Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 20 de septiembre de 2012

Paisajes habituales...

Vuelvo a tener el pelo húmedo después de regresar al gimnasio tras tres meses de ausencia. A esta hora y en este lugar mi piel vuelve a oler a ducha [Moussel moussel de Legrain Paris o a La Toja. Espacio publicitario promocionado por Legrain y La Toja] y me siento físicamente cansada, a pesar de que he empezado con calma y sin forzar para mantener las ganas como nuevas. Aunque mi cuerpo grita que fuerce la marcha. No se trata de muscular [cosa que me resulta fácil] si no todo lo contrario. Tonificar, para que mi doctora no tenga razón en el diagnóstico que me regaló hace casi diez años pronosticándome una vejez muy difícil, con la genética y mi espalda escoliótica y artrósica [parezco vieja...] y que me dejó largos minutos incrustada de cintura para abajo en su cómoda silla de diseño a juego con la vanguardista consulta privada, con los TAC, radiografías y similares reposando en mi regazo. Rechacé seguir nadando [ya me lo he nadado todo, en todos los estilos -porque, ya se sabe, los médicos dicen hoy que es bueno lo que hace unos años te habían prohibido con determinación, como el crowl o el aceite de oliva- y hoy tengo el convencimiento de que el cloro que penetra por los poros durante las horas en las que te deslizas en el agua tratada va a pasar factura, como producto químico que es] y opté por tener mi primera vez con un gimnasio de pueblo, pequeño, sin presunciones y con sus limitaciones en espacio, instalaciones y maquinaria. Y sin embargo ha sido mi salvación en tantos sentidos, me ha dado grandes momentos que me habría perdido para siempre y me ha permitido compartir tiempo con gentes normales a las que aprecio de verdad. Vale. No a tod#s, necesariamente. A much#s sí...

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Enfrentamientos, exposiciones y ladrillos...

Me enfrenté. En efecto. ¿Quién dijo miedo?
Y todo ha cambiado. Se abrió una etapa nueva, con reglas distintas, a la que habrá que adaptarse.
Lo único cierto es el cambio.
Expuse. En efecto. Solo moderadamente satisfecha.
Estas perfeccionistas, quoi!
Necesito el gimnasio, retomar rutinas y sentir que aún me queda alguna. Que pertenezco, que hay objetivos.
Hoy se ha puesto a llover y la tristeza me ha empapado. No quiero otoños. Ya lo había anunciado y de nada ha servido.
Paso de puntillas, sin hacer ruido. Y no me importa más allá.
Sobre la mesa, mientras, un par de ladrillos que no me canso de esquivar, las manos por encima, tratando de teclear las letras que generan un post extraño, raro e inusual.
A esos no me quiero enfrentar hoy...

lunes, 17 de septiembre de 2012

Diagnóstico: insomnio...

Esta noche va a ser larga... 

Mañana tendré que enfrentarme a quien está desestabilizando al equipo, que me convierte en lo peor, me inquieta y me enseña, cada día. Quiero que me cuente mirándome a los ojos [eso que se evita hacer últimamente] todos los reproches que ha ido construyendo; aguantaré la entrada y el ataque, aunque me duela, aunque me cueste. Después, veremos cómo evoluciona y qué podemos hacer. 

Un must, naturalmente.

Mañana también me espera una exposición en una lengua que no es la mía, ante un auditorio nativo y aunque haya cumplido con la primera o única norma (prepararlo, prepararlo, ¡prepararlo!), hay cosas que escapan a todo control, como las preguntas del final, el no poder entrar en jardines de discusiones y de hipótesis y cábalas y de pérdidas de tiempo. 

Prescindible, evitable, accesorio, innecesario.

La semana contiene otras perlas. Pero son otras historias.

Seguro que visto desde fuera es relativizable. Seguro. Pero a mi me inquieta...

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Principio de curso y agotada...

