Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

sábado, 10 de diciembre de 2016

Hoy te decides a llamar...?

Y hoy, precisamente, que mi nombre ha vuelto a salir en la prensa y me he pasado más de medio dia llorando, hoy que mi mundo se tambalea, que no sé ni cuúa ha de ser mi presente, ¿hoy llamas tú?

Para saber cómo estoy. Para reprocharme que recupere mi relación con ex pero no contigo. Para contarme que piensas en mi cada día y que no eras feliz conmigo ni yo contigo y que terminó como terminan la mayoría de las historias. 

Para contarme que piensas cada día en mí y que me deseas lo mejor. Ofendida porque no quiero hablar contigo y avisando que nunca más me contactarás. Que me querrás siempre y que me lo dices por última vez, cosa que yo no puedo evitar. Y que lamentas mi situación y piensas que seguro mejorará.

Y bloqueas mi número para demostrarme que es el fin. Y yo archivo tu nombre y nuestras conversaciones y voces, sin ninguna foto en tu perfil...

Hay días jodidos e imposibles.

Luego está hoy...

lunes, 28 de noviembre de 2016

Quieres una vida viva...

Me tumbo en el sofá. Y me cuentas...
 
Que viniste a esta ciudad que te tiene atrapada para siempre, de manera irreversible. Por amor. Un amor visceral e invencible que ha ido languideciendo, como sucede con casi todos los amores. Lo dejaste todo, a todos, hasta el trabajo y te viniste aquí con las maletas cargadas de abrazos, de los besos que os robabais en todos los rincones y calles y espacios de vuestra casa. A todas horas, constantemente. A veces sucede que no puedes despegarte, que es fácil pasar todo un fin de semana entre sábanas, levantándote solo para entrar y salir de la cocina, del cuarto de baño. Poco más. Pero eso sólo sucede excepcionalmente, si hay suerte, un par o tres de veces en la vida. Y se desgastan los codos porque las sábanas no son de seda.
 
Esos tiempos pasan, también a veces, y las rutinas diarias, la vida en sí, pierde la magia. La piel no se eriza cuando la tocan con la yema de un solo dedo, ya no te sobresalta la excitación con un abrazo traicionero y por la espalda, dulce y cuidadoso, como si estuvieran tocando un tesoro, una obra de arte, una pintura frágil. Las miradas solo transmiten calma, la calma muerta de la cama muerta y los días muertos en los que las citas para cenar fuera a solas se convierten en un silencio roto a la fuerza, en un hablar del trabajo, en un caer en la rutina de las discusiones psicológicas de por qué no me miras igual, ya no hacemos el amor, apenas tenemos planes y no compartimos ilusiones, solo obligaciones y no podéis llevar el mismo ritmo de vida ni vas a estar siempre pagando tú... Ya nada es clandestino ni emocionante ni transgresor. Ni nada.
 
Me cuentas que de ese amor loco e irrefrenable de sexo inevitable habéis pasado a tardes de series y manta, a chequear el teléfono a escondidas por si llega un soplo de viento del norte, a mirar atrás mucho más a menudo de lo que sabes que deberías, instaladas en una soledad escondida entre los pliegues de la piel que antes os acariciabais robándoos la noche, el tiempo, el hambre. Y ya no compartís la ducha como antes, con las mismas ganas. No existen masajes con las manos llenas de burbujas por todos los rincones, todos. No han vuelto a fallar las piernas cuando descubriste que de pie también es posible cuando quien te sujeta lo hace con pasión y un amor infinitos, evidentes. Ahora ya no. La duche es un entrar y salir, un alternarse rápido pasándoos la toalla deprisa para no cerrar el agua caliente, mientras os dais ese beso fugaz en la punta de los labios. Un poco por cariño, otro poco por hábito y algo de compromiso, porque eso es lo que se espera de una pareja que vive junta.
 
Ni rastro de las ganas de perder el sentido durante horas, de dejarse sorprender por todos los puntos cardinales y en las posiciones más inesperadas y, por qué no, placenteras. Como cuando cedes a nuevos juegos y te vendan la cara, a plena luz del día, te llenan de besos repartidos arbitrariamente, dulces y sin adivinar, te dan la vuelta y te acarician toda la piel con el pecho, las manos, el pelo y los labios, te piden que te pongas contra la pared, brazos y piernas abiertos y te dejes querer. Fallan las piernas mucho antes de poder terminar algo que te alargan a propósito... 
 
