Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
viernes, 15 de enero de 2010
Yendo...
Cielo límpido y las viejas ganas de siempre. Todo a punto. Toda dispuesta. Renovando ilusiones, acortando plazos, acercando. A todo y a tanto. En distancias y en proximidades, incluso de las imposibles de verdad. Seguirán suspendidas en el tiempo y el silencio, acercándome imperceptible y callada, sin dar nunca señales, sin ser vista. Una tierra extraña que atrae sin remisión, cargada de personajes conocidos que han llegado a atrapar. Pero que ya no. Ya no. Con pronósticos magníficos y planes tan cambiantes como el parecer de uno de mis gemelos, atrapados sobre los hombros, sentados con los pies al aire, observando y riendo por debajo de la nariz, a base de suaves emisiones de aire, como burlándose de mi completamente. Ya nadie sabe por dónde transcurrirán los momentos, ahora. Quizá bajo soles de justicia, junto a jueces naturales, actuando alevosamente y en cuadrilla o simplemente en soledades bífidas y bilingües, por silenciosas. Y es que todo calla, a mi alrededor. Y ante mi protesta de preaviso que persigue eximirme de toda queja, me reclaman el silencio, que es lo que se espera, en definitiva. Ni alboroto. Nada más. Solo eso. En algún lugar y de una forma que no conozco todavía. No voy preparada. Pero voy... Que habrá que improvisar.
jueves, 14 de enero de 2010
Algunas lindezas...
Gélida. Pétrea. Inerte. Insensible. Implacable.
¿Cuándo fue que sufrí tanto dolor que se me acabó? ¿en qué momentos me ha ido sucediendo la pena, la decepción y la tristeza? ¿dónde se me fueron las lágrimas que lloré?
Siento que no me quedan dolores ni tristezas ni lágrimas para algunos trámites de los sentimientos. Ya no tengo historias de desamor, por ejemplo.
A mi edad...
¿Cuándo fue que sufrí tanto dolor que se me acabó? ¿en qué momentos me ha ido sucediendo la pena, la decepción y la tristeza? ¿dónde se me fueron las lágrimas que lloré?
Siento que no me quedan dolores ni tristezas ni lágrimas para algunos trámites de los sentimientos. Ya no tengo historias de desamor, por ejemplo.
A mi edad...
miércoles, 13 de enero de 2010
Niego. Tampoco afirmo...
Hiberno con discreción y procuro pensarme poco. Trato de no hacer memoria para ignorar que no hace tanto vivía ilusiones con una sonrisa silenciosa pero perceptible. El rostro iluminado y l#s escéptic#s escudriñándome con esa expresión de "cómopuedesertanfeliz" pegada en la cara. También en la suya, en la nuestra, en esas caras de cada día y de algunas veces. No me planteo ni me cuestiono qué pasos caminaré en adelante porque, como a tod#s, a mi los cambios también me inquietan. Esa rutina tan curtida que incomoda pasa a ser valorada como un bien escaso al que hay que proteger de la inminente extinción. No voy a mutar ni cambiaré direcciones. Sigo en los lugares de siempre y con la misma gente [¿quién cantaba esa canción? no va de acertijos, sino de... ¡por Dios! ¿cómo se llama esa palabra que define la falta de memoria? ;)]. Pero no niego que estoy alborotda por dentro [qué bonita palabra, por cierto...], inquieta y otros tantos sinónimos que no voy a tratar de recordar. Porque no quiero resultar infructuosa y porque estoy un poco triste, ¿para qué negarlo?...
lunes, 11 de enero de 2010
viernes, 8 de enero de 2010
Otra Navidad...
Digamos que en este largo paréntesis de silencio que ha venido provocado por unas vacaciones he pensado a menudo en posts mentales. Resulta difícil que aparezcan aqui porque, al ser intangibles, se volatilizaron. Y nada cambia con eso.