Estar en la capital del Reyno a las 9h00 implica un madrugón considerable y arrastrar un cansancio hasta el fin de semana. Y escuchar conversaciones en el AVE, encontrar caras conocidas, dormir un poco, leer todo el trabajo que se me queda pendiente en el maletín, que te ofrezcan prensa y comida a cada tanto, a veces ver alguna película, mirar por la ventana, pensar, pensar, pensar... El regreso es también tardío, así que el aprovechamiento del día es incuestionable. Hay que cambiarse el gorro a cada reunión cuando se desempeñan diferentes roles y se dispone de poco tiempo, lo que requiere unos momentos de adaptación que suelen desconcertar y se sobrellevan con tanta dignidad de la que aún soy capaz. Si a eso le unimos una noche de insomnio y escaso descanso, el desánimo está asegurado. Tengo cena esta noche y aún valoro cancelarla o asistir y, en el primer plato, anunciar retirada. Pero el paseo hasta el lugar de la cita es tan agradable que igual me acerco hasta ahí, cancelo sobre la marcha y me regreso a casa. Estoy poco sociable, en estos últimos tiempos y no encuentro ni la manera ni la razón para cambiarlo...

martes, 11 de septiembre de 2012

Manías y otros gustos...

También en esta casa empieza el curso y me encanta ver lo distinto que está siendo todo. Ni batas ni uniformes ni libros forrados o etiquetas en la ropa. Independientes y autónomos, aquí están, con sus tristezas del primer día y las ganas contenidas de diferentes reencuentros, insuficientes para compensar el abatimiento del no dormir hasta tarde y vestir con lo justo, descalz#s y en absoluta libertad. No soy madre al uso, así que suelto tanta cuerda como es posible y hasta empujo para que se sepan capaces de casi cualquier cosa, ahora y en adelante.

La ciudad ha estado hoy de fiesta y la gente la ha tomado, entre banderas de colores, alegrías y canciones de estribillos pegajosos. Habrá que escuchar ahora las diferentes valoraciones que arrojan los medios, aunque también esto es predecible. Mi calle está bien protegida por decenas de zetas protegiendo el domicilio de un presidente joven, del barrio, desbordado de la escasez de medios, como tod#s, supongo.

Hoy ha sido festivo y hemos prolongado el sueño, alargado el despertar y disfrutado los espacios que ni siquiera vemos en nuestra cotidianeidad. Acabo de regar plantas y terraza descalza...

Si fuera posible, habría que detener aquí las estaciones, que no vengan los jerseys ni los pañuelos, que las montañas no se pinten de blanco y las manos no se hielen bajo unos guantes que nunca bastan. Necesito el sol y cielos azules... por favor, por favor, por favor...

Y mientras tanto la vida...

Creo que voy a tomarme vuestros comentarios como un aviso, una señal de alarma, como el hecho indiscutible e indubitado de que la gente mayor se vuelve rara. Os lo agradezco. Lo cierto es que no siempre estoy hundida ni se me escapan lágrimas ni llevo la mirada perdida o pienso en quitarme la vida. Eso me sucede un par de milisegundos al día. [Recuerdo que voy a negarlo tantas veces como sea necesario; con convencimiento y cierta autoridad]. Pero son los [milisegundos] que suelo escoger porque son los fáciles de desarrollar y de pasar por el teclado. Son el recurso simple, el que da pie a infinitos juegos de palabras. Entiendo que, además, pueda resultar disuasorio y [el coñazo que debe resultar leerme] pueda ahuyentar almas cándidas y generosas por aquello de mi falta de disponibilidad y la ansiada coherencia. Tomé nota, un día, de otro aviso [un poco despechado, cierto; pero aviso al fin y al cabo] que me pedía que me andara con cuidado porque podía doler sin siquiera darme cuenta. Así que así estoy, en modo ralentí, viéndome pasar, sabiendo que no conozco otros registros, ni he practicado la composición de otro tipo de relato breve, ni creo que supiera, lo que conduce a un callejón sin salida o al silencio, que vienen a ser sinónimos, sin ser metáfora...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

He perdido el azimut...

