A veces eso tan socorrido a lo que repetidamente llamamos vida me parece un torbellino, una de esas violentas atracciones látigo, porque me tiene atrapada como lo haría una manga tubular de fuertes vientos. Como en una mesa de Las Vegas, en las que el croupier pregunta un poco hastiado, hirsuto y sin ganas el consabido ¿alguien da más? por enésima vez en la misma noche, justo antes del cambio de turno y siendo grabado y observado por cientos de discretas cámaras, la vida se va superando un poco cada día. A sí misma. Y a mi también, lo reconozco. Y una mañana te ves de pronto habiendo conquistado una breve cima, modesta en tus limitaciones, y crees haber llegado (a ese cualquier lugar al que te estabas dirigiendo, programada, desde la tierna juventud y como la autómata en la que te has venido convirtiendo, discreta y callada, esforzada y con cierta dosis de orgullo mal disimulado). Has llegado, probablemente. Si. Y al día siguiente, henchida de satisfacción y un poco más muerta, más vivida, que el día anterior te sorprendes siendo arrastrada en pasos sucesivos, todos igual de ascendentes, con cara de noentiendonada. Porque la vida es eso, a veces. Una sorpresa y momentos felices. Una rutina aburrida y tristezas alargadas. Nunca se gana siempre. Siempre se aprende. Todo llega y el tiempo nos va colocando, ordenad#s, en nuestro lugar natural. Mucha frase hecha y demasiada metáfora para una noche tan...
Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...
miércoles, 12 de enero de 2011
martes, 11 de enero de 2011
Hoy, que ha pasado el tiempo...
Estoy en día fértil y me deberían atraer los tipos malos. Aqui no hace el mismo frío que allí y me sonrío. Han regresado los colores, enfrentándose al blanco y el azul. Necesito descansar agotamientos y algún que otro virus. Los días parecen más cortos que nunca y no me estoy refiriendo a la luz. Hay silencios y prisas y cancelaciones previsibles y falta de bondad pero todo está en orden. Han faltado momentos, han sobrado tiempos...
domingo, 26 de diciembre de 2010
Aqui és Nadal i estic contenta...
Estoy empachada de días, noches y sueños. Porque ¿quién puede explicarme la razón de que la noche de Navidad haya soñado contigo? Uno de esos sueños líquidos, prístinos, transparentes y tangibles, reales y verdaderos. No recuerdo con claridad lo sucedido [esa sucesión de fotos que luego nos empeñamos en unir para que adquieran algún significado lógico] pero las sensaciones se arrastran conmigo desde que puse el primer pie en el suelo esta mañana. No recuerdo cuál fue. Tampoco dónde estábamos pero sí haber recuperado la calma, el sosiego perdido con el reencuentro. Esos reencuentros en los que una siente que no han pasado ni diez minutos desde la separación. Y han pasado ya cinco años. Creo. Llevo mal las cuentas, todas. Me empeño en recordarme que soy de letras pero lo cierto es que mi torpeza con los números y las operaciones más elementales empeora con el paso de los meses. Decía que he soñado uno de esos sueños molestos que no se despegan. He comido demasiado. He preparado equipaje con material duro y material blando y he salido a pasear, a pesar del frío, a contar pasos. He notado que sin cansancio mis noches siguen igual de vivas. Y he sido una segunda que no ha querido enfadarse, con lo cual no hubo riña. Odio discutir y solo lo hago en situaciones extremas. Así que anoche no era el día. Como tampoco lo era para tenerte en un largo sueño, porque juro que no venía pensando en ti y no había tenido oportunidad de recordarte. Bueno, a no ser que cuente el hecho de haber sentido cómo se me detenían los latidos del corazón al verte tras una luna de una tienda del barrio, tan idénticas las siluetas, tan perfectas las facciones y hasta los accesorios. Y tan imposible que fueras tú, por un millón de razones...
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Una escribe sin detenerse y cualquier cosa, como es de leer...
