Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Aire y escapadas...

Me alimento de aire.

De grandes bocanadas de aire.

Procuro respirar con consciencia. Inspiro despacio y profundamente. Espiro larga y lentamente.

Como me pide que haga la voz que cada mañana y cada noche me guía hacia algo que llaman paz y relajación. Bueno, hago lo que puedo, la verdad.

No sabría decir si funciona. Pero, como soy metódica para lo que quiero, de momento sigo con mi nuevo hábito, como si estrenara zapatos y fuera pequeña.

Todavía da vueltas en mi cabeza un encuentro de este lunes en el que había depositado cuatro o cinco ilusiones.

Creo que necesitaba hablar de él.

No sé por qué. Tampoco duraron mucho, las ilusiones, quiero decir. Como el encontronazo (porque no fue un encuentro de los que dejan indiferente), sino un cruce violento, por llamarlo de alguna manera.

Me bastaron treinta minutos en medio de la nada, una tarde negra con una enorme luna naranja, helada por dentro y por fuera. Me había costado llegar hasta allí. Era un pueblo que no conocía. Y me anticipé, como es habitual en mí.

Una mirada bastó. Y creo que fue en dos direcciones. A ella tampoco le interesó nada ver a una mujer pequeña, con dolor, apagada y frágil. Eso se ve en los andares, señoras.

Y ella es, precisamente, experta en eso. En andares, en pies, en movimiento.

Tenía previsto hacer ejercicio, probar algo nuevo y muy saludable, quizá ampliar el círculo polar social en el que vivo. 

Ilusa de mí.

Pero nada.

Suciedad extrema. Precariedad. Una austeridad rayana en la pobreza. No era minimalismo, no.

Era algo que me espantó. Supongo que por mi extrema fragilidad, claro.

Me quedé un rato sentada y haciendo estiramientos en un tatami azul piscina mal cortado y peor montado. De esos que se adaptan como un puzle. Pues éste estaba cortado y sin unir, con lo cual el suelo de baldosa antigua se adivinaba en los perfiles. Y el polvo y todo lo demás.

Respiré. Me estiré. Me abstraje. Intenté leer un folleto que ella misma me recomendó, mientras hacía tiempo para empezar la actividad con un grupo de desconocidos.

Pero fue imposible aguantar. La espera, el lugar, el frío. La oscuridad y las incertidumbres. Tener que regresar a casa, coger el coche y cruzar campos negros, sola.

No pude. Puse una excusa increíble y me escapé. Como quien huye de algo que sabe que no le conviene, como quien no encuentra refugio ni consuelo. 

Aunque antes de cruzar la desvencijada verja de madera me atrapó en un abrazo gélido, antinatural, forzado, de cara a los alumnos que hacían su clase y no entendían ni qué hacía yo ahí, ni por qué no me quedaba ni por qué me marchaba.

Me marché. Nada más. Sin darme la vuelta ni mirar atrás...

martes, 17 de diciembre de 2024

Meditación, mindfulness y planificaciones...

Hace muchos años me "recetaron" el mindfulness. Creó que lo practiqué cinco minutos.

Pero la esencia del aquí y ahora va conmigo desde entonces.

Ahora, es gracioso, he dado un paso al frente.

Y he regresado a la meditación y a la gratitud.

No sé cuánto durará, claro. Pero anoche y esta mañana he cerrado y abierto mi jornada con meditaciones guiadas.

He sido incapaz de dejar la mente en blanco por más de un segundo. Siendo generosa.

Mis pensamientos vuelan hacia cualquier cosa nimia e insignificante.

Tengo que recoger la ropa tendida. Cosquillas. Cualquier recuerdo. Mañana tengo que. Esta tarde (vi llover).

No sé la utilidad que tendrá en mi revuelta mente.

Ni cuándo se me pasará la idea. Pero bueno.

Lo que sí hago de manera más recurrente es agradecer cosas. Un número determinado de cosas. Cinco, por ejemplo.

Son las básicas. Pero me siento privilegiada.

