Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 27 de abril de 2022

La Última Fiesta y cosas de la edad...

De pronto, te invitan a La Última Fiesta.

Y un día entras en una casa desconocida, con una veintena de personas a las que no has visto nunca [y probablemente no volverás a ver] para pasar la tarde celebrando el último cumpleaños de alguien. A quien tampoco conoces.

Ver la expresión de miedo, desconcierto y circunstancias en la cara de todos. Comer sin tener apetito. Beber poco porque no es plan de pasarse y desentonar, ni de reir sin querer, siquiera sonreir... Hablar de cualquier cosa en la que no te puedes interesar mucho porque está forzada al límite. Mirar los detalles del lugar para intentar conocer a quien hay detrás de cada decisión de compra (el sofá, el diseño del baño nuevo con una preciosa cerámica verde turquesa, las ventanas, las copas y el cubreama).

Ya al final del par de horas difíciles para todos, despedirse de alguien en perfecto estado de salud pero que sabes que está condenado. Mirarte a los ojos con él, que te toma de las dos manos, te agradece la presencia, esboza una sonrisa forzada, pánico. Solo puede transmitirte el miedo a algo a lo que nos enfrentamos todos sin querer y en lo que no queremos ni siquiera pensar.

Hablando de pensar... cada vez pienso más en mi propia muerte. Sin dramas. Serán las fases de la vida y la edad en la que estoy zambullida.

Sin dramas pero con el mismo miedo que todos. Los que van a morir y lo saben, los que no tenemos ninguna información acerca de nosotros mismos.

También he notado que avanzo la mitad superior del cuerpo al caminar. Cosa muy triste, la verdad. Como si quisiera cargar con mi cuerpo, que no sigue, adelantándome un poco. Como si quisiera correr más de lo que lo hace él. Típico de gente muy mayor. Intolerable. Inadmisible. Inaceptable. ¡No puede ser!

Ahora, cuando me reconozco en esa postura, inmediatamente rectifico adelantando la cadera. Como hiciera mi ascendente materna desde que tuve uso de razón, con toda su dignidad y elegancia. 

Pues eso haré yo, dado que es una reacción incontrolada que se manifiesta sin preavisar, para adelantarme a mis propios pasos...

miércoles, 23 de marzo de 2022

Tratado sobre el coqueteo...

El coqueteo es adictivo. 

Y letal.

Lo digo porque yo misma viví enganchada e instalada en los vaivenes de los flirteos en algunas etapas de la vida. 

Así que sé bien de lo que hablo.

Aquí mi Tratado sobre el coqueteo. 

De nada.

Lo conozco, decía, y lo reconozco en cuanto lo huelo porque me regalaron traiciones a espuertas, sin diques ni contenciones. Hice un gran Máster en la capital de España y en otros lugares de la geografía nacional. Un tiempo que se hizo largo. Y negro.

Tú estás ahí, entregada a una relación, como si fuera la única y la mejor de tu vida (como sucede con casi todas), cual estúpida con gafas de sol  mientras la otra parte contratante está de rositas inflando su ego y secretando hormonas de la felicidad sin filtros ni límites.

Ni por asomo te lo imaginas. Por supuesto. Imposible que te vuelva a pasar, claro. No a ti. No de nuevo.

Porque el coqueteo puede ser por acción. Pero también por omisión. Por dejarse hacer, por no poner límites, por ir siguiendo y contestando cada una de las llamadas de atención.

Se reciben mensajes velados, detalles y fotografías, frases inspiracionales, recuerdos, peticiones un poco tontas sobre servicios o personas de contacto. Necesidades creadas y forzadas. Tonterías, sí, a las que una no puede por más que contestar, porque obviamente somos educadísimas. Y estamos cuando se nos necesita. Faltaría más y hombre por favor.

Y esos toques de atención se repiten, se sistematizan, se reiteran, toman forma, ganan su lugar. Y lo okupan. 

Porque la otra parte contratante insiste, tiene algún interés especial y va a por él. Como haría cualquiera que quiere algo. Aquí tenemos que estar de acuerdo todas.

