Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Un banco de color marrón en el parque...

Vuelve a ser invierno (lo parece, por el horario, vamos) y a mi las inspecciones, qué quieres, me provocan ansiedad. Hay que adoptar decisiones rápido, pero -lo más importante- correctas. Y conjugar el binomio en cuestión es algo complejo. Miro hacia arriba, alto, y me encuentro recepcionando responsabilidades, de las que alguien se desprende, hace dejación, voluntaria. Como (conjugación del verbo comer) de nuevo con normalidad en este lugar habiendo decidido alejarme del ejercicio hasta una nueva semana, dado que no puedo expulsarme cansancios de ayer. Juro que no había vuelto a ese parque y no dejo de preguntarme la razón de que hoy, precisamente hoy, haya pensado en él y haya acudido ahí en busca de nuestro banco. Día de azules y blancos espléndidos y cuatro minutos de sol, sola. Suficiente para ser detectada y mi nombre pronunciado con cariño, a una distancia prudente y voy queda. Esas cosas, lo del cariño, se notan y esto no es Manhattan: esconderse es tarea árdua. Volvamos al banco, decía. Uno común, de tiras de madera paralelas de color marrón oscuro, no demasiado cómodo; mobiliario urbano suministrado por algún proveedor al Ayuntamiento, sin secreto ni truco, normal. En un parque amplio con árboles y suelo de tierra amarilla, de la que duele cuando caes impactando con manos y rodillas, de niñ#, y deja cicatriz. El mismo banco -idéntico, que me lo sé- que, sin embargo, nos acogía algunos días, después de comer, haciendo tiempo antes de la despedida, abrigándonos con abrazos estrechos y mal disimulados, acariciándonos muy a escondidas, en movimientos pequeños y lentos, yo siempre tumbada boca arriba sobre tu regazo. Me tocabas el pelo, te miraba, me relajaba y nos despedíamos. Quizá otro día podrías volver a escaparte, a acercarte, a conducir hasta aqui, sin que yo tuviera que pedírtelo...

4 comentarios:

  1. entre el otoño que ya se huele y tu texto, me rindo: Bienvenida Nostalgia!

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  2. Bancos. Escalones. Miradores. Y el otoño. La vida parece una historia redonda: al final todo se engarza. Como tu banco.
    Seguramente.
    Un beso, visitadora de bancos.

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  3. Dintel: iniciativas todas... :)

    Jei: sea bienvenida, pues! :)

    Victoria: Todo se engarza, todo se cierra, todo se redondea... a veces. Un beso, lectora.

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No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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