Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 23 de junio de 2026

¿Alguien da más...?

No es privilegiada ni mucho menos. Pero hace días que mi mente va a cien mil por hora.

A mi las incertidumbres nunca me han gustado. Soy más de tomar decisiones sin entretenerme. Y seguramente también soy de equivocarme.

Pero cuando todo está entrelazado, sin querer ni poder evitarlo, me molesta mucho.

Lo del trabajo me inquieta profundamente.

Sé que suena patético. Pero sin él no soy nadie.

Eso nos pasa a las que nos hemos dedicado bastante a distraernos con el curro de las cosas verdaderamente importantes, como es vivir.

La verdad es que con el trabajo tampoco soy nadie. No os vayáis a pensar.

El tema importante de verdad es que no puedo más. Me he desconectado emocionalmente de todo y de todos.

Y de mi trabajo ahora depende mi domicilio y mi casa, que compré pensando en que es provisional y hasta que se acabara mi vinculación con este territorio.

Así es que si cae el curro, cae la casa. Me quedo sin domicilio cercano a la ciudad. Me iría unos meses a la montaña, hasta la llegada del frío, claro. ¿Y después?

Vender cosas, buscar otros lugares, no sé.

¿En qué me ocupo? ¿cómo hago para seguir cotizando si nadie me va a contratar? ¿qué puedo hacer para tener ingresos?

Y a todo esto, sin nadie que me acompañe...

lunes, 22 de junio de 2026

Desde el jueves...

Desde el jueves pasado he trabajado más de 40 horas, excluyendo las laborales del propio jueves y del viernes.

He movido muebles, cargado cajas, abierto botellas hasta llagarme las manos, sonreído y hablado mucho. Especialmente, he hecho muchos pasos.

Será cierto que soy una solitaria.

También he dormido poco, no reapareció la chica tímida. Pero regresó Ella, después de sus habituales desconexiones conmigo, un poco como si nada hubiera pasado. Al teléfono.

Es de locas, lo sé.

Estoy físicamente agotada, sin exagerar. La ola de calor mucho no ayudó, estos días.

Pero el balance ha sido satisfactorio, momentos muy grandes de piel de gallina, el equipo unido, sonriente y de buen humor.

Estoy contenta.

Pero sentarme otra vez a la mesa del despacho, frente al ordenador, intentando concentrarme, no está funcionando.

Quiero irme. No es una pataleta de niña mimada, que es lo que fui. Es un ciclo terminado, con todas las incertidumbres del ciclo que debe empezar. Todos los miedos, claro.

Muchas cosas en el aire, como siempre. Que me clavan al momento y al lugar. Siempre a la espera de.

De que se produzca la resolución del conflicto familiar, de que se solucione mi momentum profesional actual, de que ella se decida y podamos tener una relación eterna y feliz, de que nos desenfademos en la familia, de que...

Como si nada dependiera de mi. O como si no quisiera ver que hay cosas que sí dependen de mí y podrían incluso mejorar.

Todo en solfa, a la vez. Nada sólido. Mi paciencia resquebrajada.

No sé si podré aguantar indefinidamente en este sinvivir, la verdad...

He soñado un sueño dramático esta noche. De esos en los que el sufrimiento es real y traspasa todas las capas cerebrales hasta hacerte llorar, sufrir, plantearte la vida, el mundo, valorar el amor (todavía más)...

Y también ha sido un sueño bonito, sí...

¿Cómo avanzo sin saber hacia dónde tendré que seguir?

¿La respuesta estará en el silencio de la soledad...?

viernes, 19 de junio de 2026

Una tarde noche de verano mágica...

Lo cuento porque es una de las cosas más bonitas que me ha pasado últimamente, ahora que llevo una vidorra súper divertida...

Anoche volvimos a organizar uno de esos conciertos que aúnan voces preciosas y poco conocidas con gente que interactúa y baila con una copa de cava en la mano y en un entorno verde y fresco, enmarcado en una encantadora puesta de sol.

Seguramente las cinco copas que entraban con el evento, generosamente llenas, ayudaron a que la gente se soltara y se sintiera como en casa. Se notó.

