Voy a ampliar brevemente la anécdota de los almendros floridos que conté ayer.
No aclararlo me produce inquietud...
Resulta que lo que realmente pasó fue lo siguiente:
Conduciendo al trabajo, por carretera estrecha, sinuosa y soleada, me di cuenta de que había flores blancas en algunos árboles, que los días previos no estaban.
Almendros, pensé. Y con euforia me grité a mi misma: ¡los almendros han florecido! Es el pistoletazo de salida a la primavera! ¡Por fin!
Todo seguido.
Inmediatamente pasé de la micro felicidad brevísima a la preocupación...
- ¿Cuántos inviernos vas a ver brotar a los almendros, Spark...? ¿Cuántos inviernos te quedan?
Sin dramas, sin saber el por qué de ese pensamiento tan bestia.
Y ahí me quedé. Tratando de visualizar las cosas que me preocupan... como eso de que no sé cuánto me queda de vida...
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