Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 3 de julio de 2026

Sobre el habla autodirigida o también denominada habla privada...

Spoiler: hablo sola.

Así se le llama a las locas como yo, que hablamos en voz alta con nosotras mismas cuando nadie nos ve (o eso creemos): parece que los estudios dicen que nos centramos en las cosas más fácilmente, cuando hay decisiones que tomar.

En mi caso, no reviso las decisiones. Las adopto de manera automática. Especialmente cuando no tienen nada que ver conmigo. Precipitadamente, considerarán los reflexivos...

Cuando el tema es personal, me cuesta más, cometo errores de debutante y cosas así.

Para ayudar a los demás no titubeo.

El tema está en que parece que las personas con altas capacidades, tienen TDH, se comen las uñas, se descentran y hablan solas.

Yo suelo hacerlo en el coche, hablar sola, como el yoga facial. Pienso que no me ve nadie siendo loca y gesticulando para ser la tía más horrorosa y deformada del mundo, que yo lo sé porque me voy mirando de reojo por el espejito para verme las puñeteras arrugas faciales, que no dejan de crecer.

No digo que yo tengo altas capacidades. Que conste. Porque ni lo sé ni tengo ganas de saberlo.

De hecho no me considero ni inteligente...

A lo sumo lista, que no es lo mismo.

Vuelvo a lo de las arrugas. 

El otro día pensaba que si volviera a enamorarme igual me volvía a poner botox. Para estar menos mal para mi amante.

Cambio de tema, porque lo del enamoramiento pinta mal de narices y no toca perder el tiempo...

Me están serrando las patas vitales a ras. Las cuatro. Como cuando muerdes una uña y das en carne (no en hueso, por favor).

Cada día un poquito más. Ahora ya se están hurgando por dentro, como en el encaje de la basa, ¿entiendes?

Hoy estoy con los ojos llenos de lágrimas y sin parpadear para que no se caigan. Mirando el reloj para salir del despacho y a poder ser regresar en octubre.

Aguantando las hostias, la presión, los ultimátum, el mal ambiente y la caída en el volumen de curro.

Una alegría que me dieron ayer, creo, por teléfono: si me quedo sin trabajo no es el fin del mundo. Podría seguir, reajustando cosas y gastos, claro. Pero sería viable.

Eso permite descartar con la cabeza alta los puentes y acueductos como primera residencia. Los bajos, quiero decir.

Es una buena noticia, que comparto aquí porque sé que casi nunca vengo como Presidenta del Comité de Fiestas y Festejos y sueno tristona, preocupada y diría que hasta depre. No seré yo quien lo niegue.

Por eso alguna cosa buena de tanto en tanto, que os desconcierte un poco, viene bien.

¿A que sí? :)

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