Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

jueves, 26 de octubre de 2023

Par de frases sabias…

Somos la media de la suma de las cinco personas con las que más tiempo pasamos. 

Eso gracias a las neuronas espejo.

Y yo paso bastante tiempo con alguien que me roba energía, me resta y me hace discutir, haciendo que yo tenga que sostener mis teorías a capa y espada. Agotador, por cierto.

Total, para sentirme ayer que “siempre quieres tener la razón”. Y tú? Le respondí. Si no quisieras tenerla, no discutiríamos. Ninguno pensaría y estaríamos de acuerdo!

Una broma, vamos.

También he recordado que somos la suma de nuestras decisiones. 

Inevitable repasar la vida, releerla, y llegar a conclusiones, seguramente precipitadas. Que es de la manera en la que yo tomo las decisiones, precisamente.

En fin. Dejo este par de frases sabias para reflexionar y recordarlas si dentro de unos años releyera este post, precisamente.

lunes, 23 de octubre de 2023

Terapia de choque...

 Hay terapias y terapias. Y luego está (y siempre ha estado) escribir aquí.

De hecho, me equivoqué de blog hace algún tiempo y allí he ido dejando ideas y angustias. Así que aquí ando atrasada...

No recordaba apenas lo que significa sentarse ante el teclado, bajar la vista y comenzar a teclear compulsivamente, para sacarlo todo, para quedarse un poco vacía y respirar.

Han vuelto a ser muchos aviones y muchos trenes, vueltas a la cabeza y mucha gente.

La vida ha dado vueltas y hay cosas cambiadas. Mucho, desde hace un par de años.

Empezando por la vivienda habitual y el hecho de abandonar la ciudad. Siguiendo por la segunda residencia, que hasta cambió de comunidad autónoma. Y acabando por el tema profesional, que de tanto en tanto muta.

Pues ahora es todo diferente, claro. Incluso quién soy cuando me veo en el espejo...

Parece que la nostálgica que soy empuja fuerte. También la niña triste con vida privilegiada, se queja.

La vida es la suma de nuestras decisiones. Y reflexiono acerca de las grandes que he ido tomando con el paso del tiempo. Siempre dudo sobre si me he equivocado en una o en todas.

Mientras tanto, voy avanzando. No sé si como debería o en la dirección que alguna vez quise. El hecho es que avanzo. Sana. Porque descarté algo más que el estrés. Y de momento, todo bien (como dicen los latinos en las series de Netflix)...

miércoles, 19 de abril de 2023

No puedo evitarlo. Tampoco la chulería. Solo hoy…

Cosas raras que me hacen pensar en el AVE, cuando dejo Madrid…

Echar de menos lo que nunca has tenido. También lo que tuviste y extrañas intensamente.

Repetir y pisar baldosas de algunas calles, girar en esquinas en las que estuvimos, no besar en la Plaza del Beso.

Fijarme en que hay nuevos restaurantes en los locales que frecuentabamos y que las modas han cambiado. Ir a un local de moda pensando que en algún lugar…

Pasar con el taxi frente a la figura de Plensa, que está tan cerca del hotel donde te dejé para siempre, después de una noche en vela que fue larga como una serie de Netflix.

Dormir muy cerca del rincón oscuro dónde aparcaste en Plaza Castilla para comerme a besos, en una despedida que nadie hubiera querido, aunque fuera hasta la mañana siguiente…

Sobrevolar la puerta del teatro donde vimos ya no sé qué y el de las Artes, donde escuchamos el concierto de aquel.

Ver desde abajo la terraza con vistas en las que me invitaste a cenar la noche que te conocí. La noche en la que me pasé la noche entera (vlr) pegada a tu piel.

Respirar primavera, pasar frio y calor, mucho frio y mucho calor, con minutos de diferencia. 

Ver a mucha gente. 

Pensar que qué hacen las mujeres de este lugar para necesitar arreglarse tanto. Venir reivindicando mis orígenes incluso en mi forma de vestir, mi calzado, mi bolso. Y sin atachée. A pelo.

Claro. Ahora soy más jefa que antes y no necesito ordenadores. Lanzo los comandos por teléfono. Y se ejecutan.

No risk no fun. Y This is Madrid you know.

Y tantas otras frases en tantas otras historias, que acumulo mucho viaje y la mochila viene llena. A veces por suerte. Y otras con desgracia. Pero resignada, ya.