Esta vez la clara minoría ha alcanzado a treinta de cien y, por decir, un par de tres hemos tenido la voz cantando, orquestando y gobernando el largo momento decorado de azules y grises y corbatas de colores con originales gemelos y camisas blancas o celestes, de impolutos cuellos rígidos de impecable plancha. La vida es corta y el mundo pequeño. Todo da vueltas y confluye. Somos poc#s. No es bueno dejar cadáveres tirados por ahi, que todo regresa y, bondades o no, acaban por repercutir en uno de los centros neurálgicos como, por ejemplo, el corazón [ese órgano tan frágil tan difícil de suplantar]. Una nunca sabe por dónde arribará la sorpresa última, el cambio reciente, el movimiento final hasta que suceda otro. Viajo deprisa y me apuro el tiempo, sorbiendo bocanadas cortas y rápidas, aún a riesgo de hiperventilaciones pequeñas y risas entreabiertas y mal disimuladas, que la alegría y la actitud son tan buenas como tú...
martes, 14 de diciembre de 2010
De perfecciones y cosas similares...
Hacia adelante hay trenes, aviones, deporte, frio y colores intensos, idiomas y tardes al calor de una habitación de hotel. Más adelante sigue habiendo movimientos, cortos, locales, periódicos y hasta diarios, también. Por fin, con el calor llegan los grandes saltos, motores de avión, océanos y playas rubias de aguas turquesas y piel tostada para pasar a infinitos paisajes vacíos de tremenda naturaleza, en autonomía, algo de soledad compartida y oxígeno puro, al volante de nuestras vidas. No me hablen de conformismos, que es que todo eso, lo lamento, no es perfectible...
lunes, 13 de diciembre de 2010
Rubores y vergüenzas...
Aqui se nos echa encima la Navidad y a mi me pilla sin empezar a usar lar tarjetas. Otra vez por sorpresa y creo que es la razón de siempre: yo tomaría un avión a cualquier playa turquesa sin pensar en ninguna fecha concreta y sin recordar a nadie ni a nada, cosas ambas que tiendo a hacer impunemente y hasta con periodicidad. Con tantas vacaciones y el mismo número de compromisos formales y familiares que me encantaría poder evitar pero que me tienen parcialmente anclada en la ciudad que empieza a ser gélida, estos días. Luego me encanta. Vale. Pero no siempre ni todo, que hay momentos que se hacen complicados de vivir. Como el de desenvolver un regalo siendo observada y el centro de interés. O el de estar horas sentada a una mesa enorme haciendo sobremesas del mismo tamaño. O una suerte de horas muertas entre compromisos, que una no sabe cómo ocupar porque no dan para mucho. Y fuera, indefectiblemente, ese cielo gris de invierno, como lluvioso, con algo de viento y los suelos mojados, quizá por la humedad. Si, esa especie de tristeza que se da especialmente en invierno, por Navidad, como los cielos de color rosa anaranjado, tan típicos. Y así los brindis y las bromas o los reencuentros y los eseemeeses y el sentir que te falta alguien...
viernes, 10 de diciembre de 2010
Todo es un momento...
Me hablas de tristezas y visto una sonrisa. Meso distraída mis cabellos mientras me entretengo con el movimiento leve de las copas de los árboles que están detrás de mi ventana. Y pienso en todas las cosas que podrías querer cambiar y me paralizo un poco. No quiero entrar en la lista, quiero seguir con mi egoísmo avanzado y la comodidad de [me atrevo a escribirlo, aún a riesgo de conjurar] lo que se siente perfecto. Me detengo de nuevo y me exijo empatía, por un momento. Y vuelvo a aparecer y sigo no queriendo. Ni mover nada ni siquiera un poco. Nada. Respiro hondo y la sonrisa no está. Es la fuerza de lo que nos influye, el batir de alas de la mariposa de los grandes cambios, los efectos colaterales de una tristeza...
jueves, 9 de diciembre de 2010
De barcos y nidos abandonados...