No sé si sentirme al límite o dejarlo correr. A una se le acumulan los asuntos y se asoma el colapso por la puerta, entreabierta y siempre con las llaves colgando desde el interior, que no hay manera de rascarle al tiempo y al espacio un poco de intimidad...

Canta Serrat en El amor [que me regalaron un día de hará ya un año y es de las pocas canciones que llevo en el teléfono y escucho cuando suelo ir a correr o la soledad de verdad me grita directamente al pabellón auditivo, uno u otro, alternando] eso de "el orgullo de gustar". Estoy instalada en el transparente, por eso de que nadie me ve. Qué edad más interesante... Y en el traslúcido porque, de verme, me traspasan. Aunque el opaco sería más realista, mi imagen no tiene relieves ni matices ni nada. Ahora que podría evitarme, perfectamente, estar. En cualquier parte, sin problemas ni victimismos. La indiferencia más absoluta. Invisible como la vida misma...

Me encuentro con insultantes fotografías de parejas expresándose en público; me refiero a sentimientos. Me molestan. Sé que no debería, pero se me encoje el corazón y se me arruga como si llevara media vida sumergido en líquido [el corazón, decía], como le sucede a la piel tras un largo baño, esa desagradable sensación que padecemos l#s ectópic#s. Me cruzo con esas parejas por la calle y se me anuda la garganta, desde las rodillas, en sentido ascendente, para salir disparado por encima de mi cabeza a una considerable velocidad de crucero. Y de vértigo, por el mareo y la confusión combinados con la desubicación y el desconcierto.

Regreso, volvemos a empezar. Y no tengo fuerzas, ni ganas, ni interés. Ni nada...

martes, 4 de septiembre de 2012

Entre desolaciones y soledades...

Deja que te llore un poco, anda. Déjame llorarte todo: los silencios y las prisas, las tensiones y el sueño, lo que nunca seremos y hasta el aliento de llegar, debatirnos entre dudas y luchar contra lo evidente. Quiero llorarte lo que no te dije y que meses mi cabello en movimientos cortos, dulces, repasándome el perfil que esconde mi pelo. Dime que puedo acercarme y vaciarlo todo para que la pena deje de aprisionarme detrás del esternón, de la frente, del ombligo; todos los detrases escondidos e invisibles que me impiden respirar y me empujan las lágrimas que no pienso llorar si no es contigo. Por favor, te pido un momento de tu rutina retomada, ahora que te has reincorporado a una nueva etapa y te estarás viendo mayor, como yo, aunque tengas, igualmente, ilusiones escondidas; menos que yo, eres más evidente y pública y no inventas nada; o casi nada, quizá quede alguien por ahí a quien mantener a medias. Te ruego sin reparos [porque no soy del tipo orgullosa] que me dediques el rato que nunca me devolviste, a pesar de las promesas y de mis lágrimas y mi desolación. Vacías, palabras remotas, después tal vez, nunca seguramente... Regálame tu hombro, breve, moreno y suave; un rato solo. Deja que me instale de nuevo y volver a sentirme en lugar seguro, a salvo. Paséate de nuevo por mis labios, deslizándote despacio por todos mis milímetros y abrázame en silencio. Deja que te llore un poco, ahora que, como cada septiembre al volver, me siento la única persona en el universo, como deben sentirse las sondas que exploran un nuevo planeta o los satélites... Todo vacío...

lunes, 3 de septiembre de 2012

Espero que no sea para siempre...

