Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

domingo, 21 de febrero de 2021

De ninguna de las maneras...

Leo en algún lugar: “El amor maduro te da energía. El inmaduro es agotador”.

Debo estar verde como las frutas en los árboles. Esa es la conclusión.

Mientras maduro, sueño con un remanso de paz, el hombro en el que apoyar la cabeza, la mano que estreche la mía, un “estás bien, cariño?”, el “hoy hago yo la cena” o el típico “hoy es nuestro aniversario y tengo una sorpresa para tí”. El último viaje, el proyecto sereno y compartido.

Probablemente sea una ideación romántica y el mundo Disney una farsa, como las princesas rosas y los amores eternos. Pero mira, una de las pocas cosas que nos quedan son los sueños. Y no pienso dejar de soñar...

sábado, 20 de febrero de 2021

Las primeras veces de la soledad...

Voy a huir de los tópicos. De aquello de que nacemos y morimos solos. Esto es sabido y nadie lo cuestiona, aunque sea tan difícil de incorporar a nuestra vida. Dueante toda la vida.

Hoy toca valorar pequeñas cosas. Ínfimas. Mínimas. Insignificantes, pero tan importantes.

Y pensar en las primeras veces de la soledad recordando aquello de “cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez”?

Cuando eso tiene respuesta positiva. Cuando empiezas a saber que, de manera rutinaria, paseas, haces la compra, sales con la bici. Cuando todo eso se hace por costumbre en soledad. Cuando vas al cine sola, por primera vez. Y piensas en cómo ocupar el tiempo contigo misma.

Entonces, hay un punto de inflexión sin retorno, un después irreversible y se produce una fractura invisible que cambia las reglas del juego, la vida en sí, el presente y el futuro...

miércoles, 17 de febrero de 2021

Las 4 patas...

La vida tiene 4 patas. Familia, salud, amor y trabajo.

Se puede avanzar cojeando, obviamente.

Con cuántas patas se puede vivir?

En qué momento el cuerpo gritará que necesita equilibrio?

Los comentarios son bienvenidos...!

viernes, 12 de febrero de 2021

Las parejas de hoy en día...

Leo en cualquier parte algo acerca de las parejas. Categóricamente, se afirma que las de hoy en día viven cada un# su vida. Y luego comparten cosas.

No sería la definición de “amor Disney”. Seguramente, tampoco encajaría con el cuento de los príncipes y princesas que nos contaron en la infancia. No es el amor absoluto, el soñado, para no alargarme más.

Leerlo me ha desasosegado porque siempre tendré sueños perfectos de épocas Románticas.

Y, sin embargo, no es una definición tan desacertada ni alejada de lo real... 

martes, 9 de febrero de 2021

Exteriores y cultivos extensivos...

Soy de exterior. Como algunas plantas, mobiliario o tejidos. 

Me gustan el sol, el mar y el viento, vestir liviana y con pocas prendas, recibir el viento en la cara, como las gaviotas, que lo encaran siempre de frente, y que me desordene el pelo aunque no soporte ir despeinada. Contradicciones ninguna. Cuando me siento libre el pelo y yo vamos a nuestros aires. Y nos enfrentamos a todos los convencionalismos con la cara bien alta. Sin complejos.

Quedan algo así como diez y nueve domingos para que sea verano. Lo que a mi me gusta es que sea verano, por supuesto. Y la primavera. Y acercarme al mar, comerme el sol, desprenderme de casi todo. Perderme en pueblos costeros y navegar rincones inaccesibles por tierra.

El frío que disfruto es muy blanco y este año está siendo imposible. Por lo tanto, es accesorio [el frío] y sobraría y aún apetece más que desaparezca y que vuelva a ser primavera, pero ya, enseguida, muy pronto, sin demora. Los cerezos han florido. Imagino que los almendros también. Son los brotes de esperanza que recuerdan que los días se alargan y la etapa gris y lluviosa, húmeda y fría empieza a decaer.

Me concentro en cosas minúsculas, como éstas reflexiones: son lo único que puedo gobernar, de alguna manera, directamente, ahora que lo crucial está fuera de mi alcance, en manos de otr#s y cultivo extensivamente la paciencia como si fuera la cosecha esperada de un campo de maíz...

lunes, 8 de febrero de 2021

Miedo. A escribir...

