Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 28 de noviembre de 2025

De futuros hermosos...

A estas alturas de la vida estaremos de acuerdo que en una vivimos muchas, ¿a que sí?

Son como bloques, a veces difíciles de detectar. Cuando empiezan y cuando acaban, quiero decir.

Luego, con perspectiva temporal, todo está más claro.

La etapa infantil, la del cole, el noviazgo, universidad, cada trabajo, maternidad de descendientes pequeños. Y así.

Una vez me hice adulta, voy cerrando por parejas/personas, que me protagonizaron.

Alguno de los bloques es precioso de rememorar. Otros son un asco verdadero. De preguntarte aquello de "por favor, ¿cómo no me di cuenta de que era una víbora?" como quien se pregunta viendo una foto antigua "¿por qué nadie me avisó que ese peinado me quedaba de pena?".

Eran modas.

Pero las parejas no.

Las eliges como puedes, pensando siempre que es la definitiva, que va a ser precioso, que es un ser de luz maravilloso y que qué bonito, todo.

Luego, antes o después, la cosa se va desgastando y surge la temida rutina, se deja de hablar, se entra en crisis. A veces.

Sigo creyendo que no siempre, que hay esperanza, que queda futuro y que es hermoso.

Tengo ilusiones, todavía. Y ganas de hacer cosas. Muchas. Me siento mucho más fuerte aunque sé de la fragilidad de las etapas, bloques, vidas. Todo puede cambiar en un milisegundo...

jueves, 13 de noviembre de 2025

Y sigo pensando en ti...

Escucho en bucle Nostalgy de Martin Bloch mientras escribo lo que va a seguir, sin guión previo. Solo una idea en mente.

Lo digo porque condiciona un poco. Y porque el tipo me encanta y os lo recomiendo para momentos de quietud y reserva. Y de soledad. Que es un sentimiento, una condición y una sensación.

Si digo tonterías me paráis y me sacáis del modo automático, embobada frente a la pantalla, sin mirar el teclado. Luego sale lo que sale...


Esta mañana he pensado en ti. Al abrir los ojos cuando sonó la alarma, al estirar el brazo izquierdo para sacar el teléfono del modo avión y ponerme al día.

He buscado alguna señal tuya. Y la he encontrado, así que se me ha escapado una media sonrisa, tumbada boca arriba, desperezándome, planeando el día y qué hacer para recuperar las ganas de hacer algo.

Me levanté demasiado deprisa de la cama y me dio vueltas la cabeza. No estoy tan bien como pensaba y sigo arrastrando algo que no tiene nombre, aunque puede parecer vírico, un golpe de frío, no sé. Me he apoyado en la pared con las palmas de la mano abiertas y la cabeza baja. 

Viviendo sola debería ser más cuidadosa porque es la segunda vez que me pasa. Y que si me desvanecía y me hacía daño no sé cómo ni quién se habría dado cuenta, ni cuándo...

Unos segundos más, todo pasó, me fui al cuarto de baño y decidí ducharme antes de desayunar, para alargar un poco el ayuno, como haces tú y te sienta tan bien. Tampoco tenía hambre, en realidad.

Mientras estaba sintiendo cómo resbalaba el agua caliente desde mi cabeza hasta los pies, recordé que nunca nos duchamos juntas en esa ducha como me hubiera gustado. Enjabonada y mirando las gotas de agua dibujando caprichos en el cristal de la mampara.

He visualizado tu cuerpo desnudo y cómo te enjabonaría la espalda y todo lo demás: despacio, consciente, con todos los sentidos apagados excepto el del tacto, potenciado. Tu vello erizado, tu cabeza hacia atrás, tus brazos abiertos en cruz, sujetándote para no perder el equilibrio.

Chorro frío.

He pensado en ti mientras hacía mi primer café. Poniendo el agua. Añadiendo los granos con una mano mientras sujetaba la máquina como podía. También me he acordado de que tomas varios seguidos, sin azúcar, y que te gustan mis vasos para no quemarte los dedos.

Al salir de casa he recordado que tenía que cambiar de llavero urgentemente. Pero había unas cajas (que ya no están) que impedían abrir el armario donde lo guardé para no verlo. Corazón que no siente.

He cruzado la calle viendo el lugar donde aparcaste el coche el último día que me visitaste. Agua condensada en la luna delantera y figuras divertidas. Arranqué silenciosamente y con la mirada perdida, pensando en nosotras y en que muero por viajar contigo, irnos lo más lejos posible de todo, de todos, de la vida que llevamos... Y construirnos juntas.

Me he sentado a la mesa del despacho. 

Ausente, apática y apátrida, sin ti...


miércoles, 12 de noviembre de 2025

Un cuento. Chino...

No quería conocer a nadie. Y me conociste a mi.

Era demasiado pronto. Para mí y para ti.

Sabía lo que quería. Aunque no entonces. Pero tú no.

Los miedos nos ahogaron y un psiquiatra lo curó, todo. El primer día.

Loca por ti. Tú loca por mí.

Creí que la paz y el equilibrio habían llegado, por fin.

Hicimos capas y capas de un nudo grueso, imposible de deshacer. De yute o esparto. Natural, al fin y al cabo.

Como en todo amor imposible, aunque suene a decimonónico.