Eso, por supuesto, va en paralelo a la relación que estés manteniendo con tu pareja oficial, a la que amas, con la que quieres estar, solo con ella, nadie más. Ya. ¿Alguien cree eso? ¿de verdad? ¡vamos!

Pero te vas dejando llenar, invadir, ocupar, distraer y atraer por la tercera (o terceras, así, en plural). Es inevitable. Por persistente. Por habitual.

Y no hay peligro, no pasa nada, es una amiga, pobre, está sola, necesita tal y tal, lo ha dejado con su pareja, está triste, una mala época,...

Y a ti te cuesta tan poco devolverle la alegría o la felicidad, ocuparla, entretenerla, que se sienta mejor. ¿Verdad?

Y tú, con cada gesto, con cada mensaje, secretas más oxitocina y menos cortisol. El bienestar está asegurado, para las dos (o más partes) mientras la pareja oficial se difumina cada día un poquito más, imperceptiblemente. Y se aleja de la relación, cada día un poco más, sin avisar ni darse cuenta.

El coqueteo es un gustazo. Porque te necesitan. Porque eres útil. Porque se convierte en una razón de vivir. Porque le dedicas más creatividad a ser interesante fuera de tu relación que a la propia pareja, que se va quedando en un rinconcito, ahí, instalada, sin molestar. Y cuando habla le dices que está loca, que es una celosa, que qué tontería, que nadie quiere nada, que es lo normal... 

Luz de gas? manipulación? autoengaño?

Pues no sé. Porque depende del caso.

El riesgo es que el coqueteo no es compatible con una relación. Especialmente cuando la pareja no sabe, cuando no le cuentas, cuando es un compartimento estanco (esos que yo adoraba, como recordaréis las fieles de este lugar), cuando se convierte en un poco un secreto. Un morbazo.

Ahí está el límite.

Si no compartes es que escondes. 

Y si escondes engañas.

Lo escribo con la cabeza alta y nada que esconder. Quizá por primera vez en la vida.

Y con una sonrisa en medio de la cara. 

Porque llegar hasta aquí no ha sido fácil...


martes, 22 de marzo de 2022

Barcelona...

...escupe, aparta, aleja, expulsa y te hace sentir que sobras, molestas, no cuentas ni importas.

No lo niego. Aunque ame esta ciudad, desde la más profunda inconsciencia.

Supongo que nos pasa en las grandes ciudades y en esta época de terribles tristezas.

Pero esta tarde, de pronto, en una de sus calles, sin esperarlo ni imaginarlo, ese olor.

He salido volando, he ralentizado mis pasos, he dejado de escuchar a quien me hablaba, me he ido a otro mundo, a otro tiempo y un lugar distinto.

Me ha sorprendido y costado reconocerlo. Luego he cerrado los ojos, como si así pudiera olerlo mejor.

Ayer empezó la primavera. Esta tarde he olido de nuevo y por primera vez desde hace mucho, mucho tiempo, el azahar...

La confianza...

Dicen que la confianza sube por las escaleras y baja por el ascensor. En un nanosegundo.

Pienso en lo dificilísimo que es recuperar la confianza perdida. Por cualquier motivo: el desgaste, el abuso, la repetición, los silencios, la falta de lucha...

Construirla, aunque no es fácil, va surgiendo e incluso fluye. Pero de pronto, una sola gota rebosa el vaso, se disparan todas las alarmas, te agotas y simplemente desconfías.

Y eso es tristísimo, feísimo y muy desgastante.

jueves, 17 de marzo de 2022

Veo y subo...

Veo el post de ayer y lo subo a epidemia de gripe en mi tierra. Y en que es mejor no relacionarse ni hacer ejercicio por las calles.

Ayer cancelé una cena de Navidad. Multitudinaria. La verdad es que no me interesan los contagios, ni sentirme mal/peor de lo que me siento.

Muchas cosas se ralentizan y están indefinidas, con lo que a mi me gusta ir rápido y avanzar hacia los objetivos. Modo desesperación on. A veces.

Y no puedo empujar más, ni apretar, ni presionar. Simplemente porque hay cosas resistentes a la procrastinación generalizada, que escapan de todo control.

E la nave va.

Me instalo en aquello de que "si no sucede es que no es para mi". O que "hay algo mejor". O que "saldrá otra cosa", "otra casa".

