Sparkling

Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 17 de febrero de 2026

Un matiz a la floración de los almendros...

Voy a ampliar brevemente la anécdota de los almendros floridos que conté ayer.

No aclararlo me produce inquietud...

Resulta que lo que realmente pasó fue lo siguiente:

Conduciendo al trabajo, por carretera estrecha, sinuosa y soleada, me di cuenta de que había flores blancas en algunos árboles, que los días previos no estaban.

Almendros, pensé. Y con euforia me grité a mi misma: ¡los almendros han florecido! Es el pistoletazo de salida a la primavera! ¡Por fin!

Todo seguido.

Inmediatamente pasé de la micro felicidad brevísima a la preocupación...

- ¿Cuántos inviernos vas a ver brotar a los almendros, Spark...? ¿Cuántos inviernos te quedan?

Sin dramas, sin saber el por qué de ese pensamiento tan bestia.

Y ahí me quedé. Tratando de visualizar las cosas que me preocupan... como eso de que no sé cuánto me queda de vida...

lunes, 16 de febrero de 2026

De dolor, conflictos y primaveras...

Cada vez que me reprochan que empiezo el duelo muy pronto y que (me) voy muy rápido me sonrío por dentro.

Es verdad.

La otra parte no quiere estar de acuerdo, se enfada o molesta y siempre se queja. No entiende que proceda de esta manera, pero es así.

Eso supone, aunque parezca otra cosa, que me cubre un manto triste, oscuro y grueso, como una capa. Y que yo me quedo debajo, en posición fetal, sin luz, como una niña herida. El tiempo que haga falta.

La soledad tiene un grosor considerable, ahora mismo...

Es lo que siento: dolor.

Pienso que, si no fuera así, si no sintiera dolor en las ausencias, yo sería un monstruo. 

Si no me importaran las idas y venidas, las desapariciones, las rupturas, quiero decir. El vacío y el sinsentido.

No importa. En realidad no venía a hablar de esto, que ya me cansa hasta a mí.

El viernes cogí el coche para irme de fin de semana dónde me siento abrigada y cuidada, dónde recibo amor y cariño.

Nada más salir de casa me di cuenta de que en las cunetas ya han florecido los almendros, en blanco, y los cerezos, en rosa.

Ese es el punto de salida, para todo. La primavera está más cerca y eso me parece un evento feliz al máximo.

Sé que van a pasarme cosas importantes, esta primavera. No me preguntes por qué. Pero lo sé.

Tampoco sé en qué sentido, pero creo que hablo de raíces, de familia, de resolución de conflictos.

Sería maravilloso, después de once años...

viernes, 13 de febrero de 2026

El otro lado de la cama. El tuyo...

Hoy he vuelto a despertarme en tu sitio, en el otro lado de la cama. La verdad es que no tengo memoria de cómo lo hago, porque eso supone rodar mucho y cambiar de almohada...

Me gustan las camas grandes, desde siempre. No esas taaaan grandes que requieren manejar metros y metros de sábanas. Con el hombro genéticamente mal, cuesta.

Esto lo digo porque hoy he debido rodar sobre mi misma para desplazarme o no sé bien cómo lo he conseguido.

Pienso que la casa ha quedado confortable y acogedora. Pero mi dormitorio no. Tampoco sé cómo podría solucionarlo, ni qué podría añadir...

Quizá la habitación es demasiado grande.

Estoy agotada y triste. Y de mal humor. También. Y eso que he dormido bien, fíjate. Desplazándome por la cama hasta casi caer por el otro lado, pero he descansado...

jueves, 12 de febrero de 2026

Dolor, vacaciones y alcohol...

Hay cosas que no recuerdo.

Pero no sé cuáles son...

Hoy me marcharía a una playa rubia y turquesa. Y reservaría un tour privado en una barca y pediría una copa. Una detrás de otra.

Bailaría descalza, colgada de tu cuello, pegada a ti. 

Me daría cuenta de que son vacaciones y de que estás conmigo, a pesar de lo difícil que ha sido todo, antes de la despedida.

Espero que la vida nos trate bien y que el tiempo cure nuestras heridas, aunque sean profundas, aunque quisieras hacerme daño cuando dijiste todo eso.

Hay que ser...

miércoles, 11 de febrero de 2026

Furia y amistad...

Una no deja de sorprenderse, casi nunca.

Lo digo tomando mi café doble sentada en la mesa del despacho desde la que trabajo presencialmente. Con menor intensidad de la que me gustaría. Y más desgana.

Es aquello de que cuanto menos haces menos ganas tienes de hacer nada...

Estoy en época de cueva. Con pocas ganas y mucho sofá.

