Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 24 de diciembre de 2024

Hogar, júbilo y las cinco personas más...

Los días van pasando. Los ocupo, pero sigue sobrando tiempo. Tendré que pensar en algo.

Eso hace que me plantee diez mil cosas diferentes. Para acabar igual de perdida que al principio.

Creo que la palabra clave es hogar.

Lo conveniente es llegar a tu casa y sentir que es un hogar. No una casa.

Eso suele suceder cuando hay gente en el interior. Incluso animales de compañía. Cuando van y vienen personas. Cuando las puertas, en sentido metafórico, están abiertas.

Es una bonita reflexión.

En el café del trabajo acabo de leer una frase que me ha hecho sonreír. Y pensar.

Es de Snoopy. O a él se le atribuye.

Hoy me levanté con muchísimas ganas de jubilarme.

Me he detenido un ratito a pensar a qué dedicaré el resto de mi vida cuando acabe el recorrido profesional. No es baladí, ni fácil. Decidirlo, quiero decir.

La gente se apresura a opinar y a hace listas de cosas que parecen atractivas.

Pero yo me conozco. Soy dada a la pereza si no tengo responsabilidades. No soy estricta conmigo misma si no tengo que cumplir con otros.

Eso es así. Gracias por hacerme notar que no es bueno. Ya lo sé.

Una hace lo que puede. Desde el primer al último día.

He vuelto atrás pensando en la cantidad de vidas que llevo ya a la espalda. Inicios, finales, mientras tantos, personas yendo y viniendo, entrando y saliendo... Lugares, despachos.

Cada etapa ha sido distinta, con cosas deliciosas y momentos terribles. Algunas han caído en el olvido absoluto, por anodinas o por necesidad e higiene mental.

Sé que a todo eso se le llama vida.

Pero también sé la importancia de elegir bien.

Porque habréis oído aquello de que somos el resultado de las 5 personas con las que compartimos más. Tiempo, conversaciones, actividades.

Cada una se lo sabrá. Con quien se junta, con quien charla, con quien se queja, a quien escucha.

Es más importante de lo que podemos pensar, porque el tono vital y el carácter de estas personas va calando, lenta y profundamente. Y nos micro transformamos un poco en ellos.

Aunque no lo sepamos, queramos o nos guste hacerlo.

Y se acaba notando.

Por tanto, vigila bien tus compañías y selecciona a quién quieres parecerte después de estar con ellas...

viernes, 20 de diciembre de 2024

Cuando el futuro hace bola...

Cuando entro en You Tube lo primero que me ofrece es una sesión de 15 minutos de meditación.

Según la hora que sea, ya me sugiere la meditación de la mañana o para dormir.

Ideal, oyes.

Casi nadie me conoce tan bien como esta aplicación. ;)

Lo cierto es que estoy consiguiendo una cosa: bajar revoluciones, ir más despacio, respirar conscientemente, no correr como pollo sin cabeza.

Nada que no hubiera hecho antes muchas veces, por cierto. Que no es que me esté cayendo del guindo, vamos.

Me voy parando en las cosas que hago, entre las mil primeras veces.

Ayer me apeteció muy fuerte limpiar los cristales. Las cristaleras. Porque vamos, tengo las paredes rellenas de vidrio, allí donde hay vistas, que es por toda la casa.

Y lo que pasa en esos casos es que si llueve los cristales se ensucian. Si llueve barro, pues peor. Y si no tienes costumbre de limpiarlas pues eso solidifica y es difícil de sacar.

Es una tarea pesada, si. Parecía que no iba a acabar nunca.

Lo conseguí, claro. Y ahora parece que mi vista ha mejorado, cuando busco el horizonte en plena puesta de sol roja, por la época del año. Todo se ve nítido.

Aunque con imperfecciones. Pero bueno.

Es bonito, la verdad.

También me dio por regar las plantas de exterior y ordenar un poco los sacos de tierra y abono y...

Al entrar en casa, cuando terminé, no podía cerrar correctamente la puerta corredera. No le encontraba el truco. 

Es superior a mi, que las cosas me limiten.

Quedaba abierta unos centímetros. Lo suficiente para que entrara el frío de la tarde y se escapara el calor de la calefacción.

Cachis.

Mi parte eco estaba furiosa. Con la puerta y conmigo misma, por torpe.

La dejé así. Cené, mirándola de reojo. Frugalmente. La cena, quiero decir.

Y decidí levantarme y cerrarla despacio. La puerta. 