Un día hablaré de la vejez y la preparación para la muerte.

Otro día escribiré sobre cómo me siento. O de que tengo dolor de cabeza. Igual hablo de que no me concentro. O de que necesito planes que me ilusionen. De cualquier otra cosa, como siempre.

Porque como me dicen últimamente, el tema ha salido en la conversación simplemente porque tenía que salir...

Me parece un resumen magnífico. 

Porque hay cosas que no se pueden planificar...

lunes, 16 de diciembre de 2024

Astros, avisos y señales...

No paran de llegar mensajes astrológicos sobre la luna llena en Géminis, Marte y Mercurio retrógrados y cambios de etapa.

Reflexión, etapas, pensar antes de actuar. Y todas esas cosas.

Aquí lo dejo por si tenéis asuntos en las que deteneros de cara al fin del año y principio del próximo. Como cambiar de vida, por ejemplo.

O recordar todas aquellas sensaciones de cuando la vida se vacía. De pronto. Aunque había señales. A pesar de que hubo avisos.

¿Cuántas veces ya? ¿qué número es ahora?

Venga. Sigamos. Vayamos a por más...

jueves, 12 de diciembre de 2024

Faro Svörtuloft del parque nacional de Snæfellsjökull o del glaciar Snæfell

Ha salido la foto en la portada de Google, en mi pantalla. Esta misma mañana. 

Lo recuerdo perfectamente. De hecho, hice parar el coche de pronto, sorprendida por la explosión de color (es naranja yema de huevo) en un entorno protagonizado, única y exclusivamente, por el blanco, gris, azul marino y negro. Nada más.

Dos semanas sin ver colores afecta negativamente al estado de ánimo y al carácter. De verdad. Te abraza una tristeza que refiere mucha gente que vive en países en los que el día es corto y los cielos son grises. Siempre, durante muchos meses, cada año.

Es un lugar precioso, lejos de todo, en medio de la nada. Solo grupos de tres ovejas. Nadie.

Cambio de tema. Después de este precioso recuerdo.

Es complejo gestionar la emoción de saber que nunca voy a volver a ese lugar. Por ejemplo. Tampoco a otros muchos. Y que ya no iré a miles de sitios a los que me gustaría ir.

Se le llama vida, seguramente.

Ayer regresé a casa por una carretera muy estrecha. Era de noche. Pocas luces, algunas adornando con un gusto definitivamente horrible (nada de dudas) las fachadas, algún jardín, la calle principal, árboles...

Detrás del volante, con la música, redacté mentalmente un post precioso. En serio.

Eran frases cortas, entonadas con entusiasmo, porque nadie podía escucharlas, porque salían directas del alma. Describían el lugar, el momento, el frío, las curvas, los coches que cedían el paso, la noche...

Imposible recordarlo.

Magia pura, señoras...

lunes, 25 de noviembre de 2024

Quizá sea por eso...

Da gusto. Y con sinceridad lo digo. Este es verdaderamente un lugar seguro, íntimo y discreto.

La verdad es que entran los "perdidos". Quienes no saben ni lo que buscan. 

Y eso es bueno. Porque una puede venir, contar, vaciar y explicar. Y no pasa nada.

Por eso dejo constancia (un poco más para mi misma que por otra cosa) de que estreno etapa, justo antes de acabar el año.

Etapa de mirar hacia adentro, de planificar, de valorar el punto exacto en el que estoy para ver hacia dónde voy y qué hago para llegar ahí.

Ahora mismo hay distancias, nudo en la garganta, momentos de profunda oscuridad, de lágrimas perdidas que se escapan (y me pregunto un poco por qué, cuando eso sucede), de incertidumbres y consciencia de que hay que definir.

Eso me ha pasado antes. Cuando iba siguiendo, sin saber bien el qué o a quién o el motivo o hacia dónde.

La vida empieza a ser larga, ahora. Y ha dado bastante de sí.

Como para sentir que repito etapa, a lo mejor. Como para pensar que hay que diseñar las nuevas. ¿Dónde, cuándo?