No es fácil darle alma a un acto como hay tantos en mi entorno profesional. Pero el equipo le puso ganas, risas, cercanía y presencia.

Vino el único grupo de amigos/conocidos que tengo por aquí. Contentos i felices, cada cual con su historia personal que compartió con el resto.

Es importante para mi, más de lo que parece, que estuvieran...

Hoy seguimos. Y mañana y pasado.

Cuatro días, cada tarde noche. No es un tardeo, que conste. Son conciertos con cava. Es distinto.

Y mis lumbares, después del primer día, están petadas, de tanto tiempo de pie, cargando pesos y caminando.

No es una queja. Al menos me distraigo. Además de caminar horrores por el espacio, que es muy amplio. Y de pasar calor hasta que empieza y entra la marinada o la brisa marina, que tampoco está lejos, el Mediterráneo.

Ayer conocí a alguien. Alguien que llegó nerviosísima, avergonzadísima y muy tímida. Que me apartaba la mirada. No entendía nada hasta que alguien pronunció su nombre. Y até cabos.

La pillé mirando mientras yo estaba entretenida sirviendo copas, atendiendo a la gente, observando que todo estuviera bien y los asistentes se sintieran cuidados. 

También la pillé yendo al baño un par de veces más de lo normal, pasando frente donde yo estaba. Y mirándome de reojo.

Y bajando la mirada cuando yo intentaba integrarla en la conversación del grupo, sentados en círculo alrededor de una mesa, luz tenue, bombillas verbeneras y ocaso.

Los catalanes hacemos cosas y ya se sabe que cuando nos juntamos nos ponemos en círculo y bailamos sardanas o levantamos castillos humanos. Pero ayer solamente nos hacíamos compañía, desconectábamos de nuestras cosas y compartíamos tiempo y unas copas. Debemos ser la excepción a esa catalanidad malentendida.

Yo no sé cuándo volveré a verla. Pero me temo que volveré a verla pronto. Y sé que juega muy bien al pádel. Y que vive en la playa, a 15 minutos de mi casa. Y que está disponible, empezando una nueva vida en una ciudad nueva, como yo misma.

Todas sabemos que seguiré informando, ¿verdad? :)

jueves, 18 de junio de 2026

Hablo de la felicidad...

Me consta que hay quien a veces mira las vías del metro y siente que pronuncian su nombre.

Las rachas de mala suerte, que el orden mundial se haya reorganizado desde 2020 y que, como pronosticaron los astrólogos, sobreviviría lo que tuviera que continuar y todo lo demás caería. Somos esa consecuencia.

En mi caso, después de la experiencia espantosa y del "vamosamorirtodos", cerré un negocio en el centro de la ciudad que era de la compañía y que funcionaba mal. 

Dejé una súper oficina al lado de mi casa, que se quedó sin alma. Y como la interiorista y yo la habíamos ideado y diseñado para recibir gente y mantener reuniones, tardé dos minutos en sentir que la pandemia se cargaría eso y resolví el arrendamiento. 

Acerté. 

Pero qué pena.

Y después de poner punto y final a una relación divertida de varios años, lo que faltaba, me reinicié. en una nueva casa y con mis descendientes entrando y saliendo por el mundo, preparándonos para la vaciada del nido.

Si hago balance, desde aquel punto pasaron varias relaciones más, hasta ahora. Todas igual de malas. Unas muy breves de menos de un año y otras de casi cuatro.

El mantra, supongo, era "nopuedesquedartesolabajoningúnconcepto". Y me tiraba en brazos (malpensadas) de la primera que reunía por lo menos uno de los requisitos básicos de mi lista.

Hoy sé que esto no basta. Pero sé, mejor que nunca, las hostias que da la soledad. Ese no querer hablar con (casi) nadie. El no marcar ningún número de teléfono, ni subirme al coche para ir a su encuentro.

Escucho a gurús. Leo cosas que hacer reflexionar. Hablo con las personas próximas.

Creo saber lo que se necesita, cómo tienes que prepararte, lo que debes pensar, decretar, etc. y etc.

Pero esto se está alargando demasiado, en serio.