Ayer, por ejemplo, quería retomar el trote y salir por las viñas que quedan delante de casa. Me dije que después de comer, que solo una breve siesta, que la necesitaba porque había dormido mal, que luego salía...

Fueron treinta minutos de sueño, máximo. Abrigada con mantas gustosas en el sofá. Suficientes para ser incapaz de vestirme de deporte y salir, después. 

Aunque no hacía (tanto) frío.

Aunque no llovía.

Aunque hiciera un sol azul.

Encontré diferentes excusas: recomponer el suelo del gimnasio, que se mojó con la lluvia y había puesto las losas de caucho a secar en la terraza. Poner una lavadora de ropa oscura y, mientras, recoger la ropa que tenía tendida. Leer el libro que compré hace unos quince días a un autor desconocido que solo vende por internet. Incapaz de leer algo más que un largo capítulo sin enterarme de lo que decía. Ordenar una cocina ordenada. Entrar en redes y pasarme demasiado tiempo ahí. Reprobable.

Me acosté tempranísimo después de empezar una serie terrible y solo pensaba en dormir. Apagué la luz sobre las 22h30. Y me dormí. Del tirón hasta una parada técnica y a seguir hasta que ha sonado el despertador.

Hay previsión de vientos huracanados y alerta comarcal. Aquí no ha llegado aún, pero sé que en la playa más cercana ya están padeciendo. Porque me lo han dicho.

Tengo una amiga que se preocupa por mi. Me ha convocado hoy a una actividad cultural. Y a cenar algo por ahí. Me recuerda que no me meta mucho en la cueva, que necesito vitaminas (de amigas, risas y sol). Es un precioso consejo, aunque sea tan difícil esto de estar acompañada por estos lares.

Hoy tengo fisio y sesión con mi psicóloga. Anillo al dedo, ambas cosas.

Sigo furiosa, pero no sé qué le voy a contar. Estoy cansada, aburrida, decepcionada y ofendida. Quiero cerrar esa etapa y que entre aire fresco.

Han pasado diez meses. Me remito a mi post de ayer...

¿Depende de mi lo que ha sucedido? no.

Lo tengo que dejar pasar.

Y centrarme en lo que sí depende de mí.

Procuraré mejorar mi puntería, regresar a mi rincón de la montaña, hacer ejercicio, mejorar mi padel, acabar el curso de filosofía estoica (y recordar cada día sus principios), leer en papel, alejarme de la pantalla, ver gente...

Ese sería mi plan de acción refrescado. Me apetece el buen tiempo, más que nunca.

Viene época de mucho trabajo, la verdad. Profesionalmente hablando, quiero decir.

Del otro, también...

martes, 10 de febrero de 2026

El principio de Pareto y el plazo de diez meses...

Hace algún tiempo (por no decir algunas relaciones) que he cambiado mis patrones de conducta.

Ahora ya no alargo agonías y tomo decisiones tan pronto como puedo.

He observado que se aplica un plazo mágico y sorprendente que no tengo idea de por qué sigo: diez meses.

Diez meses a contar a partir del encuentro, de algunas de las primeras veces.

También tengo banderas rojas y verdes y alguna amarilla.

Y aplico el ochenta veinte.

Así que resulta que el diagnóstico se acaba como produciendo solo y llega la decisión irreversible, que suele pillar desprevenida a la otra parte: contacto cero.

Yo, que era tan celosadependienteposesivaterritorialymonstruosa. ¿Yo? ¿Capaz?

Me reformo, aplico nuevos hábitos, procuro hacer deporte y quemar la pena hasta que suelen quedar recuerdos bonitos y poco o ningún rastro de lo que fuimos.

La edad cambia el planteamiento, seguramente.

Una tiene como más prisa por establecerse con alguien y en algún lugar definitivo y construir, compartiendo.

El patio está mal y hay quien llega a insultar con la palabra "veneno" a una congénere para quedarse tan ancha.

A mi es que cuando se me acaba el respeto por la otra... ugf, qué difícil resulta seguir... Cuando ya no puedes construir capas de cosas bonitas porque miras por el rabillo del ojo sabiendo que ya no te fías, pues solo vas tirando hacia abajo o a los lados... pero ni adelante ni al frente.

Hace ya algunos años que me apetecía convivir, de nuevo, después de un largo paréntesis de tres décadas o más, en el que ni muerta.

De hecho he estado conviviendo y en algunas etapas lo hice hasta encantada.

Era mi proyecto, otra vez. Ese alguien a quien le gustara el rincón de la montaña y quisiera vivir la mayor parte del año cerca, muy cerca, del mar.

Entro en boxes. 