Pero no hay respuestas. Todavía no.

Quizá hay más miedo e incertidumbre que otra cosa. Porque la mayoría de todo lo que se tambalea no depende de mí.

Quizá sea por eso. Quizá no... 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Resúmenes y primeras visitas...

Hay resúmenes que una nunca querría hacer.

Como recordar las anestesias bucales, los ratos al más puro estilo Mari Trini (en paz descanse). Dos. Y los correspondientes dolores previos y los malos momentos cada vez. Atiborrarme de medicación, debutar con alergias y pasar otro mal rato, lejos de casa (para variar).

Viajar y encontrarse mal es una mierda de combinación, por cierto.

O visualizarme en el interior de dos aparatosas máquinas de resonancia magnética, que debían ser de las abiertas, pero no; y estuve con una pared pegada a la nariz. Dos veces, treinta minutos la primera vez, quince la segunda. Controlando mi respiración, mi tos, mis movimientos...

Cuando estoy ahí dentro me da por imaginar que estoy enterrada viva.

Así que el rato es de lo más agradable, como es de suponer.

En otro orden de cosas.

Hago menos ejercicio del que debo. Y cuando lo hago, las agujetas me recuerdan la primera frase de esta línea.

Falta de ganas, falta de oportunidades, falta de oferta. Un bucle perverso.

También recibo menos masajes que antes, de los que necesito. Tengo que guardarme un hueco en la agenda y recordar que cuidarse sienta muy bien. Anotado.

Cambio de tercio. 

Hay cosas que mejoran sustancialmente. Estoy contenta.

Pero desde fuera no se aprecia. 

Que algunas cosas mejoren. 

Que yo esté contenta.

Ni siquiera escribo aquí, con lo bien que me iba hacerlo.

He dado el primer paso para comprender qué puede estar pasándome. Es un principio. En breve, primera visita. Y charlar y ver de entender todo en conjunto, paso a paso, poco a poco, una cosa cada vez. Que hay muchas y va a ser largo.

Cuando me pongo mis propios límites y me veo entre limitaciones es cosa de actuar deprisa. Yo ya me lo noto.

No es la primera vez. 

Supongo que no será la última... 

lunes, 14 de octubre de 2024

Parece que refresca. O entradas anodinas...

 Me reprochan entradas anodinas.

Seguro que tienen razón, os diréis.

Pues sí. Si alguna vez estuve inspirada, eso ya cambió y no es así.

Me enfrento a la hoja en blanco sin ningún miedo. A estas alturas solo le temo a la enfermedad. Mucho.

A la mía, a la de los míos.

Todo lo demás, casi, casi, ya no importa. Sé que puedo con ello, que basta con algo de tiempo para que se ponga en su lugar.

Otros temores que pude tener en el pasado han quedado relegados.

Aunque reconozco que la larga lista de errores [vitales, profesionales] también me ha puesto a mi en el lugar al que debo pertenecer, que es al final, en una última fila.

Sin dramas.

Porque una se piensa que no sé, que puede con todo, que basta con proponérselo, que todo consiste en perseverar para conseguirlo.

Mentira.

Falso.

No es verdad.

Hay muchísimas cosas que he intentado sin éxito. Muchos proyectos que fracasaron.

Y la cosa está en que el cronómetro no ha parado ni un nanosegundo, cada vez. Que la cuenta atrás imparable, inalterable, invariable, va siguiendo, tan contenta. Aunque me equivoque estrepitosamente.

Pero aprendo. Eso sí que lo tengo...

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Pues ha pasado otro trimestre. Fíjate... Tenéis que ir a Asia...

 Pues sí. Tres meses desde la última entrada.

¡Quién me ha visto y quién me ve! Con lo aplicadita y seria y disciplinada que he sido para estas cosas del escribir...

Es un poco el mucho trabajo. Otro poco el moverme más que las aspas de un aerogenerador en día de viento. La falta de ganas, también.

Porque lo de no tener cosas que contar no me sería aplicable.