Soy lo que soy. Y casi siempre me gusta.

Todo junto, tanto cuento, haciendo bola pero con una sonrisa. Que me pillé a mi misma en un espejo con una mueca parecida a alguien satisfecho.

Sin acritudes. Sin rencores. Evolucionada serenamente a mi plácida version nueva de mujer mayor.

Me sigue tumbando. Madrid y sus gentes.

No puedo evitarlo. Aunque evite a toda cosa venir por aquí. Y a veces sea tan imposible negarme a venir.

Las obligaciones primero…

jueves, 13 de abril de 2023

Sé que no soy la única…

 Y me consta que al menos a Neuronas también le pasa. Temporadas sin entrar y de pronto, un día, furia por escribir.

Difícil que entre aquí cuando estoy muy contenta o muy feliz. No es mi estilo presumir.

Por tanto, es mucho más probable que venga enfadada, triste o sola. Y a veces hasta todo a la vez.

Hoy no sé. Solo pienso que he aprendido a entender cosas, ahora que me estoy haciendo (tan) mayor.

Sé, por ejemplo, que las ilusiones (por algo, por alguien) pueden diluirse. Lo que no sé bien es en qué momento empezamos a dejar de querer…

Que el esfuerzo para que (las ilusiones) sigan como piedras han de ser muchos y reiterados. Diarios.

Que a veces da pereza. Por alguna incomprensible razón.

Que quien jura amor eterno se desvanece (y hasta hace ghostings).

Que mejor no te fíes mucho de lo que te prometan y estate más a los hechos. Las palabras se vuelan. Y las promesas son eso: promesas.

Que hay que leer la vida de las personas para saber con quién te juegas los cuartos. A mi me está apasionando el temazo “Rompimos hace años. Pero llevo el anillo que me regaló y me recuerda a ella”. En especial, la estrofa que cuenta cómo te hablan de ella varias veces al día, cada día, sin excepción. Un día leí que eso significa que no se cerró bien la historia y que la persona no estaría lista para una nueva. Pero no sé bien…

Que el cariño y el amor hay que ofrecerlo dentro de la pareja. Cuando se le va robando para repartir fuera, con otros, mala cosa.

Que las amistades son imprescindibles.

Pero cuando el contacto con tu amigo es de varias veces al día, cada día, mientras no mú a la pareja, ojo.

A veces se toman decisiones equivocadas. Yo suelo hacerlo periódicamente y de tanto en tanto. Cada vez más seguido. Y tampoco pasa nada.

Aunque algunas sean brutales errores del tamaño de un baobab.

Y bueno.

Otras veces, en lugar de avanzar, retrocedo. De manera obvia.

Siempre sueño lo que no toca y no debería. 

Tendría que tatuarme que nada de retirarme hasta dentro de muchos años. No por la pensión sino por lo que podría quedarme aún de vida saludable y sin grandes ingresos ciertos.

Porque puedo vivir con poco. Pero no quiero. Necesito algo para viajar, ahora que he vuelto a hacerlo y ya no puedo parar.

Hacerse mayor no mola. Que el nido se haya vaciado es un desconcierto indigerible. Vivir frente al mar es indescriptible.

Hoy salí a caminar rápido (yo pienso que corro, pero bueno). A pasear descalza donde rompen las olas. El mar no estaba tan frío. Un tipo atractivo se bañaba…

Estoy un poco triste, esa es la verdad. Mercurio retrógrado, cambio de vida y astenia primaveral. Uranazo. Todo junto.

Puedo permitírmelo (estar un poco triste) y me lo permito…

martes, 31 de enero de 2023

Saludos, besos, abrazos... y una idea de negocio.

 ...a los lectores de México, Brookling, Madrid y Barcelona que os estáis hartando de leerme, entre algunos otros.

Siempre es curioso ver que alguien te lee. Esto ha sido como un pozo oscuro al que lanzaba mi bilis, mis miedos, confesiones y alegrías. 

No todo fue malo, en esta década larga de disciplina creativa.

¿Alguien sigue leyendo blogs, en el mundo breve de Twitter? ¿En el universo audiovisual de YouTube e Instagram, Tiktok o Bereal? ¿En serio?

Que se presenten, por favor. Las valientes necesitan ser reconocidas públicamente, premiadas y laureadas.

Pues eso parece. Que existen. Y se están un rato largo...

Imagino que una escribe para ser leída. No es mi caso. Siempre escribí para mi.

