Las montañas rusas emocionales te dejan tiempo libre. Y yo suelo usarlo para huir de mi entorno habitual y esconderme. Últimamente en lo que vendría a ser mi refugio personal en la montaña.
No me queda taaaan lejos, a pesar de estar en otra comunidad autónoma. Me permite conducir por carreteras que tienen de todo un poco: autopista, autovía, nacional y preciosa comarcal en medio de la nada y de nadie. La parte más divertida.
Este fin de semana tenía que revisar los daños del viento. Se voló una mosquitera de ventana y se destruyó una de puerta. Poco me parece y tengo repuesto de las dos, así que...
No he encendido la chimenea a pesar de que la casa estaba muy fría. De esa época en la que se está mejor fuera que dentro de los muros de piedra de un metro de ancho.
La terraza de invierno ha sido el lugar perfecto para leer, hacerme las manos, tumbarme al sol desnuda, escuchar los animales y pensar, sobrevolada por aves rapaces más grandes que un coche.
Salí los dos días a caminar y trotar, como durante la primavera y el verano pasados. Cada día, bastantes kilómetros metida en la naturaleza entre senderos, mirando al suelo a cada paso para no tener una torcedura dramática. Todo bien, gracias.
También encontré el rato para conocer a Alan Watts y escuchar sus teorías y reflexiones.
Y de ver Brokeback mountain con años de retraso. Me resistí a verla cuando tocaba, pero ayer lloré con el final, volvería a verla otra vez, me sentí identificada a ratos y me hizo pensar, por supuesto.
Si mañana me pasa algo irreversible, ¿cómo os enteraríais?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!