Que el reto sería hacerme callar, probablemente.

Pasan los días, los meses y los trimestres.

Sigo cambiando mucho de cama, cada semana. Llenas y vacías.

Hay gente y hay soledad en mi vida. Y desafíos.

Y cambios, también.

Poco gimnasio, mucho menos del que me gustaría y debería. Aunque hago ejercicio del tipo caminar, tanto como puedo.

Menos masajes desde que volví de Asia, hace cinco minutos. Tengo que retomarlo.

Qué calor insufrible pasé. Que no sé cómo pude soportarlo, francamente.

Lección aprendida, que comparto: jamás ir a Asia del este en agosto. Jamás. Aunque os inviten. Aunque os convenzan de que bueno y tal. No. Jamás. Hacedme caso por favor que mira que lo digo clarito.

El mundo es muy grande y hay lugares inexplorados. No vayáis a Asia en agosto. Os lo ruego.

Ni a final de julio. Ni a principios de septiembre, mira. Aunque este esté siendo atípico. Pero ahora están a 33, por ejemplo.

Y yo a 23 maravillosos grados, ahora mismo.

Avisadas quedáis. Os lo digo.

Buscad rincones más frescos para verano. Dejad Asia para Navidad. Porfa.

Aunque eso sí. ¿Os he dicho lo bonita que es Asia...?

Tenéis que ir.

Sin falta.

miércoles, 3 de julio de 2024

¡Cuánto tiempo...!

Es verdad que hacía mucho tiempo. No sé decir cuánto...

Calculo mal el paso de los días. 

Para muestra, una conversación ayer mismo con mi dentista:

- ¿Cuánto hace que viniste y te hiciste (pon lo que te parezca mejor)?

Yo reflexiono, seria.

- Pues yo diría que el año pasado. Pero, como calculo muy mal los tiempos, siempre añado un año. Y me suelo acercar bastante. Así que la respuesta es "dos años desde que me hice eso".

Pongo cara de tía lista donde las haya. A él no le importa nada la cara que yo ponga, naturalmente.

El doctor, que lo es y además número uno de la promoción, mira la ficha, achina los ojos, hace un pequeño cálculo y me señala una celda del Excel con su dedito:

- Bueno, pues ya hace cuatro...

El tonito era más o menos de recochineo y daba para añadir un "listilla". Pero no lo dijo. Aunque segurísimo que lo pensó.

Todo esto lo digo porque hace mucho tiempo de la última vez. 

De que sintiera esta ansiedad instalada en el pecho, de la incomodidad y la preocupación, de la molestia en el brazo, en el tórax, en el aura... De la mala leche.

Porque el día iba bien, ayer. En el dentista, en la comida en un sitio magnífico, en la reunión súper creativa de disquisiciones extrañas.

Hasta que el día se cruzó.

Me tenía que haber ido al gimnasio a divertirme y ser feliz secretando cosas como la serotonina. 

Y dejándome de hostias.

Abandonar la extraña ilusión de poder disfrutar de nuevo en una mesa con platos y cubiertos y vasos o copas y alguna agradable conversación.

De eso, por cierto, también hace una jartá de tiempo. Que no me pasa.

Segundo otrosí: regresan las semanas de cuatro camas diferentes. Recordemos que es uno de los mejores motivos de generación de cortisol. Probablemente lo que me provoca esta opresión extraña en el pesho...

lunes, 1 de julio de 2024

Salud, polluelos y nuevas vidas...

 A estas alturas de la peli y después de tantos años aquí, casi todas sabemos que soy mujer de darle vueltas a las cosas.

¿Verdad?

Hasta yo me sorprendo pensando en la salud y en esa especie de mantra (cuando estás bien te sientes invencible; cuando te encuentras mal, tan pequeña...).

O en la evolución de la vida y la incertidumbre de lo que ha de venir...

Hace poco leí que había que ser muy paciente con los niños. Porque disponías de nosécuántos fines de semana para su etapa bebé dependiente. Y otros tantos de infancia (pesada). Hasta que abandonan tu vida.