Necesito una revisión a fondo...

viernes, 6 de febrero de 2026

Estoy bien, para variar... :)

Es bonito ir a una sesión de seguimiento y decirle a tu psicóloga: "Estoy bien". Y encoger los hombros elevándolos hacia arriba, simultáneamente. Un poco con desdén, incluso.

Una podría pensar que con eso ya estaría, ¿verdad? te levantas, te vas y todo concluido hasta que recaes y regresas a pedir hora con urgencia.

Pues no.

Hay miles de cosas de las que hablar y entender, cientos de aristas que trabajar. Aunque hayas conseguido estabilizarte, no ir y venir, controlar los miedos y todo lo que tiene relación con el ejercicio, socializar, dormir y comer bien...

Parece mentira que a mi edad y con la de cosas que he revisado en busca de respuestas aún existan circunstancias en las que no había caído o nunca pensé que podían ser tan relevantes como es probable que sean, en realidad.

Las hay.

Son coincidencias que hicieron bola, un nudo gordiano enquistado, ahí.

Reflexionaré sobre ellas y veré qué puedo hacer para integrarlas porque la vida es la que es y lo que quedó atrás no se puede hacer distinto...


jueves, 29 de enero de 2026

Conversaciones que cambian vidas y mi propósito...

Todos somos distintos. 

España va bien.

Creo firmemente en todo lo contrario. Por lo de España, quiero decir...

Acabo de presenciar el despido de un tipo algo menor que yo. Con esposa, hijos mayores y mucha antigüedad en una gran empresa.

Fascinante cómo se lo ha tomado. Como quien escucha llover.

Y acto seguido ha entrado en otra reunión de su Departamento, como si nadie le hubiera contado que la vida acaba de transformársele para siempre.

Hoy es su antes y después. Hasta el fin de sus días.

Y sigue charlando con sus compañeros, contando sus proyectos y tal.

Ellos y ellas no saben nada. Él no piensa decirlo, al menos por ahora.

¿Cómo pretende llegar a casa y contarle a su mujer que los elevados ingresos fijos (cuasi funcionariales) de hace décadas han terminado?

Creo que yo estaría desorientada, vacía, muerta de la incertidumbre. Y llorando. O hablando ya con RRHH para dar un rápido carpetazo a la larguísima etapa.

De hecho, mis reflexiones y conversaciones van un poco por ahí. Pero sin que decidan por mí. De momento...

Y de encontrar mi propósito, especialmente...

viernes, 23 de enero de 2026

De repente... algunas balas del calibre 22...

Parte primera

Aparecen personas del pasado. Irremediablemente, acosan los recuerdos. Dulces, agridulces, amargos como la hiel. Depende. 

De la persona que ha vuelto, de lo vivido, de cómo acabó la relación...

En algunos casos, revienen (las personas) y hay muchas risas. O explicaciones. O algún reproche escondido, algún lamento. Silencios en los que te parece verla sonriendo.

No es necesario lamentar lo que no podemos cambiar.

Siempre hacemos lo que podemos. Lo que pensamos que es mejor para todos o para nosotras mismas. 

Excepto si eres psicópata, claro.

No tiene sentido revisitar decisiones con criterios actuales. Hay que volver atrás y recordar cómo era todo, cómo eras tú misma en el momento preciso.

Segunda parte

De repente estoy presente en una de esas reuniones de gente importante acostumbrada a lidiar con muchos números, muchos países, muchos colaboradores, a negociar grandes proyectos y decidir impresionantes inversiones... y te das cuenta de que:

- esa reunión nunca habrá existido

- sigues en la sombra eterna

- escuchas que hablan de ti y deciden tu destino como si no estuvieras presente

- sabes que tu vida puede dar un giro definitivo y podría ser la prejubilación activa perfecta para ti, la salida que andabas buscando y no encajaba o no encontrabas.

Nunca hay nada garantizado, pero el reto es brutal para mí. La reinvención definitiva.

La vida es maravillosa, está llena de oportunidades, hay que ser paciente, es posible que lleguen cosas bonitas.

Yo, de momento, mañana me voy a examinar para tirar tiros, que ya estoy federada en precisión... 

¿Lo pongo en el cv o da un poco de cosa...?


jueves, 15 de enero de 2026

Los sentidos de la vida...

Este ciclo vital está resultando entretenido, la verdad.

En las conversaciones que mantengo para encontrar fórmulas, métodos y herramientas, tomo conciencia de que hay varios fallos del sistema.

Una puede petar en una cosa (digamos, la profesional). Y lidiarlo más o menos bien.

Pero cuándo los fallos se acumulan, es distinto.

Y te ves forzada a resolver todas las cosas a la vez.

