Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 29 de marzo de 2012

Cambiando de exigencias y de escenarios...

De pronto todo se ha transformado y mi panorama diario es completamente nuevo. Estoy reinventada y dejándome llevar, en cambios que se producen a la velocidad de la luz por lo menos, pasando de un tema al siguiente sin solución de continuidad, mediando una bocanada de respiración inconsciente. Siempre he sentido pánico ante los nuevos retos, a la pantalla en blanco [no puedo poner la hoja en blanco porque ahora solo escribo notas a mano, breves, para compensar mi miedo a olvidar esas cosas que surgen y que debes hacer; la vida pasa por un ordenador...], a plantear mis argumentos y que me resulten convincentes a mi primero, luego a los que han de venir. Me ocurre alguna vez, todavía, cuando surgen asuntos de los que conozco nada y debo despachar con fingida soltura y seguridad. Por eso cuando regreso a mi despacho y cierro la pesada puerta de madera de color haya, aparecen los males, la sudoración, los miedos palpitantes. Cuestión de un par de minutos. No más. Luego todo fluye y consigo desovillar la idea, plantearla, sintetizarla, trasladarla y hacerla entendible a l#s [como yo misma] ajen#s a la materia. Al final, fluye y me sorprendo reprendiéndome a mi misma con aquello de que ya va siendo hora de que aflore un poco de seguridad. Hoy no me ha sucedido, todo lo contrario. Pero, como el chiste, me gusta recordar cuando tenía estas angustiosas sensaciones, sobretodo porque siempre, siempre acababa saliendo airosa. Un poco como esa manía mía a la gente, a pensar que soy de las que no sabría mantener el tipo constantemente atendiendo al público [una ya tiene un mal carácter consolidado y sólidamente instalado en el día a día]. Y hoy, que reviso memoria y agenda y veo que han sido tres los días, tres, en los que he debido expandirme y exponerme y acoger y ser confortable y contagiar, me doy cuenta de que no ha sido para tanto, que incluso ha habido momentos fantásticos y lo cierto es que mi gestión ha sacado buena nota. Cosa que me hace recordar que una valoración de 8 sobre 10 [¿sólo un 8? por favor...! debe tratarse de un error! si mi clase fue divertidísima...!!!] por parte de l#s alumn#s, que recibí con cara circunspecta y sincera preocupación, buscando el lugar en el que se quedaron amarrados esos dos puntos en el trayecto, para rectificarme a mi misma en futuras ocasiones, ha sido la nota más alta de todas las que han recibido los otros ponentes... A vueltas con la edad: ahora una ya no acepta ni los ochos, cuando toda la vida me bastaron los tristes cincos...
Y asoma de nuevo el charco y un traslado relámpago y me desconcierta, como tantas veces...

miércoles, 28 de marzo de 2012

Edades...

Someter a crítica, poner en cuestión, dudar de todo. Hablar de sexo y de fantasías y deseos ocultos. Compartir secretos y generar debate. Hasta de decir lo contrario de lo que estás pensando, fingiendo incluso error en la comprensión, para que se refuerce la tesis opuesta, rotunda. De verlas venir "d'unhoralluny" y de saber cuándo he caído en la trampa a cuatro patas. Saber cuándo es mi voz la que canta o ha llegado la hora de cerrar la boca y que se luzcan otr#s. Absorber lo que nunca he sabido y observar, que siempre ha sido lo mío, para recibir datos y retenerlos. Saber que estás de más o que sigues echando de menos como el primer día.

Y es que tengo una edad en la que una ya está preparada para tantas cosas...

martes, 27 de marzo de 2012

Basta con proponérselo...