Nada tan fácil como dar opiniones sin conocer ni sentirse comprometid#. Todo está bien, me repito. Y es así de aburrido. En algún momento me hierve la sangre y en otros muchos la mente. Me aparto de tus recuerdos a manotazos certeros y no quiero recordar que el Guadalquivir se ha salido, como yo alguna vez, de madre. No te habrá alcanzado, por supuesto, me tranquilizo. Seguirás una plácida existencia trufada [sugerente palabra, esta] de anécdotas y probablemente escapadas, a tu manera, como siempre, sin decir verdades como puños en lo sustancial y lanzándolas a la cara en los detalles nimios como al hablar de sentimientos. Tú, que deberías aprender tantas cosas, como a no doler ni por acción ni por omisión, técnicas ambas que dominas con maestría. Ni lo sabes. Sigues y dejas que tu nariz salga de la madriguera en busca de nuevos olores que perseguir. Así, con la oferta, resulta fácil que surja un bien de consumo mejor que el actual, tan visto, tan aburrido, tan poco estimulante. Y te vas, dejando atrás cualquier otra cosa, como un amor hundido. O algo así...
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Incapaz de recordar la última frase en inglés...
Mil bocanadas de aire fresco a toda velocidad, con la boca medio cerrada porque las altas temperaturas y el sol han devuelto al ambiente millones de insectos y una cosa [bastante asquerosa] es sentirlos rebotar en la cara o introducirse en los ojos y sus comisuras y otra bien diferenciada es comérselos. La espalda cubierta y protegida por un cuerpo femenino que es casi tan grande como yo, para mis reiteradas sorpresas en cada ocasión [muy a menudo, por cierto] en la que me detengo a observarla. Tempus fugit. Y la tecnología trae palabras de lejos que mantienen mi mente despejada y mis reflejos en guardia. Sol y paseos. Ping pong y risas de sorpresa. Encuentros alrededor de una mesa y sobremesas de café, largas. Son esos encuentros a los que en el futuro recorreremos en caso de añoranza, seguro, con un ¿te acuerdas de cuándo...? Si, tempus fugit y la vida se va yendo. Como para no vivirla intensamente, como para no pensar que [siempre] lo mejor está por venir...
viernes, 3 de diciembre de 2010
Buf. Y mil veces buf.
Déficit de seratonina y no se hable más. La química que debería solucionar este desarreglo cronificado tiene una larga lista de incompatibilidades y efectos secundarios de extensión idéntica a la de medio rollo de papel de plata, por ejemplo. Y el consejo, repetido para que cale: no escuches a tu cuerpo, no hagas caso, adelante con el tratamiento. Asusta un poco, en realidad. Y lo confieso porque así me siento más cómoda, porque no quiero engañar a nadie, mucho menos a mi misma. La melatonina ha fracasado. Y, sin relación alguna con nada de lo anterior, las algias me acompañan desde hace un par de días. Localizadas o abstractas, pero ahi están. A pesar de los tratamientos, persisten. Y aqui estoy, somatizando con impunidad, mientras la cabeza se me llena de caos en los aeropuertos cerrados, l#s afectad#s, el puente largo para algunos y la suerte de no tener que padecer a ese colectivo hoy. También estoy en aprendizaje de tantas otras cosas, un poco cada día, sin estridencias, ni golpes de Tarzán en el pecho. Nada. Silencio. Y suspiro...
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Todo esto y ninguna de las demás cosas...
A veces... un suspiro de los de llenarse los pulmones tan a fondo que te sientes un poco globo. Y silencio. Espirar despacio para que la oxigenación sea completa. Dejar la mente en blanco y concentrarse en el aire que te está ocupando toda. Así se va un poco la furia del primer momento, la molestia, el sentirse incómoda en una conversación que no quieres mantener. Pasa un poco el tiempo y me desconecto ligeramente del origen del fastidio, de la interrupción, del frenazo. Me agudizo, lo noto. Y voy perdiendo la paciencia y me vuelvo [todavía más] pragmática con todo aquello que no me apetece. Intento concentrarme en quien me habla, a pesar de estar interrumpiendo mi propia tarea. No, no he aprendido a sonreir, mientras. Faz seria, resolutiva, con prisa. Eso sí se nota. Y hablan y a veces disimulo el estar sin escuchar, gesticulando un poco de manera neutra. Otro suspiro. Esto es así cada vez más a menudo y estoy cambiando demasiado...
jueves, 25 de noviembre de 2010
La vida y el deporte, aunque no sea un tratado sino un día difícil como cualquier otro...
