No es mi tema favorito, pero mi mal rollo laboral se está poniendo culebrón.
Ninguneadas varias, cambios de ubicación de las reuniones, no convocatorias... Vamos, de manual.
Ayer consulté a mi abogado especializado. Hacía años que no teníamos contacto, acaba de cambiar de despacho y me atendió al acto y con cariño. No era un encargo, así que no vió una futura minuta. Todavía no.
Me gusta pensar que el cariño era verdadero.
Por otro lado, parece que el próximo martes puede tener lugar mi reunión.
No sé cómo enfocarla. Estoy en Mercurio retrógrado y tendría que estar quieta en un rincón sin respirar. Hasta el veintitantos del mes.
Conste que la reunión no la he pedido yo. Eso es importante.
La pidió él. La frené yo y la ubiqué dónde debe estar: en una reunión profesional. No en una comida con vino corriendo por sus venas.
El finde que me espera no es ningún planazo. No pararé de darle vueltas al enfoque, a qué decir, qué callar, cómo aguantar sus silencios y esas cosas.
El colesterol por las nubes, acidez estomacal en tratamiento, nuevas analíticas...
Me largo a la montaña a hacer manualidades. Seguro que de esa manera tengo la mente ocupada...
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