Fíjate que, por aburrimiento, cuando me preguntan qué tal estoy, miento y digo que bien.
Lo agradezco abiertamente.
Hay quien no me cree. Son los que me conocen bien.
Qué pereza entrar en detalle, volver a revisar mi situación con ellos, cada una de las mierdas que se mueven cada día y con las que lidio.
Sé que no son cosas graves de salud. Que eso sí sería chungo. Pero deja que me queje, hombre.
Es lo único que tengo: el derecho a la pataleta, que ya no me consiente nadie. Con lo que me gustaría volver a sentirme mimada...
Cuando tienes media vida en el aire, dependiendo de la otra media o de cosas sobre las que no tienes ninguna influencia, la cosa se complica y te enfocas mal en el día a día.
Hasta la IA me dice que soy paciente con las cosas que me importan. Con lo que yo he sido de precipitada y resolutiva y diría que hasta imprudente...
Todos crecemos, ¿verdad? y maduramos y nos pudrimos, también.
Estoy bastante enfadada por dentro. Con todo lo que no me gusta y me rebelo sin éxito. Ganas de que las cosas lentas avancen más deprisa, por favor. De una vez.
Y estar enfadada por cosas que solo puedo cambiar dando un fuerte golpe de timón, con el riesgo de volcar.
Que se me acaba la paciencia, tú...