Tengo de nuevo al elefante sentado sobre la cabeza. Es tensional, lo sé. Pero molesto, igual. Independientemente del origen de la jaqueca, del dolor de cabeza, de la cefalea. Una presión uniforme por todo el perímetro craneal, permanente, intensa y con un origen conocido, con relación de causalidad, vamos. Por tanto, no me preocupan las consecuencias sino la forma de controlarlo, matizarlo y hacerlo desaparecer. Toda la tarde de infructuosos y tímidos esfuerzos. Inútiles. E intercalando sonrisas y ánimos porque hay quien está todavía en peores condiciones y necesita palabras grandes, miradas cómplices y repetidas y breves palmadas en la espalda, a la altura del hombro. Hay momentos en los que la vida se llena de enormes preocupaciones, de grandes decisiones, de momentos críticos en los que hay que actuar deprisa o de manera meditada. otros, en cambio, no. Hoy se jugaba un partido, con riesgo. He sido parte del equipo y defendía una suerte de portería, grande y profunda [ojo con símiles inadecuados, niñas; que no] y es como si estuviéramos en segunda prórroga. me siento igual de nerviosa, inquieta, ansiosa y presionada. Igual.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Vigorexia...
Subo las escaleras de a tres y no quiero estar sentada. Me remuevo en la silla porque se retrasan en traerme la comida. Me he abstenido de ir al gim para ver si descansando un poco consigo bajarme el ritmo. Y es que he dormido seis horas seguidas y se conoce que me han regenerado. No. Por fuera no. Milagros tampoco. Sigo pareciéndome un poco a Pluto. Una retirada, vamos. Por las mejillas, digo. Vale. Sé que exagero pero es que en breve me hago andaluza. Todo se pega menos la inteligencia. También eso lo sé. Speed, que también se le llama a la velocidad con la que transito y me muevo y mantengo. Como un crucero. Mientras sueño [¿será por planes?] con infinitas playas de arena blanca [o rubia], sin gente, con horizonte azul y un sol de los que me obliga a vetir gafas muy oscuras y a repetir constantemente aplicación de protector solar del 40 [que yo, como Jei, también soy, de hecho, extremadamente blanca]. Y carreteras vacías que recorrer en moto, sin horarios, sin prisa, sin reloj, contigo...
martes, 23 de noviembre de 2010
Exagerando...
Me pesa la cabeza y no me gustaría que sonara a queja. Es una forma de pasar por el teclado [ese que a estas alturas tecleamos con prisa y precisión] la mañana de hoy, con este cielo casi blanco de tan celeste, tan de invierno, tan frio. Se presiente la nieve y la temporada que comienza y se me instala la pereza. Por el frío por el gris por el hielo y por recuerdos de miedos en una carretera nevada, helada, brillante en una montaña desconocida, noche cerrada y cielo negro; los copos reflejados, magnificados, por las luces cortas; el sudor de las manos medio agarrotadas [por el frío y por el propio miedo], el no saber a dónde hay que llegar y mucho menos cuándo, el sentir los neumáticos resbalando bajo tu propio peso y el volante de material sintético a medio congelar. Total, no pasó nada y aqui estoy. Vale. Pero anda que tener que repetir la escena con un par de años de diferencia no fue en absoluto agradable...
lunes, 22 de noviembre de 2010
Colores pero sin título...