En estas semanas ha habido tiempos para mucho. Decir todo sería decir demasiado. Pero con el mucho me cubro suficientemente. Hubo familia y horas muertas en casa, que se compartieron con sonrisas. Hubo gente y charlas largas y comidas infinitas. Hubo sensación de Navidad y generosidad y muchos regalos. Yo también me he tenido que autoregalar, como dice Farala en uno de sus últimos posts. Hubo trenes y aviones y coches. Hubo culturas distintas y pieles diferentes y otras creencias y costumbres. Hubo que compartir y se hizo con felicidad. Hubo hoteles y camas grandes y otras pequeñas. Hubo comidas extrañas y voces lejanas. Hubo ganas de quedarse y ganas de regresar. Hubo tiempo y refranes.
Y hubo recomienzo, sin necesidad de poner a cero el contador ni de plantearse retos ni propósitos ambiciosos. Soy mayor para esas cosas y todo lo que normalmente se propone la gente creo que lo tengo bajo control. Dejé de fumar, acudo al gimnasio con regularidad. Y las otras cosas no me importa cometaerlas sin ninguna voluntad de enmienda...
Me gusta mi locura y la vida que llevo, aunque sea cargando bolsas con poco equipaje y tomando reiteradamente aviones que me desplazan de lugar cada tanto...
Me gusta lo que hubo...
En estas semanas ha habido tiempos para mucho. Decir todo sería decir demasiado. Pero con el mucho me cubro suficientemente. Hubo familia y horas muertas en casa, que se compartieron con sonrisas. Hubo gente y charlas largas y comidas infinitas. Hubo sensación de Navidad y generosidad y muchos regalos. Yo también me he tenido que autoregalar, como dice Farala en uno de sus últimos posts. Hubo trenes y aviones y coches. Hubo culturas distintas y pieles diferentes y otras creencias y costumbres. Hubo que compartir y se hizo con felicidad. Hubo hoteles y camas grandes y otras pequeñas. Hubo comidas extrañas y voces lejanas. Hubo ganas de quedarse y ganas de regresar. Hubo tiempo y refranes.
Y hubo recomienzo, sin necesidad de poner a cero el contador ni de plantearse retos ni propósitos ambiciosos. Soy mayor para esas cosas y todo lo que normalmente se propone la gente creo que lo tengo bajo control. Dejé de fumar, acudo al gimnasio con regularidad. Y las otras cosas no me importa cometaerlas sin ninguna voluntad de enmienda...
Me gusta mi locura y la vida que llevo, aunque sea cargando bolsas con poco equipaje y tomando reiteradamente aviones que me desplazan de lugar cada tanto...
Me gusta lo que hubo...
domingo, 27 de diciembre de 2009
Uno de esos días...
Otro de esos domingos mezclado en frío con otra de esas sensaciones de soledad rota por una voz, entrando a través de un cable, directamente a mi cerebro. Como cocinar un sueño o preparar el entrante, mientras se comenta en voz queda el plato principal, que ya queda solo a tres días vista. Y la impaciencia se nos come despacio, a la misma velocidad de los acontecimientos. Qué días más sorprendentemente previsibles y anodinos. Ya no me sorprende ni la navidad...
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Valoraciones...
Confieso que a veces siento vértigo al pensar en comenzar un nuevo año igual a este. Si me encuentro fuerte [no tiene mérito] me atrevo con todo, incluso con esta actividad frenética y el no parar. Pero, en caso contrario, me asaltan los temores y no quiero pensar con cuidado para que no desfilen las razones. No fuera a cambiar de opinión.
He escuchado recientemente en alguna parte [y no consigo recordar dónde ni de quién, pero ya recordaré...] que la cabeza el corazón y los sentimientos debían estar alineados para funcionar. Nada marcha bien si alguno se aparta del eje vertical a partir del cual somos simétric#s [unas más que otras, que yo arrastro un problema lumbar...]. Y también confieso que no he querido detenerme ni un segundo en saber si esos tres elementos cruciales en mi están tirados con regla o se alejan de sus alineaciones naturales. Me da miedo descubrir mis respuestas y que todo se me tambalee.
Sigue lloviendo una fina lluvia que se superpone a un plano abierto de cielo gris con enormes nubes. Todo está mojado y tiene un color distinto. La carretera brilla y regresa luces encendidas, a pesar de que es tan temprarno, en la mañana.
