Mi descendiente femenina está siendo una de las mujeres más importantes de mi vida... fíjate tú...
Normalmente es al revés. Y eso espero, la verdad: que tenga algo por lo que recordarme bonito toda la vida.
La tía me sacó del armario. Literalmente, me arrancó.
Más por egoísmo que por otra cosa.
Por tanto, mi familia directa (la que importa) y una parte inevitable de la indirecta, están al corriente.
Pero no venía a hablar de esto.
El lunes la acompañé a una visita ginecológica, rutinaria y de tratamiento, sobre una enfermedad autoinmune.
Nada grave.
Yo detrás de la cortina, escuchando en directo la visita. Y de pronto la alarma: es hereditario.
Uau, pensé. Con esto sí que no contaba.
Y recordé otra frase mágica de mi propia gine en la pasada revisión anual.
Dos más dos.
Adivinad quién se lo debe haber transmitido...
Confirmaré o desmentiré cuando tenga diagnóstico.
Por cierto, tengo la tensión alta. No gravemente alta. Sorprendentemente alta, que yo era estable.
ChatGPT me dice que el estress emocional que estoy viviendo desde hace un año no ayuda. Mi corazón va a tener la culpa de todo, verás...
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