Eso es indescriptible y ya no ha vuelto a suceder desde que os instalasteis en vuestra casa, con todas las cosas vuestras y las ilusiones de la mudanza y de pronto un día advertís que ya solo compartís gastos y responsabilidades por el par de gatos que os regalasteis, y que hoy os limitan los movimientos, os encorsetan, os ahogan un poco pero tienen la suerte de llevarse el amor que no os podéis volver a demostrar con naturalidad y se os escapa a veces de entre los dedos. Porque reinventarse, reintentarse, reconstruirse es no imposible pero sí poco probable. A éstas alturas, ¿quién no lo sabe?
 
Me cuentas que estás así, viviendo de los recuerdos de antes, de los vuestros, también. Que estás en la encrucijada de quererla entrañablemente y saberte ahogada en una relación plana, de la que eres motor, también económico, y te lastra, te retiene, te adormece... Pero la soledad es aterradora y te quedas inmóvil, quieta, como si no te estuvieras dando cuenta del peso de las nostalgias, del miedo a decidir, del dolor de querer una vida viva.
 
Y yo te cuento que la vida está para vivirla y que las decisiones hay que tomarlas pensando en ti, sin prisa y de manera elegante, pero para volver a volar recuperando la esencia de quién realmente deseas volver a ser... Intento explicarte que vivir extrañando es morir un poco cada día...

domingo, 20 de noviembre de 2016

Frío de otoño, viento en el alma...

Centroeuropa. Breve. Largo paseo, sin prisa. Descubriendo plazas, mercados, gente, cosas. Sol a momentos, nubes preciosas, una cita a las 18:30. Nada más. Gracias a Dios. Elegir al azar un lugar en el que comer algo, mientras todo cierra. Hace horas que cayó la noche negra, que se fue la luz oblícua de este otoño al norte y llevamos las manos dentro de los bolsillos de los abrigos, entre bufandas. Acabamos de vivir algo wow. Por primera vez y quién sabe ya si la última. Decidimos. Nos desplomamos en la silla de un espacio encantador, hemos elegido bien; ordenamos algo, nos hablan de Atacama, de Santiago de Chile, del salar, como casual; bebemos sorbos cortos de un buen vino y la magia se ocupa del resto. Porque suena una versión nueva de una melodía familiar de las de siempre, cantada una y mil veces por tantos. Y por ella, también. Todo se resume: en esto...


jueves, 10 de noviembre de 2016

Fear of fear...

Una diría cuán simple es definir la palabra "miedo". Y, sin embargo, nada tan cierto y paralizante como cuándo se instala en tu vida, una y otra vez, repitiéndose. Ya no apelas al cosmos ni al karma. Esa fase está superada, la incomprendes, nada tiene explicación y ya no eres racional, ni lo quieres ni lo pretendes. No encuentras el motivo y las palabras de consuelo suenan mal, a veces como insultantes. Ya te despides un poco de todo. Y tomas distancia. Mucha.
 
Y sabes qué es, el miedo. Todas las clases de miedo. En sus diferentes matices. A la noche, de pequeña. A los animales. A la soledad. La traición. Dolor. Pérdidas. Puñaladas rastreras, traperas, espalderas. ¡Ah! y a la mentira, también. A los traidores con caras amables que te despedazan gratuitamente mientras el pulso ni les tiembla. A que te rompan promesas. A que te tiren sin explicaciones a un rincón de la vida y te dejen atrás, en un eterno siempre, gélido, mudo. Eso es miedo, entre otras cosas horribles. Pero no. No pienso en esa clase de miedo, hoy.
 
El miedo, hay que joderse, puede ser mucho más que eso. Que todo eso pero junto, quiero decir. Dentro de la misma bolsa, en un saco gigante, simultáneo, continuo, concatenado. Inexplicable, inesperado e increíble.
 
Por alguna razón, tecleas "fear" en el buscador que aparece por defecto en tu pantalla y sale esta maravilla: fear of fear.
 
Un día de éstos me da, consecuencia lógica de todo esto, por acercarme a la palabra "pánico" a seguir viviendo. O "cobardía" para morir...

lunes, 7 de noviembre de 2016

I've got it...!

Varias veces en éstos últimos días me han pedido que abriera bien los ojos. Para ver el color que tocaba en cada momento. Curioso que, a pesar de los cielos de nubes y lluvia, todos y todas coincidieran en que eran más claros que nunca. En cualquier momento del día y en circunstancias bien distintas, cada vez. Ahora pienso... Era fácil: son 'color lágrima'!! Porque las lágrimas son como transparentes, verdad?

Punto y aparte.