Pienso que tendría que ser menos generosa con las palabras. No lo hago nunca, pero cuando algo me devuelve alguno de mis antiguos posts [aparte de constarme mucho saber de lo que estoy hablando] me encuentro como muy larga. Podría ser más concreta. Lo sé. Podría ser más alta, también. Pero son cosas que no sé cambiar...
He escuchado recientemente en alguna parte [y no consigo recordar dónde ni de quién, pero ya recordaré...] que la cabeza el corazón y los sentimientos debían estar alineados para funcionar. Nada marcha bien si alguno se aparta del eje vertical a partir del cual somos simétric#s [unas más que otras, que yo arrastro un problema lumbar...]. Y también confieso que no he querido detenerme ni un segundo en saber si esos tres elementos cruciales en mi están tirados con regla o se alejan de sus alineaciones naturales. Me da miedo descubrir mis respuestas y que todo se me tambalee.
Sigue lloviendo una fina lluvia que se superpone a un plano abierto de cielo gris con enormes nubes. Todo está mojado y tiene un color distinto. La carretera brilla y regresa luces encendidas, a pesar de que es tan temprarno, en la mañana.
Pienso que tendría que ser menos generosa con las palabras. No lo hago nunca, pero cuando algo me devuelve alguno de mis antiguos posts [aparte de constarme mucho saber de lo que estoy hablando] me encuentro como muy larga. Podría ser más concreta. Lo sé. Podría ser más alta, también. Pero son cosas que no sé cambiar...
martes, 22 de diciembre de 2009
Toca...
Son muchas cosas, lo aseguro. Las que hay que hacer estos días. Casi siempre las fechas recrudecen las inquietudes por tener que alcanzar elásticamente todos los extremos y las frustraciones por llegar pero haciéndolo tan mal. Y estos días son extraños de verdad. Hay una rendija que abre nuevas luces, de colores, que dan pie a alguna esperanza. No quiero entretenerme mucho soñando pero una no es de piedra. Hay aviones y hay gente. Hay paréntesis laboral, largo, deseado, imprescindible por ritual. Hay cosas que ya no se pueden ignorar y hay nostalgias incompatibles con una sonrisa. También hay lugares y riesgos y denuevo convivencia a distancia y llamadas y conversaciones breves y verdaderas ganas de desconectar. Hay más. Pero eso ahora no toca...
viernes, 18 de diciembre de 2009
Fortalezas, fortines, fortificaciones...
Algunas veces la vida te enseña que no es elástica ni infinita sino que tiene límites. Supongo que no todo el mundo es igual de fuerte y que algun#s somos muchísimo más débiles de lo que aparentamos. En mi caso, lo sé porque tuve que sentarme en la única silla que había en el box, junto a su camilla, al escuchar el discurso del médico de urgencias. Nadie imaginaba la gravedad... Y en mi caso también sé que aparento una fortaleza que no tengo pero puedo prometer y prometo que no es ni voluntario ni premeditado sino todo lo contrario...
jueves, 10 de diciembre de 2009
Aire sin comprimir...
Has marcado las calles, las luces de Navidad y el diseño de las baldosas del Paseo de Gracia. Has dejado recuerdos en tiendas y escaparates, en mesas de restaurantes y en rincones. Has pasado en silencio por mi casa y ahora venero lugares como una de las paredes de la cocina, el gel de baño que utilizamos, tu almohada y ese lado del sofá en el que descansaste para reponerte de un resfriado común. Cinco días sobraron para que dejaras tu huella en estas playas infinitas y en la acera del lado mar del Eixample, por ejemplo y sin ir lejos. Has venido y te has llevado el aire que me llenaba. Estoy deshinchada...
lunes, 7 de diciembre de 2009
Pertenencias y poco más...