Pero ni yo misma me lo creo. 

Soy más de pájaro en mano...

miércoles, 16 de marzo de 2022

El fin del mundo...

Unos apuntes...

La pandemia. La economía en retroceso. El paro. La estanflación. La invasión de Ucrania por Rusia. Tres millones de refugiados a 2.800 kilómetros de casa. El aire enveneado por arena del Sáhara y otros metales pesados. Las bolsas y las criptos con una inseguridad imprevisible. El oro que no es refugio. Y ahora un terremoto en Fukushima, con alerta de tsunami.

Si no fuera verdad parecería una broma... O un guión de serie B...

jueves, 10 de marzo de 2022

De mi madre. De mi padre...

Hoy llamaría a mi madre. Y hablaría largamente con ella. Es probable que la llevara a comer a un sitio bonito, cerca del mar. Y que acabara proponiéndole lo que deberíamos comer, que la sorprendería y le encantaría. La imagino sonriendo y mirándolo todo, a nuestro alrededor. A alguien debo haber salido para distraerme siempre con el movimiento ajeno.

Tengo tantísimo que contarle, que se ha venido acumulando durante estos años, que creo que no me bastaría con una sola cita. Pienso que trataría de alargarlo y quedarme con ellamás tiempo, más días. Para vivir cosas tan bonitas como una conversación frente a frente entre platos, copas y cubiertos, recibir sus consejos y sugerencias, escucharla pedirme que baje el ritmo y aprenda a descansar de una vez por todas, hablarme de la vida y la muerte. Para instalarme entre sus brazos, como cuando era niña y la buscaba para que me quisiera.

No pasearíamos, porque su movilidad era un poco limitada por una operación de tobillo y ella muy digna. Tampoco me preguntaría cosas, que siempre esperaba a que fuera yo quien le hablara, para evitar que saliera huyendo de situaciones comprometidas. Cuando me acorralan, huyo.

Pienso en mi padre. Hace tantos y tantos años que no está que he dejado de contarlos, no le recuerdo en movimiento y se me borran sus facciones. A veces miro su fotografía, para redefinir su nariz, su cabello, sus profundos ojos azules, su sempiterna sonrisa y su bigote. Le recuerdo fumando cigarrillos rubios ingleses, encadenándolos. Y haciéndome reír, con un humor fino de la misma procedencia que la de su tabaco. Que no sé de dónde pudo haberlo sacado.

Hoy va de padres. Y de recuerdos. De orfandades mal disimuladas y de nostalgia de abrazos poderosos, de los que transmiten seguridad, confort, paz y tranquilidad.

Hoy iría de lágrimas. Pero, en realidad, estoy demasiado contenta y demasiado arropada como para permitírmelo...

miércoles, 9 de marzo de 2022

Post obligado [y muy triste]...

Hay posts que una escribe por inercia, por soledad, por ganas, por aburrimiento. Seguramente, por otras cosas.

Y luego está este tipo de post, que una no querría tener que escribir nunca, que son obligaciones vitales, que son homenaje.

Y es que sí. Hoy me han dado una noticia por teléfono y todavía no puedo creerlo.

Aneurisma cerebral, súbitamente desplomada después de tomar el último baño del día en una cala desierta de Menorca, hace dos veranos. En brazos de su marido, que solo podía pedirle auxilio al viento porque ahí no había nadie que pudiera ayudarlos. Definición de horror, ¿verdad?

He colgado y he comenzado un viaje a nuestra adolescencia. A nuestras salidas en motos casualmente gemelas pero de diferentes colores. Nuestros tesoros, nuestra libertad. A nuestras discotecas y al whisky con limón de entonces. A los bares, a los ligues, a las tardes de lluvia escondidas en cualquier parte. Al tocadiscos y a sus hermanas, a mis padres. He vuelto a la humedad de esas montañas y a los mosquitos que se incrustaban en el pelo camino a casa, de noche.

He vuelto a su piel finisima y blanca, a su pelo liso y a sus risas. Nuestras bromas, los veranos y algún fin de semana juntas. Era dulce y bondadosa, poco habladora, algo insegura y buena escuchadora. 