Soy de las que por las mañanas [salvo escasas excepciones, todo hay que escribirlo] se ducha aburrida de repetir los mismos movimientos y alguna vez recuerda usar la mano izquierda para verter el gel y enjabonarse al revés o empezar el secado por los pies o esparcir las cremas en el sentido inverso, para dar estímulos a mis reflejos. Y doy abiertamente y sin complejos las gracias a Dios por ser de las personas que cada vez menos puede ir a trabajar. Y me reconozco una apasionada de la enorme cantidad de posibilidades que ese trabajo me regala. Aunque también crea con fervor en aquello de que hago que me guste lo que hago, porque todo es cuestión de actitud. Estoy ahora en fases de absorber conocimientos diversos pero muy concretos que pueden no tener nada que ver con aquellos lejanos estudios universitarios que sirvieron para algo en algún momento dado pero que hoy, debo reconocerlo, han dejado de ser útiles porque los va suplantando el sentido común [paso de añadir aquello de "el menos común..."] y la experiencia, a partes iguales. O sea, al cincuenta por ciento. Necesito ampliar mis conocimientos y especializarme en áreas que me son ajenas. Todavía. Y es que, como todo el mundo sabe [esta vez sí] todo es cuestión de tiempo...

lunes, 26 de marzo de 2012

Autogeneración energética...

Creo que el mal humor no puede venir solo de la hora cambiada. Tiene que haber algo más, mucho más, porque este malestar requiere explicaciones. Como que anoche nos costó especialmente conciliar el sueño y los tres andábamos dándonos vueltas a nosotr#s mism#s, una vez en horizontal. Queriendo dormir con prisas, al final, conscientes de que la noche avanzaba a enormes zancadas y seguíamos viéndolas venir. Como que el tipo con el que he estado reunida un rato, hace otro rato, tenía una tez cetrina y una expresión grisácea, a conjunto, que repelían; con sus silencios interesantes de los que enseñan los manuales: cuando no sepas qué añadir, calla y tu interlocutor romperá el silencio para regalarte información complementaria. Como que mis vacaciones quedan todavía algo alejadas de lo que me gustaría y con incertidumbres como el destino y la temperatura [esta segunda, responsable de la determincación acerca del primero]. Como que las reuniones se multiplican y llenan agendas a la vista del acontecimiento que se desarrolla estos días en la ciudad y completa hoteles de todas las estrellas y congrega a contactos e interlocutor#s de otros continentes. Se me cierran los ojos. Espero que mañana sea un día distinto y que mi energía no se vea rebotada en cualquier rincón, con lo que me está costando generarla hoy...

sábado, 24 de marzo de 2012

Y de pronto escribo dudas...

Parar es estupendo cuando los días te arrollan. Dormir hasta que te despiertas, un desayuno frugal, recados innecesarios que te permiten revisitar el barrio, preparar comidas y después tumbarse al sol maravilloso de un marzo que grita primavera, adormecerte en un silencio extraño en este barrio del centro de la ciudad, sobre la línea que la divide en diagonal. La tarde por delante y un largo paseo de casi tres horas, con música, observando, esquivando rutas conocidas y buscando las alternativas, como si no quisiera encontrarte de frente, como si me diera miedo verte frente a mi. Y sin embargo... no ha sido ni un error ni una sorpresa. He entrado [porque he querido] en una tienda de cosmética y he rebuscado hasta dar con tu colonia y, pensándomelo bien, después de olerla con los ojos cerrados durante dos segundos, he apretado el tester justo sobre la parte interior de mi muñeca izquierda. Por dos veces. Soy diestra y lo contrario hubiera sido forzado. Sabía las consecuencias que eso me iba a traer y, a pesar de ello, a pesar de todo, he repetido la operación, esta vez apuntando con precisión en el dorso de la misma mano. Y ahí me he pasado a ratos el resto de la tarde, oliéndome a grandes inspiraciones, apartando a manotazos las escenas violentas de nuestros abrazos, los largos ratos en horizontal, mi propio olor después de ducharme en tu casa y salir feliz a la calle, cuando existía esa clase de felicidad que olía a limpio, cuando éramos y lucía el sol, cuando sabía que volvería a ese lugar, a tus brazos, y repetiríamos algunos hábitos que ahora, hoy -lo confieso-, me aburrirían un poco. No puedo creer que haya escrito algo que podría no ser nostalgia... ¿Será que este blog está llegando a su propio fin...?