Para no perder el rollo musical de este recóndito y desértico lugar, cual DJ aficionada y sin ningún futuro, ya ni eso pretendo, hoy os propongo (osada pero confiada) esta nueva serendipia que ha llegado via Alessio. Ella es la nueva Mina. Tiene nombre de galleta rectangular sabor canela y espolvoreada de azúcar blanco y crujiente. Ella es de Nápoles. A veces fado, a veces Mina, a veces recuerdos...

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Un descubrimiento encantador...

Os va a parecer tan sutil, deliciosa y exquisita como a mi. Espero. No, estoy realmente segura.
 
Esta canción, que tiene tantos significados que, de poder, de alguna forma, me la tatuaría... Y los exteriores. Y ellos. Y sus voces.
 
Gracias por descubrírmela, T.

lunes, 24 de octubre de 2016

Juegos de palabras. Juegos de canciones...

- Podrías empezar a bajarte, despacio, la cremallera de la armadura, ¿no te parece?

- No sé si podré. Tengo el alma dura...

[Música sugerida para un rato].

viernes, 21 de octubre de 2016

Alessio...

Ya sabemos que aquí una se hace propósitos y luego viene Dios y se ríe. O alguna mala gente que te lo cambia todo y te pone el alma patas arriba. No es el caso, gracias a Dios. El segundo, quiero decir.
 
Me propuse no convertir este lugar en un espacio musical. Pero, en este año repleto de conciertos, no es posible dejar de dejar constancia de algunos descubrimientos. Imposible, en serio.
 
Acababa de presentarlo. Sabía que iba a cantar compartiendo "cartel" con otra artista. Acababa de introducirlos a ambos. Estaba ocupada de espaldas a ellos y sus acompañantes. Pero después de Ella comenzó a sonar otra voz, la que pondré al final y en el segundo dos de su primera canción ya estaba vuelta para verle actuar, con su guitarra, en la que escribe poesía y arte con un rotulador negro que se le borra a menudo y tiene que volver a empezar. Tiene buen gusto [ha elegido BCN para vivir desde hace más de 8 años, a pesar de ser napolitano], es muy joven y habla un perfecto catalán, con pequeños dejes apenas perceptibles, que recuerdan sutilmente al italiano.
 
Estoy intentando escucharle en todo lo que ha hecho disponible en las redes. Y no me canso. No me canso.
 
Alessio [bonito nombre, para hombre...] es todo sensibilidad y canta así, por ejemplo...

miércoles, 19 de octubre de 2016

Parte meteorológico...

Parece que empieza a nevar en las estaciones locales. Al menos se advierte y se presiente la llegada de un invierno frío. Blanco.

Parece que llegan las nieves...

- Hola, Nieves...!

martes, 11 de octubre de 2016

Ésta mujer...

Espero no convertir este espacio en sólo un blog de música. Soy cursi y tengo mal gusto para eso, además de ser una profana. Este está siendo el año de tantas cosas. Y el de los conciertos...
 
Pero a mi las serendipias me apasionan. Y aquí dejo la de hoy. El álbum completo es interesante. El Como yo te amo y un par más lo son especialmente. Como la vida de esta mujer, que versiona a la mitad de los cantantes de mi infancia, que me hace bailar sentada en el coche y cantar a gritos con el volante entre las manos...

martes, 27 de septiembre de 2016

Os presento a...

...esta monada de chica...

Llamadme asaltacunas. 

Y tonta...

Acertaréis!

viernes, 23 de septiembre de 2016

Él. Siempre él. En todos mis momentos...

Su voz. Su nuevo single. Su madurez.
Imperdible.
Como su Popular Problems y su Can't forguet: a souvenir of the Grand Tour.
Siempre redescubriéndole. De nuevo en mi refugio de cielos grises y mantas de cuadros, el fuego iluminando por fuera mis oscuridades, los silencios y los verdes. Y los marrones, también...

domingo, 7 de agosto de 2016

La musa de Leonard Cohen...

Hace mucho escribí acerca de la mujer de los coros de Leonard Cohen. Por alguna razón, es una de las entradas más populares de este lugar y la que atrae a más lectores...

Hace días que leí esta noticia, que no para de pasearse por mi cabeza. Dejo aquí el link porque la carta de Leo es, simplemente, encantadora. Dice todo de él y resume una vida en paralelo, vivida en puntos distintos de este mundo.

Y me apena que sienta y diga que la seguirá pronto. Necesito verle cantar antes de que eso devenga imposible...

Me encanta, Lucía...

Propagandístico, algo pasado ya pero interesante.... Recomiendo este artículo, ahora que hay algo de tiempo para la reflexión... 

viernes, 29 de julio de 2016

El mar...