Y últimamente nos habíamos limitado recíprocamente a nuestros contactos por redes. Escasos, insuficientes,

Sí. Quedó un café por tomar en una próxima cita que, sin duda, hubiera tenido lugar de no ser por la maldita pandemia. Que nos ha silenciado y distanciado a todos más de lo que querríamos siquiera reconocer.

Creo que me lo creo tan poco que soy capaz de llamarla algún día para quedar con ella, ahora que soy incapaz de recordar cuándo fue la última vez que nos vimos. Y dónde. Se me ha borrado todo.

Tengo la suerte de que sonrío al visualizarla. 

Aunque se me llenen los ojos de lágrimas...

martes, 8 de marzo de 2022

Rebeliones...

[Mucho tiempo de silencio. Lo sé. Resumo:]

Días grises. De rebeliones. De cambios y precipitaciones [no hablo de meteorología]. Por tanto, de ansiedad y algo de miedo, aunque disimule ser una valiente. Que no soy. Que nunca he sido.

Días de cvosmos revuelto, de caos desordenado (se lo he copiado a Sofía, que ha vuelto y todavía habla de María "Aveces", como si la vida no hubiera ido circulando, más allá; qué sorprendente, todo) y de protesta y de llamadas y conversaciones con las manos entrelazadas, entre caricias.

También son días de llamadas de seguimiento en la distancia, para ayudar a curar, para difuminar decepciones, para disimular traiciones inesperadas. De ella nunca lo hubieras dicho. Y sin embargo. Guiño para Vic.

Además de todo eso, días de pensar en huir para reconstruir y reinventar, ahora que parece que tenemos licencia para soñar y millones de personas, de todos los pelajes y colores, lo hacen en la paz de sus casas. O en la guerra. Qué pena, con lágrimas.

Y, por fin, días felices e inciertos pero con una certeza fija. Ella. Nosotras. Todas sus cosas bonitas y lo que ha de sobrevenirnos. Aquí. En nuestro nuevo lugar...

lunes, 31 de enero de 2022

La simpática de Neuronas zurdas...

Aqui lo dejo. Gracias por las risas... :)

Neuronas zurdas de una mujerenguerra: No estoy sola…

Dilemma...

¿Que qué es un dilema?

Mira lo que dice la RAE: 

  • Situación en la que es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas.
  • Sé que lo sabemos, por supuesto. Aquí solo vienen chicas muy listas. Que yo lo sé.

    Pero la palabra clave aquí es "elegir".

    Cuando alguien tiene que elegir, si hablamos de pactar o negociar algo en una relación, malamente. 

    Mala cosa. 

    Feo.

    Triste.

    Y sospechoso.

    Alarmas y campanas comienzan a sonar ahí detrás, a las espaldas, como persiguiéndote. 

    Y te intentas convencer de que no. De que es todo muy Disney, naif, adolescente, ingénuo y bienintencionado. Que no hay de quién preocuparse.

    Pues peor.

    Porque un dilema supone que por un lado quieres. Pero por el otro sabes que traerá malas consecuencias.

    Y te debates entre ti misma y el impacto de tu decisión en el plural de tu relación.

    Porque hay relaciones que son coqueteos encubiertos, alimentos para el ego, serotonina pura. En las que se comparte más con los habitantes del exterior que con quien convive en el interior de la misma casa. Llega la cena y no hay nada que contar porque se vació todo en otros momentos, lugares, conversaciones...

    Qué horror.

    Cuando estás en época de construir, de sembrar, de crear, ¿es justo dar pie a los dilemas, alimentarlos, perseguirlos?

    Cuando todo debería ser una ilusión grande y focalizada, con nombre propio, una ni siquiera puede pensar en otros nombres. ¡Hombre no! ¡De verdad!

    Ni mucho menos en algo que ponga en peligro la perfección de la construcción, la ilusión, la alegría. Fuera las distracciones, por favor. Aprovechemos cada segundo de felicidad recién estrenada, recién desenvuelta del papel de regalo. Hombreporfavor.

    Se le llama mandar a tomar por saco el momentum. En serio. Cargárselo y destruirlo metiendo ruido en un lugar pacífico. Metiendo bullicio, metiendo gente.