Me da pereza escribir si veo los días que han pasado desde el último post. Y me da pereza igual, sin verlos. Esa sería la palabra que llena bocas. Pereza. Me sorprende verme sin ganas ni temas ni ideas ni inquietudes. Ni nada. Hay cosas que no cambian nunca y otras que son como son. Pero esta sensación es nueva y el silencio prolongado en el tiempo es incómodo. No quiero leerme. Ni que me lean. Tampoco. Y eso, evidentemente, hace que me repiense la razón de esta ventana al público. Si quiero intimidad basta con hacerlo privado y desaparecerme. Ni que fuera a ser la primera vez. Pero tampoco aquella vez primera [o segunda] en la que decidí cerrarlo [estaba siendo un poco perseguida y/o acosada, todo hay que dejarlo escrito] me sirvió de nada y tampoco me fue de ninguna utilidad. Así que se me fueron las ganas. De cerrar el blog, digo. Y de escribir. Y hasta de correr o cuidar mi dieta o ser amable cuando tengo [es un pequeño símil, un guiño] la boca llena de culebras y las peores intenciones y sin embargo.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
J'te le dit quand même...
Un coche dorado intenso y una de las calles más anchas de la ciudad. Un ático pequeño y una terraza con plantas. Hamburguesas especiales y verduras, un gato. Pelo moreno bastante corto y muy brillante. Una ducha con mampara esmerilada en la que apenas cabían dos y una cama estrecha. Miles de conversaciones y tres cientos silencios llenos de reproches. Escapadas de fin de semana y de miércoles por la noche. Descubrir restaurantes y todas las playas. Disparar fotos de manera indiscriminada para dar la bienvenida a la era digital. Música con letra y ningún baile de son ni de salsa ni de nada. Las mejores caricias del mercado y besos sin superar, a estas alturas. El pelo revuelto sobre tu sofá naranja y la manta marrón. Orden impecable y mi confusión y la traición. Doble. Consciente. Egoista. Lúcida. Sin improvisar. Doliente. Con todas sus consecuencias. Perfecta.
Tendría que empezar a encender velas y a prepararme para mañana. No en genérico [que también] sino el que comenzará después de mis varias siestas a partir de las siete, con el sonido del despertador. Este miércoles cansado, tan sola, tan poco acostumbrada ya, envuelta en música francesa y miedos, escucho letras ajenas mientras intento hilvanar frases con sentido. Pienso en ti y en el fin de semana, consciente de que nada cambiará con el paréntesis y lo que es la vida tras el sueño reaparece el lunes, cierta, si es que queda alguna certeza, hoy, cuando me han derribado un par de ellas en una misma llamada telefónica. Quisiera saber que no vas a moverte del sitio y vas a seguir amándome y regresarás, a pesar, aunque...
martes, 9 de noviembre de 2010
En todas estas cosas, pienso ahora...
Cuando comienzo mentalmente con un [odioso] "me gustaría" es porque ando dispersa. Que me conozco. Diría que me ilusiona la ilusión ajena y que pienso en escribirte una carta, que no puedes leer. O en emprender un viaje imposible para cambiar de presente y reinventarme como downshifter de portada de las publicaciones especializadas. Que ya no sé cómo rechazar tus incesantes invitaciones, ajenas a la sutileza y burdas como el cáñamo o el yute o las restantes fibras naturales conocidas. Que los días que separan tu advenimiento son ya solamente tres, que descuento despacio, como si la espera fuera una margarita. Que extraño los días sin prisa de no hace tanto y aquellos en los que leía enormes textos cargados de millones de datos y sensaciones. Ahora rio por las noches y lucho sobre la cama para seguir perdiendo, sin lugar alguno a la mínima duda, mientras escucho alguna carcajada gutural, ya masculina, entre silencios femeninos expectantes que también evolucionan y han dejado, a veces, de emitir queja. Que mantengo la casa caliente y la pintura impecable y he colgado las cortinas que me regalaste unos meses atrás, porque soy lenta en la toma de decisiones, alguna vez. Que todo está perfecto, en equilibrio, sin lucha de fuerzas ni otras descompensacionese. Una nostalgia pequeña, en el pliegue del bolsillo de mi pantalón negro, si. Es pequeña. Pero es nostalgia, al fin y al cabo. Seguramente porque no estás y aún estoy aprendiendo a sobrevivirte...
viernes, 5 de noviembre de 2010
Discúlpame...