Revisitar lo escrito muy en modo automático desde hace tanto tiene consecuencias. Incrementa la autocrítica, por ejemplo. Y atemoriza.

De pronto tomas consciencia y da miedo pensar. Unir letras. Enlazar frases. Escribir.

Se pierde la noción del por qué. Y la utilidad que antes era tan evidente. Desaparece.

Lo que tenía de terapéutico se llega a cuestionar y los beneficios son hoy invisibles.

Quizá haya sido un error releer para ordenar lo imposible... 

domingo, 7 de febrero de 2021

Blog. De notas...

Gracias por venir. Otra vez. 

Por llenar la casa que se vació cuando te fuiste.

Por atreverte a enfrentarte al miedo de regresar aqui, sintiendo que no eres bienvenida.

Eras esperada. Eras añorada. 

Me ha sabido triste y mal separarme de ti. Me apenó. 

Me giré y te ví lejos pero me pareció que estabas bien. 

Esa es mi prioridad: que estés bien.

Gracias...

N.B.: ya disculparás que me haya puesto cursi...

jueves, 28 de enero de 2021

Gratitudes que son eternas...

La gratitud es algo bonito, que hay que compartir, reconocer y hacer público. Pues allá voy...!

Una agradece, por ejemplo, que la llamen y le propongan, que la inviten a comer o a coger la bici hasta el fin [del municipio], que la recuerden porque sí, hoy, ahora.

También es de agradecer que te adivinen en el mood general y típico de este nuestro entorno sostenidamente incierto y solo quieran saber.

Es precioso saber que alguien recuerda que existes, en esta etapa de profundas soledades que cuestan tanto de romper. Que te contacten para contarte que han roto, por fin, o que mañana hay golf, que te apuntes.

Me quedo con quienes están lejos, detrás de un teléfono, pacientes y escuchan y preguntan para pensar a la vez y entender hasta lo menos comprensible del mundo, como son los sentimientos.

Gracias. A todas...

Llámame...

Cuando tengas un momento, llámame. 

Tengo que decirte que te quiero...

jueves, 21 de enero de 2021

Deshacer, desandar...

...caminos, nudos, el amor, malentendidos, besos y caricias, etapas, entuertos, equipajes y maletas, sueños, planes, proyectos e ilusiones, esperanzas, madejas, castillos de arena, rutas, paseos,...

El amor se deshace después de haberlo hecho, como sucede con las ilusiones, de la misma manera que se desandan los caminos recorridos. 

Y todo vuelve a comenzar...

domingo, 17 de enero de 2021

Hay [algunas] tardes que...

Tardes pesadas como losas de cementerio, como cubos de rompeolas, como columnas basálticas de la naturaleza o dóricas de los romanos. 

Tardes lentas como los tiempos muertos y los últimos segundos de un partido si la ventaja es escasa, como el rato de cuando se espera el rodar de los neumáticos de un avión al aterrizar, como un parto largo y complicado. 

Tardes vacías como los nidos que preparan los progenitores y ya cumplieron su fin, como una cantimplora en la travesía de un desierto en pleno verano, como la paciencia a media pandemia.

Tardes de ahogo como de ataque de ansiedad, como de exceso de tiempo bajo el agua jugando a aguantar la respiración, como si respiras dióxido de carbono de dos coches en marcha y encerrados en un garaje típico americano.

Tardes agotadoras como los infinitos por qués infantiles, una carrera larga o el ascenso a un cuatromil, como explicar lo mismo varias veces.

Hay, sí, tardes pesadas, lentas, vacías y de ahogo. Agotadoras. Suelen seguir a la certeza que aparece cuando la frialdad se instala en los abrazos de hace solo siete días, contados, muriendo, matando. 

Y todo se mezcla de pena, incertidumbre, miedo. Y se tiñe de lágrimas transparentes y grises. Y te sientes pequeña, poca cosa, asustada. 

Una tarde...

jueves, 14 de enero de 2021

Orden. Sin conciertos, últimamente...

Día dos de mi nueva propuesta vital. Llamémosla así, a colación del post de ayer. Dos cosas han desaparecido de mi vista. Y de mi vida. No molestaban porque estaban bien dispuestas, en posición simétrica y tenían un lugar. Pero eran inútiles.

Sigue dando un mini momento de placer, suprimir objetos prescindibles. Seguiremos viendo...