De repente un paréntesis y la ilusión de proyectarnos hacia arriba en otro lugar, cuidando el detalle de no abusar de tanta proyección, que nos aleja de las realidades múltiples entre las que vamos discurriendo. Me acuesto, me giro, te encuentro. Mi brazo envuelve por debajo y te acercas, te acoplas, te encajas, perfectamente. Hay relojes y prisas y obligaciones y alguna caricia inevitable. Transcurre la noche, tan breve, y reapareces, tan cerca, como olvidada por los sueños que me alejaron un poco, solo un momento, de mis propias sensaciones [el tacto, el olfato y algún otro sentido, que he sentido durmiendo]. El día amanece naranja, rosado, y le recibimos desde la terraza, fría en invierno. Y nos fijamos y percibimos, los colores, las presencias, la novedad. Si todo dejara de ser extraño e infrecuente, dejaría de ser una maravilla. Estoy metida en un profundo convencimiento de esa percepción, desde siempre. Y tú no, desde el primer día. Pero ni siquiera eso puede incorporar un centímetro de alejamiento. Solo podría un alguien lejano, que sobrevivie tu ausencia en algún lugar de la costa, intentando continuar viviendo con dignidad, sin reconocer errores ni ausencias ni ganas de regresar a ti. Pero esa es otra historia que tampoco quiero acariciar porque no me pertenece...
jueves, 3 de diciembre de 2009
Han vuelto recuerdos...
Ha vuelto el sueño y tengo frío. Y ganas de que el tiempo se acelere un poco, algunas horas, no mucho más. Y de que comience un breve paréntesis de novedades en mi propia casa, sin tener que recorrer distancias, sin apenas moverme.
Hoy he vuelto a recordarte. Pero esta vez no es lo de siempre, no. Introduzco un nuevo personaje a mi agenda, del que no creo haber hablado antes. No sé cómo bautizarlo porque no he pensado todavía en ello y porque luego olvido los nombres que invento. No importa, supongo.
El recuerdo ha venido hoy al atar unas informaciones de que he dispuesto todo el tiempo [años, algunos], sin valorar. Y es el hecho de que, poco después de nuestra ruptura definitiva, tomara la decisión de estudiar algo absolutamente distinto a lo que es [y sigue siendo, a pesar de la breve incursión intrusista] su profesión. Y esos estudios fueron lejos de nuestra ciudad y hoy entendí, combinando esa decisión con otros datos, que se ahogaba aqui y encontró el pretexto para desaparecer.
El ahogo venía motivado porque [y por ejemplo], a pesar de no mantener ningún contacto y emplearnos muy a fondo en que así fuera, acudiera a la hora exacta en la que se recoge a los niños en el colegio y observara en la distancia, por ejemplo, que yo seguía fumando, adelgazaba, cuánto crecían mis descendientes o si me marchaba de fin de semana. Esas observaciones fueron confesadas por escrito alguna vez, con lo cual yo vivía sintiéndome permanentemente observada, en cualquier lugar, como si la persecución fuera tan seria, tan absoluta, tan poco accidental [supongo] como debió ser. Conociendo los antecedentes de su personalidad torturada, es fácil deducir que esa obsesión me llevó a [sin saberlo, sin quererlo] protagonizar su vida. Hasta que decidió desaparecerse del escenario y buscó otro, ni muy cercano ni muy pequeño sino casi lo contrario y con otra lengua de las mayoritarias.
Pero ha regresado, hace tiempo ya y se bloquea, se protege y parapeta, no da datos y se me esconde. Aprendí que por nuestro bien, el del plural que una vez conjugamos con felicidad y una sonrisa enorme, no debo hacer ningún intento de acercamiento, ni siquiera el más sutil y discreto.
Tendré que seguir disimulando que de vez en cuando todavía pienso en ti...
Hoy he vuelto a recordarte. Pero esta vez no es lo de siempre, no. Introduzco un nuevo personaje a mi agenda, del que no creo haber hablado antes. No sé cómo bautizarlo porque no he pensado todavía en ello y porque luego olvido los nombres que invento. No importa, supongo.
El recuerdo ha venido hoy al atar unas informaciones de que he dispuesto todo el tiempo [años, algunos], sin valorar. Y es el hecho de que, poco después de nuestra ruptura definitiva, tomara la decisión de estudiar algo absolutamente distinto a lo que es [y sigue siendo, a pesar de la breve incursión intrusista] su profesión. Y esos estudios fueron lejos de nuestra ciudad y hoy entendí, combinando esa decisión con otros datos, que se ahogaba aqui y encontró el pretexto para desaparecer.