Y me fue sumamente útil, además de aportarme algunas personas que, en caso de no escribir aquí, jamás hubiera conocido.

Algunas, un par, totalmente prescindibles. O peor.

Otras, maravillosas coincidencias que todavía forman parte de mi vida.

Tengo una idea de negocio: un Facebook LinkedIn pero con fichas de exparejas y examantes y tooooda la información que hace buena la frase "las redes están llenas de taradas". 

Con advertencias y avisos de quienes las conocen a fondo.

Con valoraciones como en Tripadvisor o AirBnb.

Miedito fuerte, ¿verdad? Peligro en vena...

El tema está en que la vida es un frontón...

 A estas alturas todas sabemos qué ocurre cuando vengo aqui, ¿verdad?

A veces es porque la vida deviene un frontón. Y todo regresa. Rebota, a veces en la cara. Otras no. 

Te enfrentas, discutes, argumentas. En vano.

Nunca me han gustado las polémicas, ni discutir. 

Ni cuando era una niña muy pequeña (y menuda) sentada a una mesa de nueve personas adultas y los gritos pasaban por encima de mi cabecita, que iba de punta a punta, de conversación cruzada en conversación cruzada, mirando caras encendidas y enfurecidas. Sin entender nada.

Ni siquiera la disparidad de criterios. Quizá eso lo que menos entendía, seguramente. Porque era obediente y sabía que enfrentarme no iba a llevarme a ninguna otra cosa que a la cara de desagrado y desaprobación materna.

Y eso eran palabras mayores. Esosiqueno.

Frustrante.

Y nada ha cambiado, en estas décadas. Pocas veces me opongo a batallas perdidas de antemano.

Eso dice mi carta astral. Que si no voy a ganarlas, ni me pongo.

Las más valientes diréis que vaya aburrimiento, eso de ser la niña buena del cuento. 

Bueno, buena no tanto.

Peleona, depende.

Agotada, seguro...

martes, 13 de diciembre de 2022

De los traslados...

La vida se transforma. No hace falta decir cuánto nos ha cambiado en estos últimos años.

Mucha inmovilidad, en mi caso. Un parón infernal durante años. 

Yo, tan acostumbrada a moverme, demasiado. A pisar tantas camas distintas, a volar, a llenar maletas de lo imprescindible.

Ahora es un apéndice de mi. Sencillamente y con naturalidad. Ya ni la guardo, ni la cierro, ni la vacío. Siempre abierta y a punto.

Pocos vuelos, aunque alguno. Varios trenes, recientemente. Como si una normalidad olvidada y desconocida fuera regresando.

Aún la oigo contarme el viaje. El mismo.

Decirme que ese destino era de los de la lista de inolvidables. 

Aunque a veces no coincidiéramos y yo regresara de alguno renegando y ella me riñera con un cariñoso "nopuedeserquenotehayagustado!".

Pues era. El secreto que grito ahora es que en realidad no sabía viajar y solo me dejaba llevar. En mi caso, años después de volver de los lugares es cuando alcanzan la categoría de imprescindibles.

Saludaré un cierre de año y le daré la bienvenida al siguiente lejos de aquí. 

Consciente de la importancia de los cambios que se acercan, cruciales, enormes, determinantes, de los de sin retorno.

No ha comenzado y el 23 me paraliza...

El miedo y el frío me agarrotan los dedos para recordarme que me ande con cuidado...

jueves, 5 de mayo de 2022

Cambios a la vista y traspasos múltiples...

Hago ímprobos esfuerzos por mantener la calma, conservar la paciencia y aguantar dignamente, ahora que hay muchas cosas que no dependen de mí y pueden impactar, de verdad, en mi vida, para modificarla.

Suele suceder que la acción da resultados. Pero a veces, casi siempre, no son inmediatos, que las cosas van lentas [en palacio y fuera de él] y que simplemente hay que relajarse y esperar. Aquí entra en juego la niña mimada que fui, aunque apenas lo recuerde, claro.

Una llamada, por ejemplo. Algún correo, también. Un contacto que no sabes si llegará con nuevas por aire, o por tierra; o por mar.

Desfallezco a veces pensando que no van a llegar [las nuevas]. Pero luego me distraigo pensando en cómo puede llegar a impactar en mi vida, en nuestra vida. Y me gusta. Incrusto emoticono de la sonrisa enorme.

Hay decisiones que ya se han tomado y solo esperan la ocasión de fijar una fecha.

