miércoles, 17 de abril de 2024

Los alrededores se me desmoronan...

Últimamente olvido lo útil que era venir aquí a escribir. Aunque fuera en la más estricta de las soledades.

Servía de verdad para enfrentarme a los monstruos nocturnos que atacan cuando tenemos miedo.

Os recomiendo a Arthur Brooks y sus teorías sobre la felicidad. La ducha de hoy ha sido estupenda, escuchándole. Más estupendo aún saber que es un norteamericano católico casado con una señora de Barcelona, que habla un cuasi perfecto español y chapurrea el catalán (con acento yanqui).

En cualquier caso, es interesante. Su evolución como persona y como profesional también.

Lo he encontrado navegando en busca de consuelo, después de algunas conversaciones que me han abierto los ojos. Tengo que aclarar bastantes cosas, aquí dentro. Como pueden ser los diferentes miedos que estoy desarrollando, a lo tonto, obcecadamente.

He vuelto al gim. Voy poco. Camino mucho. Donde sea. Como el Madrid de primera hora de la mañana por barrios que no reconozco, en una deliciosa primavera de chaqueta fina. O como los alrededores de los lugares en los que duermo (sean mi casa o no). La serotonina debería mejorar mi estado de ánimo. Pero no es suficiente. El cortisol campa a sus anchas por mi organismo, muy probablemente.

Me ocupo, especialmente los pensamientos. Y tampoco basta.

Hay muchos vacíos, horas de soledad intensa, un lugar nuevo que me acoge más bien mal y los alrededores que se me desmoronan. El futuro es difícil de visualizar y lo mismo pasa con la búsqueda de nuevos proyectos. Tan dada que fui hace algún tiempo a encontrarlos debajo de las piedras.

Quién me ha visto. ¿Quién me ve?

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