Esto va a sonar tan mal como suenan mis últimos posts en LinkedIn: soberbios.
No como sinónimo de magníficos, no. Si no como sinónimo de chulescos y prepotentes.
La culpa en ese caso es de Claude.
Mis fieles seguidoras sabrán que hace un tiempo los astrólogos me avisaron que, tras una época de sombras, iba a convertirme en un ser de luz que atraería a todas las miradas.
Y oye: así fue.
Fue el momento en el que reinicié mi vida sentimental y podía elegir entre varias candidatas. Al final elegí y acabó mal. O me dejé elegir, claro.
Como siempre.
Hoy ya sé que nunca acaba bien.
Que a lo máximo que podemos aspirar es a que el trayecto sea divertido, por no decir feliz. Eso sería mucho pedir.
Y ahora parece que estoy en una etapa de cierre y nuevo principio.
Y es cierto que también puedo elegir. Pero fíjate que no me gusta ninguna candidata. Y eso que se postulan con fuerza y perseverancia.
O me hacen sufrir y ya estoy escaldada.
O son anodinas o tampoco me tientan lo suficiente como para liarme la manta a la cabeza y volver a empezar algo...
Me estoy acostumbrando a eso de estar sola y ya no es tan drama...
Con la boca pequeña confieso que hasta le estoy pillando el gusto a hacer lo que me da la gana.
No me gustaría tener que arrepentirme, que esto ya se sabe que va a rachas.
Y este jueves me largo 4 días a una isla. Con mi coche de alquiler, mis libros, mi música, hacer una compra básica, tomar el sol, pasear y estar en silencio.
Todo eso cuando no esté con ella.
Que ya sabemos que las primeras veces son raras y nunca sabes si vas a quedarte o preferirás el eco de tus pensamientos...
Aunque esta vez tiene menos posibilidades que nunca nadie antes. Creo...
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