El ahogo venía motivado porque [y por ejemplo], a pesar de no mantener ningún contacto y emplearnos muy a fondo en que así fuera, acudiera a la hora exacta en la que se recoge a los niños en el colegio y observara en la distancia, por ejemplo, que yo seguía fumando, adelgazaba, cuánto crecían mis descendientes o si me marchaba de fin de semana. Esas observaciones fueron confesadas por escrito alguna vez, con lo cual yo vivía sintiéndome permanentemente observada, en cualquier lugar, como si la persecución fuera tan seria, tan absoluta, tan poco accidental [supongo] como debió ser. Conociendo los antecedentes de su personalidad torturada, es fácil deducir que esa obsesión me llevó a [sin saberlo, sin quererlo] protagonizar su vida. Hasta que decidió desaparecerse del escenario y buscó otro, ni muy cercano ni muy pequeño sino casi lo contrario y con otra lengua de las mayoritarias.
Pero ha regresado, hace tiempo ya y se bloquea, se protege y parapeta, no da datos y se me esconde. Aprendí que por nuestro bien, el del plural que una vez conjugamos con felicidad y una sonrisa enorme, no debo hacer ningún intento de acercamiento, ni siquiera el más sutil y discreto.
Tendré que seguir disimulando que de vez en cuando todavía pienso en ti...
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Opciones...
Se abren cientos de posibilidades durante más días de encuentro de lo que suele ser habitual. Conjugaré el verbo esforzar para que nada interfiera ni se interponga ni haga decaer ilusiones. Pero veces anteriores ha sido totalmente innecesario, incluso cuando superamos la quincena y eso suceda una vez añ año. La distancia todo lo relativiza, hasta el tiempo, y puede llegar a detenerlo, alguna vez. Cuando te miro a los ojos. Al ver cómo te alejas con la maleta rodando a tu lado. Con el primer abrazo de cada reencuentro o el sabor de una nueva comida. Detenido, todo. Menos tú. Menos yo. Moviéndonos, por dentro. Como queriendo parar la ebullición interior, la efervescencia, las llamadas del silencio tanto tiempo contenidas e ignoradas. Cientos de posibilidades, decía, que llenan cada minuto, aunque terminen no siendo, no llegando a ser o siendo simplemente imposibles...
martes, 1 de diciembre de 2009
Desamigarte...
Entre todos hemos acuñado un nuevo término. Desamigar. Y ya está siendo reconocido en diferentes idiomas. Desamigar es suprimir a alguien de una red social. A alguien a quien previamente agregaste.
Pero yo no sé desamigar. Ni en la vida real ni en esa virtual tan apasionante que la mayoría tenemos abierta.
Soy tan torpe para eso que mantengo activas, abiertas las fichas completas de amigos, familiares y/o colaboradores que han fallecido.
Y cada vez que leo alguno de esos nombres me estremezco.
Pero me temo que soy incapaz de darle al delete y acabar con ellos para siempre.
Al menos pienso que les recuerdo de vez en cuando. Y no les olvido...
Pero yo no sé desamigar. Ni en la vida real ni en esa virtual tan apasionante que la mayoría tenemos abierta.
Soy tan torpe para eso que mantengo activas, abiertas las fichas completas de amigos, familiares y/o colaboradores que han fallecido.
Y cada vez que leo alguno de esos nombres me estremezco.
Pero me temo que soy incapaz de darle al delete y acabar con ellos para siempre.
Al menos pienso que les recuerdo de vez en cuando. Y no les olvido...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Contradiction...
A ella tampoco le gustaban los domingos por la tarde. Aún no es domingo por la tarde. A mi ahora ya me gustan algunos, pero todos no. Y a ella ninguno. Ya no vive para contarlo ni para sentirlo ni para saberlo.
Y encima llueve o parece que fuera a hacerlo, siguiendo los pronósticos más ajustados. Para el caso, da lo mismo. Sin entrar a valorar la necesidad de que lo haga, a mi no me gusta. Sistemáticamente, me entristece. Dificulta todas las cosas: la circulación, las gestiones, alarga los tiempos, aumenta los nervios. Lo moja todo. No me gusta y no creo que sea necesario entrar en elaboradas justificaciones porque de todos es sabida la incomodidad de la lluvia en ciudad. No digo que en el campo, instalada tras los enormes ventanales de una casa vacía y con la persona amada al alcance de la mano, la cosa podría ser distinta. Pero hoy, al menos, no es el caso.