    No se puede dar paso a las distracciones, en esos momentos. No se debe. ¿Con qué derecho? ¿qué hay tan fuerte como para derribar los proyectos de vida, la vida en sí, tumbar a la otra parte contratante? ¿Cómo justificar que haya que introducir a nuevas personas en un lugar de dos recién estrenado, aún por consolidar, todavía por conquistar?

    Sí. Porque nos conquistamos cada día. Y nos cuidamos y nos mantenemos bien por dentro y fuera para gustarnos a nosotras mismas pero, por supuesto, para interesar a quien comparte la vida con nosotras. Cada una con lo suyo y según su estilo. Pero sí. Hay que trabajar para estar bien y para que os miren a los ojos y nos encuentren atractivas o interesantes, o algo. A mi me gusta sentirme orgullosa de la mente de quien me acompaña. Y de todo lo demás, también.

    ¿O estoy jodidamente equivocada?

    A mi me parece injusto y doloroso que ser muchas vidas en la unión de dos personas se vea como normal. Pero soy la única que lo ve de esta manera.

    Y eso que a sociable y abierta no me gana mucha gente.

    En fin. A mi me ha matado un dilema. A mi y a mi proyecto de vida. Por si interesa a alguien.

    He deshecho la maleta que me acompañaba desde hace algunos meses y que había devenido mi casa. Cada cosa en su sitio. He desmontado el neceser, también. 

    Y he vuelto a casa...

    sábado, 29 de enero de 2022

    El post para el Anónimo desconocido...

    No creo en las casualidades. Así que este post, aunque lo provoque el comentario del Anónimo en el anterior, nace del fondo del alma, toca y es procedente. Este lugar ha sido siempre, y eso son muchos años ya, especialemente terapéutico para mi.

    Vale. Me gusta jugar y que me reten. No niego ni desmiento. Por tanto, gracias por provocarme, seas quien seas.

    Voy a contarte, Anónimo, que hay momentos. Y etapas. Y búsquedas. Y encuentros. Incluso soledades, decepciones y dolores. Alegrías que parecen infinitas y luego duran cinco minutos. Sorpresas y lamentos. Y decisiones grandes como losas.

    Una se propone hacer bien las cosas y luego se tuercen los planes. Y una se plantea proyectos y hace castillos y se caen del aire, porque se construyeron y nunca hubo cimientos, probablemente.

    Pero asumo que tú todo eso ya lo sabes, ¿verdad?

    Dejé de escribir aqui (no en otros lugares, que han seguido escuchando mis risas y mis felicidades y alguna protesta muda y...) cuando decidí ordenarme, dejar de bailar con todas las que me lo pedían, abstenerme de practicar magistralmente (lamento la inmodestia) el arte del coqueteo. Me concentré. Y me centré.

    Hay que conocerme bien para comprender el alcance de esa decisión, las tentaciones que debo vencer y el significado del corte de coleta. Pero en fin... esa sería otra larga historia...

    Porque, cuando dejé de escribir, había llegado al final del camino y encontré la última parada y me puse a construir un futuro plácido, sereno, reconfortante y maduro. Ilusionante, largo. Compartido y con proyectos que eran pegamento...

    ¡Aquí tienes la explicación de por qué había dejado de escribir, Anónimo!

    Tu turno. Si no quieres aparecer en público, te sugiero que uses el correo que sale en mi contacto, en algún lugar de por aquí. :)

    Besos y burbujas. 

    Sparkling

    jueves, 2 de diciembre de 2021

    Luna negra y eclipses en Madrid…

    Un poco ausente pero receptiva a los infinitos inputs. Otro poco fuera de todo y en los extremos de las mesas, reservando puestos de honor a las generaciones nuevas. Y hablando menos para escuchar y aprender. Ningunas ganas de implementar en casas ajenas lo que me llevo conmigo.

    Lloro discretamente y en público con videos inspiracionales, reflexiono acerca del futuro, de los cambios y de mis pérdidas. Paseo algo del Madrid del extraradio con fruición, paladeando los amaneceres y los ocasos magníficos de esta ciudad que me escupe, que me atrapa.