... el afterwork en la ciudad, compartirlo contigo, tantas actividades y coincidir, llegar morena al principio de las vacaciones, habiendo respirado tanto aire ionizado; y reído, aprovechando poder pisar la arena al lado de casa, pedalear bicicletas, darle a las raquetas, al remo, a los palos, a largos paseos...

Hoy, simplemente, gracias... por este junio, este julio maravillosos...

lunes, 18 de julio de 2016

Las bostonianas...

Es una película, una serie, un libro... Whatever...

Ahora pondré el link pero, un minuto antes de que abandonéis este recóndito e íntimo lugar, comparto mi valoración: es claramente una relación de amor [si mi maltrecha memoria no me falla, ahora que hace algunos años que vi la película -y no me gustó-], una opción de vida. No tengo la más mínima duda de que se aman. No es solo feminismo recalcitrante. No.

Una pareja de mujeres que viven y conviven sin que el sexo sea imprescindible o que no sea un problema para ninguna que sea [muy] esporádico. Porque se quieren. Porque lo hacen todo juntas. Porque una tiene un papel más fuerte y se ocupa de planear la vida mientras la otra lo hace de temas más logísticos.

Ya se sabe que para gustos los colores pero igual sirve para reflexionar un poco sobre lo que la gente considera "normal". Incluso en las cosas del amor y de la fidelidad o de su ausencia...

¿Dónde queda la pasión? ¿cómo alimentar las mariposas? ¿vivir sin construir emociones? ¿sin compartir fantasías?

As promissed, el link...

viernes, 8 de julio de 2016

martes, 5 de julio de 2016

Un amor de verano [sin spoiler] y una de las mejores canciones del mundo...

No me parece que salir un lunes implique romper karmas. Los he roto de manera mucho más violenta, recientemente. Y acepto tu propuesta, improvisada, de entre una lista de cosas por hacer, y nos plantamos en un cine a ver una cinta un poco alternativa y poco comercial, en esta semana tan especial para un determinado colectivo. Mejor un cine cuando el calor aprieta y el cuerpo grita tras el deporte del día anterior, en el que tuviste que comer tierra batida... 

Comer algo después del cine hablando del bien, el mal, la vida y el amor, con una copa de vino me parece el plan perfecto para un día estúpido como puede ser un lunes, en realidad. Y hacer planes.

Llegamos con hambre al cine. Nos aguantamos.

Un amor de verano es sutil, elegante, desenfadada. Ellas son frescas aunque poco convincentes. La rubia, mi debilidad por su candidez, atrapa en cada plano. Fotografía impecable, retrato perfecto del entorno de los setenta, rurales y urbanos, cuando París fue capital y motor de medio mudo.

Me encantó. Literalmente y sin disimulos. Y terminé con un espontáneo: "NOO-ohhhh!!!!", enfadada, con los brazos extendidos medio en cruz y las dos palmas de las manos abiertas hacia arriba. Como incrédula. Tuve que soltar la tuya, de pronto. 

Además de la historia de Carole y Delphine, de sufrir en carne propia los descubrimientos, las decisiones tomadas, los errores, de vivir sus alegrías con expresión infantil [me mirabas de reojo y me atrapaste], destaco una serendipia encantadora: la banda sonora de la película cubana "Viva". La crítica despedaza el film, según parece, pero me quedo con el vozarrón de Massiel en esta canción. Es el primer link que me ha aparecido después de que intentáramos saber cuál era la canción que escuchamos entrecortada entre diálogos y no pudiéramos encontrarla esta mañana en la consulta, hace un ratito, mientras esperábamos a que me visitara una figura que va a acompañarme a partir de ahora. En bata blanca.

En mi línea, debo haberla escuchado en la lista de Spotify unas diez veces, en mi trayecto en coche. También recomiendo Te amo y Voy a empezar de nuevo, además del consabido Eres. No he podido acabarlas todas, las que salen en la lista Lo mejor de Massiel. Igual quedan perlas por descubrir... Creo que también me va a acompañar en adelante, El amor. Esta canción que no he podido escuchar sin echarme a llorar, desbordada, con el volante entre las manos y por sorpresa. No sé bien por qué...

jueves, 30 de junio de 2016

Tú y yo, antes, fuimos dos hombres...

¿Sabes? me han contado una historia preciosa. No importa si es cierta o no. Me tiene el alma atrapada. Y creo que usaré la palabra alma varias veces, hoy. No tiene sinónimo, ni nada que se le parezca, ninguna otra lleva la misma carga ni tiene un significado ni siquiera parecido... Somos alma...

