Casa familiar, mis colaterales, mis descendientes, parejas externas, bebés y virus.
No fui a mi casa de la montaña.
Naturaleza, recuperar las viejas costumbres: correr/caminar a la vez, en solitario y tomar el sol. Como el año pasado, que fue mi antidepresivo natural.
Me han cuidado y he cuidado. Comidas juntos en el exterior de la casa. Risas, niños, gente joven (¿lo veis, que ya soy una vieja?).
A la vuelta, la soledad de mi casa, a la que ahora miro con cariño y satisfacción, descanso, deporte, viñas y mucho sol y cielos azules. Estoy arreglando la terraza grande y está quedando muy mona.
He notado que cuando se huele la primavera primero florecen los almendros, después la colza y ahora empiezan a verse amapolas. Por este orden. El blanco, amarillo y rojo le sienta bien al paisaje marrón e inerte que deja el invierno en estas tierras...
Una observación como otra cualquiera. E inútil.
También he escuchado a gente tocada por la búsqueda. Filósofos, médicos, psicólogos, ayurveda, budismo y, cómo no, astrología. Durante horas.
Parece que a los de mi signo se nos abre como un mundo nuevo en abril. Un túnel, una puerta, un cambio de era de varios años (7, diría).
Lo cierto es que a mi, de momento, se me ha cerrado lo único que querría ver abierto, sólido y con futuro.
Estoy tramitando el tránsito con dignidad, pero tengo recaídas. Lo reconozco sin pudor.
Procuro comprender por qué no salió nada bien. Qué debí hacer mejor. Cuáles son los resortes que tocaba en mi para que yo reaccionara tan mal.
Vivo esperando cosas que esos gurús me han pronosticado y que no llegan nunca. Un contacto, su regreso, su propuesta de enmienda y de reinicio con voluntad y compromiso.
Ambas sabemos que eso no es posible, por mucho que queramos...
A veces me desespero mucho. Por idiota. Por cobarde. Por no salir corriendo detrás de lo que creo querer.
Otras veces también pienso que fallan muchas cosas y que jamás de los jamases podríamos compartir la vida con serenidad.
Lo que busco es algo que no quiere para sí misma. Así que...
Me recomiendan que me enfrente a mis mayores miedos. Que seguramente sea ese el aprendizaje de esta etapa espantosa.
Lo haré. Voy a mirarme a la cara y hablarme con toda la sinceridad de la que sea capaz.
Y luego haré lo que tenga que hacer, como dicen los estoicos...