Trabajar al límite tiene partes. He descubierto la mala de alguien y, como soy una chica estupendamente bien educada para la más pura y estricta culpabilidad, no consigo sacarme de encima ni al protagonista, ni las frases dichas en el momento de autos ni la inquietud. Semanas trabajando al límite sin desfallecer hasta que llegó el deadline y sucumbí. Mi cabeza estalló setecientas veces y mi sueño desapareció a pesar del agotamiento físico terrible de la falta de noches completas, la ausencia de ejercicio físico desde hace no sé bien cuándo y una mala alimentación rara. Hace demasiado que vivo tensionada. Me debato entre sentirme culpable o creer que fue una provocación. ¿Es imprescindible recordar quién manda? ¿tengo que hacerlo? ¿no es posible evitar recordar que somos un equipo y que hay que reportar, justo para que la izquierda sepa lo que ha hecho la derecha [me refiero a las manos, no a la política. Muy British, por cierto, lo de las manos]? ¿hay que bajar a ese nivel de detalle cuando hablamos de adultos universitarios con un CI superior, bastante superior, al de la media nacional? Estoy furiosa. Completamente. Irremediablemente. Confieso que mi intransigencia y yo estamos preocupadas...

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tot cremant les ferides...

http://lavidatevidapropia.blogspot.com.es/2012/08/com-si-avui-fos-sant-joan.html

Jo cremo les ganes de sortir corrent quan la por em recorda que sempre penso que no en sé, que no podré donar respostes adequades, impossible estar a l'alçada. Cremo el record de la infància i la mare omnipresent i el pare amb una existència petita i difuminada. Cremos la casa plena de germans i veure'ls marxar de mica en mica mentre em feien gran i els enyorava, jugant sola al quarto de la cantonada, el de jugar. Cremo l'angúnia de ser gran i responsable de dos éssers més petits, que creixen meravellats davant una vida plena de possiblitats i tant poques pors. Cremo la claustrofòbia de tants anys seguint, continuant, inventant-nos cada quinze dies, callant que el futur és impossible, no té termini, i avancem sense moure cap dels dos peus. Cremo l'ofec de la pèrdua que va ser i la que ha de venir a regalar-me la orfandat definitiva. Cremo les llàgrimes dels qui tenen futurs més buits que el meu i se'n adonen. També cremo les ganes de marxar la fugida que no vaig fer quan hagués tocat i viure lluny i ser jo amb una vida distinta. Cremo la pressa per acabar d'escriure, que m'esperen...

martes, 28 de agosto de 2012

Tempus fugit...

No es nuevo, esto de somatizar. Los síntomas son algo distintos y es que me sorprendo con grandes suspiros y al final me sonrío. Hoy creo que tengo un muro gris cobalto detrás de los ojos, antes de llegar al cerebro [¿el tamaño importa?]. Una losa alargada y fina, de portland, sobre los hombros. Mi lenguaje corporal debe ser gráfico aunque no ha despertado comentarios todavía. Todo llegará, con la paciencia de la que yo carezco. Quedan algunos días en nuestra particular cuenta atrás. Podría ser metafórico [de la vida y tal] pero no lo es. Aquí andamos a contrareloj y tenemos el countdown controlado diariamente y anotado en una pizarra vileda de las dos que visten un par de paredes del despacho, junto con cifras, pending issues, cosas preocupantes, conceptos con los que no estamos familiarizad#s y necesitamos recordar, muchos relojes con horas distintas en diferentes lugares [it's 5 o'clock somewhere...] y un ritmo frenético que a mi personalmente me crispa pero no debo padecer. Y fotos, muchas fotos. Todo en blanco y negro, limpio, muy feng shui. Un pez azul en pecera redonda, incluso. Y el tiempo que vuela...

lunes, 20 de agosto de 2012

Una breve disculpa...

Esto del verano... hacer lo que nunca hace en otras épocas del año, con el ánimo alegre porque sabes que es perfectamente provisional, como pasar calor o planchar de un tirón decenas de prendas de ropa de diferentes tamaños, equivalentes a las tres lavadoras que he ido haciendo desde mi vuelta. Una por cabeza, pero sin prisas, pensando en el tiempo que hacía que no planchaba, con lo que siempre me ha gustado; años, han pasado. Días intensos, estos de soledades en la ciudad; consciente de que voy a echarlos de menos tanto como ahora los echo de más en algún momento. Tiempo para planear el frío y de tomar decisiones sobre nuevos destinos. Una no puede estarse quieta. Tengo que hacer llamadas para las reservas de las que voy a ocuparme en unos días. Y es que todo tiene que salir perfecto [aunque esta entrada me haya pillado con el paso cambiado; y es que acabo de ver una foto en el WhatsApp y se me ha traspuesto el alma...

domingo, 19 de agosto de 2012

La foto del fin de semana...