...pero en tu ausencia he tomado cuatro aviones y he tenido la oportunidad de hacer nuevo uno de los baños; he paseado largamente por calles infinitas de diferentes ciudades y he perdido la paciencia; he repasado la historia de nuestro Reino y reglas de nuestro lenguaje; me han llamado dos cientas veces y he tenido incontables reuniones; habré escrito más de quinientos correos y habré lamentado recibir por lo menos otros tantos; te he extrañado y me he preguntado qué estarías haciendo, qué caminos andarías y cómo estarías llevando todo lo tuyo, tantas cosas; he visto algunas fotografías y me he puesto nostálgica de llorar y me estoy preparando para un primer aniversario de un dolor; también te he echado de menos y no he pensado mucho más allá, en este dejarme llevar un poco inexplicable [lo confieso, por esta vez], como de crisis... Discúlpame, anda: en estos días he estado algo ocupada...
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El instante capturado en esa foto...
La imagen regresa nítida, como lo era el aire a más de cinco mil metros de altitud sobre el nivel del mar. Horas de incómodo desplazamiento en todoterreno por pistas sin asfaltar, cruzando montañas que a cada segundo ofrecían nuevos paisajes, tan poco familiares y propios de algún espectáculo de reportaje televisivo de la dos. Mejor no recordar el lugar exacto en el que se está y la sugestión no acaba por aparecer. Se hace difícil respirar y la presión en las sienes es rara. Saberse en medio de la nada y siendo avisada puntual y periódicamente de que al menor de los síntomas hay que ponerse en marcha para comenzar un descenso de urgencia resulta inquietante. Hay que dormir ahí, cuando el sol se ponga y no haya nada que hacer; cuando hayamos sobrevivdo a una cena de alta montaña, a base de deshidratados y de sopa de cubitos y pan de molde y mermeladas; cuando el frío comience y el viento -con suerte- haya amainado; cuando el día termine. Vamos, vamos a dar un paseo. No pretenderás quedarte aqui. Un valle inmenso, un altiplano entre cumbres de nieves perpétuas y el lecho de un rio gris, poderoso, limpio, esculpido en la tierra. Mínima vegetación y todas las piedras. Unas fotos, pónte contra el viento y sonríeme, anda, que siempre sales tan seria... Angustia, inquietud, preocupación. Le duele tanto la cabeza... Venga, sigamos caminando, al menos hasta esas banderas de oración, allí dónde la pagoda. El miedo instalado en la boca del estómago, que la noche será larga. Paseo limitado porque el sol se pone y la luz mengua deprisa. Nos llaman a comer, en la tienda grande y [casi sin apetito, casi con reparo] cenamos. Contra todos los pronósticos. Poco, mal, con prisas. Nos aguarda una de las tiendas y ahi el par de camas, una larga noche, dormir con la ropa y tantas mantas que moverse deviene imposible hazaña, ruidos extraños y soledades profundas, negras, acompañadas, infinitas. Mientras te sonreía feliz, en esa foto, con la piel quemada por el sol de esas alturas increíbles y nuestra larga estancia, todavía no sabía lo difícil que sería esa noche, escuchándote, vigilando, esperando...
Robando líneas...
Creo que estoy desaprendiendo a priorizar y ya apenas me detengo, ni respiro profundamente, ni le cuento a la gente lo mucho que me importa, ni me tomo un Actimel. Eso debe servir de ejemplo para que en el futuro recuerde la velocidad de crucero que mantengo desde hace un par de meses. Algún día, lo dejé escrito hace unos pocos posts, me recordaré en estos momentos, desdoblándome, y me sonreiré, egoísta, para mi misma, a solas, mientras inclino levemente la cara hacia abajo. Que me conozco. Y seré de las pesadas que cuenta batallitas de cuando entonces tenía tanto trabajo o viajaba tanto o pasaba el día en la capital del Reino o ni siquiera podía devolver llamadas de cortesía en días que, como hoy, recuerdan a santa...
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Acerca de los datos personales
- spark
- Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)