Lo supimos, lo veíamos, sin poder cambiar nada, haciéndolo mal. Cada vez.

Cada estira. Y afloja.

Inestabilidad, ir y venir sin salir de casa, soledad, ansiedad y angustia (que no son lo mismo, no).

Felicidad. De pronto, el horror.

Los nudos no se deshacen. Se cortan. Lo dice una amiga.

Y no tenemos tijeras, ni fuerza para asirlas. Ni ganas. Ni la teníamos. No las tuvimos.

El enganche inicial, la atracción de la piel, la comunión horizontal, los silencios perfectos. Besarte la lengua.

Y los huracanes, los gritos con las bocas cerradas, las horas pensando sin concentración.

Las esperas.

Ni contigo.

Ni sin ti.

Pero con nadie. Faltaría más.

Sin planes. Cancelando reservas e ilusiones, que mueren contigo.

Palabras que significan tantas cosas feas. Que quedan ahí, ingresadas al subconsciente, sumadas, presentes, dolientes.

Deja que te abrace. Túmbate a mi lado. No des un portazo al salir.

Incongruencias.

Incomprensibles, inesperadas, insospechadas.

Tu belleza.

Tantos errores. Tanto sofá y tanto Netflix, querida. Te equivocaste conmigo, ¿verdad?

Y te diste cuenta tarde. Cuando no podía ni verte, ni quería saber de ti, ni el tacto.

 de tu alma negra.

Y tampoco te lo esperabas. Te abandonaste, engordaste, te sedentarizaste, ni leías, ni aportabas, ni eras útil. Y nos fuimos lejos de la otra.

Con la esperanza de renacer y volver a ser felices...

lunes, 10 de noviembre de 2025

De un dúplex y de mi casa...

Declaro oficialmente terminada mi nueva casa. Acabé con el par de muebles que faltaban. Eso fue la semana pasada, a finales.

Es un lugar tranquilo, relajante, de colores cálidos, rotos solo en dos o tres lugares.

Es grande y puedo tomar el sol por las mañanas. Como hoy, que me he quedado por primera vez.

He conectado el pc en el salón, mirando por la terraza que da al sur. Luz y sol todo el día, hasta media tarde.

Para las que no sois de aquí, se define a los pisos luminosos con un "orientación sur" o bien "orientación Tarragona".

Así que, sin haberme fijado mucho, está bien colocado y es alegre. Acabo de mirar la brújula del teléfono, porque no tenía ni idea.

Enlazo otro tema.

Hace unos días conocí a un grupo de gente interesante. Dejémoslo aquí.

Era una cena en un dúplex precioso.

Cuando todos los invitados dábamos los obsequios y los vinos, alabando el piso, la anfitriona se disculpó, diciendo que debería cambiar los muebles, que habían quedado atrás.

Era rigurosamente cierto. Muebles de madera oscura tipo Banak, coloniales. Unos algo más modernos que otros, ya de la era Ikea.

Típico piso montado cuando se casaron. Han criado ahí a tres hijos y el matrimonio se ha separado hace poco.

Yo pensé que más urgente era una pintura en todas la paredes. Alguna todavía tenía un estuco veneciano albero. Imagínate.

Pero la reflexión no viene ni de la belleza del piso ni de los muebles ni de la pintura.

Me hizo pensar en que en tres años he montado dos casas. La mayoría de los muebles de la primera son nuevos y la totalidad de los de la segunda.

Es una sensación bonita entrar en un lugar en el que has participado tú: eligiendo colores, materiales y ubicaciones; decidiendo si aquí va algo o no; observando que falta espacio para guardar cosas. O no.

El hecho es que hoy me he sentado a una mesa preciosa, en una silla cómoda y bonita. He puesto el ordenador, el mousepad y el ratón a la derecha (soy diestra). Un vaso de agua a mi izquierda, sobre un posavasos que compré en algún lugar porque me gustó. Pañuelos de papel, porque estoy con una faringitis equina.

Frente a mi un ventanal que da a las colinas verdes, un conjunto de muebles de terraza que también me gusta mucho, un par de árboles que están perdiendo las hojas y los frutos con la temporada y el frío. Algunas plantas en tiestos que combinan perfectamente con una gama de cremas y beige, crudos y verdes.  

Serenidad.

También tengo que decir que esta vez he puesto lo mínimo. Y que no pienso llenarlo.

Parquet nuevo, para ir descalza. Una librería con los libros que he leído desde que estoy aquí y los que van a la cola. Leo poco. Pero hay 12, que los acabo de contar.

La mesa de madera clara y las cuatro sillas. Un sofá. Una mesita baja y un estantería delgada que va al lado del sofá, contra la pared, para cargar y dejar cosas sin que se caiga todo. La cocina ya estaba acabada. Esto sería el salón. Y de lo demás no hace falta hablar.

Me he dedicado a añadir esos caprichos que una va sumando a la lista de deseos a lo largo de la vida. Pero mira. Ya tocaba. Ni me arrepiento ni tengo remordimientos...

No sé dónde iré después de este lugar, si es que la vida vuelve a cambiarme de sitio. He aprendido a mirar delante pero a corto, sin entretenerme en cosas que pueden no suceder o que no puedo controlar.

Así que voy a seguir disfrutando de este hogar, con vuestro permiso...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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