miércoles, 21 de marzo de 2012

Recomienza un viaje y regreso al lugar del que siento que no me he marchado, con la triste sensación de haber dejado de pertenecer. Si continuo yendo a Madrid una vez en semana voy a tener que hablar con mi jefe. Pierdo la noción del espacio y los niños ya no saben como reprocharme las salidas de casa tan temprano, aunque haya dejado los desayunos y los bocadillos preparados. La suerte sigue acompañándome y ahora son mayores, para entender por qué me marcho, para haberse acostumbrado a que él se fuera hace ya algunos años y convivamos armonicamente siendo solo nosotros tres, para haber aprendido a no hacer preguntas tan difíciles como solían. Si esto me llega a suceder hace tres o cinco años...

El AVE va completo y la gente está abalanzada sobre sus smartphones y sus tabletas, despachando con prisa correos llegados de noche, repasando informes en papel, haciendo lecturas atrasadas -como yo misma- y terminando en tensión hojas de calculo a medio hacer que deben ser enviadas de manera inminente. Leen periódicos y hacen ruido con las páginas enormes y otros hablan alto por teléfono, aunque con esta crisis hayan decrecido las operaciones, que encima cuestan más de cerrar. Si hasta yo he notado que hay menos conversaciones comerciales.

Un señor mayor para la actividad frenética que parece tener lleva tanto tiempo al teléfono que siento el impulso de contarle que nos esconden informes en los que se hablan de terribles enfermedades a causa del abuso de los móviles y sus baterías, que emiten radiaciones muy malísimas para la salud...
Es temprano y tengo el regreso tarde, justo para llegar a una reunión familiar curiosa y que me apetece mucho porque, de naturaleza ordenada, me gusta tener las cosas bajo control y saber al menos quien lleva, más o menos diluida, mi misma sangre.
A mi lado, separado por un reposabrazos abatido (mucho más que nosotros mismos), un tipo interesante, con disfraz de ejecutivo moderno y un poco alternativo, con todos sus gadgets que le diferencian de entre otros de sus semejantes, leyendo un diario económico de ese inconfundible color salmón, facciones particulares y angulosas, bien afeitado, sin olor concreto.
Detrás, a mi espalda, un papá les da los buenos dias a su par de hijas pequeñas y les pregunta acerca de un dibujo que dejó hecho sobre la mesa antes de salir, les desea suerte en el control y que pasen un buen día, respectivamente. La voz es moderadamente alta aunque entrañable, así que no incomoda y -al resto- no nos despierta ningún instinto vergonzante.
Se lamentan los reposapiés repetidamente y la cobertura empeora a medio camino, pasada la zona de obras en la que el tren ralentiza y todos nos detenemos a mirar a través de las ventanas los paisajes más castellanos. Que por Zaragoza se presentan en rectángulos rosa, ahora que estamos en primavera...

lunes, 5 de marzo de 2012

Los riesgos de no parar...

Era tarde y regresaba. Era de noche y me sentía agotada. Todavía debía llegar a casa, deshacer el equipaje, cenar algo ligero, ralentizarme y dormir. Puntualidad británica al ir a tomar tierra, las luces de Barcelona a ambos lados del pasillo, entre los perfiles de cinco desconocidos, sobre fondo negro. De pronto, los motores vuelven a acelerarse con mayor intensidad que antes de prepararse para el aterrizaje y pasamos de una fuerte inclinación descendente a una brusca subida, porque volvíamos a despegar. Aterrizaje abortado. Comienza nuestro viaje hacia el sur y llegamos, por lo menos, a Tarragona. El capitán se demora en darnos explicaciones que no comprendemos en un español muy complicado, tanto que yo comprendo "presidente" en lugar de "precedente" cuando nos cuenta que el avión anterior al nuestro se ha demorado y no ha abandonado la pista con lo cual no podíamos entrar ni nosotros ni los posteriores.

