Estoy aprendiendo a navegar. En sentido figurado.
Y estoy mareada. No veo puerto. Rodeada de mar azul oscuro y olas de muchos metros.
Voy en un velero pequeño, sin quilla ni mástil, a merced de la corriente.
Es desesperante, la sensación. Imposible dormir, orientarse, comer.
Y sola, claro. Nadie me acompaña en esta travesía.
Al revés. Es como si esa acompañante me tirara hacia abajo, intentando hundirme.
Nada de dar la mano, hacer aguadillas de esas de desternillarse de risa, haciendo pie, con alguien piadoso.
No. Me ve en las circunstancias descritas y se da la vuelta para seguir su camino.
Seguramente ella piensa lo mismo que pienso yo y espera que aparezca para salvarla.
De los estoicos se aprenden muchas cosas.
Una de ellas es que no he nacido para salvar a nadie. También es cierto que nadie ha nacido para salvarme a mi.
Y que la única ayuda que vas a conseguir en la vida se encuentra al final de tu brazo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
No serás de l#s que creen que intimido y por eso no comentan nunca, ¿verdad? :) ¡¡Venga!! ¡¡Anímate!!