Y sé que el tiempo que pasa, cada día, juega en contra mía. 

Todo eso que dejo de vivir. 

Tanta felicidad que no llega.

La sensación de libertad y el viento en la cara que no sé recuperar.

Se me agota la paciencia y no sé dónde ir a buscarla...

miércoles, 17 de junio de 2026

Bueno, vale, la salud... Soy afortunada. Cierto...

¿Os ha pasado alguna vez que solo tenéis ganas de marcharos?

¿Que no pensáis en otra cosa que en pensar en algo? Ni siquiera en alguien...

A mi se me están pasando las ganas de todo.

Y ya no me queda paciencia para seguir esperando.

Al amor de mi vida, a divertirme, hacer algo distinto, poder compartir, hablar y acariciar mientras hablamos, que llegue un golpe de alegría, a volver a morir de la risa...

Empiezo a mirar con envidia a las parejas que están bien entre ellas. No hay tantas, a mi alrededor. Pero las pocas que hay me dan un poco de rabia, la verdad. Aunque las quiera mucho. Que una cosa no quita a la otra.

No puedo pensar más que en largarme a la montaña y aislarme. Ordenar. Que no quede ni rastro del alma de nadie, ahí. NI los recuerdos. Quiero borrarlo todo, dejarlo impecable, ponerme a rascar y restaurar cosas de madera (como un banco de carpintero, un par de puertas nuevas...), buscar el lugar de cada cosa, sentarme en silencio a observar los paisajes, volver a salir a trotar.

Seguramente tengo la dopamina y todas esas cosas por los suelos, como el año pasado. Y hacer ejercicio es lo único que me sienta bien.

Quiero disfrutar del lugar y no tener que estar por nadie. Bueno, aunque quisiera estar por alguien lo tendría mal. Terriblemente.

Me gusta confiar que eso me ayudaría a mejorar un poco, ahora que mi vida no tiene ni una sola pata...


jueves, 11 de junio de 2026

Una cafetera de cápsulas...

Iba a hacerme un café en el despacho. La máquina es para mi. Quiero decir que nadie más la usa.

Se ha encallado el soporte de la cápsula. Acababan de limpiarla a fondo, hace unos días.

Tengo que adelantar que el café de aquí es muy malo. Pero mucho. Así que me compro el mío, al gusto. Capsulas de capuccino, con leche en polvo. Truco para no tener que añadir azúcar ni edulcorantes mortales. De nada.

Una intuición, quizá. Mirar el soporte de la cápsula. 

Algunas larvas. Unas vivas, otras no. Pero ahí incrustadas.

He estado tomando infusiones de bichos, estos días, por lo menos.

Todavía tengo el vello de los brazos de punta.

Sin dramas, pero pocas cosas me dan más asco.

Aunque lo peor es repasar mentalmente en qué lugares pido café. Porque los conductos interiores por donde circula el líquido nadie los limpia. Son inaccesibles, inalcanzables (como algunas mujeres...).

La superautomática de mi casa estará igual, me pregunto. ¿Las de la montaña? ¿Y las del bar dónde pido chai latte y capuccinos y solos con hielo?

Mira, qué asco asqueroso, de verdad.

Agua con gas y rodaja de limón, a partir de ahora... O descafeinado de sobre...

miércoles, 10 de junio de 2026

Apología de la amistad y otras declaraciones de amor...

El grupo de las de pádel ha cancelado el partido del jueves.

No fuera que el cosmos mandara algo a mi vida para que me lo pasara bien, tal y como están las cosas.

Modo irónico off.

Anoche recibí en casa a unos compañeros y, sin embargo, amigos.

A mi no me gusta nada recibir. Excepto si son personas de confianza que se mueven cómodamente en el espacio.

Tampoco me gusta cocinar para los demás, en estos momentos de la vida.

Abro la nevera. Selecciono algo de verdura o legumbre o con fibra. Luego busco algo de proteína, de cualquier tipo.

Evito la fruta a partir de la tarde, pero a veces caigo. Por la mañana suelo tomar una pieza o más, siempre sin mezclar frutas.

¿Os importa, mi dieta? Deduzco que no.

