¿Os ha pasado alguna vez que solo tenéis ganas de marcharos?
¿Que no pensáis en otra cosa que en pensar en algo? Ni siquiera en alguien...
A mi se me están pasando las ganas de todo.
Y ya no me queda paciencia para seguir esperando.
Al amor de mi vida, a divertirme, hacer algo distinto, poder compartir, hablar y acariciar mientras hablamos, que llegue un golpe de alegría, a volver a morir de la risa...
Empiezo a mirar con envidia a las parejas que están bien entre ellas. No hay tantas, a mi alrededor. Pero las pocas que hay me dan un poco de rabia, la verdad. Aunque las quiera mucho. Que una cosa no quita a la otra.
No puedo pensar más que en largarme a la montaña y aislarme. Ordenar. Que no quede ni rastro del alma de nadie, ahí. NI los recuerdos. Quiero borrarlo todo, dejarlo impecable, ponerme a rascar y restaurar cosas de madera (como un banco de carpintero, un par de puertas nuevas...), buscar el lugar de cada cosa, sentarme en silencio a observar los paisajes, volver a salir a trotar.
Seguramente tengo la dopamina y todas esas cosas por los suelos, como el año pasado. Y hacer ejercicio es lo único que me sienta bien.
Quiero disfrutar del lugar y no tener que estar por nadie. Bueno, aunque quisiera estar por alguien lo tendría mal. Terriblemente.
Me gusta confiar que eso me ayudaría a mejorar un poco, ahora que mi vida no tiene ni una sola pata...