Declaro oficialmente terminada mi nueva casa. Acabé con el par de muebles que faltaban. Eso fue la semana pasada, a finales.
Es un lugar tranquilo, relajante, de colores cálidos, rotos solo en dos o tres lugares.
Es grande y puedo tomar el sol por las mañanas. Como hoy, que me he quedado por primera vez.
He conectado el pc en el salón, mirando por la terraza que da al sur. Luz y sol todo el día, hasta media tarde.
Para las que no sois de aquí, se define a los pisos luminosos con un "orientación sur" o bien "orientación Tarragona".
Así que, sin haberme fijado mucho, está bien colocado y es alegre. Acabo de mirar la brújula del teléfono, porque no tenía ni idea.
Enlazo otro tema.
Hace unos días conocí a un grupo de gente interesante. Dejémoslo aquí.
Era una cena en un dúplex precioso.
Cuando todos los invitados dábamos los obsequios y los vinos, alabando el piso, la anfitriona se disculpó, diciendo que debería cambiar los muebles, que habían quedado atrás.
Era rigurosamente cierto. Muebles de madera oscura tipo Banak, coloniales. Unos algo más modernos que otros, ya de la era Ikea.
Típico piso montado cuando se casaron. Han criado ahí a tres hijos y el matrimonio se ha separado hace poco.
Yo pensé que más urgente era una pintura en todas la paredes. Alguna todavía tenía un estuco veneciano albero. Imagínate.
Pero la reflexión no viene ni de la belleza del piso ni de los muebles ni de la pintura.
Me hizo pensar en que en tres años he montado dos casas. La mayoría de los muebles de la primera son nuevos y la totalidad de los de la segunda.
Es una sensación bonita entrar en un lugar en el que has participado tú: eligiendo colores, materiales y ubicaciones; decidiendo si aquí va algo o no; observando que falta espacio para guardar cosas. O no.
El hecho es que hoy me he sentado a una mesa preciosa, en una silla cómoda y bonita. He puesto el ordenador, el mousepad y el ratón a la derecha (soy diestra). Un vaso de agua a mi izquierda, sobre un posavasos que compré en algún lugar porque me gustó. Pañuelos de papel, porque estoy con una faringitis equina.
Frente a mi un ventanal que da a las colinas verdes, un conjunto de muebles de terraza que también me gusta mucho, un par de árboles que están perdiendo las hojas y los frutos con la temporada y el frío. Algunas plantas en tiestos que combinan perfectamente con una gama de cremas y beige, crudos y verdes.
Serenidad.
También tengo que decir que esta vez he puesto lo mínimo. Y que no pienso llenarlo.
Parquet nuevo, para ir descalza. Una librería con los libros que he leído desde que estoy aquí y los que van a la cola. Leo poco. Pero hay 12, que los acabo de contar.
La mesa de madera clara y las cuatro sillas. Un sofá. Una mesita baja y un estantería delgada que va al lado del sofá, contra la pared, para cargar y dejar cosas sin que se caiga todo. La cocina ya estaba acabada. Esto sería el salón. Y de lo demás no hace falta hablar.
Me he dedicado a añadir esos caprichos que una va sumando a la lista de deseos a lo largo de la vida. Pero mira. Ya tocaba. Ni me arrepiento ni tengo remordimientos...
No sé dónde iré después de este lugar, si es que la vida vuelve a cambiarme de sitio. He aprendido a mirar delante pero a corto, sin entretenerme en cosas que pueden no suceder o que no puedo controlar.
Así que voy a seguir disfrutando de este hogar, con vuestro permiso...