Se me escapó una palabra sólida, que suelo repetir hasta tres veces y que dicen que es muy mía. Pero es que es tan gráfica. Miro a una desconocida que comparte pasillo y nos sonreimos, pensando en secreto "delaquenoshemoslibrado". Es inevitable imaginar que la toma de decisión en la cabina generó momentos de tensión que no vivimos en el resto del avión. Much#s sabemos que hay dos momentos críticos en un vuelo: el aterrizaje y el despegue y que hay dos momentos sin vuelta atrás en ambos. Supongo que por unos segundos la decisión fue correcta y estoy escribiendo ahora, sin ningún drama, solo valorando.

Me pregunto cómo puede un idiota no desalojar una pista de aterrizaje, no darse cuenta y entorpecer el paso de los que le siguen, con centenares de personas cansadas que no piensan en otra cosa que en llegar a su casa.

Mi admiración secreta por el piloto anónimo que ayer solucionó un conflicto que no es ni siquiera anécdota porque no va a trascender...

viernes, 2 de marzo de 2012

Creo que por ti hasta banalizaría mi existencia...

Hay una curiosidad que me hace pensar a veces y otras me hace girar la cara y es alguien. Un encuentro largo y una charla aparentemente insustancial y de la misma longitud. Eso fue una tarde celebrando el cumpleaños de una amiga común. De eso hace años, ni muchos ni pocos y no los recuerdo. Entonces jugábamos en equipos distintos y parecía todo tan definido y tan imposible. Hasta que pregunté y mi amiga se sonrió por debajo de la nariz mientras me miraba a los ojos, toda interrogantes. Yo me despaché inconscientemente y como pude. Y durante todos los tiempos me ha seguido mandando noticias, quizá porque yo preguntaba primero hasta que me comunicó la bomba de que también había cambiado de equipo y, para sorpresa global, jugaba en nuestra misma liga. Así que...


Y cada vez que el FBK me devuelve la imagen [variable con el tiempo, refrescada a menudo, interesante como el primer nanosegundo de ojos azules y rizos marrón claro] me detengo a recordar esas casualidades, mientras me sonrío pensando que nada es imposible. Basta con quererlo o con ser paciente y dejar que circule el tiempo. Pero lo cierto es que, aparte la comodidad de la cercanía, ni un solo minuto de compromiso. No pretendería enredarme más que entre sábanas blancas y noches en vela.


Porque, por esta vez, a mi solamente me atrae la piel...

jueves, 1 de marzo de 2012

Una y mil veces...

Comienza un mes y se vacían las agendas con el fin del anterior. Paréntesis con espaciosy sin ganas. No me sienta bien dormir seguido y ando todo el día entre tropiezos, físicos, verbales, emocionales. De pronto estoy cómoda aqui y me prefiero en otros lugares. Veo turquesas por todas partes y me siento como sin aire por dentro. Agotada por haber resistido todo el ejercicio a pesar de la falta de entrenamiento y mis ausencias continuadas. El mundo envía palabras amables por escrito y me sonrío, a solas en el nuevo despacho que he retomado, una vez acabó el proyecto que nos reconvirtió en el equipo que somos. Ellos sin afeitar; ella, impecable. Se me acercan el vuelo, el blanco, el sur e intimidades de reducidas dimensiones, como despedida de la temporada que tal vez no vaya a finalizar ahora pero que ya dejo atrás. No me gusta quejarme de cansancios pero voy a hacerlo en bajito, porque se me caen los párpados y prefiero no levantarme para no ser vista. De momento, ha regresado el orden y todo parece bajo control aunque eso nunca se sabe. O, al contrario, ya se sabe que en cualquier momento llega la sorpresa en forma de respiración contenida, batería de preguntas, semblante circunspecto y el consabido papel que [gracias a Dios] siempre falta y queda pendiente. Tiempo para prepararse para lo que ha de venir, para pensar en el siguiente paso, para ordenar ideas y pasar a la acción...

miércoles, 29 de febrero de 2012

Ya he comenzado mis viajes, con perdón...

Cierto que han pasado muchos días completos y muchas noches. Confieso que quizá he sentido que tenía palabras que pasar por el teclado, sin muchas prisas. El plazo terminó hoy y [la perfección no existe] puedo sentirme razonablemente satisfecha. Más de ell#s que de mi misma y así lo he hecho saber, en una mesa con platos y cubiertos, al lado de la playa y esquivando manifestaciones violentas que hoy no me apetece seguir.