Pienso que lo que realmente quiero es dejar huellas de mis pies descalzos en una playa de arena gruesa, color ocre, y vacía. No sé el por qué de la tontería pero se me repite la imagen de las huellas y la playa, las visualizo, y mira que hace frío. 

Desconozco si puede tener algún significado especial pero a continuación el alma me pide salir a borrar cada una de las huellas, todos mis pasos, con movimientos laterales, cortos, para rellenar el espacio, hacer ver que nunca existió la pisada y que si me moví fue por error y para cometerlos.

Hay otras muchas cosas que me gustarían pero hoy no. Hoy estoy un poco furiosa y enfadada conmigo misma. Decepcionada y en proceso de duelo, un poco más fría, precavida y desconfiada que ayer, que el domingo, sin ir más lejos. O el día 6. Eso no es relevante.

Sigo mascando frases, palabras, algún largo silencio que ha otorgado tantas cosas. Intentando comprender cómo caí de nuevo en la trampa y bajé la guardia. Rememorando ando un consejo: los nudos no se deshacen, se cortan. Y me resuenan unas palabras sabias: Sil, que ya no tenemos edad para andar deshojando margaritas día sí, día no...

Me sigue apasionando vivir. Habrá que recordarse aquello de que el amor comienza por uno mismo y que hay que andarse con ojo porque ahí afuera quedan personas complejas, que somos todo menos lo que parecemos, a veces. Es de lo que se trata, ¿verdad? Salir a vivir, por la puerta grande...

miércoles, 13 de enero de 2021

Hay días tan llenos...

A veces hay días llenos de vacío. Pero no hoy. Estímulos, impulsos, protestas y adrenalina. Un poco de enfado e impotencia y mensajes contradictorios y torpes, bienintencionados. Replanteamientos mentales muy rápidos, opciones de retiradas sin descartar y con miedo. Todo llegará. Hoy no.

Desfallezco en un sofá verde. Pretendo desconectarme concentrándome en nada. Repaso al menos cinco veces el menú con las propuestas. Ninguna me convence. Persevero, por si acaso. Y lo encuentro. Un reportaje americano sobre el minimalismo. 

Me he desecho de la primera cosa. No ha sido fácil [y solo es la primera!!]. Creo que voy a ir siguiendo, hasta que me tope con uno de los objetos sagrados y me duela imaginar mi vida sin él. Los objetos que superaron la mudanza ya son bastante fetiche. Y tienen una explicación y merecen el lugar que ocupan. Pero veremos si esto me lleva a alguna parte...

jueves, 7 de enero de 2021

Hoy, que necesitaba explicarme un poco...

A pesar de ser consciente de los cambios, no me doy cuenta y tengo que repetírmelo. Me equivoco y tropiezo una y otra vez. 

Mi inconsciencia sueña con viajes imposibles, encuentros inadecuados, reuniones desaconsejadas y desplazamientos prohibidos. 

Mi realidad, en cambio, me empuja a traslados indeseados. Físicos y temporales. Pero muy poco deseados, con franqueza.

Y vivo así, en profunda contradicción. Queriendo lo imposible, rechazando algunas obligaciones.

No nos tocamos. No nos besamos. No saludamos y no salimos. Apenas.

Se me acaban las paciencias que he debido rellenar tantas veces que se terminaron antes, procuro destruir el aburrimiento de las reiteraciones y la falta de novedades, trato de sonreír [cuando me acuerdo], de pensar en positivo y de recordar que queda un día menos para retomar lo que sea que ha de venir como nueva vida, no se sabe cuándo. 

Y eso, cada día. Uno, otro, tres más, un mes, pronto se cumplirá el año y seguirá pareciendo mentira, una pesadilla, imposible.

Se une el miedo [que no todos confesamos], con la impaciencia y la incertidumbre [agotadoras, en combinación perfecta y por separado]. Las ilusiones pesan poco y tienen escasa fuerza en la ecuación, aunque están. Pero los movimientos son tan limitados que los recursos a nuestro alcance resultan ser cuasi inútiles si se trata de hacer cambios, por pequeños que sean. 

Uno quiere llegar, alargar, soñar, compartir, mostrar. Y, simplemente, no es posible. Y te quedas corto, empobrecido, pequeño, mermado. Frustración, faltaba añadir a la lista anterior. Son las nuevas rutinas y las soledades y las conversaciones pendientes, las reuniones por mantener, los encuentros entrañables e imposibles.