Pero es una distracción para mí misma, cuando estoy apagada.

He decidido que no quiero tener más acidez. Los efectos secundarios de la medicación son terribles.

Estoy harta de somatizar.

En realidad, lo que quiero hacer es huir. No enfrentarme a nada ni a nadie. Largarme.

Este fin de semana subo a la montaña con amigas. Unas cuantas. Es con la excusa de celebrar mi cumple, pero para mi es como inaugurar el verano, cada año.

Todo está bastante a punto. La casa, la era, el agua. Los espacios.

Estrenaré una hamaca doble con soporte. Una tontería que me hace un poco de ilusión.

Nótese que es doble. Yo, que estoy sola, ¿para qué quiero una hamaca doble?

Incongruencias mías...

También está en camino una mesa de exterior, que creo cambiará un poco la terraza. Siempre tuve oposición para cambiar la que me encontré ahí. Y por no discutir...

Han pasado operarios, estos días. Creo que esos detalles que me ponen tan nerviosa estarán solucionados.

A veces, hay que reconocer nuestras propias limitaciones para hacer según qué cosas. Y yo solita hay muchas que no puedo hacer: hay que subir a las alturas, hay que construir una puerta rústica, hay que colgar cosas, cargar con pesos...

Procuro ser autónoma tanto como me es posible, pero lidio con una recomendación médica: "con tu espalda no deberías levantar ni una bolsa de arroz".

Y luego nos meten por la boca que tenemos que hacer ejercicios de fuerza...

Locura.

Acabo diciendo que el fin de semana me apetece. Que también me apetecería quedarme encerrada en ese pueblo unos 15 días para resetear.

¿A vosotras os pasa que os sentís de bajón, en pleno burn out, queréis desaparecer y os molesta la gente?

A mí sí...

Aunque compartir anoche las tristezas con los amigos fue muy reparador. A pesar de beber vino y comer cosas que no hubiera debido, no he tenido molestias digestivas. Así que doy fe de que los amigos curan...

martes, 9 de junio de 2026

La irresponsabilidad afectiva...

Es gracioso sentir la presión de la campaña a favor de comer proteínas, ¿no os parece?

Sigo dándole vueltas a qué lobby está detrás.

Pero "proteína" en realidad engloba muchos lobbies: huevos, cerdo, ternera, pollo, etc. y etc.

No me los imagino a todos sentados a una mesa y poniéndose de acuerdo en cómo presionar juntos a los influenciadores, a grupos mediáticos y a todo quien se considere influenciable. O frágil. Que somos cientos de millones, por cierto.

En mi caso puedo decir que hay sillas que sobreviven de pie sin ninguna de sus cuatro patas.

¿Sabéis aquello de que amor, trabajo, salud y familia son las bases de una vida feliz?

¿Os ha llegado el mensaje de que no hay nada mejor en esta vida que llegar a casa y encontrar un hogar lleno de amor?

Alguien no se ha dado cuenta de que a las singles contrariadas (es decir, las que no queremos estarlo) ese mensaje nos llega al alma. 

¿Os acordáis de Aladdin y su alfombra voladora? pues esa soy yo sentada en mi silla: nada por debajo, ni una sola pata.

Y aquí seguimos, chicas. 

La vida malentendida en la que el objetivo es la felicidad eterna era mentira. 

No persigáis quimeras, ni fantasmas, ni personas que no se merecen ser perseguidas, ni tu compañía, ni tu interés, ni tu tiempo, ni tus gotas de afecto...

Que es un engaño.

miércoles, 3 de junio de 2026

Me faltan vitaminas...

No fueron muy malas, las explicaciones de la doctora.

Las mujeres, en general, solemos ser sufridas y aguantamos bien el dolor y las molestias. A veces, hasta las integramos, las interiorizamos y pasan a formar parte de nosotras mismas.

A su pregunta de si estaba mejor, mi respuesta de que nunca estuve del todo mal.

Que yo solo fui a visitarme porque la que lo pasa mal de verdad es mi descendiente femenina y eso, todo lo autoinmune, suele ser hereditario.