Me encuentro contigo en más rincones de los que me gustaría y, sin embargo, a ti te busco dónde no estás [como diría el sabio Winnie the Pooh] donde no estás; o quizá lo haga a destiempo y con la mirada ladeada. Me sienta fatal que hayas vuelto y no te hayas anunciado. Quizá precisamente porque has regresado tras deshacer tu nueva vida y tratar de construir otra. Como todo el mundo, supongo. No pretendo reprocharte eso aunque sí lo otro.

No voy a aprender a vivir de esta manera.

Permanente insatisfecha.

Nunca sabré querer, lo digo con la cabeza baja mientras me peino hacia arriba las pestañas del ojo izquierdo, un gesto que repito con frecuencia desde que me quitara las gafas, consciente de que intento poner obstáculos a mi interlocutor. Aunque solo yo sé que es algo más, fisiológico, relacionado con la longitud de esos pelos que nos protegen la mucosa ocular. Porque, naturalmente, no estoy hablando de los elementos de la interfaz de un programa que permiten cambiar rápidamente lo que se está viendo sin cambiar de ventana que se usa en un programa o menú. Claro.

Y dicho todo esto, por decir, recuerdo que no dejo de pensar en una frase que leí este fin de semana en algún lugar [un diario, probablemente] y que reza como sigue: "el amor empieza cuando decides dejar de buscar". Porque es cierto que no dejamos de mirar en todos lados y que nos mudamos de alma en cuanto aparece alguien mejor, más inteligente [en mi caso, básico], más guap# y/o más interesante. O eso es lo que percibo a mi alrededor, además del agotamiento de las parejas, para confirmar que el amor eterno dura seis meses o que el enamoramiento es una reacción química que se mantiene, máximo, un año.

Y ya han comenzado planes para los paraísos que han de venir en cuanto el sol se alce y vuelva a broncearnos en manga corta por las calles y en las playas. Qué playas...

En fin: tenías razón, Silbante: todo ha salido bien. Es bueno que alguien confíe en tus posibilidades cuando tú misma desfalleces. Miles de gracias por extrañarme por aqui y por recibirme con ilusión por allí...

And so on, and on...

martes, 14 de febrero de 2012

Cuando nos proyectamos hacia algún lugar...

Hay cosas que parecen imposibles. Como encontrar un par de minutos sueltos en una mañana de martes, entre reuniones, largos pasillos, gentes en el despacho y mesas de trabajo. O releer algunos correos que comunican cosas buenas y malas en las distancias. O tener claro que hay que priorizar y relativizar y que saber que todo depende de los contextos. Puede parecer evidente, simple e imposible. Pero hay lujos y premios al alcance de la amno, aunque nos empeñemos en verlos mal o en ignorarlos. A mi también se me nublan los ojos, alterno la disposición de algunas letras, se me corta la voz y me flaquean las piernas. Me basta con mirar hacia delante...

viernes, 10 de febrero de 2012

Frases cortas y alguna larga...

Sigo revuelta y convulsa, por dentro y por fuera. Sorprendida de que la suerte nos señale con los dedos de las dos manos y de pronto todo se detenga. Estoy disléxica hasta con las letras y las desordenos. También con los sentimientos. Sigo sintiéndome fuera de lugar cuando estoy lejos y me reprochan. Pero también cuando estoy aqui. En definitiva, permanente insatisfecha, como me dijera alguien hace ya muchos años [contando mal y pronto, en breve cae la quincena; así, como sin querer]. Y sigo invariable, imperturbable, perseverando en el diagnóstico. No hay quien me cambie, una vez ando vuelta como un calcetín...

Suena la música muy alta de lejos y aqui se viven dos universos. Colaterales y de generaciones diferentes. De pronto, me entretengo en echar de menos mientras parece que dispare con una metralleta el teclado, de tanto como se agolpa y se desordena y hasta se olvida porque acaba por no salir. Me agota el cansancio en la soledad de esta tarde estéril, me dejo caer en el sofá de una casa tranquila, en calma, que transcurre. Saldría corriendo a buscarte y me recuerdo que tengo que acostumbrarme a algunos imposibles pero no a todos, que soy así.