Y la coincidencia de los conceptos de los que hablan los dos párrafos anteriores [a saber, domingo y lluvia] es mucho peor, por lógica, que cada uno independientemente.
Así que hoy, a pesar de la grandeza de la jornada futbolística, me temo que va a ser, como mínimo, lento... Aunque me guste...
Y encima llueve o parece que fuera a hacerlo, siguiendo los pronósticos más ajustados. Para el caso, da lo mismo. Sin entrar a valorar la necesidad de que lo haga, a mi no me gusta. Sistemáticamente, me entristece. Dificulta todas las cosas: la circulación, las gestiones, alarga los tiempos, aumenta los nervios. Lo moja todo. No me gusta y no creo que sea necesario entrar en elaboradas justificaciones porque de todos es sabida la incomodidad de la lluvia en ciudad. No digo que en el campo, instalada tras los enormes ventanales de una casa vacía y con la persona amada al alcance de la mano, la cosa podría ser distinta. Pero hoy, al menos, no es el caso.
Y la coincidencia de los conceptos de los que hablan los dos párrafos anteriores [a saber, domingo y lluvia] es mucho peor, por lógica, que cada uno independientemente.
Así que hoy, a pesar de la grandeza de la jornada futbolística, me temo que va a ser, como mínimo, lento... Aunque me guste...
viernes, 27 de noviembre de 2009
Gustos...
No llega el invierno, aunque lo anuncian con recelo para este próximo domingo. De repente ni siquiera las nieves hacen que me apetezca cambiar de estación. Ayer estuve comiendo al sol en una terraza con una magnífica temperatura y todavía llevo el abrigo en el asiento del copiloto, doblado y sin poner. Luego, me conozco, disfrutaré los momentos en los que corresponda practicar deporte pero ahora, así, me apetece más bien nada pasar frío, padecer rinitis e ir vestida con capas gruesas y tapada hasta los ojos.
Va a ser invierno y a mi me gustaría que llegara la primavera...
Va a ser invierno y a mi me gustaría que llegara la primavera...
jueves, 26 de noviembre de 2009
Importancias...
Han sido muchos días. Lo reconozco y entono el mea culpa y, si es necesario, cantaré un canto gregoriano. Nunca antes había sucedido. Y ahora intentaré explicarme por qué. Antes quiero hacer un modesto reconocimiento a l#s seguidor#s mudos que siguen visitándome, a pesar del prolongado silencio que he venido regalando. Tiene un enorme mérito, que hubiera devenido en perfección si se hubiera dejado algún rastro, incluso pequeño, del paso fugaz.
Decía que han sido muchos los días de silencio. He estado fuera. He estado llorando y he estado, por último, extrañamente ocupada en temas laborales.
Estuve fuera una semana y se me desorganizó el sueño, el apetito y el cuerpo por la falta del habitual ejercicio. Pero ya he podido reorganizarlo todo y ahora como bien, duermo sin química y me ejercito como durante los últimos cuatro años.
He estado llorando y es cierto. Llevo mal las ausencias y hay una que, por reciente, sorprendente y dolorosa, me sigue arrancando suero fisiológico en todas partes. El tiempo va a borrar todos los pequeños matices y dejará un gran recuerdo de la persona que se fue.
Y el trabajo me ha desbordado, para mi sorpresa, hasta el extremo de ir dejando temas pendientes de resolver durante días, lo cual añade una enorme dosis de ansiedad a mi existencia.
Pero este regreso es especialmente relevante porque he de confesar que sentí que se me escapaban las ganas de contar y eso sí era nuevo por completo. Ahora que quizá tengo más cosas que trasladar a la pantalla es cuando decido encerrarme un poco más. Confieso que he atravesado una travesía callada, que se me antoja excesivamente larga. He tenido encuentros que me enmudecieron. Otros que me desataron. Y ni los unos ni siquiera los otros me preocupan.
He dejado de pensar en determinadas personas del pasado y me siento entre paréntesis. Algo va a suceder, presiento a veces. Y va a cambiar mis escenarios. Así que decido no intervenir, de la misma manera que odio elaborar documentos innecesarios...