Hay que perseverar, tener clara la meta y los objetivos, alimentar las ganas, proyectar y soñar muy fuerte, porque llegará, porque llegaremos, porque querer es poder.

Aunque los días y las noches se parezcan tanto los unos a los otros, últimamente; porque aunque ahora sean mucho más fríos, son igual de anodinos...

jueves, 31 de diciembre de 2020

Lecciones...

Me empleo a fondo para convertir lo regular en extraordinario. En mi descargo puedo decir que tengo enormes motivos para hacerlo.

Sobre la marcha, en plena carretera de curvas, en un viaje tranquilo dando rodeos, sin prisa y parando para fotografiar, una llamada de esas que tenía pendiente para cuando tuviera tiempo, cuando fuera el momento. “En breve paso por tu pueblo. Estás? Estás disponible?”. Así. Improvisando. 

La respuesta ha sido: “Qué ilusión, tu llamada! Nadie viene a verme. Esto queda tan a desmano que...”, como justificándose.

Está haciendo cuarenta años de nuestra amistad. Me gusta pensar que soy de relaciones [anchas, amplias, diversas, ricas] largas, aunque últimamente...

Fue niño de anuncio, del tipo querubín: ojos verdes, cabello rubio con amplios rizos y piel muy blanca. Sonrisa cándida. De madre alemana. Ahora es un tipo canoso y atractivo, consciente de las dos cosas.

Me ha abierto su casa, su jardín trasero y hemos tomado el sol de invierno mientras volvíamos a ponernos al día. Sin nada que tapara nuestras expresiones, nuestras voces, bien separados y abrigados.

Sin pretenderlo [todavía no lo sabe], me ha dado varias lecciones, hoy, y algún consejo, que necesitaba y he escuchado y aceptado, ávida de ayuda.

He escuchado, sorprendida, cómo me contaba que en estos tiempos puede pasar cuatro o cinco días sin ver a nadie más que a los tenderos, cuando sale. Cuatro o cinco días, me escandalizo?? Y yo me sentía sola...

También me ha dicho que lleva en el móvil una fotografía de una familia de refugiados que viven el invierno en una furgoneta pequeña. Dice que le recuerda que, a pesar de todo, es un privilegiado. Y yo pensando en mudarme...

Vive austeramente, como un anacoreta, necesitando poco y plenamente consciente de su soledad. Y, mientras, yo asfixiandome en la mía...

Hemos escuchado un rato el silencio que él oye cada día y a mi me ha parecido ensordecedor. Y preciosa su hospitalidad y compañía, hoy, precisamente...

miércoles, 30 de diciembre de 2020

A veces, las preguntas...

Leo en algún lugar que las preguntas y las palabras que se atascan en la garganta conviene sacarlas, expulsarlas, vomitarlas violentamente, si es necesario. También recuerdo lo que se dice sobre las emociones contenidas, que hacen bola, bajan defensas, acaban por enfermar si se las ignora. Incluso lo que alguien me dijo no hace mucho sobre llamar si apetece hablar, pedir si se desea algo, compartir los sentimientos... y no dejar que sean los otros quienes adivinen y se equivoquen, por lógica. Aplastante.

Y como a mi se me está haciendo una bola de proporciones gigantescas, del tipo diámetro de satélite, globo terráqueo, planeta, voy a deshacerme de las dudas. Y pregunto al cosmos, a mis guías o ángeles custodios, a quien sea que vele por mi [si sigue desempeñando sus funciones, cosa dudosa últimamente...] por qué se ha desvanecido, por qué se aleja cuando hay distancia física, por qué no comparte lo que sean sus pensamientos, por qué abandona la partida y la transforma en un solitario, por qué no encaja estar pensando y proyectando un camino compartido y sentirse apartada, nadie, un estorbo...?

Por qué es tan difícil avanzar en un objetivo común, que requiere esfuerzo, voluntad, ganas y encaje? Por qué sentirse nada, nadie cuando existen posibilidades y opciones y hay privilegios y luego siempre compensa, cuando se comparte en las circunstancias adecuadas? Por qué de pronto no me funciona ninguno de los recursos que antes dominaba para pacificar, proyectar, disfrutar viviendo? Por qué me duele estos horrores el adivinar el fracaso, buscar mi responsabilidad...?