No sé si es viable que todo siga sin cambios, como hasta hoy...

lunes, 6 de febrero de 2012

Un lunes un poco triste...

Languideces y también en plural, cuando terminas con eses cada una de tus frases, en algún lugar gélido y alejado en el que estás decidiéndote, jugando a las reinvenciones, en esta mitad de trayecto, en esta vida a medias.

Adiviné tu risa anoche, entre filas de multitudes que tosían este frío punzante, esa que guardas para las carcajadas y que repartes sin cerrar la boca. Nos recordé al teléfono, de manera tan esporádica que nos excepcionábamos, resisitiendo en serio solo unas frases breves y de cortesía que pedían permiso para no interrumpir, no queriendo interferir, con la esperanza de haber acertado el momento. Luego venía ya una excitación extraña, los nervios y con ellos la risa.

Pensándolo bien, aún estando nerviosa, es difícil que las bromas se compartan tan fácil y se ría por razones idénticas con una risa tan liberadora, que vacía tensiones y las cosas que preocupan.

Me gusta descubrir estas complicidades, aunque ahora langidezcamos porque es invierno o por cualquier otra cosa...

miércoles, 1 de febrero de 2012

Maldito miércoles de...

Tremendo, lo mio de hoy.


Cuento en un post rápido que una manada de tuertos se me ha quedado mirando con interés y sin prisa. Vale. No me desagrada el resultado. Al menos es descriptivo.


Le doy a publicar y mensaje de error.


Naturalmente, en la línea, ha desaparecido.


Con suerte también va a pasarme con estas veinticinco letras mal hilvanadas, claro.

jueves, 26 de enero de 2012

Esbozos de cosas pequeñas...

Reconozco que se me pasan las quincenas sin sentir. Que he dejado de recordar que alguna vez me hice una suerte de promesa según la cual pasaría por aqui como un ejercicio de sintetismo que me forzaba a revisar acontecimientos, a recensionarlos y transmitirlos, aunque el volumen de público sea modesto [aunque de calidad].

Así que hoy me doy un fugaz paseo y reflexiono para darme cuenta que, tras nueve años, mi entorno ha cambiado y tengo espacio propio en la casa central [lo cual no deja de ser un logro que no me detengo a saborear]. No es un cambio de laburo, como dedujera Nieves. Sino una prolongación de lo mismo y más de lo parecido. Es decir, al final es un incremento de la carga de trabajo pero con la sonrisa puesta. Catarsis familiar desde antes de las navidades y el temor a lo que ha de llegar instalado en los rincones de la piel. No nos gustan los cambios de vida, que la gente salga, los sufrimientos y, sin embargo, aqui estamos.

El orden de la normalidad está integrado en una pluralidad de vidas que conforman la mia y que muy a menudo me entretengo en valorar. Eso sí. Para no dejar de ser alguien...

lunes, 16 de enero de 2012

Todos pendientes y tan a medias...

Mandamos señales y a veces estamos cieg#s y sord#s. De pronto un lunes horrible y la lista de atenciones se alarga, se ensancha y se hace profunda. Todo se convierte en un intento infructuoso que me deja exhausta y con la boca con sabor a fracaso. A estas alturas siento que no he estado ni un nanosegundo en los lugares en los que me esperaban o, a lo sumo, he llegado tarde, cuando todo estaba hecho y ya nada servía, ni siquiera las excusas.

Abro la boca y escucho que alguien me habla de cosas tan ridículas como la vida y, sobretodo, la muerte de ascendientes y colaterales. No puedo devolverle las palabras porque su par de manos con sus guantes y una aguja grande [entre otros instrumentos] intentan anestesiarme [de ahí también lo del sabor a fracaso], así que me dedico a mis razonamientos con ensañamiento mientras el tiempo me convierte en Mari Trini, en paz descanse.