Entró suavemente, al final. Está cerrada ahora. No he tenido que pedir ayuda. He podido sola.

Un punto para mi autoestima, señoras.

Que parecerá una tontería pero todas sabemos que no lo es. Lo que nos limita nos hace pequeñas. Y en esta época mido unos cinco centímetros de alto por cuatro de ancho.

Poca cosa.

Y la tercera tarea que hice anoche con más ilusión que jamás antes en la vida fue empaquetar regalos.

De nuevo, despacio. Fijándome en cada pliegue, eligiendo el papel según el destinatario, pensando en la reacción al abrirlos, cortando el celo con tijeras,... 

Como si regresara a la infancia, en caso de que en esa época me hubiera hecho ilusión envolver regalos, cosa que no recuerdo.

Antes he dicho que me falta claridad mental. Y lo sostengo. Y esto lo demuestra. 

No recuerdo la gran mayoría de las cosas, que, por otra parte, me están dando bastante igual.

Tengo suficiente con mi vida, con lo que siento, con mis temores y fobias, con los planes de futuro, con aprender a hacer,...

Tantas cosas que hacen bola...

Tirando...

Los días transcurren despacio. Uno detrás de otro. Dirás que eso siempre ha sido así.

Por supuesto.

Pero me refiero a que tomo conciencia de cada momento, de cada hora, de cada noche. Como nunca antes.

Planifico despacio. Intento llenar y ocupar cada minuto.

Voy más despacio.

Respiro más hondo.

No lo hago demasiado bien, todavía. Lo de la conciencia, quiero decir.

Tendré que hacer listas de deseos de cara al nuevo año.

Cuando recupere la claridad mental que ahora he perdido.

No recuerdo lo que acabo de decir, lo que me acaban de decir. Razono mal. Comprendo peor.

Cuestión de tiempo, me dicen. Cuestión de costumbre. Y de hábitos. De adaptación al caambio.

Soy escéptica desde siempre. Un poco pesimista, también. 

Así que el futuro me da más bien miedo, en lugar de ilusión o esperanza.

Voy a concentrarme en mi respiración, va. A pensar a corto. A no ver encima de mis gafas. No hay nada que ver.

Y voy a ir tirando...

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Aire y escapadas...

Me alimento de aire.

De grandes bocanadas de aire.

Procuro respirar con consciencia. Inspiro despacio y profundamente. Espiro larga y lentamente.

Como me pide que haga la voz que cada mañana y cada noche me guía hacia algo que llaman paz y relajación. Bueno, hago lo que puedo, la verdad.

No sabría decir si funciona. Pero, como soy metódica para lo que quiero, de momento sigo con mi nuevo hábito, como si estrenara zapatos y fuera pequeña.

Todavía da vueltas en mi cabeza un encuentro de este lunes en el que había depositado cuatro o cinco ilusiones.

Creo que necesitaba hablar de él.

No sé por qué. Tampoco duraron mucho, las ilusiones, quiero decir. Como el encontronazo (porque no fue un encuentro de los que dejan indiferente), sino un cruce violento, por llamarlo de alguna manera.

Me bastaron treinta minutos en medio de la nada, una tarde negra con una enorme luna naranja, helada por dentro y por fuera. Me había costado llegar hasta allí. Era un pueblo que no conocía. Y me anticipé, como es habitual en mí.

Una mirada bastó. Y creo que fue en dos direcciones. A ella tampoco le interesó nada ver a una mujer pequeña, con dolor, apagada y frágil. Eso se ve en los andares, señoras.

Y ella es, precisamente, experta en eso. En andares, en pies, en movimiento.

Tenía previsto hacer ejercicio, probar algo nuevo y muy saludable, quizá ampliar el círculo polar social en el que vivo. 

Ilusa de mí.

Pero nada.

Suciedad extrema. Precariedad. Una austeridad rayana en la pobreza. No era minimalismo, no.

Era algo que me espantó. Supongo que por mi extrema fragilidad, claro.

Me quedé un rato sentada y haciendo estiramientos en un tatami azul piscina mal cortado y peor montado. De esos que se adaptan como un puzle. Pues éste estaba cortado y sin unir, con lo cual el suelo de baldosa antigua se adivinaba en los perfiles. Y el polvo y todo lo demás.

Respiré. Me estiré. Me abstraje. Intenté leer un folleto que ella misma me recomendó, mientras hacía tiempo para empezar la actividad con un grupo de desconocidos.