Hoy, que he huído de mi misma y del lugar que debía ser mi paraíso para adentrarme e instalarme en el confortable y cálido hueco de mi casa, solo me asaltan los por qués en la rendija que deja el desasosiego, entre la soledad y los miedos... Un plan horrible, cierto?

martes, 29 de diciembre de 2020

También hay días muy difíciles...

Una nunca sabe a quién o qué va a echar de menos. 

Por alguna razón nos vemos fuertes en los momentos de debilidad y no nos comprendemos tomando decisiones que forzosamente van a impactar en nuestra vida. Entonces es difícil de ver. Seguramente ni lo sabemos, actuando por impulso. Pero sucede. Tarde o temprano sucede. Se caen los velos y se recuerda lo que fue bueno o nos hizo felices. Y cuando estás en el centro de una nueva etapa que entonces parece estupenda, es imposible darse cuenta de que la veremos más tarde con una perspectiva que distorsiona. Y probablemente nos arrepentiremos de haber tomado esa decisión que nos parecía maravillosa y la única. Nos equivocaremos. Tantas veces.

A veces, extrañamos lo irreversible... Y lo imposible.

Crepita la leña en un fuego difícil de encender. Estoy en baja forma y no había manera de que arrancara. Se consumen los troncos como si llevaran media vida cortados, incandescentes. Me ha costado conducir y me veo desde fuera, crítica. Me han costado muchas cosas hoy. Dormir. No llorar por la carretera, no olvidarme nada en la compra elemental, no sentirme en el Polo. No sentir, ni mirar al frente. Solo hoy. Solo ahora. Nada más. Tragar y comer. 

Cierro volviendo al título. Porque está siendo un día muy difícil, la noche se adivina fría y muy larga y ni siquiera soy capaz de pensar en mañana...

lunes, 28 de diciembre de 2020

Roots...

Todo lo que puede parecer es, sin duda, mentira. Excepto los gritos que escucho entre pitidos de diferente frecuencia, a ambos lados, aquí dentro. Las ideas televisivas de días felices en mi caso son espejismos. Y frío, sonrisas un poco a la fuerza y presencias sin orientación, sin concentración. No siempre quise estar ahí, con tanta gente.

Raíces? Casa? Dónde? Y quién? Pero cuándo?

Escucho a alguien hablar de planetas. Casual, por cierto. Y comenta acerca de luna llena en Géminis, resets en general, cierres de una etapa que se inició el 21 de junio, cuestionamientos, rediseño de proyectos y redefinición de roles.

Seguiré atenta, como siempre, como desde hace tanto. Solo por si es cierto que influyen de alguna manera [los planetas]. Y seguiré intentando deshacerme de la idea de que voy a tener que instalarme en el pasado para abrigarme, para sentir que existo, para formar parte y abatir la soledad a golpe de silencio.

Entro en un agujero aún más profundo. En plena parálisis. En busca de respuestas, listas, ilusiones, un poco de ganas. Todas las presencias se convierten en silencios vacíos, en abandonos dolientes y lo que desde fuera parece enorme, gigantesco, es por dentro un sinsentido ilimitado, hoy y ahora. La empatía siempre, siempre es una herramienta de dos direcciones, como las dos caras de un vinilo. Y hay que saber interpretarnos...

sábado, 26 de diciembre de 2020

Las Navidades son una fecha para olvidar...

Sí. Lo dice una nostálgica recalcitrante. Y son más difíciles a medida que pasan los años porque se suelen acumular ausencias y se suman vacíos. Hay sillas sin ocupar y se agolpan los recuerdos, incluso si mudamos de escenario. Persiguen. 

Lejos de ilusionar, debilitan y entramos en un paréntesis raro en el que nos separamos de quien nos acompaña cada día para reunirnos con aquellos a quien corresponde. O nos quedamos solos. O no celebramos, aunque estemos acompañafos.

Son fechas difíciles, extrañas, largas, desconcertantes y nos impacientamos, ansiosos por regresar a nuestra realidad y retomar comtumbres y rutinas y hábitos, no muy grandes, en éstos últimos tiempos...

Extrañamos lo que no tenemos y nos cuesta entender que nuestro lugar sea en esta compañía. Y me han contado que hay gente a quien le gustan estas incertidumbres provisionales que interrumpen la vida...

lunes, 21 de diciembre de 2020

Descripción gráfica de la palabra pánico...