Tiene un nombre: crisis de identidad.

En la faceta maternal de nido vacío. Suele pillar por sorpresa. Primero viene una sensación liberadora de "por finnnnn". Pero no. Falso. El vacío es espantoso. Se pierde el sentido, dejas de ser útil, de alguna manera.

Ellos hacen su vida, nunca me ha gustado perseguirles, fiscalizarles, agobiarles.

Eso sí: cuando llaman, lo dejo todo.

Veremos qué tal desempeño el papel de abuela... :)

También buscamos el sentido de nuestra vida en el entorno emocional. Somos gregarios y nos gustan los nidos, pertenecer al grupo, sentirnos protegidos, cuidados, arropados, parte de.

Y esta parte falla. Porque acabo de instalarme en un nuevo territorio. Porque cuesta integrarse y conocer, porque el invierno es frío e invita a ser más catalana que nunca: de casa al trabajo y del trabajo a casa...

Leí el hombre el busca de sentido hace muchos años, en una isla griega, un agosto aciago. Me gustó, me hizo pensar, me sirvió.

Porque mi vida tenía todos los sentidos posibles, entonces.

Pero ahora no...


miércoles, 14 de enero de 2026

Dos horas reconfortantes como la primavera...

Por experiencia propia sé que los inicios son preciosos, estimulantes y de gran felicidad. Apenas somos conscientes, de todo ello.

De los finales hay que hablar desde otro enfoque, porque normalmente se ven venir, se cruzan como si de un desierto se tratara y se dilatan hasta que un detalle nimio hace que todo salte por los aires.

En la fase final, después del big bang personal, nadie te quita unas semanas de supervivencia pura: el único objetivo es respirar, dar el siguiente paso, para de llorar y de sentirte muy desgraciada y dormir lo máximo posible.

Hay un momento que, por lo menos en mi caso, se repite: me ahogo con la ausencia. Me falta todo: pareja, persona, voz, tono, presencia, persona, compartir, el proyecto común...

Solo existe un antídoto, en ese momento crítico: ella. Su regreso (aunque sea momentáneo), saber que no estoy vetada ni cuestionada ni castigada. Tener claro que un hilo fino nos une todavía.

Es algo psicológico, inexplicable, irracional.

Si no lo tengo, muero de la pena. Me ahogo.

Si lo tengo (y así no generalizo y hablo de lo que domino a la perfección), todo regresa a su sitio, vuelve el sentido, formo parte de nuevo, respiro, existo, aunque sea solo un par de horas, como anoche...

martes, 13 de enero de 2026

Del impacto de una ausencia...

Sé que las sesiones y conversaciones con un psicólogo deben ser confidenciales.

Pero como son las mías con mi psicóloga, espero que lo que cuento hoy pueda serle útil a alguien.

Mi psicóloga de 2026 es una chica madura, mayorcita, con experiencia. La anterior tuve que cambiarla a finales de 2025 porque era todo lo contrario y la exprimí hasta que no pudo dar respuestas.

Fin de la intro.

Ayer fui a verla. No fue una sesión fácil, después de mis últimos días, de los pensamientos, de las certezas, las conclusiones y mi valoración general. De la vida, la preparación de una nueva etapa laboral, el ikigai, la dependencia, la soledad, la muerte..

Me costaba mantener la compostura y llorar delicadamente, sin hacer pucheros ni tener que recurrir a pañuelos de papel. Toda la hora.

Es una profesional y supo interpretar que los temblores de mi barbilla eran por las lágrimas contenidas en mis ojos.

We're all connected.

La muy canalla hacía preguntas jodidas, que para eso la busco.

Y yo le entregaba respuestas breves, concisas, elaboradas. Como si alguien me hubiera dado el examen en blanco antes de empezarlo.

Siempre se sorprende de que llegue con respuestas difíciles pero serenas (como la Williams...), pero ese es mi trabajo. Llegar con las ideas claras y a punto para que pueda ayudarme de alguna forma, lo antes posible.

Tan mal me vió que la cosa fue así, cuando le conté que, como actividad nueva, un par de días antes había ido a probar el tiro deportivo de arma corta y calibre 22:

- ¿Tiro? ¿Armas? ¿Precisamente?... ¿Estás pensando en... algo...? -dijo visiblemente alterada-.

- No -le dije-. Pero no te voy a negar que este fin de semana, cuando vi mi neceser tan lleno de medicamentos, algo sí se me pasó por la cabeza...

- (...).

Se puso a tomar notas en su libreta. Letra grande, subrayada, con muchos signos de admiración. Sus pensamientos alterados pasaban como un teleprompt por su frente. Eran más visibles que las balizas polémicas de la DGT... 