Otras, en cambio, pueden llegar disfrazadas de incertidumbre, con propuestas desconocidas y novedosas, que habrá que valorar.

Siempre me ha gustado fantasear con cambios de vida. Lo que ahora se está llamando "the big resignation", vamos. Ya estaba inventado desde hace años, si.

Y el cambio [de vida] de la mía cada día está más cerca. Quiero creer. Y trabajo para ello y en ello, a diario, a conciencia, porque es lo que quiero.

Pero qué cruz esto de vivir al lado del teléfono esperando una señal. Y más en tiempos de eclipses y lunas extrañas y todos esos movimientos planetarios que hay ahí afuera [los próximos cinco años, dicen los expertos!!!].

Si hay novedades, prometo volver.

Una nota pequeña como recordatorio del traspaso de mis dos últimas tías por parte de cada una de mis dos familias, paterna y materna. Los últimos bastiones de su generación. Ambas plácidamente, sedadas con horas de diferencia.

Nos hemos clasificado de manera inmediata en primera fila. Trago saliva.

Me gusta pensar que allá arriba se está montando un fiestón. Porque algunos hace años que hacían tiempo, esperando este día. Como mi ascendiente paterno, por ejemplo

A ellas les toca descansar en paz, hacer sus caminos, sean cuales sean. Porque las dos eran, básicamente, buenas mujeres, madres de sus hijos y privilegiadas que vivieron épocas difíciles y fallecer a algún hijo demasiado pronto. Horrible sufrimiento que solo una madre comprende...

miércoles, 27 de abril de 2022

La Última Fiesta y cosas de la edad...

De pronto, te invitan a La Última Fiesta.

Y un día entras en una casa desconocida, con una veintena de personas a las que no has visto nunca [y probablemente no volverás a ver] para pasar la tarde celebrando el último cumpleaños de alguien. A quien tampoco conoces.

Ver la expresión de miedo, desconcierto y circunstancias en la cara de todos. Comer sin tener apetito. Beber poco porque no es plan de pasarse y desentonar, ni de reir sin querer, siquiera sonreir... Hablar de cualquier cosa en la que no te puedes interesar mucho porque está forzada al límite. Mirar los detalles del lugar para intentar conocer a quien hay detrás de cada decisión de compra (el sofá, el diseño del baño nuevo con una preciosa cerámica verde turquesa, las ventanas, las copas y el cubreama).

Ya al final del par de horas difíciles para todos, despedirse de alguien en perfecto estado de salud pero que sabes que está condenado. Mirarte a los ojos con él, que te toma de las dos manos, te agradece la presencia, esboza una sonrisa forzada, pánico. Solo puede transmitirte el miedo a algo a lo que nos enfrentamos todos sin querer y en lo que no queremos ni siquiera pensar.

Hablando de pensar... cada vez pienso más en mi propia muerte. Sin dramas. Serán las fases de la vida y la edad en la que estoy zambullida.

Sin dramas pero con el mismo miedo que todos. Los que van a morir y lo saben, los que no tenemos ninguna información acerca de nosotros mismos.

También he notado que avanzo la mitad superior del cuerpo al caminar. Cosa muy triste, la verdad. Como si quisiera cargar con mi cuerpo, que no sigue, adelantándome un poco. Como si quisiera correr más de lo que lo hace él. Típico de gente muy mayor. Intolerable. Inadmisible. Inaceptable. ¡No puede ser!

Ahora, cuando me reconozco en esa postura, inmediatamente rectifico adelantando la cadera. Como hiciera mi ascendente materna desde que tuve uso de razón, con toda su dignidad y elegancia. 

Pues eso haré yo, dado que es una reacción incontrolada que se manifiesta sin preavisar, para adelantarme a mis propios pasos...

miércoles, 23 de marzo de 2022

Tratado sobre el coqueteo...

El coqueteo es adictivo. 

Y letal.

Lo digo porque yo misma viví enganchada e instalada en los vaivenes de los flirteos en algunas etapas de la vida. 

Así que sé bien de lo que hablo.

Aquí mi Tratado sobre el coqueteo. 

De nada.

Lo conozco, decía, y lo reconozco en cuanto lo huelo porque me regalaron traiciones a espuertas, sin diques ni contenciones. Hice un gran Máster en la capital de España y en otros lugares de la geografía nacional. Un tiempo que se hizo largo. Y negro.