De todo lo que he vivido me quedo con los sesenta largos desnuda, despacio, sorbiendo a bocanadas el olor a lavanda recién regada. Y tú esperándome...

Hoy tengo lectura pendiente, así que no me extiendo más...

jueves, 16 de agosto de 2012

Me cuesta tanto desprenderme de ti...

Ni los kilómetros de ayer. No duermo bien a treinta grados; y las ojeras... He repetido sol y ruta, aguantando un poco más que ayer, a pesar de las agujetas en piernas y caderas. En pleno centro de Plaça Catalunya he dejado de correr, he bebido en Canaletas [primera vez en la vida, que recuerde conscientemente] y he seguido el paseo por el barrio gótico y el casco antiguo. Quizá más lleno que ayer porque a los turistas se les unían los locales trabajando o dejando de hacerlo por hoy. La playa a rebosar y mi paseo magnífico, con un zumo maravilloso de melón, kiwi y naranja en vaso gigantesco [sablazo acorde con el tamaño, que se me ha olvidado preguntar antes de perfeccionar la compra venta y claro...]. Con la subida hasta casa tampoco hoy he podido. Tengo comprobado que cuando vas cansada la Vía Augusta parece la ascensión al Montblanch por la cara norte. Esta es mi ruta preferida [la que he hecho esta tarde, no la del macizo francés; bueno, me refiero a la montaña...]. He recordado esta tarde que comencé a hacerla [la ruta, con erre] con lágrimas en los ojos cuando me dejaste. Sí, me dejaste tú. Pero quince días antes lo había hecho yo por sorpresa y te sorprendió tanto que necesitaste días para reaccionar [debías considerarme incapaz de tomar iniciativas y reaccionar ante tus agresiones psicológicas y tus tortuosos chantajes emocionales, claro]. Y mira que me habías avisado una y mil veces que sería yo la que me iría detrás de una cara nueva, de las muchas que tenía en cartera. Y te lo negaba. Y yo tuve razón, la tuve toda. Porque yo estas cosas no las hago, me las hacen y después vienen otros y me enamoran y me dejo enamorar. Y fuiste tú quien engañó al final, yéndote con la otra cara que venías simultaneando a mis espaldas [anchas, muy anchas]. Sigo asombrada por lo magistral de tu actuación, que todavía no me explico. No haberlo notado, no haberlo presentido ni imaginado... Terrible, terrible engaño... Y así me van a mi los sentimientos, los temores y las cosas, en términos generales...

miércoles, 15 de agosto de 2012

Y mira que lo intento...