Pero fue imposible aguantar. La espera, el lugar, el frío. La oscuridad y las incertidumbres. Tener que regresar a casa, coger el coche y cruzar campos negros, sola.

No pude. Puse una excusa increíble y me escapé. Como quien huye de algo que sabe que no le conviene, como quien no encuentra refugio ni consuelo. 

Aunque antes de cruzar la desvencijada verja de madera me atrapó en un abrazo gélido, antinatural, forzado, de cara a los alumnos que hacían su clase y no entendían ni qué hacía yo ahí, ni por qué no me quedaba ni por qué me marchaba.

Me marché. Nada más. Sin darme la vuelta ni mirar atrás...

martes, 17 de diciembre de 2024

Meditación, mindfulness y planificaciones...

Hace muchos años me "recetaron" el mindfulness. Creó que lo practiqué cinco minutos.

Pero la esencia del aquí y ahora va conmigo desde entonces.

Ahora, es gracioso, he dado un paso al frente.

Y he regresado a la meditación y a la gratitud.

No sé cuánto durará, claro. Pero anoche y esta mañana he cerrado y abierto mi jornada con meditaciones guiadas.

He sido incapaz de dejar la mente en blanco por más de un segundo. Siendo generosa.

Mis pensamientos vuelan hacia cualquier cosa nimia e insignificante.

Tengo que recoger la ropa tendida. Cosquillas. Cualquier recuerdo. Mañana tengo que. Esta tarde (vi llover).

No sé la utilidad que tendrá en mi revuelta mente.

Ni cuándo se me pasará la idea. Pero bueno.

Lo que sí hago de manera más recurrente es agradecer cosas. Un número determinado de cosas. Cinco, por ejemplo.

Son las básicas. Pero me siento privilegiada.

Un día hablaré de la vejez y la preparación para la muerte.

Otro día escribiré sobre cómo me siento. O de que tengo dolor de cabeza. Igual hablo de que no me concentro. O de que necesito planes que me ilusionen. De cualquier otra cosa, como siempre.

Porque como me dicen últimamente, el tema ha salido en la conversación simplemente porque tenía que salir...

Me parece un resumen magnífico. 

Porque hay cosas que no se pueden planificar...

lunes, 16 de diciembre de 2024

Astros, avisos y señales...

No paran de llegar mensajes astrológicos sobre la luna llena en Géminis, Marte y Mercurio retrógrados y cambios de etapa.

Reflexión, etapas, pensar antes de actuar. Y todas esas cosas.

Aquí lo dejo por si tenéis asuntos en las que deteneros de cara al fin del año y principio del próximo. Como cambiar de vida, por ejemplo.

O recordar todas aquellas sensaciones de cuando la vida se vacía. De pronto. Aunque había señales. A pesar de que hubo avisos.

¿Cuántas veces ya? ¿qué número es ahora?

Venga. Sigamos. Vayamos a por más...

jueves, 12 de diciembre de 2024

Faro Svörtuloft del parque nacional de Snæfellsjökull o del glaciar Snæfell

Ha salido la foto en la portada de Google, en mi pantalla. Esta misma mañana. 

Lo recuerdo perfectamente. De hecho, hice parar el coche de pronto, sorprendida por la explosión de color (es naranja yema de huevo) en un entorno protagonizado, única y exclusivamente, por el blanco, gris, azul marino y negro. Nada más.

Dos semanas sin ver colores afecta negativamente al estado de ánimo y al carácter. De verdad. Te abraza una tristeza que refiere mucha gente que vive en países en los que el día es corto y los cielos son grises. Siempre, durante muchos meses, cada año.

Es un lugar precioso, lejos de todo, en medio de la nada. Solo grupos de tres ovejas. Nadie.

Cambio de tema. Después de este precioso recuerdo.

Es complejo gestionar la emoción de saber que nunca voy a volver a ese lugar. Por ejemplo. Tampoco a otros muchos. Y que ya no iré a miles de sitios a los que me gustaría ir.

Se le llama vida, seguramente.

Ayer regresé a casa por una carretera muy estrecha. Era de noche. Pocas luces, algunas adornando con un gusto definitivamente horrible (nada de dudas) las fachadas, algún jardín, la calle principal, árboles...

Detrás del volante, con la música, redacté mentalmente un post precioso. En serio.

Eran frases cortas, entonadas con entusiasmo, porque nadie podía escucharlas, porque salían directas del alma. Describían el lugar, el momento, el frío, las curvas, los coches que cedían el paso, la noche...

Imposible recordarlo.

Magia pura, señoras...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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