Han sido tres días completos, conmigo. Y con nadie más.
Quizá en alguno ni siquiera he cruzado palabra con un ser humano. No hablo con dolor. Es un hecho, nada más.
He hecho kilómetros a base de piernas, que están estupendas, pensando en mis tres o cuatro días de esquí de la próxima temporada.
He vuelto a mi verano pasado: estrella de mar tumbada al sol y desnuda, vuelta y vuelta. Luego salir a quemar lo poco que comía. Naturaleza, senderos nuevos, paisajes y puesta de sol, larga, diferente a la del mes de agosto.
Esa casa me protege, da sensación de seguridad, aunque en realidad no haya mucha.
El espacio de la era es inexplicable, una vez convertido en lo que visualicé cuando todo eran matorrales. Aqui va esto. Allí irá lo otro. Lo tuve clarísimo incluso sin que se pudiera ver nada.
Y seguí mi hoja de ruta, entre protestas y enfados. Lo que me dio la gana.
Y ahora, cuando lo miro, quizá cambiaría un par de cosas, pero le pongo un 9,25. Y de eso da fe que, cuando cierro tras de mí la puerta corredera de maderas recicladas, me cuesta horrores salir de ahí.
Me bañé los 3 días, lentamente, en un agua fría de 10 grados. Se estaba genial flotando sin prisas. Al final sentí que podía ser el último baño, si todo se precipita antes de la próxima primavera...
Saldrán otros proyectos...
¿Serán compartidos con el amor de mi vida...? :)