Vi el lugar, por primera vez, desde el agua, antes de zarpar. Día mariano de siete horas de intensivo y mucho cansancio por las largas noches de insomne que me estoy habituando a recibir como regalo. En breve recorrido de treinta minutos [ventaja de trabajar en agosto, por ejemplo] aparezco en casa y me calzo zapatillas deportivas y me visto pantalón corto y tirantes, además de colgarme a la espalda una breve bolsa con lo imprescindible [como puede serlo para mi un pareo, ese maravilloso trozo de tela que de tantos apuros me ha sacado contra agua, viento, frio, sol y otras hierbas desde que Ella me regalara el primero]. Corro como a plazos, en series, sin ambiciones y en bajada desde casa hasta el mar. Al principio, una Barcelona tan vacía y a medida que me acercaba a las zonas típicas han comenzado los tropiezos con los extranjeros despistados detrás de sus cámaras y girando sus mapas con cara de perdidos. Qué gente he visto... expresiones de impacto para retener [especialmente una de soledad, gélida...], parejas mixtas de razas distintas y sus descendencias de pelos y colores de piel maravillosos, parejas de iguales [especialmente de chicos, algunas de mujeres y algunas de ellas hasta mayores, esa especie que se esconde en alguna parte y apenas sale, sin que yo sepa la razón ni dónde pueden estar...], deportistas musculados de piel bronceada y sin apenas ropa, pocas mujeres haciendo top less, mucho balón en la playa repleta... El invento de ir pidiendo la canción que te apetece en ese momento y que YouTube te la facilite al instante ha provocado que se me agotara la batería y es que me he tumbado en el espigón, al sol, al menos una hora, de nuevo sucia de salitre y con el pelo revuelto, añorada y nostálgica, mientras hacía esfuerzos por seguir y resistir sin venirme abajo, que ahora no estoy entrenada como antes. Tengo un nuevo restaurante para cuando vengas. Me hubiera gustado quedarme de pie en la calle [secundaria, poco transitada, por la que corría viento fresco del norte y se escuchaba la música de la plaza de la catedral] hasta saberme de memoria toda la carta, que evocaba tantas cosas y prometía otros momentos contigo, frente a varios platos y muchas copas de diferentes vinos tranquilos. Y es que siento que se me han acabado las posibilidades de sorprenderte y eso no debería estar permitido, sino todo lo contrario...

martes, 14 de agosto de 2012

Miedos...

No debería sorprenderme. Y me sorprendo. Esto no es la primera vez que ocurre y, como vivo en un permanente estado de insatisfacción, sucede que lo que hoy me aplasta y asfixia, en breve será echado de menos. Sin variar. Cuando me aplaste y asfixie otro tipo de rutina más otoñal, de las de noviembre en la ciudad, acompañada de algún grito y/o discusión en voz alta y esmerada para ser transmitida y alcanzar distancias. Por ejemplo. Concluyo, en silencio [¿la radio cuenta?]. En concreto, dos conclusiones que vendrían a ser una por lo relacionadas que están entre sí. Suelo vivir empujada hacia delante, esperando y hasta forzando lo que ha de venir. O bien apoyada en lo que ya fue vivido y, con el tiempo, se ha visto inconscientemente potenciado a la décimoquinta potencia. Enésima no me gusta. Está manido. Y el juego de las palabras es para eso [no hablo de la construcción con letras que arrasa en estos momentos y en la que yo, por cierto, soy mala...], para variar los temas, los mismos, aunque se me reproche que soy imposible de entender y de comentar, por intimista o complicada o por no dejar pistas ni datos que permitan. Es el temor a ser encontrada, señores, señoras. No hay más. Como el que me produce ser [espero] la única ánima en un edificio de cinco plantas, desierto en días como hoy en los que solo trabajamos l#s [afortunad#s] desgraciad#s. Si. Mañana trabajo y será momento de sentirse más desgraciada que nunca antes, probablemente. Eso si tengo tiempo de despegarme la soledad que me está persiguiendo estos días y que me ha hecho intentar aproximarme a la encantadora filipina que se ocupa de los colores que lucen mis pies desde este mismo verano. Qué mal estamos, sin darnos cuenta. Mañana trabajo, decía. Sin queja. Al menos por mi parte. Aunque las dos mil quinientas procesiones van corriendo por dentro de una y no se detienen ni amagan con hacerlo...

lunes, 13 de agosto de 2012

Siempre he tenido un poco de razón. Sobretodo para las cosas que duelen...