Tú estás ahí, entregada a una relación, como si fuera la única y la mejor de tu vida (como sucede con casi todas), cual estúpida con gafas de sol  mientras la otra parte contratante está de rositas inflando su ego y secretando hormonas de la felicidad sin filtros ni límites.

Ni por asomo te lo imaginas. Por supuesto. Imposible que te vuelva a pasar, claro. No a ti. No de nuevo.

Porque el coqueteo puede ser por acción. Pero también por omisión. Por dejarse hacer, por no poner límites, por ir siguiendo y contestando cada una de las llamadas de atención.

Se reciben mensajes velados, detalles y fotografías, frases inspiracionales, recuerdos, peticiones un poco tontas sobre servicios o personas de contacto. Necesidades creadas y forzadas. Tonterías, sí, a las que una no puede por más que contestar, porque obviamente somos educadísimas. Y estamos cuando se nos necesita. Faltaría más y hombre por favor.

Y esos toques de atención se repiten, se sistematizan, se reiteran, toman forma, ganan su lugar. Y lo okupan. 

Porque la otra parte contratante insiste, tiene algún interés especial y va a por él. Como haría cualquiera que quiere algo. Aquí tenemos que estar de acuerdo todas.

Eso, por supuesto, va en paralelo a la relación que estés manteniendo con tu pareja oficial, a la que amas, con la que quieres estar, solo con ella, nadie más. Ya. ¿Alguien cree eso? ¿de verdad? ¡vamos!

Pero te vas dejando llenar, invadir, ocupar, distraer y atraer por la tercera (o terceras, así, en plural). Es inevitable. Por persistente. Por habitual.

Y no hay peligro, no pasa nada, es una amiga, pobre, está sola, necesita tal y tal, lo ha dejado con su pareja, está triste, una mala época,...

Y a ti te cuesta tan poco devolverle la alegría o la felicidad, ocuparla, entretenerla, que se sienta mejor. ¿Verdad?

Y tú, con cada gesto, con cada mensaje, secretas más oxitocina y menos cortisol. El bienestar está asegurado, para las dos (o más partes) mientras la pareja oficial se difumina cada día un poquito más, imperceptiblemente. Y se aleja de la relación, cada día un poco más, sin avisar ni darse cuenta.

El coqueteo es un gustazo. Porque te necesitan. Porque eres útil. Porque se convierte en una razón de vivir. Porque le dedicas más creatividad a ser interesante fuera de tu relación que a la propia pareja, que se va quedando en un rinconcito, ahí, instalada, sin molestar. Y cuando habla le dices que está loca, que es una celosa, que qué tontería, que nadie quiere nada, que es lo normal... 

Luz de gas? manipulación? autoengaño?

Pues no sé. Porque depende del caso.

El riesgo es que el coqueteo no es compatible con una relación. Especialmente cuando la pareja no sabe, cuando no le cuentas, cuando es un compartimento estanco (esos que yo adoraba, como recordaréis las fieles de este lugar), cuando se convierte en un poco un secreto. Un morbazo.

Ahí está el límite.

Si no compartes es que escondes. 

Y si escondes engañas.

Lo escribo con la cabeza alta y nada que esconder. Quizá por primera vez en la vida.

Y con una sonrisa en medio de la cara. 

Porque llegar hasta aquí no ha sido fácil...


martes, 22 de marzo de 2022

Barcelona...

...escupe, aparta, aleja, expulsa y te hace sentir que sobras, molestas, no cuentas ni importas.

No lo niego. Aunque ame esta ciudad, desde la más profunda inconsciencia.

Supongo que nos pasa en las grandes ciudades y en esta época de terribles tristezas.

Pero esta tarde, de pronto, en una de sus calles, sin esperarlo ni imaginarlo, ese olor.

He salido volando, he ralentizado mis pasos, he dejado de escuchar a quien me hablaba, me he ido a otro mundo, a otro tiempo y un lugar distinto.

Me ha sorprendido y costado reconocerlo. Luego he cerrado los ojos, como si así pudiera olerlo mejor.

Ayer empezó la primavera. Esta tarde he olido de nuevo y por primera vez desde hace mucho, mucho tiempo, el azahar...

La confianza...

Dicen que la confianza sube por las escaleras y baja por el ascensor. En un nanosegundo.

Pienso en lo dificilísimo que es recuperar la confianza perdida. Por cualquier motivo: el desgaste, el abuso, la repetición, los silencios, la falta de lucha...