Se alarmó de verdad. Se sentó al fondo de su silla con gesto preocupado y recolocó su libreta en su regazo.

Se puso seria y me miró a los ojos. Como quien observa de frente a su peor pesadilla y al más espantoso de los desafíos.

Su pregunta fue:

- ¿Has pensado cómo impactaría tu hipotético suicidio sobre tu familia?

- No. La verdad es que no...

Una vez concluyes que tu vida ha perdido todo el sentido, te aseguro que te conviertes en una egoista profesional. Lo que puedan opinar los demás (familia incluida) no entra en ninguna ecuación ni pensamiento. Tú solo tiras...

- Pues te recomiendo que lo hagas. Son decisiones con peso transgeneracional, que acaban siendo una carga en el árbol genealógico familiar y heredan personas desconocidas muchos años después...

lunes, 12 de enero de 2026

De crisis, búsquedas y refuerzos...

Quien me lee desde hace décadas sabe que soy de ese tipo de personas Titanic, de hundimiento fácil.

Facilísimo, en realidad.

Aunque me reponga relativamente rápido.

Este fin de semana, hundida hasta la barbilla y ejercitando mi modo supervivencia, he llegado a varias conclusiones.

A cuál peor. La verdad.

Y he tomado algunas decisiones. 

Y medidas.

He bloqueado mi sentimiento de soledad tragándome muchos podcasts de gurús mediáticos (o no tanto), saltando de uno a otro, siguiendo sugerencias y a partir de preciosas palabras clave.

Al menos, he pensado.

No he muerto (aunque he pensado en la muerte. Y en la sombra de alguna enfermedad grave), he seguido noticias de las revoluciones geopolíticas y he hecho cambios en mi cartera. 

He charlado con Chat GPT de temas diversos, he dormido, salí a caminar para estar en la naturaleza y me casqué mis más de 10.000 pasos en un ratito.

Con el virus, pero en forma. 

Frené mis ganas de salir al trote y recuperar el hábito. Pésima señal. Mi cuerpo grita.

Pero no convenía sudar. Sí convenía tomar el sol.

Me he alimentado bien, aunque bebí demasiado. Y arreglé el refugio que ahora me acoge y en el que me siento bien. Está todo en orden. Menos el material duro de esquiar, que sigue en un rincón de una habitación, en sus fundas, protegido y a punto. Por si.

Me he dado cuenta de que en realidad se me han derrumbado un par de las cuatro patas que nos deben sostener a todos en la vida. Eso es el 50%, ni más ni menos.

Soy de las que, cuando todo va bien, ve el vaso medio vacío, siempre, así que ya os podéis imaginar que el drama estaba servido.

Patas. Sueños. Proyectos. Ilusiones. Son sinónimos, en esta ocasión.

Y aquí estoy. Un lunes, buscando debajo del parquet alguna razón que me saque de la cama, de la casa, del sofá, de la calefacción, de la cocina... ¿del útero?

No he encontrado ninguna. Bueno, solo una: la responsabilidad de asistir a mi puesto de trabajo. Con cara de culo, sin saber disimular. Escondida en mi despacho alegando virus y toses y contagios y mejor que no te acerques demasiado. 

Un aplauso a mi rol de líder. En la cara, el aplauso.

Así llevo semanas, en realidad. Bueno, desde la vuelta de vacaciones, el día 7. Ya empiezan a ser días. O se me está haciendo larguísimo. Que también.

Redes a tope. Lectura. Nuevos perfiles. Búsqueda activa. Contactos. Obras en mente. Conciertos. Red de seguridad familiar. Alguna serie (abandonada por rollazo). Un par de pelis (que me distraen, sí. Comedias o romances, confieso. Descarto dramas y terror y violencia, siempre).

He encargado la revolución solar personalizada a mi astrólogo de confianza. En unos días en mi buzón.

He puesto a la venta un reloj que me trae demasiados recuerdos.

Me he apuntado a un curso, que espero remueva cimientos.

Empiezo muy bien el 26, como es de ver. Hechos, no palabras

Pero con confianza.

De peores hemos salido. 

Y encima reforzadas...

viernes, 9 de enero de 2026

Tres partes y unas conclusiones...

Primera parte.

Los minutos se van empujando entre sí y de pronto ha pasado un día. Muy lentamente.

Si ayer hacía dos y medio, hoy hará tres y medio. Cuando me acueste.

Me refiero al silencio y a la distancia. 

A esas brechas.

También al vacío que deja alguien cuando se va de tu vida. Sin peinetas. Discretamente y de acuerdo contigo.

