Todos somos distintos.
España va bien.
Creo firmemente en todo lo contrario. Por lo de España, quiero decir...
Acabo de presenciar el despido de un tipo algo menor que yo. Con esposa, hijos mayores y mucha antigüedad en una gran empresa.
Fascinante cómo se lo ha tomado. Como quien escucha llover.
Y acto seguido ha entrado en otra reunión de su Departamento, como si nadie le hubiera contado que la vida acaba de transformársele para siempre.
Hoy es su antes y después. Hasta el fin de sus días.
Y sigue charlando con sus compañeros, contando sus proyectos y tal.
Ellos y ellas no saben nada. Él no piensa decirlo, al menos por ahora.
¿Cómo pretende llegar a casa y contarle a su mujer que los elevados ingresos fijos (cuasi funcionariales) de hace décadas han terminado?
Creo que yo estaría desorientada, vacía, muerta de la incertidumbre. Y llorando. O hablando ya con RRHH para dar un rápido carpetazo a la larguísima etapa.
De hecho, mis reflexiones y conversaciones van un poco por ahí. Pero sin que decidan por mí. De momento...
Y de encontrar mi propósito, especialmente...
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