Mi descendiente femenina ha encontrado un lugar en el mundo dónde poner el nido para su próxima etapa vital.
Eso es bueno y bonito.
Cuando salga del notario y todo esté en orden, hablamos.
Ella y su él son tan monos que me están pidiendo que me vaya con ellos.
No entienden que, en el mejor de los casos, me quedan 2 años y medio.
Solo le ven ventajas.
Pero yo, que soy súper lista, sé que los jóvenes quieren su lugar.
Y que no pinto nada. Así que me he estado haciendo la remolona.
Peeeeero...
Ayer encajaron solitas todas las piezas.
Y ya tengo presupuestos para construir una casa de esas geológica y ecológicamente maravillosas, según mis necesidades y dineros y en unos cinco meses (vale, pongamos 6, u ocho...).
Teniendo en cuenta que no hay cosas ni casas que me gusten en el mundo en general, ayer me pareció una solución estupenda.
Mi frase es "la casa perfecta no existe".
Pero igual me la puedo inventar.
Son eficientes, eliges los materiales. En mi caso, domótica y medidas de seguridad son muy imprescindibles, que no quiero pasar miedo.
De hecho, me visualizo cuidando la piscina, el jardín (la parcela es más grande de lo habitual, de saque) y con un perro a mi lado. Alguno de esos móviles que se balancean con la brisa, una chimenea y un porche acogedor.
Como no me ladra nadie, pues ya estaría solucionado lo de mi soltería, digamos. Lo digo por el perro.
Y, fíjate, que desde anoche estoy visualizando planos, orientaciones, materiales exteriores, interiores, parking (¿sí o no?) y presupuestos, claro.
Antes de todo eso habría que solucionar un par de asuntos (uno familiar y el otro la venta de mi paraíso prepirenaico), pero hay tiempo. No tengo ninguna prisa.
A ver si me llama el API de la parejita, coño. ¡Que les avisé anoche y todavía no me ha dicho nada!
#Ansiasqueesuna