A veces toca caminar hacia atrás. Y releerse en silencio, a solas en una casa, a media tarde de un lunes de agosto, laborable y de calor en alerta. A solas de soledad, me refiero; en ningún caso de falta de compañía. La palabra es avidez. Y todos sus sinónimos y palabras de la misma familia, idéntica. Ávida de todo lo nuevo que pueda llegar cargado de suspiros, paréntesis, largas conversaciones, caricias accidentales, historias jamás oídas antes y todas las ganas que asaltan por sorpresa, porque hace ya tanto tiempo de cualquier cosa que pueda parecerse a eso, por accidente... Ávida, buscando en todos los rincones, en los nuevos y hasta tratando de extraer de la memoria direcciones, nombres y .coms [¿o era .net?], encontrar lugares familiares que se encuentran clausurados o encerrados para que solo algun#s elegid#s puedan entrar, con la cabeza alta. Ávida y nostálgica de cuando entraba y salía, elegía y podía leer vidas diferentes a las que seguía con cuidado e interés y atención y algo de fe. Ávida, nostálgica, impaciente por llegar a alguna parte, quedarme y leer largamente letras nuevas que atrapan por la garganta y no te dejan parpadear, lamiendo las letras, navegando los posts en diagonal, buscando más allá en el archivo de meses, de años pasados, anteriores, tan interesantes o más como los que ahora son de rabiosa actualidad porque han ayudado a definir lo que es el hoy. Ávida, impaciente, nostálgica y un poco inquieta, enfadada y furiosa [según] por los resultados, los silencios, los vacíos y las ausencias que aparecen a golpes de añoranza. No sé por qué pero esta tarde está siendo tan difícil como cualquier otra de aquellas en las que solo estaba pendiente de que dieras señales de vida y nos dejáramos volver e hiciéramos planes de algún tipo, especialmente del tipo un café abajo en cinco minutos, no me tardes, anda. Y tú cruzabas la ciudad enorme para eso, solo para eso. Para esconderme en tu coche en un callejón mal iluminado en el que acabar por abrazarme hasta que se me cortaba el aliento. Y a veces lloraba porque sabía que una tarde como hoy, un lunes de agosto, laborable y de calor en alerta, no ibas a estar más conmigo...

domingo, 12 de agosto de 2012

Cuatro semanas...

Supongo que puede parecerlo pero nunca me he ido... Veo ahora que mi última entrada es de junio y que se me enredan los dedos, lentos, en el teclado. Se me han alargado los días y las cuatro semanas se han hecho increíbles. ¿Cómo se resume uno de los veranos de tu vida? ¿Cómo...? Cuando aún tengo la retina llena de naranjas a contraluz y puestas de sol entre templos vacíos, cuando todavía tengo la planta de los pies húmeda y no me he podido quitar el salitre, no me he calzado zapatos ni vestido sujetador ni pantalón largo. Cuando me acompaña el sonido de las velas desplegándose al viento y mi piel recuerda lo fácil que me resulta sudar en Asia, flotar durante horas como una boya en una cala pequeña de este Mediterráneo de la menor de nuestras islas, sentir el mareo y dormir entre vaivenes y rumores de agua corriendo a ambos lados de la proa. Uno de los mejores veranos y sin embargo algo se mueve aquí dentro...

martes, 19 de junio de 2012

¿Y quién sabe...?

Recién cumplida y como en ebullición, ahora que la intensidad decrece y parece que respiro, a bocanadas regulares y en calma. Sin sueños pacíficos ni jornadas plácidas porque a estas alturas no creo en los milagros, si solo creo en ti. Quisiera escribirte en otras lenguas y reprocharte que no me mencionaras en esa absurda competición de espacios escritos en la nuestra, en la vernácula. Porque yo también la extraño, aunque sea más doloroso saberla aquí y no muerta, como es tu caso. Y no sé qué es lo peor; como en la definición de soledad, la que desgarra porque estás en compañía. Así me reconocí una vez y me puse a tomar decisiones, a cambiar de vida, de entorno, de compañías y acompañantes. Porque eso de quejarse sin tomar medidas me parece ofensivo y reprochable, aunque aquí, cada un# se las componga como buenamente pueda, que ni ganas tengo de hacer críticas de ninguna naturaleza: ni para construir ni para lo contrario; con el esfuerzo que representa coexistirse con cierta dignidad, flanqueando el paso a quienes pretenden entrar de visita, sin ninguna prisa...

martes, 12 de junio de 2012

Enfado...

¿...de cuántas maneras se pueden sentir celos de la misma persona, siempre...?

Maldit#s ecs...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Number of online users in last 3 minutes Number of online users in last 3 minutes