    La luna negra y el próximo eclipse me sorben energía, pero floto. Con fuerza.

    Hay quien lleva el duelo incrustado en el córtex y jamás superará la pena del vacío. Imposible resignación, supervivencia en modo on.

    Otros arrastran nostalgias de tiempos pasados que [alguna vez, no siempre] fueron mejores. Y se ausentan del aquí y del ahora para alejarse sin vergüenza. El tiempo, la edad, les convierten en seres libres de ataduras sociales, de etiquetas, de educación. Y les aceptan.

    Todo lo que muy pronto recordaré con una sonrisa triste y nostálgica…

    sábado, 27 de noviembre de 2021

    De viajes, ahora que no tenemos práctica…

    Construir una maleta para tantos días y en pleno invierno, con muchas combinaciones para atender diferentes escenarios y actividades. Revisar por encima el neceser que ya nunca vacío porque soy bastante nómada y me organizo mal todavía. El paraguas! Un par de pañuelos de cuello y zapatos con suela de goma, para que me aislen de la Tierra. Pasar por el cajero a recoger esos papeles que ya casi nunca uso pero que hay que llevar por si acaso (como la ropa interior impecable por si tienes un accidente, como decía mi madre).

    Qué más? Si…

    Que me acompañen hasta la puerta de la estación y apuren el tiempo hablando en el coche de la mucha pereza, nostalgia y fastidio de la separación, larga. Que me abracen largamente, sin prisa, con fuerza.

    Y seguir hablando de los planes que nos aguardan a la vuelta y de esas ganas mal disimuladas que tenemos de forzar el haber ido y regresado ya, muy rápidamente.

    Hay abrazos que parecen cuevas en las que introducirse y sentirse a salvo durante vidas, miradas que no necesitan traducción ni palabras y momentos para retener eternamente.

    Y hay cosas que no apetecen. Como tirarse al río helado, a alguien que no te gusta o ir a la capital del Reyno taaaantos días.

    Pero soy fuerte. Y volveré empoderada y más llena de inputs que nunca…

    miércoles, 22 de septiembre de 2021

    Madrid ya no…

    …me mata.

    Ya no viajo en los taxis con la cabeza baja, ni disimulo. No evito reconocer lugares sueltos en los que estuve. He podido regresar con la mirada firme e incluso ganas.

    Madrid ya no es un lugar prohibido, ni tengo que encerrarme en hoteles, ni esconderme o buscar caras conocidas entre multitudes.

    Madrid ya no importa y es indiferente, como cualquier otro lugar. Ni fu ni fa. Madrid ya no me mata…!

    domingo, 19 de septiembre de 2021

    Viajes en los tiempos…

    He dejado [como si me arrancaran, desmembrada] el lugar al que regreso últimamente. Al que vuelvo porque es el único en el que quiero estar. 

    Es sencillo de entender. Es una burbuja, un oasis, un remanso y una cápsula. Todo. Porque es ajeno a este mundo. Porque está lejos de la que era mi vida y de quienes la habitan. Porque sigue siendo verano. Porque ahí vive Ella.

    Y ahora Ella es con quien quiero estar, dejar que se deslice el tiempo juntas, llevar una vida normal compaginando obligaciones y libertad, organizar la logística que antes sucedía separadamente. Y disfrutar de cuidarse, de descubrirse, de aprender a quererse, sin conflictos ni batallas.

    Y hacer planes gigantescos sin prisa, como si nos batiéramos al ajedrez y nos tomáramos el tiempo para no errar y hacer bien las cosas. Porque a las dos nos preocupa y nos hemos propuesto ser la última parada, llegar juntas al final de lo que tenga que ser.

    Es bonito vivir así. Es precioso sentir esto. Es un regalo de la vida que llega cuando ya no creíamos posible que dos pieles y dos cuerpos pudieran encajar así, besarse de esta manera…

    Luego me he metido en un tren, enmascarillada, en un tratecto que posiblemente haya hecho quinientas veces. Sin tristeza, con pereza. Esta vez sé que me voy excepcionalmente pero nadie me va a lanzar hachas a la espalda cuando me de la vuelta. Priceless…

    martes, 14 de septiembre de 2021

    Una felicidad razonable...