Porque parece mentira pero ellos se van y tu dejas un rol determinado muy atrás.

Tampoco te cuenta nadie como romper ese hilo rojo, ese lazo y verlos vivir como adultos independientes.

Ahora es cuando miras atrás para repasar si les diste las reglas, las normas del juego, los instrumentos, la información...

Hoy no hablaré de la salud. Porque desde que tomo un complejo vitamínico y vitamina D3 (warning: hay que tomarla cada día, sin descanso, toda la vida. La carencia te deja chafada y triste. Que lo sepáis, aunque toméis mucho sol -ojo con el melanoma, por cierto-) me siento estupendamente bien y voy saltando virus y cosas raras como si fueran pantallas del Candy Crush Saga...

De esta mi nueva vida solo diré una cosa, en dos palabras: me gusta.

Unas veces más. 

Otras, menos... 

jueves, 6 de junio de 2024

Grandes sumas y vidas nuevas...

 Es curiosa, la vida.

¿Verdad?

No te das ni cuenta, te das la vuelta y de pronto es toda nueva y transformada.

Parecen gestos pequeños. 

Imperceptibles, de los que vas haciendo sin pensar ni valorar como lo que son: grandes pasos, cuando haces la suma.

Y así se da el caso de que vivo en otro sitio, tengo un nuevo lugar de reposo y otro despacho.

Puede parecer nimio. 

Y en realidad es una vida nueva.

A mi edad nadie pensaría en eso. Ni los planes que trazas desde siempre van hacia esa dirección.

En absoluto.

Y, sin embargo, el nido se vació hace ya tiempo y aunque siempre hubiera parecido mentira. O imposible.

¡Se llenó tanto y me agobié tan proporcionalmente! Pero aquí estamos. Yo en mi (nueva) casa, sin arraigo y pegada a una maleta.

Ellos en sus casas estrenadas con felicidad e ilusiones. Con sus parejas. Con sus perros. Con sus (nuevas) vidas de adulto responsable y buena gente. Unos más de rosa que otras.

A veces pienso en mi vejez. En mi jubilación. En las nuevas etapas que tienen que llegar y están por venir.

¿Dónde estaré? 

¿Se preocuparán ellos de mí? 

¿Qué sucederá en la enfermedad?

Cuando pienso en eso la vida se viene abajo...

lunes, 29 de abril de 2024

Fredo nell’anima

 Días grises, mojados y, no puede ser de otra manera, tristes.

Regresar a la ciudad me llena de fantasmas, que se cuelgan de mi espalda como una mochila, pero en un solo hombro. El derecho.

Cuesta caminar, no recordar, respirar y mirar hacia otro lado. Vas como torcida.

Demasiado vacío, novedad, cambio y ausencia. Demasiada, también.

Ganas salvajes de marcar números que ya no existen o que, de existir, pertenecen a otro nombre.

Ganas de que me respondan quienes no van a hacerlo.

Tiempo de despedidas. De tristezas. De vivir recuerdos horribles.

Yo os recomiendo Ripley. Otra vez.

Soy de ideas fijas. De amores fijos. De filias marcadas.

De los colores del blanco y negro. 

Del azul de un mar gris.

No os la perdáis…

Pensemos en cosas bonitas…

 He repetido esta frase como un mantra, estos días.

Cuando todo se viene abajo, te sientes al límite o crees que no vas a ser capaz. Pues la repito.

El cuerpo grita lo que la mente calla.

Y el miedo tiene una voz muy ronca…

Pensemos en cosas bonitas, porque todo esto pasará y un día lo recordaremos como algo sin importancia. Por ejemplo. 

Como algo importante, probablemente.

Pienso en un agua transparente y verde turquesa, límpida, que se mece en calma, sin grandes olas.

O en un paisaje infinito de montañas azules y verde oscuro, o en cielos azul marino degradado de una puesta de sol.

O en el canto de los pájaros y el vuelo bajo de algunas rapaces que te vigilan de cerca, sobre la cabeza, esperando.