Fuimos dos hombres. Antes de ser lo que somos hoy, dos espléndidas mujeres, lo que hemos sido. No sé cuándo ni cómo se ubica la historia en el tiempo ni en el espacio. Éramos hombres y trabajábamos juntos. Muy juntos. Existía relación jerárquica y de confianza y yo era la parte débil. El eslabón frágil, en el que te apoyabas. Me tenías sometido [faceta transgénero nueva para mi, que la uso por primera vez; suena raro] y, mucho más que eso, vejado. Me hablaron de sadismo y de una violación, desconozco si en singular o en plural. Abusabas de mi, en resumen. Me forzabas, disponías de mi, me utilizabas. Obteníamos cierto placer en ese juego prohibido.

Fue ésa una relación invencible, insuperable, inexplicable, de dominación y poder y sometimiento. De atracciones viscerales, de miedos, de pánico mutuo y recíproco. Yo te temía y te buscaba. Tú me buscabas y sentías miedo de tus sentimientos, de lo que sentías por mi. No nos reconocíamos y, sin embargo, no podíamos alejarnos apenas nada.

Mi alma estaba cautiva, como la tuya. Todo lo demás era puro divertimento. Sin grandes éxitos porque la atracción y la materialización sexual de esa relación increíble, imposible, se lo llevaba todo por delante y no existía placer si no era contigo, si no era en ti, en tus manos, a tus órdenes. No existía hogar ni casa ni tierra si no era en tus brazos.

Y me explicaron, también, cómo gestionar las emociones, la relación y la mejor forma de calmar el alma...

martes, 28 de junio de 2016

200 emociones...

Hay personas que por alguna razón incomprensible son cruciales en nuestra vida. Hoy quiero pensar en una de ellas. Se llama M. Es excepcional. Me reservo su nombre completo porque podría ser fácilmente reconocible y la respeto como ella hace conmigo. De hecho, no sabe que escribo sobre ella por lo que no ha podido autorizarme a que la mencione y difunda sus habilidades. No vaya a ser que se le llene la consulta...

Es argentina, dulce y pelirroja. Me cuida y me ha reconocido sin haber tenido apenas tiempo de conocerme, para conocerme. Entró directamente, hasta el fondo. Es uno de esos seres especiales que te miran desde un metro y medio de distancia, te ven y te traducen. No valen las excusas ni las explicaciones. Tampoco hay opción a bablbucear unas cuantas justificaciones, ridículas. Siempre me sueno ridícula. Es simple, para ella: me lee la cara, la expresión, los ojos. Y luego, a pesar de lo que muestra su rostro [un poco de miedo, como cuando creemos estar en zona de pánico y pensamos que no sabremos gestionar algo... A mi me pasa a menudo...], siempre, cada vez, me lanza unas palabras amables. Me ve guapa cuando estoy gris. Elegante, una mañana en la que no me he vestido, solo me he cubierto el cuerpo para salir a vivir. Interesante, con mi puesto intelectual de gafas para la presbicia. Y así...

M. apenas me toca, cuando me tumbo en su camilla. Me quedo dormida, así que no sé qué me hace exactamente. Es una cuestión de confianza. Despierto, muchas cosas se han revuelto [todavía más, si eso era materialmente posible], me hace una pregunta como por descuido y a mi se me escapa, sinóptica, la frase que me resume por completo. Unas palabras, breves y furiosas, que lo explican todo, que la invitan a seguir, a atacar lo que [de todo lo peor] es lo más malo, entonces...

Con ella suelo hablar de emociones y me cuenta que tengo doscientas metidas en mi cabeza, con cuatro piedras angulares, y solo ella puede entretenerse hablándome de mi engreimiento o mi frustración, de mi sensación de inutilidad o mi miedo, de mi desamparo y este desconsuelo, de este infinito proceso de búsqueda y de los desiertos que siento estar cruzando [no hablo de Atacama ni de promesas incumplidas. Es muchísimo más que eso...], de mi forma de auto lesionarme y de maltratarme [nótese que escribo cada palabra consciente de la carga que transporta y saboreándola, porque cada una de ellas es un mundo en sí mismo, que hay que pasear y cabalgar, como vengo haciendo últimamente].

Ella me cuenta, con serenidad y sorpresa, lo malo que arrastro por la fuerza, lo que va en mi ADN, mi propia carga genética. También me recomienda libros que me muero de ganas de leer y subrayar, cuando llegue el momento y tenga el tiempo. Y me mira desde la humildad que solo conocen y dominan quienes están regresando de ese mismo viaje, con la dulzura de quien reconoce el dolor ajeno por haberlo vivido, desde la superioridad de saber que todo pasará, que tiene fin, que es un proceso maravilloso de aprendizaje, que en realidad es útil y refuerza y es una preciosa excusa para escucharse y detenerse. M. y sus regalos...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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