    ...y con la boca pequeña.

    Querer. Que te quieran. Besar, largamente. Ir a la playa a mediodía. Y nadar y flotar y tomar el sol. Abrazarse por detrás en el agua. Sin parar de hablar. Quitarse la sal en la piscina y hacer unos largos. Entre semana, no festivo. Que te esperen y que cocinen para ti. Que se adelanten para que puedas aprovechar un poco más y hacer ejercicio. Correr a casa y preparar la mesa, la ensalada, abrir el vino o servir el agua, no olvidar la servilleta. Sentarse de frente a una mesa pequeña y redonda. Mirarse a veces, sonreírse siempre, con cierta timidez, bajo una luz mediterránea intensa de septiembre o una lámpara de sobremesa y luz cálida por las noches. Abrazarse en la cama para conciliar el sueño y quedar siempre la última en esa carrera. 

    Esta es ahora mi vida. Lo digo con la boca pequeña y bastante miedo. Pero es la felicidad más razonable que he vivido en mucho, mucho tiempo... 

    martes, 7 de septiembre de 2021

    Todo se transforma...

    No sé bien si somos materia o energía. Leo un libro que cuenta que somos átomos y que, una vez nos relacionamos, ya estamos conectados de alguna forma para siempre.

    No sé decir. Con determinadas personas sí existe esa suerte de conexión. Con otras, arcadas.

    Pero la entrada de hoy es para dejar constancia de lo deprisa que pueden cambiar las cosas. A veces se pasa del abismo a la luz del paraíso turquesa, sin apenas soplar. Por sorpresa.

    Y aquí estamos, paseando entre arenas blancas y aguas transparentes...

    miércoles, 1 de septiembre de 2021

    Las clases particulares de Pepito Grillo…

    Hoy he tenido el placer de escuchar una clase magistral, particular, del Sr. Grillo. Una conferencia, una master class, un monólogo brillante.

    En estos casos, hay que abrir bien los [mermados] pabellones auditivos y auriculares, ponerse en modo #atencionplena y dejarse llevar hacia la escucha activa. Sus advertencias, avisos, recordatorios y warning son valiosísimos para mi. Un regalo. Siempre.

    A saber:

    - nunca bajar la guardia
    - no entregarse por completo
    - confiar lo justo
    - esperar lo mínimo
    - seguir siendo tú misma
    - no hacer concesiones
    - de ningún tipo
    - recordar cuánto dolió
    - aquello de lamerse las heridas
    - no hace tanto, hace nada en realidad
    - no esperar empatía
    - ni mala fe
    - no ceder
    - no exigir lo que no te gustaría para ti
    - avanzar, ignorando la sensación #todoestanperfecto.

    Y así ando: en pleno proceso de reprogramación y reformateando la prudencia. Que vamos justas de fuerzas y basta con que nos soplen a la cara para ver como nuestro castillo de naipes se viene abajo.

    Y eso no. Eso sí que no…!

    lunes, 30 de agosto de 2021

    Nuevos paisajes...

    De pronto, de manera inesperada, los paisajes cambian, y algunas rutinas, y aprendo a sentir nuevas del voces, olores y sabores. 

    Como el de la miel en la infusión que acabo de sorber. El cloro de la piscina que braceo. Los sonidos de los chicos y chicas que hablan fuerte y cantan en el parque que hay frente a la nueva cama en la que procuro dormir. Despertar enredada en unos brazos y taparme porque ha refrescado, cerca del mar, en este final de agosto. 

    Procurar entender que la concentración solo debe estar en el presente y en un futuro a cortísimo [el miércoles, o este mismo martes, sin ir más lejos]. No puedo asomarme al pasado ni por una milésima de segundo para no entrar en el vértigo de lo mucho que fue y lo distinto que era y lo inevitable e imborrable de todas esas cosas y personas que acompañaron a quien ahora me acompaña. Rico, intenso, profundo.

    Este presente me está gustando lo suficiente.

    Por eso no debo caer en la tentación de asomarme a su pasado. 

    Tiene efectos secundarios...

    Aquí está todo...

    Acerca de los datos personales

    Mi foto
    Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

    Por si se pierde algo...

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