Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

domingo, 18 de enero de 2015

Una mañana, un reencuentro, mucha tristeza...

La conozco desde hace treinta años. Qué barbaridad. Hemos hecho nuestras vidas y nos hemos ido reencontrando en diferentes etapas, muy distintas [nosotras, las etapas, las vidas]. La última vez que la ví quizá hace ya unos seis años. Seguro que más porque calculo mal los tiempos. Pero y qué? He vuelto a verla hoy y he hecho cierta la frase de que no importa el tiempo que pase porque si hay amistad es como si los años fueran días.

Es una mujer muy atractiva, interesante, equilibrada. Ha estado llevando una vida ordenada, saludable y con un estres moderado, retirada en un pueblo del sur de Gran Bretaña. Bicicleta, macrobióticos, reiki y meditación. Hoy, de vuelta a mi ciudad por razones que diré, ha tardado en abrirme la puerta de un lugar que no es su casa. Ha tardado casi un minuto, entre bromas y palabras en voz baja. Yo tenía miedo y estaba preocupada, se me ha hecho largo. He tenido que esforzarme y sacar de su escondrijo a la actriz que no llevo dentro para que no se me notaran las entrañas revueltas cuando he vuelto a verla. Un centímetro de pelo, mal contado, de intenso color gris. Pero lo peor ha llegado con los abrazos. Podía darle la vuelta con facilidad a sus 47 kilos, su tez amarillenta y esa expresión inevitable de todos los que reciben quimio (ellos la llaman QT), el miedo escrito en sus caras.

Me había pedido que le llevara un obsequio especial, dado que come cosas raras, raras, como ella dice, no bebe vino y tampoco dulces. Quería mi tiempo y abrazos fuertes. He buscado alguna floristería abierta pero he fracasado y la tienda biológica que hay debajo de la que ahora es su casa no me ha convencido, por mi ignorancia.

Hablar con ella durante un par de horas y sin distracciones ni interferencias de la Vida, la Muerte, nosotras, el futuro y las ilusiones, de las figuras paternas y maternas, el pasado, de las parejas, el tratamiento, su pánico y su soledad no me ha dejado indiferente. Tengo demasiado fresca mi última pérdida y ella ahora se parece demasiado físicamemte a quién perdí hace menos de un año. El primer abrazo me ha transmitido lo mismo que una estatua de mármol blanco, por ejemplo. Igual que sus ojos. Como ella...


sábado, 17 de enero de 2015

La vida a veces me produce náuseas...

Sábado distinto, calmado. Visualizo un vídeo en FBK, de esos que sensibilizan el alma, por alguna causa social. Sigo chequeando redes e informándome hasta con retraso de noticias y datos que han quedado pendientes, incluso de toda la actualidad del día. Salgo a la calle y el viento frío me rompe la cara, como más de uno querria, supongo. Hago aquello que no suelo hacer pero que me entusiasma, por parte de padre. La luz es espectacular y el cielo turquesa. Pienso que hace demasiado frío para pensar siquiera en hacer ejercicio outdoor. Entre largas conversaciones telefónicas que me acompañan, me llevan, me guían, me siguen discretamente, me voy cargando de objetos, paquetes y bolsas. Arrastro con dificultad todo el peso y me doy cuenta de lo mal que me va para los hombros, para la columna, pero me apetece enormemente dedicarme a cocinar. Llego con cierta dignidad a la portería, descargo y vuelvo a salir, ya sin peso. Abro mi billetero y saco todas las monedas que me cargaban el bolso, con la mano derecha, sin contarlas, pero perdiéndolas, casi.

En la esquina, una anciana, sentada en el suelo, tapada con una manta finísima y un cartel autoexplicativo: 'Estoy sola y necesito ayuda'. En mi calle, en mi barrio, en mi ciudad. Esto no es Calcuta o una favela brasileña. He sentido vergüenza al pasar por delante cargada de alimentos y de cosas prescindibles. Sé perfectamente que una persona sola no puede cambiar las cosas del mundo. También conozco el negocio que hay montado altededor de la pobreza. Pero tengo el profundo convencimiento de que cada uno, si quiere, puede empezar por introducir pequeños cambios en lo más próximo. Y rápidamente me he sacado del bolsillo la mano llena de monedas y una sonrisa cálida que pretendía transmitir calor. Las he volcado en su gastado vaso de cartón mientras la miraba a los ojos desde arriba y le contaba, bastante tímida, que había roto mi hucha, para ella.

Su sorpresa, su expresión y su gratitud son indescriptibles, aquí. Aunque escribiera mil doscientos posts no sabría transmitir mi tristeza ante sus profundas arrugas, sus ojos tristes y hundidos, sus manos congeladas y su actitud derrotada y desesperada. Hay días en los que la vida me da náuseas...

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Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

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