Yo sigo echando de menos y alguna vez no sé a quién. Supongo que eso es lo único que realmente importa...
Decía que han sido muchos los días de silencio. He estado fuera. He estado llorando y he estado, por último, extrañamente ocupada en temas laborales.
Estuve fuera una semana y se me desorganizó el sueño, el apetito y el cuerpo por la falta del habitual ejercicio. Pero ya he podido reorganizarlo todo y ahora como bien, duermo sin química y me ejercito como durante los últimos cuatro años.
He estado llorando y es cierto. Llevo mal las ausencias y hay una que, por reciente, sorprendente y dolorosa, me sigue arrancando suero fisiológico en todas partes. El tiempo va a borrar todos los pequeños matices y dejará un gran recuerdo de la persona que se fue.
Y el trabajo me ha desbordado, para mi sorpresa, hasta el extremo de ir dejando temas pendientes de resolver durante días, lo cual añade una enorme dosis de ansiedad a mi existencia.
Pero este regreso es especialmente relevante porque he de confesar que sentí que se me escapaban las ganas de contar y eso sí era nuevo por completo. Ahora que quizá tengo más cosas que trasladar a la pantalla es cuando decido encerrarme un poco más. Confieso que he atravesado una travesía callada, que se me antoja excesivamente larga. He tenido encuentros que me enmudecieron. Otros que me desataron. Y ni los unos ni siquiera los otros me preocupan.
He dejado de pensar en determinadas personas del pasado y me siento entre paréntesis. Algo va a suceder, presiento a veces. Y va a cambiar mis escenarios. Así que decido no intervenir, de la misma manera que odio elaborar documentos innecesarios...
Yo sigo echando de menos y alguna vez no sé a quién. Supongo que eso es lo único que realmente importa...
viernes, 13 de noviembre de 2009
Emociones...
Siempre que me alejo un poco de mis lugares, me entra un algo extraño, una sensación rara, como de no tener que volver nunca. Es imposible descartar el elemento accidente pero soy una mujer razonablemente optimista, por norma. Así que no tengo ninguna intención de, a pesar de las circunstancias ajenas adversisimas que estoy viviendo, dejar constancia de las preocupaciones y miedos y ansiedades que el breve desplazamiento me genera.
De lo que no se habla, no existe. ¿No era esto lo que practica tanta gente? Pues por una vez...
No le damos ningún valor a tantas cosas, como la salud o la propia vida. Y pueden fallar. Los hospitales están llenos de gente sufriendo. Mueren personas cada día. Y a veces a una le toca de tan cerca que se derraman litros de lágrimas, sin ninguna vergüenza. A estas edades llorar no es un signo de debilidad, me dicen para contradecirme, algunas veces. Y eso que a mi nunca me ha gustado. Soy fuerte. Soy fuerte.
Pero no lo soy. Hasta yo misma lo sé, ahora.
Mañana lloraré, infinitamente. Y será una despedida entrañable, aunque no me atreva a salir a leerle ningún pensamiento, ningún mensaje para que se lleve en el bolso en ese largo viaje. No pienso soltarte. Te quedas conmigo... Aunque yo me vaya.
Hasta la vuelta...
De lo que no se habla, no existe. ¿No era esto lo que practica tanta gente? Pues por una vez...
No le damos ningún valor a tantas cosas, como la salud o la propia vida. Y pueden fallar. Los hospitales están llenos de gente sufriendo. Mueren personas cada día. Y a veces a una le toca de tan cerca que se derraman litros de lágrimas, sin ninguna vergüenza. A estas edades llorar no es un signo de debilidad, me dicen para contradecirme, algunas veces. Y eso que a mi nunca me ha gustado. Soy fuerte. Soy fuerte.
Pero no lo soy. Hasta yo misma lo sé, ahora.
Mañana lloraré, infinitamente. Y será una despedida entrañable, aunque no me atreva a salir a leerle ningún pensamiento, ningún mensaje para que se lleve en el bolso en ese largo viaje. No pienso soltarte. Te quedas conmigo... Aunque yo me vaya.
Hasta la vuelta...
jueves, 12 de noviembre de 2009
La vuelta...
