La vida sigue. Más o menos como estaba.
Eso significa que nos dijimos mucho, de todo y que salimos airosos.
Sigo en nómina. Un poco reforzada, pero recordemos que había caído muy bajo.
Nada de eso me impresiona, ya. Sé de la fragilidad de las cosas...
Parece imposible, como dice Neuronas, pero sigo conociendo gente nueva. Con lo que me gusta.
Me encanta, en realidad. Veo oportunidades por todas partes y la cabeza se me vuela.
Tengo ganas de irme. Cerrar la puerta de esta casa, saber que se morirán las margaritas y descomprimirme emocionalmente de los vínculos laborales.
Luego, veremos.
Volveré a comprar y plantar plantas de colores para la terraza y el balcón. Llenaré de vinos la casa y volveré a integrarme localmente tanto como sea posible.
Y pondremos un inicio de curso más en nuestras vidas. Y regresarán los días cortos, grises, lluviosos. La Navidad, otra vez. Algunas celebraciones familiares. Estar juntos...
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