Lo cuento porque es una de las cosas más bonitas que me ha pasado últimamente, ahora que llevo una vidorra súper divertida...
Anoche volvimos a organizar uno de esos conciertos que aúnan voces preciosas y poco conocidas con gente que interactúa y baila con una copa de cava en la mano y en un entorno verde y fresco, enmarcado en una encantadora puesta de sol.
Seguramente las cinco copas que entraban con el evento, generosamente llenas, ayudaron a que la gente se soltara y se sintiera como en casa. Se notó.
No es fácil darle alma a un acto como hay tantos en mi entorno profesional. Pero el equipo le puso ganas, risas, cercanía y presencia.
Vino el único grupo de amigos/conocidos que tengo por aquí. Contentos i felices, cada cual con su historia personal que compartió con el resto.
Es importante para mi, más de lo que parece, que estuvieran...
Hoy seguimos. Y mañana y pasado.
Cuatro días, cada tarde noche. No es un tardeo, que conste. Son conciertos con cava. Es distinto.
Y mis lumbares, después del primer día, están petadas, de tanto tiempo de pie, cargando pesos y caminando.
No es una queja. Al menos me distraigo. Además de caminar horrores por el espacio, que es muy amplio. Y de pasar calor hasta que empieza y entra la marinada o la brisa marina, que tampoco está lejos, el Mediterráneo.
Ayer conocí a alguien. Alguien que llegó nerviosísima, avergonzadísima y muy tímida. Que me apartaba la mirada. No entendía nada hasta que alguien pronunció su nombre. Y até cabos.
La pillé mirando mientras yo estaba entretenida sirviendo copas, atendiendo a la gente, observando que todo estuviera bien y los asistentes se sintieran cuidados.
También la pillé yendo al baño un par de veces más de lo normal, pasando frente donde yo estaba. Y mirándome de reojo.
Y bajando la mirada cuando yo intentaba integrarla en la conversación del grupo, sentados en círculo alrededor de una mesa, luz tenue, bombillas verbeneras y ocaso.
Los catalanes hacemos cosas y ya se sabe que cuando nos juntamos nos ponemos en círculo y bailamos sardanas o levantamos castillos humanos. Pero ayer solamente nos hacíamos compañía, desconectábamos de nuestras cosas y compartíamos tiempo y unas copas. Debemos ser la excepción a esa catalanidad malentendida.
Yo no sé cuándo volveré a verla. Pero me temo que volveré a verla pronto. Y sé que juega muy bien al pádel. Y que vive en la playa, a 15 minutos de mi casa. Y que está disponible, empezando una nueva vida en una ciudad nueva, como yo misma.
Todas sabemos que seguiré informando, ¿verdad? :)
Envidio tu capacidad para ir enlazando historias y encontrando a cada rato alguien interesante que te corresponde siempre. Por otra parte, tb agradezco a los dioses que no me pase eso. No sabría controlarlo, me perdería, sería incapaz de llevar una vida “normal”. Admirable, lo tuyo es admirable, lo mires por donde lo mires.
ResponderEliminar