No fueron muy malas, las explicaciones de la doctora.
Las mujeres, en general, solemos ser sufridas y aguantamos bien el dolor y las molestias. A veces, hasta las integramos, las interiorizamos y pasan a formar parte de nosotras mismas.
A su pregunta de si estaba mejor, mi respuesta de que nunca estuve del todo mal.
Que yo solo fui a visitarme porque la que lo pasa mal de verdad es mi descendiente femenina y eso, todo lo autoinmune, suele ser hereditario.
Y yo sin saberlo. Y horrorizada al confirmar que sí: eso también es "culpa" mía.
Como mis variados motivos de infertilidad.
Ya. Eso no se elije, ¿verdad?
Pero se reprocha. Como hay Dios, lo sé...
Volviendo al lío: al hacer los tratamientos que me pautó la doctora rubia, hay mejora. No la noto, no. Pero siempre hace ilusión escuchar eso.
Dice que las cremas van mucho mejor de lo que nos pensamos...
Y también me pidió ser modelo. No me había pasado antes.
Modelo ginecológica. ¿Qué os parece?
Pues eso. Y dije que sí, para sentirme útil a la comunidad médica, a otras pacientes.
Entré en la ciudad, observé, intenté quedar con quienes me apetecía y no pudo ser, así que salí disparada hacia mi casa.
Dos recomendaciones que ayer me fueron útiles: acabar la serie La dama del armiño y empezar la de Rafa. Un publireportaje en el que se le ve bastante real. Un punto cercano y otro punto (más grande) soberbio y egoico.
Y así están las cosas esta mañana por aquí. Después de dormir plácidamente pero de despertarme con un agotamiento inusual, de meterme en la cama. Raro.
Tengo déficit de tantas cosas que ya...
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