Este curso se me está haciendo bola.
Por muchas cosas.
Y eso que recién comienza.
Para empezar, cuestiono hasta el hecho de venir aquí a gritar que me siento sola, por ejemplo.
¿Cuántas veces lo habré dicho desde que empecé con el blog? ¿Cuántas veces debí decirlo en mis anteriores blogs, hoy desaparecidos como hundido está el Titanic?
¿Qué gracia tiene quejarme y despelotarme en abierto?
Supongo que el hecho de desahogarme y no tener ninguna vergüenza.
Hasta hace nada la herramienta servía. Sí.
Hoy, que estoy cabreada, pienso que es totalmente inútil. Seguramente cambiaré de opinión, ya. Veremos.
Solo quiero enamorarme de alguien a quien admire públicamente, construir una vida feliz y decidir que mis últimos 20 años los pasaremos en un pequeño paraíso cerca del mar, viajando de vez en cuando y con tareas que nos hagan sentir bien.
Yo quiero cuidar un jardín y tener una piscina impecable, por ejemplo. Como viajes pendientes pondría Alaska, Nueva Zelanda, Islas Cook, Patagonia, Uyuni, Nordics.
Pero nada. No sale. Soy incapaz de encontrar mi partner in crime. Y me estoy desesperando, porque el proyecto me interesa mucho, pero hacerlo sola no. Nada, de hecho.
Estoy mega preparada para la ocasión porque he pasado todas las fases de mierda que hay que pasar para estar bien a solas.
Lo juro. Las he pasado, con nota. Pero sigo estando mal sola.
Eso no cambiará en la vida. Es congénito. Viene de mi infancia, que éramos muchísima gente y lo que costaba era encontrar una habitación vacía en la que jugar.
Por favor, siguiente pantalla, etapa, fase, vida, loquesea que tenga que llegar. Que empiece ya.
Se me está acabando la paciencia que he ido aprendiendo este último año y medio con una magnífica maestra que me ha hecho sufrir lo que nunca podré acabar de escribir.