Y yo sin saberlo. Y horrorizada al confirmar que sí: eso también es "culpa" mía.

Como mis variados motivos de infertilidad.

Ya. Eso no se elije, ¿verdad?

Pero se reprocha. Como hay Dios, lo sé...

Volviendo al lío: al hacer los tratamientos que me pautó la doctora rubia, hay mejora. No la noto, no. Pero siempre hace ilusión escuchar eso.

Dice que las cremas van mucho mejor de lo que nos pensamos...

Y también me pidió ser modelo. No me había pasado antes. 

Modelo ginecológica. ¿Qué os parece?

Pues eso. Y dije que sí, para sentirme útil a la comunidad médica, a otras pacientes.

Entré en la ciudad, observé, intenté quedar con quienes me apetecía y no pudo ser, así que salí disparada hacia mi casa.

Dos recomendaciones que ayer me fueron útiles: acabar la serie La dama del armiño y empezar la de Rafa. Un publireportaje en el que se le ve bastante real. Un punto cercano y otro punto (más grande) soberbio y egoico.

Y así están las cosas esta mañana por aquí. Después de dormir plácidamente pero de despertarme con un agotamiento inusual, de meterme en la cama. Raro. 

Tengo déficit de tantas cosas que ya...

martes, 2 de junio de 2026

¿Cuántas veces tengo que repetírmelo...?

Esta tarde me abriré de piernas para una mujer jóven y rubia.

Se hará el silencio.

Luego, dará explicaciones. Esperemos que no sean muy malas.

Con eso ya me conformaría...

Iba a escribir sobre algo y se me ha ido de la cabeza. Pero sé que tenía que venir a sacarlo. Ese hecho me ha ayudado mucho, siempre. Escribir.

Y el otro día leí que tiene base científica, esta pseudo terapia particular mía.

La verdad es que me estoy empezando a hartar de esta etapa barra situación barra época espantosa.

Y que ya me ha venido lo que necesitaba sacar.

El destino es muy cachondo y no puedo entender que ahora que estoy en no sé cuántas plataformas, libre, sin engañar a nadie, no haya ningún alma cándida que se cruce en mis chats... Y eso que ya han pasado algunos meses...

No es que sea la última cocacola ni nada de eso. Es que por cuestiones de estadística pura, alguien debería haberme entrado.

Y yo, que me conozco, pues hubiera empezado a tejer un algo, que va instalándose un poquito cada día, de manera silenciosa, hasta que de pronto te das cuenta de que es alguien para ti, que es importante, de quien ya no quieres prescindir.

Porque hace tus días más bonitos.

Pero no.

El cosmos tiene otra cosa pensada para mi. Según parece.

Y mientras tanto yo sigo enganchada a algo que no debe ser, que no puede ser, que no quiero que sea. 

Que ya está. Que ya pasó. Que dejó de ser nuestro momento... Que no me conviene. Que hace que me sienta muy mal. Que no me aporta nada bueno.

Que no puede ser y que además es imposible...

Pues venga, a repetirlo como un mantra para que me quede claro de una vez por todas...


lunes, 1 de junio de 2026

Estás en tus manos...

Estoy aprendiendo a navegar. En sentido figurado.

Y estoy mareada. No veo puerto. Rodeada de mar azul oscuro y olas de muchos metros.

Voy en un velero pequeño, sin quilla ni mástil, a merced de la corriente.

Es desesperante, la sensación. Imposible dormir, orientarse, comer.

Y sola, claro. Nadie me acompaña en esta travesía.

Al revés. Es como si esa acompañante me tirara hacia abajo, intentando hundirme. 

Nada de dar la mano, hacer aguadillas de esas de desternillarse de risa, haciendo pie, con alguien piadoso.

No. Me ve en las circunstancias descritas y se da la vuelta para seguir su camino.

Seguramente ella piensa lo mismo que pienso yo y espera que aparezca para salvarla.

De los estoicos se aprenden muchas cosas.

Una de ellas es que no he nacido para salvar a nadie. También es cierto que nadie ha nacido para salvarme a mi.

Y que la única ayuda que vas a conseguir en la vida se encuentra al final de tu brazo...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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