Pienso en voz baja aún estando sola y me animo tímidamente, porque soy de las de la copa medio vacía. Nada de grandes alegrías.

Ni siquiera por todo aquello de lo que debería sentirme profundamente agradecida. Pero, ¿quién dice que no lo estoy?

Lo estoy.

Sé que soy afortunada, por tantas cosas, experiencias, lugares y personas.

Que pasen veintipico días, por favor. Con eso ahora mismo me conformo. Aunque en parte sienta que pierdo esos días, que los desaprovecho.

Porque es cierto lo que dijo mi amiga Carmen: estamos en tiempo de descuento, vamos a contra reloj, de bajada, claro.

Os prometo que ese detalle lo cambia todo. Porque no hay tiempo que perder, porque nos arrepentiremos de lo que sí y de lo que no hicimos en su momento.

Entiendo que la gente más joven no lo entienda, porque no toca, todavía. Pero a las de mi quinta, sí. Fuertemente, nos toca.

Parte dos.

No me encuentro bien y el fin de semana se me echa encima. Faringitis vírica, debe ser. Las defensas que destruyen los disgustos no creo que sean esta vez. Virus. Solo virus.

Ganas de esconderme en casa, abrigada por una calefacción que funciona, perdiendo el tiempo, leyendo, haciendo ejercicios, pensando y apagando el móvil.

Parte tres. La de los propósitos.

Hoy mismo tengo una cita para ver si hay una nueva actividad a la que pueda dedicarme. Conocer gente nueva y eso. Puede salir bien o no. Veremos.

Estoy en conversaciones por temas inmobiliarios. Sería un gran cambio de vida. De nuevo. Y un cambio de etapa. Quizá ahora sea lo prioritario...

No estoy en forma estos días, aunque sí lo estaba hace un par de semana esquiando. Esquiar en grupo es de las cosas más divertidas que hay. En serio. 

Buen tiempo, sol, el frío normal de la montaña en enero (nada de olas de frío polar), nieve recién caída, cañones en marcha, risas y gente querida.

Ganas de poder correr sin que la garganta se anestesie por el frío pelón y el aire congelado que debería entrar por la nariz. Muchas ganas de retomar eso, que me ha permitido entrar en la temporada de esquí con unos cuádriceps que lo han aguantado todo. Felicidad máxima. Ha valido la pena.

Conclusiones.

Me aburro. Esta etapa de mi vida, este momento vital me aburre mortalmente...


jueves, 8 de enero de 2026

Malasuertelamía...

No todos tenemos que ser iguales. Yo ya lo sé.

Ni siquiera las mujeres que aman (o quieren amar) a otras mujeres.

Todas tenemos nuestro carácter y nuestros tempos y nuestros procesos.

Eso está claro.

También tenemos otras muchas más cosas.

Calculamos el transcurso de los días de formas distintas, incluso.

Para una es normal desaparecer una semana sin decir ni siquiera que es lo que necesita hacer. Mientras la otra enloquece, da vueltas por su casa como leona herida, pone cara de mastín en perrera pública y siente que padece ghosting y que todo terminó. Duelo.

Son maneras de ver la vida.

De tratar a las personas.

Por poner un ejemplo.

Ahora se le llama responsabilidad emocional.

Por educación, prefiero detestar a los irresponsables, desde siempre.

Me gusta la elegancia, los buenos modales, el saber estar y, especialmente, el saber largarse.

Este cambio de dirección me ha pillado con el paso cambiado y sin esperarlo.

No digo yo que no esté de acuerdo ni que fuera necesario. Imprescindible.

Da pereza, el déjà-vu, francamente.

Pero ni es la primera vez ni probablemente vaya a ser la última.

Así que...

Uno. Perfiles abiertos y tiempo en las redes.

Dos. Tratar de buscar apoyo en mi entramado de soporte.

Tres. Búsqueda de nuevas actividades, que eso me resulta complicado. Maldita zona esta en la que vivo...

Cuatro. Abrigarme, a ver si se me pasan la tos y los mocos. Y se larga el frío glacial ártico.

Cinco. Sofá, manta y pelis. A ver si entro en un paréntesis regenerador, vuelve el buen tiempo y me ilusiono por otras... "cosas".

Mira que estoy en mi mejor momento, oyes. No tengo responsabilidades ni cargas familiares, puedo entrar y salir y no le importa a nadie (acojonante y triste a partes iguales...), eso que llaman libertad económica y tal y tal. Encima le echo ganas al asunto...

Y no encuentro al amor de mi vida, tú.

¿Paciencia o fracaso? Yo ya no sé...

miércoles, 7 de enero de 2026

Los días perdidos...

Ayer mismo, sin ir más lejos, preguntó distraídamente desde cuándo no escribía.