Cosas bonitas. 

Como lo fue Madrid…

lunes, 22 de abril de 2024

De miedos y fascinaciones...

A mi Ripley me está fascinando. Será el momentum...

Pero la fotografía, casi más allá del propio relato, y el blanco y negro me están enamorando.

Las imágenes bajo el agua de uno de los episodios son, para mi, espeluznantes. Un tipo que le tiene pánico al agua cae de una barca mar adentro. Fin del spoiler.

A mi últimamente me da miedo el mar, las profundidades. Más de una vez, al darme la vuelta después de nadar hacia adentro, me ha dado por sentir que era incapaz de llegar a la playa.

Te sientes desnuda, sola y piensas que la muerte está, entonces, asegurada (porque lo está, claro; en general).

Y ese vaivén del agua de mar, ya no las olas suaves en la playa cuando el mar está tan en calma como una balsa o un lago, el mar intenso de olas compactas de varios metros, es exactamente cómo hace que me sienta la vida. 

La de ahora, quiero decir.

Un zarandeo, nada es ya previsible o seguro, todo mutable y cambiante e imprevisto e impredecible. 

Lo contrario de lo que a una parte de mi le gusta y necesita. 

La otra (parte de mi) está encantada, claro.

Hay certezas, sí. 

Y una montaña de incertidumbres que hacen imposible planear o trazar algún plan para el futuro más inmediato.

A veces siento miedo...

miércoles, 17 de abril de 2024

Los alrededores se me desmoronan...

Últimamente olvido lo útil que era venir aquí a escribir. Aunque fuera en la más estricta de las soledades.

Servía de verdad para enfrentarme a los monstruos nocturnos que atacan cuando tenemos miedo.

Os recomiendo a Arthur Brooks y sus teorías sobre la felicidad. La ducha de hoy ha sido estupenda, escuchándole. Más estupendo aún saber que es un norteamericano católico casado con una señora de Barcelona, que habla un cuasi perfecto español y chapurrea el catalán (con acento yanqui).

En cualquier caso, es interesante. Su evolución como persona y como profesional también.

Lo he encontrado navegando en busca de consuelo, después de algunas conversaciones que me han abierto los ojos. Tengo que aclarar bastantes cosas, aquí dentro. Como pueden ser los diferentes miedos que estoy desarrollando, a lo tonto, obcecadamente.

He vuelto al gim. Voy poco. Camino mucho. Donde sea. Como el Madrid de primera hora de la mañana por barrios que no reconozco, en una deliciosa primavera de chaqueta fina. O como los alrededores de los lugares en los que duermo (sean mi casa o no). La serotonina debería mejorar mi estado de ánimo. Pero no es suficiente. El cortisol campa a sus anchas por mi organismo, muy probablemente.

Me ocupo, especialmente los pensamientos. Y tampoco basta.

Hay muchos vacíos, horas de soledad intensa, un lugar nuevo que me acoge más bien mal y los alrededores que se me desmoronan. El futuro es difícil de visualizar y lo mismo pasa con la búsqueda de nuevos proyectos. Tan dada que fui hace algún tiempo a encontrarlos debajo de las piedras.

Quién me ha visto. ¿Quién me ve?

miércoles, 20 de marzo de 2024

A veces escribo y tarareo melodías básicas…

El calor

El sol

Y la playa


Solo tú y yo


En el agua.


Ni reloj


Ni edad


Ni nostalgia


Solo vida y tú


Y distancia


Cuándo volverás


A mi vida?


Cuánto tardarás


En llenarla?

martes, 12 de marzo de 2024

Me ha vuelto a pasar…

La primera vez, sucedió hace bastantes años en la capital del Reyno.

La he recordado a menudo entre risas y la he contado como anécdota amenizacenas.

Hoy ha vuelto a suceder. En una ciudad española de medio pelo y misma medida.

Llegar a la estación de tren después de un largo viaje en alta velocidad (gracias, España radial!). Hacer una mini cola para un taxi.

