No es privilegiada ni mucho menos. Pero hace días que mi mente va a cien mil por hora.
A mi las incertidumbres nunca me han gustado. Soy más de tomar decisiones sin entretenerme. Y seguramente también soy de equivocarme.
Pero cuando todo está entrelazado, sin querer ni poder evitarlo, me molesta mucho.
Lo del trabajo me inquieta profundamente.
Sé que suena patético. Pero sin él no soy nadie.
Eso nos pasa a las que nos hemos dedicado bastante a distraernos con el curro de las cosas verdaderamente importantes, como es vivir.
La verdad es que con el trabajo tampoco soy nadie. No os vayáis a pensar.
El tema importante de verdad es que no puedo más. Me he desconectado emocionalmente de todo y de todos.
Y de mi trabajo ahora depende mi domicilio y mi casa, que compré pensando en que es provisional y hasta que se acabara mi vinculación con este territorio.
Así es que si cae el curro, cae la casa. Me quedo sin domicilio cercano a la ciudad. Me iría unos meses a la montaña, hasta la llegada del frío, claro. ¿Y después?
Vender cosas, buscar otros lugares, no sé.
¿En qué me ocupo? ¿cómo hago para seguir cotizando si nadie me va a contratar? ¿qué puedo hacer para tener ingresos?
Y a todo esto, sin nadie que me acompañe...
Mujer, firma un convenio con la seguridad social y santas pascuas o alta en autónomos. Sé que no necesitas que te lo diga yo. Pero me ha hecho gracia dejarte un comentario pagafantas con solución mágica que no necesitas yo que sé…
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