A mi la muerte me afecta. Y hacer el ejercicio para el que era requerida [imaginarme la vida sin mi ascendiente femenina] me convulsiona dulcemente, sobretodo ahora, supongo. Y lo hago [el ejercicio]. Y creo que, en efecto, me afecta, así que asumo humildemente que esta noche voy a tener sueños creativos. Y eso es mucho, en un día como el de hoy, que -como dije en la primera línea- ha sido horrible y en el que al final he tenido que oirme un par o tres de veces que "seguro que la jornada ha sido dura, hoy; no tienes buena cara..." con expresión circunspecta y también un poco de lástima mal disimulada. La confianza debe ser eso...

sábado, 14 de enero de 2012

Cuando escribes certezas como si dudaras...

Me preguntaron alguna vez si sabía sumar llevando y de pronto te eché de menos con el dolor del tiempo que pasa porque una va sumando años y parece que ya lleves media vida fuera de la mia. Pienso en ti repetidamente y sin grandes razones. Te recuerdo en los detalles más pequeños a veces y, sin embargo, nunca sucede nada. Ni siquiera un intento de contacto y es que supongo que ya no te mueve solo el orgullo sino algo mucho peor como es la indiferencia, la que se clava en silencio y por la espalda, como los crímenes con agravante y las traiciones a la luz del día. Me pregunto con voz grave y circunspecta si alguna vez vas a volver...

viernes, 13 de enero de 2012

Deslices y transcursos...

Los shocks es lo que tienen: te enmudecen, te recrudecen y te secan un poco más que el mero paso del tiempo. Pero, como dijera aquél, lo que no nos destruye nos refuerza. Y aqui estoy, a pesar de haberme mantenido intacta en la esencia, aunque el mundo ebullicione y mi entorno se transforme para ir puliendo detalles y redondeando aristas que nunca fueron romas.


Es cierto que los posts se han ido sucediendo, imparables, aunque sin tiempo de pasar por el teclado y ahora me enfrento a dificultades para recuperar, aunque solamente sea el tema...


Las navidades un poco apagadas, atemorizadas y sin embargo nada silentes. Blancas, intensamente blancas. Íntimas y de retiro con paisajes de postal e idiomas distintos, donde nadie está tan convulso como aqui. A día de hoy he bromeado por si alguien recordaba que habían sido quince [nada menos] los días de parón festivo y también lo habían olvidado. Seguimos esperando resultados de lugares con gente que viste bata blanca [o verde, depende] y la semana que viene ocuparé un espacio nuevo en el que espero pasar una larga vida profesional, cerca de los centros neurálgicos de decisión, que también espero no vayas a deglutirme, a este ritmo, al final...


Y así voy transcurriendo y me deslizo entre los días, los insomnios y otros detalles que generalmente me hacen sonreir. Y llorar...

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Esos descubrimientos inocuos...

Todo es relativo y cuestión de tiempo. Sin duda. Con certeza. Lo bueno y lo malo. Contextualizamos poco y vamos dando por supuesto los milagros cotidianos e imperceptibles, las sonrisas, el buen humor y la salud. Siempre pienso en lo llenos que están los hospitales de gente sufriendo y perdiendo batallas, viviendo soledades. También valoro que para hacer algo tan simple como arrancar a correr a velocidad moderada, el cuerpo debe estar perfectamente. Solo nos damos cuenta cuando no es así, creo... De pronto, un día, algo lo cambia todo y empiezas a ser consciente del batir de las alas de un insecto, de la profundidad de un sueño y hasta de que eres capaz de redactar versos sin respirar...

domingo, 4 de diciembre de 2011

La verdad...

Tengo la sensación de llevar años corriendo, por delante, intentando escapar, no darme alcance. Y eso, como poco, agota. De manera que han llegado lágrimas y se me enquista la soledad, que trato de que se me despegue pero fracaso. Noqueada y en shock, con los ojos hinchados y apenas sin abrir la boca. Supongo que para que no se note tanto que la pena se me escurre entre los dientes. Tampoco parpareo para que no se me caigan esas lágrimas de las que he hablado antes. Y nada más...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Number of online users in last 3 minutes Number of online users in last 3 minutes