Me limité a responder que hacía tiempo.

Una manera como cualquier otra de decir algo como "anda, escríbeme algo bonito".

Pero las cosas surgen espontáneas, sin forzar. Solamente fluyen (qué verbo tan manido, como "sobre pensar", que todos usan y no dejan de usar).

Y en ese caso yo ya sabía que algo no andaba bien. Aquí dentro, lo notaba.

A corto plazo había sido inmejorable. Unos días relajantes y exquisitos, de necesaria y conveniente convivencia. Estrenando muchas cosas.

Y, sin embargo, no hemos sido capaces de mirar adelante. Peor. Hemos mirado y no vimos nada.

Le dije "mirar hacia atrás produce nostalgia (soy una experta, creedme porque sé de lo que hablo). Mirar hacia adelante provoca ansiedad (este año me he sacado un Máster del Universo en esta asignatura). ¿Por qué no nos limitamos a vivir el momento?".

Sí, claro, por supuesto, es lo que debemos hacer, bla bla bla.

BlaX3.

Como consecuencia, aquí estoy. Empezando el nuevo año, recomenzando, planificando lo que quiero hacer y recuperando una vida en soledad.

Todo muy imprevisto, si soy franca.

Nada fácil, en mi caso. Pero tengo poca conciencia de mi ser, últimamente, y estoy haciendo cosas de las que segurísimo que voy a arrepentirme. Porque el tiempo nunca sobra y en algún momento me reprocharé los meses de indefinición y los días perdidos.

Orden. 

Tengo que poner orden. 

Quizá este sea mi máximo proyecto para 2026...


miércoles, 10 de diciembre de 2025

Ni título encuentro...

Parece que empezaré el nuevo curso profesional muy lejos y en un verano. Y mira, no me parece del todo mal.

Las Navidades serán blancas y familiares, después de las fechas señaladas, que también serán con los míos.

Y me acabo de dar cuenta de que de cara a finales de enero tengo que estar aquí sí o también. Debo y quiero.

He recuperado el hábito de leer. 

Me estoy quitando de estar pegada al teléfono, esperando, haciendo scroll down y perdiendo el tiempo.

Intento simplificarme la vida. Y vivir en orden.

Tengo que empezar con las invitaciones a casa para inaugurar oficialmente.

Soy muy mala anfitriona. Sin vergüenza lo digo.

Ayer di una clase. Se me hizo largo y me aburrí. Igual lo dejo.

Aunque no sea adecuado pensar eso ni el momento perfecto para tomar decisiones. Lo sé. 

No creo que se me pueda pedir nada más, en estos momentos.

Vacunaos. Las gripes ahora son chungas, que me lo han contado...

viernes, 5 de diciembre de 2025

Consejos que nadie pide...

Voy un poco al revés desde que en uno de los grandes viajes que hice con una pareja de largo recorrido, hace muchas vidas, conocimos a un matrimonio italiano. Preciosos, los dos.

Lo que aprendí para perseguir veranos tranquilos fue eso: a ir al revés.

En verano al norte o al sur, pero donde haga frío.

Eso sí: en invierno, de manera innegociable, al otro hemisferio donde sea verano. A playas turquesas.

Me pareció un aprendizaje estupendo, aunque lo he practicado poco y menos de lo que me hubiera gustado. A veces he encontrado oposición. Otras, inmovilismo. Alguna vez indiferencia.

Al final de todos los finales, el mundo no es tan grande: por las guerras, el calor, los huracanes, monzones y otros etcéteras relacionados con inseguridades varias y religiones imposibles. Y lo que ya has visto y no quieres repetir ni enajenada.

Lo digo de verdad, aunque no lo parezca.

Pero este no es un blog de viajes, ya lo sé.

Ni de penas y lágrimas, aunque lo parezca.

Todo esto, hasta aquí, para decir que me apetece pasear por la playa, caminar descalza sobre la arena, quizá trotar un poco, comer bien, socializar, improvisar. Sé que está haciendo mucho frío. Lo sé.

Me repito como un mantra que necesito estabilidad, tranquilidad y paz. Reír. Sentirme parte. Querida.

La semana próxima igual hay algún cambio menor de tipo profesional que podría hacerme ilusión. A ver qué tal va mi reunión. 

Y doy clase de lo mío, cosa que suele ser interesante porque los alumnos son jovencísimos y te miran con unas caritas desde ahí abajo, que les daría cien consejos que no puedo darles.

No te fíes de nadie. Nunca.

Ni lo que se siente sólido resiste...

Al paso del tiempo, a nuestros propios cambios...

viernes, 28 de noviembre de 2025

De futuros hermosos...