Existen momentos memorables, es cierto. Y otros que preferirías no haber vivido nunca y sientes que nadie debería padecer lo mismo. Ni una décima de segundo...

Es de noche en un invierno que ha dejado de ser frío, tras una semana fresca a esta orilla del Mediterráneo. Y me tumbo en el sofá color verde oliva en el que he estado pensando largamente durante todo el día. Aún no he terminado de acomodarme bajo una manta de alegres y grandes cuadros de colores, mando en ristre, cuano suena el interfono. Firme, algo largo, dos tonos seguidos. Distinta, la llamada.

Asumo que acaban de olvidarse algo al salir de casa y casualmente miro por el visor del vídeo antes de darle automáticamente al botón para abrir la primera de las dos puertas. 

- Mossos de Esquadra. ¡Ábranos! - espeta un voz masculina, grave y autoritaria-.

- (...) - Abro sin decir nada. Mecánicamente. Obediente. Muy improbable que suban a este piso, pienso.

Suena el segundo timbre, algo más impaciente, apresurado. Me preguntan si vivo en el piso quinto, puerta segunda. Respondo que sí. No les cuento que era un requisito imprescindible para mudarme de hogar: que fuera alto, muy alto y luminoso. Me informan que suben.

Estupefacta, salgo al rellano y observo hacia el patio interior que da a la amplia y diáfana portería modernista y, con la perspectiva que me da la altura, alcanzo a ver en picado deambular nerviosos hasta seis pequeños Mossos de uniforme  (unos, vistiendo el normal azul marino con detalles rojos; otros, como de asalto para casos más peligrosos, idénticos colores, con casco), que murmullan el número del piso, que repiten el nombre de mis dos hijos: primero, uno. Luego, la otra. Y el apellido paterno, tan excepcional y tan mal pronunciado. Sigo pensando que es un error pero de pronto siento terror por no saber nada de mis dos hijos, de ninguno de ellos (¿desde cuándo?, intento pensar deprisa, sin éxito, mente nublada...).

Un par de policías suben en el ascensor, que es de los antiguos y muy lentos, y se presentan a mi puerta, con sus mascarillas y la mano derecha apoyada sobre sus pistolas. Uno se identifica como Caporal. Imposible escuchar y retener el nombre. Es el que está más nervioso. Y quien tiene el mando.

- ¿Con quién vive?, ¿cómo se llama su hijo?, ¿y su hija?, ¿dónde están?, ¿cómo está su hijo, de qué trabaja?, ¿cuándo lo vio por última vez?, ¿cómo estaba y cuántos años tiene? - disparan sin órden ni concierto, improvisando, un sinfín de preguntas difíciles para una madre en shock, sola, que lo único que puede pensar es que a su hijo le han dado una paliza, han encontrado un cuerpo sin identificar, me trasladarán al hospital a que los reconozca, que a la niña la han atacado...

Doy la referencia de la dirección de mi primogénito y, de manera simultánea, dan órden por los walkie-talkies a los compañeros que aún siguen abajo para que se dirijan allí. Como en off, lo oigo. Desde afuera, desde muy lejos. Como si nisiquiera escuchara yo. Llamo a mi hijo sin que ellos me lo pidan, con miedo y urgencia, y me responde inmediatamente  y me cuenta que está en su casa, que está muy bien y me pregunta qué me está pasando. Le entrego el teléfono al Caporal sin preguntarle y se ponen a hablar. Le interroga, pobre.

El Mosso que no está al mando me cuenta que el 112 ha recibido una llamada de emergencia. Al parecer, mi hijo llamó a una amiga para decirle que estaba desesperado y que quería suicidarse. Ella avisó a la policía y dio una dirección. Aproximada. Y un piso, inventado, parece claro. Nada cuadra. Tampoco mi miedo.

El chico de pensamientos suicidas tiene (o tenía) un apellido poco común de orígen árabe. Los míos comparten un primer apellido extraño y difícil de pronunciar, de procedencia y etimología vascos. Y lo lucen orgullosos en los buzones de la portería.

Eso es lo que los Mossos leyeron para decidir que el potencial suicida era mi hijo y para entrar en nuestras vidas y, sin saber, darles un vuelco. 

Ellos [mis hijos] y yo seguimos pensando si los Mossos habrán encontrado al chico, si habrán llegado a tiempo,  qué habrá sido de él chaval del apellido difícil de recordar...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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