelven, acompañan. No podía ser de otra manera, claro. Espero poco, en realidad. De mi, de los demás. Pero con firmeza, lo hago.

Fidelidad, compromiso, libertad, confianza, bienestar, felicidad, oportunidades, crecimiento, aventura, diversión, fe. Respeto. Compartir. Sin expectativas. Porque las cosas pueden salir bien. O no. Y hay que estar alerta. Hay que prepararse para no caer en la pataleta de niña mimada, cuando algo no sale como yo esperaba o quería. Soy mayor, soy responsable. Tengo auto control. Me adapto. Persevero. Intento enmendar todo lo que procede de mis actos y que ha salido mal. Pongo remedios, tanto como puedo.

Espero un poco de todo y todo tan a fondo. Pero hay unos mínimos que sí, que no perdono y eso parece que me convierte en un ser extremadamente exigente.

Lo soy. Sin duda. Siempre me han dicho que soy implacable y otra palabra tremenda que ahora no consigo recordar. Era como sinónimo de la anterior. ¡Sí! ¡intransigente...! era esa...

Porque el tiempo se vuela, los tiempos cambian, las esperanzas mutan y la soledad acaba por imponerse. Fin de las tonterías. Porque soy de las que me tuteo y me cuento la verdad, esa que mucha gente no quiere ver ni escuchar, que ignoran para seguir adelante como los seres irracionales. Para seguir el camino hay que saber hacia dónde hay que dirigirse. Y eso es un trabajo difícil, que se debe hacer en soledad, en silencio. No se vale hacer trampas al solitario, hablar de bailarinas, omitir reflexionar, no pensar en los por qués y las consecuencias, dejar de valorar los resultados de actos y omisiones, los beneficios de una palabra amable, de una mirada dulce...

Tengo dos trucos, que comparto ahora que tengo la oportunidad. Uno, ver "desde fuera" y tratar de reconocer a la persona que está conmigo, saber si me mueve, si me conmueve, si la siento. Si todavía siento... El segundo truco es el de cerrar los ojos, imaginar un paraíso de todos los que he podido visitar o los que tengo creados en mi mente en la lista de pendientes de viajar y pensar en quien me gustaría que se sentara a mi lado, la compañía que elegiría. Eso, las dos cosas, me cuentan si estoy yendo por la vía correcta, la que me marca el corazón, la que debe conducirme a la felicidad.

Soy extremadamente exigente con casi todo. Y hoy, ¿sabes?, te elijo a ti...

martes, 3 de mayo de 2016

El Tiempo, la Vida y algunas otras cosas...

Por el momento no tengo previsto subirme a La Bestia y dejarme caer hasta Cádiz. Que no vaya cundiendo el pánico, por favor. No por falta de ganas. Es más algo así como falta de disponibilidad y mucha paciencia. Una no se enfrenta a nuevos retos de esta magnitud cada día. A mi me ha pasado solo tres veces, contando ésta... Mucha vida a cuestas, ya. Not much, entons.

Aunque, de decidir bajar, a Cádiz o a cualquier otro sitio [hablaste de las playas de Tarifa, ¿verdad?] creo que contaría contigo y te dejaría una alforja, para poner lo justo, ahora que en este mundo clinex no hay nada que no podamos reponer en casi cualquier parte. Me han pautado una dosis de tus carcajadas cada 8 horas, para mi salud mental. 

Descartados los países árabes, por razones obvias ya referidas en anteriores post, a los que me remito para evitar hacer innecesariamente extenso éste de hoy, nos quedarían mundos civilizados o en desarrollo, algunos paraísos turquesa, cordilleras, valles y masías deshabitadas en temporada baja, hoteles con encanto y algún barco en el que cargarlo todo y que pudieras practicar la lengua de tu infancia, la misma que siempre pensaste que nunca te sería útil. Y mírate hoy...

He ganado mi partida de futbolín 5 a 3. Golazos, de los de verdad, lanzados con toda la fuerza de la muñeca derecha desentrenada, liberando un poco de todo, a lo detox, muy verde, porque la energía debe fluir hacia afuera, de abajo arriba, con fuerza y ganas. Todas las cosas deben salir porque, si se quedan, malignizan. La peor cosa de todas las cosas es la pena, por ejemplo. O la ira. Sí. La impotencia y la frustración tampoco son tontería. Y cada una tiene su lugar y hay que moverlas, removerlas, para que no se encallen, para que no aniden o colonicen, no se instalen. Y el día que es demasiado tarde ya es eso: irreversible. Te ingresan y te cuida gente en bata verde o blanca. Horror.

Me gustan las personas que van de frente, que se escuchan en sus silencios, intentan comprenderse y buscar los motivos de ser quienes son. Hoy. No me gustan los cobardes, quienes lo quieren todo, a cualquier precio, cargando con su egoísmo, sin mirar a ninguna parte, dejando atrás. La vida ya nos desequilibra suficientemente y no hacen falta más: me gusta poder confiar, saber que las presencias son estables y cada cual carga con su propio proceso de búsqueda, haciéndose compañía. Me gustan mucho las buenas personas. Son una de mis debilidades. 

Nuestro problema es que creemos que tenemos tiempo. La frase no es mía pero la tomo prestada un rato. Y no es así. Me remito a la física cuántica para valorar que la vida es un momento, imperceptible en el concepto de Tiempo, esencial para nosotros. He decidido no perderla [la Vida, malgastándola]. He resuelto no perderlo [el Tiempo, escaso y lleno de posibilidades]...

lunes, 2 de mayo de 2016

Risas, humus y gas a fondo...

Parece que se acerca el verano, unos días, junto con accesos de risa de los que irritan la garganta y te obligan a carraspear durante mucho tiempo. Aires nuevos. Actividades distintas. Estableciendo rutinas, saludables. Tampoco a mi me apeteció el plato de verduras "de primavera" hervidas, un domingo de sol en la playa. Erré en la elección, como en el chiste del español en Francia, por ejemplo. Y lo reconozco. A veces hacemos cosas inesperadas. Otras veces nada sale como querríamos. Y sin embargo seguimos intentándolo.

Han sido unas vacaciones breves que me han depurado por dentro y por fuera... Tan cerca y sintiéndome tan lejos de todo...

Días de humus y gloria, que diría aquél. De pensar destinos y de tratar de adivinar el punto en el que voy a encontrarme en algunas semanas que, juntas, forman meses. Ha llegado un tiempo en el que me apetece mirar atrás y comprender tantas cosas. Miro sin lamentarme ni extrañar, solo para conocer más, para rectificar los trazos, fijar mejor los nuevos rumbos. También procuro escuchar los ruidos, cerrar los ojos, entender, ligera de casi todo, ahora. Han vuelto las ganas de mucho porque se fueron casi todos los miedos. Mentiría si quitara el casi pero me sienta bien verme hoy tratando de tutearme, de hacerme compañía, sin regañarme, sin esperar nada, sin contar con...

Busco paraísos sin saber apenas nada de mí misma. Pienso en todas las cosas que me quedan y me impaciento detrás de un teclado, conteniendo las ganas de salir corriendo, ir a buscar las llaves de La Bestia, llenar las alforjas con lo imprescindible y desaparecer, camino del sur, hasta que acabe la tierra firme...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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