Dar el nombre del hotel y hasta la calle en la que se ubica y zas!

El señor taxista se gira hacia mi, después de cargar mi pesada maleta en el maletero, y mirándome por debajo de la parte alta de las gafas, que descansaban en el puente de su nariz, pero muy bajas, me dice:

- Es ahí- señalando con desdés un lugar muy cercano al otro lado de una plaza no demasiado grande.

- Ahí, ahí- me repite el caballero comiéndose las frases "mejor se va usted andando", "está aquí al lado", "usted no camina o qué?", "le va a costar más la bajada de bandera que ir a pie"…

Se lo ha callado todo.

Le he dicho que vale. 

Que ya me iba bien que me llevara.

Tres minutitos de carrera. Y él aumentana la velocidad a cada segundo. Y yo de punta a punta del sofá trasero.

Hasta que le ha pegado un bocinazo a una jovencita con L y ha dado un soberano portazo cuando ha dejado la maleta en el suelo, después de pagar con tarjeta.

Yo creo que él también me recordará algún tiempo. Como yo sé que la anécdota, cuando supere la vergüenza, amenizará más de una cena a partir de hoy…

Inenarrable sensación…

Vas conduciendo por carreteras de interior, estrechas, entre viñas y árboles frutales en plena floración.

Adivinas la primavera.

Ni un coche por delante o por detrás.

Aminoras la velocidad porque ahora ya vas sin prisas ni estrés. Tienes tiempo para llegar a todas partes y das menos gas que nunca.

Limitas la velocidad, modo automático, y observas el cielo más azul después de las lluvias fe la semana pasada. 

La tierra verdea. 

La carretera serpentea.

Por la radio una chica de voz preciosa y nada nasal, por cierto, está más de cinco minutos narrando al detalle todas las entradas colapsadas a la gran ciudad.

Y explica los motivos y los accidentes y los kilómetros de colas y los coches atrapados desde hace horas.

La sensación de felicidad mientras miro el horizonte es indescriptible.

Un día más…

miércoles, 6 de marzo de 2024

Época de celebraciones... y de ausencias.

Es una época rara, confieso.

De celebraciones de, como es moda ahora, dar vueltas al sol. Y no cumpleaños, como le llamábamos antes. Queda más cool de esta nueva manera...

De ausencias irreversibles, que cuento de diez en diez. Años. Muy próximas.

De alguna mala noticia laboral. También. Más que solo para mi, para un pequeño gran grupo de familias. Mal.

Y de alguna alegría en el mismo ámbito. Sí.

A alguna de mis escasas y bien valoradas seguidoras hace años le pareció que lo mío y mis limitaciones inherentes ya no podíamos llegar más lejos. Error. La cosa ha seguido, sin grandes obsesiones. Hacia arriba. Con alguna dedicación, claro.

De otra manera no se entendería.

¿Es el principio de Peters, verdad?

Pues eso mismo.

Algún día esto llegará a su fin, por supuesto. Porque se agota el tiempo. Porque los planes ya son a plazo infinito, sino cerquita, a muy corto.

Y te acostumbras. Después de enfadarte mucho con no sabes bien quién y de superarlo. Con el tiempo.

Soy finita y prescindible. Bofetada al ego, mano abierta, rotación cervical. 

Quedan menos semanas para el verano. 

Estamos vistiendo la casa para cuando deje de hacer el frío [que pela y que hace] y vuelvan las mangas cortas y el calor horrible de sudar y brillar todo el rato y querer vivir en el agua y todo sea verde y precioso.

Allí no hay tanta sequía como aquí, que es inviable ya, la cosa. Se muere la viña, de secano de toda la vida. Pues se muere. Y con ella mutarán los paisajes y las profesiones. Y la manera de vivir, los ingresos y las vidas de tanta gente.

Y se va notando. Como en una tristeza general, rara e invisible que se está apoderando de la gente de por aquí...

sábado, 2 de marzo de 2024

No lo digo yo pero lo he dicho siempre…

"Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana".

Graham Greene

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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