Del 4 al 12 de un mismo mes van varios días. Y todo es tan relativo que pueden parecer eternos o un breve paréntesis, dependiendo. En este caso son los de mi silencio en este lugar. Tengo grandes argumentos y algunas razones que alegar en defensa propia, pero no voy a hacerlo. No porque sepa que es inútil y nadie va a recibir el mensaje. No lo haré porque estoy triste. Triste de raiz, profundamente, tomada por sorpresa. Con una tristeza real, de las verdaderas, de las que nacen dentro y salen muy despacio hacia afuera, porque no hay ninguna necesidad de manifestarla. Una tristeza que refiere una pérdida tangible, material, definitiva.
No dejo de repetirme que tenía que haberme dedicado más y que los gestos fueron insignificantes cuando necesitó compañía.
Qué mal rollo el cambio de tono de este post. Por una vez que me pongo. He recibido una llamada durante el primer párrafo que se ha llevado la concentración. Y se nota. Mucho. Lo siento. A esto se le llama volver por la puerta grande...
Echo de menos esas lecturas breves que son los post de los blogs que leía habitualmente, eso cuando disponía de tiempo. Echo de menos sentarme ante esta pantalla y escribir al dictado de los sentimientos. Echo de menos el cuerpo a cuerpo, el contacto físico y los guiños. Me da miedo ver el reader y que me lance las infinitas negritas de todo lo que tengo por leer. Y esto va a ser largo porque me voy unos días y apenas tendré acceso a un ordenador. Y, de tenerlo, será por razones obviamente naturales y exigencias del guión. Una se va pero a contracorazón y con ganas de volver. Esa es una de las cosas que nunca cambia...
No dejo de repetirme que tenía que haberme dedicado más y que los gestos fueron insignificantes cuando necesitó compañía.
Qué mal rollo el cambio de tono de este post. Por una vez que me pongo. He recibido una llamada durante el primer párrafo que se ha llevado la concentración. Y se nota. Mucho. Lo siento. A esto se le llama volver por la puerta grande...
Echo de menos esas lecturas breves que son los post de los blogs que leía habitualmente, eso cuando disponía de tiempo. Echo de menos sentarme ante esta pantalla y escribir al dictado de los sentimientos. Echo de menos el cuerpo a cuerpo, el contacto físico y los guiños. Me da miedo ver el reader y que me lance las infinitas negritas de todo lo que tengo por leer. Y esto va a ser largo porque me voy unos días y apenas tendré acceso a un ordenador. Y, de tenerlo, será por razones obviamente naturales y exigencias del guión. Una se va pero a contracorazón y con ganas de volver. Esa es una de las cosas que nunca cambia...
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Solitudine... tan temida...
Como un puñal en acción alevosa, una traición servida en frío. Como una venganza medida o una maldición inesperada. Por la espalda, trapera, sin avisar, irrumpiendo alegrías. Así acabó la jornada, con decepciones a pares y lágrimas y horizontalidad en solitario y a solas. Llegó y se llevó mi sonrisa y todos los esfuerzos por mantener el equilibrio. Esos que no se notan desde fuera pero que dentro obligan a ser una sobremujer (súper y supra también, claro).
Nada que vaya a recordar dentro de cinco años, vamos. Que tengo tan mala memoria...
El ramo de flores llegó hoy, con unas horas de retraso, cierta dosis de ilusión y las disculpas escritas en letras cuidadosamente diseñadas. Preciosos, ambos. Preciosos.
Y el dolor de barriga llegó vía teléfono, a unos cincuenta kilómetros de aqui, manifestando dolores llenos de lágrimas y añoranzas. Conmovedor, sin duda.
Todo bien. Gracias...
Nada que vaya a recordar dentro de cinco años, vamos. Que tengo tan mala memoria...
El ramo de flores llegó hoy, con unas horas de retraso, cierta dosis de ilusión y las disculpas escritas en letras cuidadosamente diseñadas. Preciosos, ambos. Preciosos.
Y el dolor de barriga llegó vía teléfono, a unos cincuenta kilómetros de aqui, manifestando dolores llenos de lágrimas y añoranzas. Conmovedor, sin duda.
Todo bien. Gracias...
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Acerca de los datos personales
- spark
- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)