A estas alturas de la vida estaremos de acuerdo que en una vivimos muchas, ¿a que sí?

Son como bloques, a veces difíciles de detectar. Cuando empiezan y cuando acaban, quiero decir.

Luego, con perspectiva temporal, todo está más claro.

La etapa infantil, la del cole, el noviazgo, universidad, cada trabajo, maternidad de descendientes pequeños. Y así.

Una vez me hice adulta, voy cerrando por parejas/personas, que me protagonizaron.

Alguno de los bloques es precioso de rememorar. Otros son un asco verdadero. De preguntarte aquello de "por favor, ¿cómo no me di cuenta de que era una víbora?" como quien se pregunta viendo una foto antigua "¿por qué nadie me avisó que ese peinado me quedaba de pena?".

Eran modas.

Pero las parejas no.

Las eliges como puedes, pensando siempre que es la definitiva, que va a ser precioso, que es un ser de luz maravilloso y que qué bonito, todo.

Luego, antes o después, la cosa se va desgastando y surge la temida rutina, se deja de hablar, se entra en crisis. A veces.

Sigo creyendo que no siempre, que hay esperanza, que queda futuro y que es hermoso.

Tengo ilusiones, todavía. Y ganas de hacer cosas. Muchas. Me siento mucho más fuerte aunque sé de la fragilidad de las etapas, bloques, vidas. Todo puede cambiar en un milisegundo...

jueves, 13 de noviembre de 2025

Y sigo pensando en ti...

Escucho en bucle Nostalgy de Martin Bloch mientras escribo lo que va a seguir, sin guión previo. Solo una idea en mente.

Lo digo porque condiciona un poco. Y porque el tipo me encanta y os lo recomiendo para momentos de quietud y reserva. Y de soledad. Que es un sentimiento, una condición y una sensación.

Si digo tonterías me paráis y me sacáis del modo automático, embobada frente a la pantalla, sin mirar el teclado. Luego sale lo que sale...


Esta mañana he pensado en ti. Al abrir los ojos cuando sonó la alarma, al estirar el brazo izquierdo para sacar el teléfono del modo avión y ponerme al día.

He buscado alguna señal tuya. Y la he encontrado, así que se me ha escapado una media sonrisa, tumbada boca arriba, desperezándome, planeando el día y qué hacer para recuperar las ganas de hacer algo.

Me levanté demasiado deprisa de la cama y me dio vueltas la cabeza. No estoy tan bien como pensaba y sigo arrastrando algo que no tiene nombre, aunque puede parecer vírico, un golpe de frío, no sé. Me he apoyado en la pared con las palmas de la mano abiertas y la cabeza baja. 

Viviendo sola debería ser más cuidadosa porque es la segunda vez que me pasa. Y que si me desvanecía y me hacía daño no sé cómo ni quién se habría dado cuenta, ni cuándo...

Unos segundos más, todo pasó, me fui al cuarto de baño y decidí ducharme antes de desayunar, para alargar un poco el ayuno, como haces tú y te sienta tan bien. Tampoco tenía hambre, en realidad.

Mientras estaba sintiendo cómo resbalaba el agua caliente desde mi cabeza hasta los pies, recordé que nunca nos duchamos juntas en esa ducha como me hubiera gustado. Enjabonada y mirando las gotas de agua dibujando caprichos en el cristal de la mampara.

He visualizado tu cuerpo desnudo y cómo te enjabonaría la espalda y todo lo demás: despacio, consciente, con todos los sentidos apagados excepto el del tacto, potenciado. Tu vello erizado, tu cabeza hacia atrás, tus brazos abiertos en cruz, sujetándote para no perder el equilibrio.

Chorro frío.

He pensado en ti mientras hacía mi primer café. Poniendo el agua. Añadiendo los granos con una mano mientras sujetaba la máquina como podía. También me he acordado de que tomas varios seguidos, sin azúcar, y que te gustan mis vasos para no quemarte los dedos.

Al salir de casa he recordado que tenía que cambiar de llavero urgentemente. Pero había unas cajas (que ya no están) que impedían abrir el armario donde lo guardé para no verlo. Corazón que no siente.

He cruzado la calle viendo el lugar donde aparcaste el coche el último día que me visitaste. Agua condensada en la luna delantera y figuras divertidas. Arranqué silenciosamente y con la mirada perdida, pensando en nosotras y en que muero por viajar contigo, irnos lo más lejos posible de todo, de todos, de la vida que llevamos... Y construirnos juntas.

Me he sentado a la mesa del despacho. 

Ausente, apática y apátrida, sin ti...


Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Number of online users in last 3 minutes Number of online users in last 3 minutes