Construirla, aunque no es fácil, va surgiendo e incluso fluye. Pero de pronto, una sola gota rebosa el vaso, se disparan todas las alarmas, te agotas y simplemente desconfías.

Y eso es tristísimo, feísimo y muy desgastante.

jueves, 17 de marzo de 2022

Veo y subo...

Veo el post de ayer y lo subo a epidemia de gripe en mi tierra. Y en que es mejor no relacionarse ni hacer ejercicio por las calles.

Ayer cancelé una cena de Navidad. Multitudinaria. La verdad es que no me interesan los contagios, ni sentirme mal/peor de lo que me siento.

Muchas cosas se ralentizan y están indefinidas, con lo que a mi me gusta ir rápido y avanzar hacia los objetivos. Modo desesperación on. A veces.

Y no puedo empujar más, ni apretar, ni presionar. Simplemente porque hay cosas resistentes a la procrastinación generalizada, que escapan de todo control.

E la nave va.

Me instalo en aquello de que "si no sucede es que no es para mi". O que "hay algo mejor". O que "saldrá otra cosa", "otra casa".

Pero ni yo misma me lo creo. 

Soy más de pájaro en mano...

miércoles, 16 de marzo de 2022

El fin del mundo...

Unos apuntes...

La pandemia. La economía en retroceso. El paro. La estanflación. La invasión de Ucrania por Rusia. Tres millones de refugiados a 2.800 kilómetros de casa. El aire enveneado por arena del Sáhara y otros metales pesados. Las bolsas y las criptos con una inseguridad imprevisible. El oro que no es refugio. Y ahora un terremoto en Fukushima, con alerta de tsunami.

Si no fuera verdad parecería una broma... O un guión de serie B...

jueves, 10 de marzo de 2022

De mi madre. De mi padre...

Hoy llamaría a mi madre. Y hablaría largamente con ella. Es probable que la llevara a comer a un sitio bonito, cerca del mar. Y que acabara proponiéndole lo que deberíamos comer, que la sorprendería y le encantaría. La imagino sonriendo y mirándolo todo, a nuestro alrededor. A alguien debo haber salido para distraerme siempre con el movimiento ajeno.

Tengo tantísimo que contarle, que se ha venido acumulando durante estos años, que creo que no me bastaría con una sola cita. Pienso que trataría de alargarlo y quedarme con ellamás tiempo, más días. Para vivir cosas tan bonitas como una conversación frente a frente entre platos, copas y cubiertos, recibir sus consejos y sugerencias, escucharla pedirme que baje el ritmo y aprenda a descansar de una vez por todas, hablarme de la vida y la muerte. Para instalarme entre sus brazos, como cuando era niña y la buscaba para que me quisiera.

No pasearíamos, porque su movilidad era un poco limitada por una operación de tobillo y ella muy digna. Tampoco me preguntaría cosas, que siempre esperaba a que fuera yo quien le hablara, para evitar que saliera huyendo de situaciones comprometidas. Cuando me acorralan, huyo.

Pienso en mi padre. Hace tantos y tantos años que no está que he dejado de contarlos, no le recuerdo en movimiento y se me borran sus facciones. A veces miro su fotografía, para redefinir su nariz, su cabello, sus profundos ojos azules, su sempiterna sonrisa y su bigote. Le recuerdo fumando cigarrillos rubios ingleses, encadenándolos. Y haciéndome reír, con un humor fino de la misma procedencia que la de su tabaco. Que no sé de dónde pudo haberlo sacado.

Hoy va de padres. Y de recuerdos. De orfandades mal disimuladas y de nostalgia de abrazos poderosos, de los que transmiten seguridad, confort, paz y tranquilidad.

Hoy iría de lágrimas. Pero, en realidad, estoy demasiado contenta y demasiado arropada como para permitírmelo...

miércoles, 9 de marzo de 2022

Post obligado [y muy triste]...

Hay posts que una escribe por inercia, por soledad, por ganas, por aburrimiento. Seguramente, por otras cosas.

Y luego está este tipo de post, que una no querría tener que escribir nunca, que son obligaciones vitales, que son homenaje.

Y es que sí. Hoy me han dado una noticia por teléfono y todavía no puedo creerlo.

Aneurisma cerebral, súbitamente desplomada después de tomar el último baño del día en una cala desierta de Menorca, hace dos veranos. En brazos de su marido, que solo podía pedirle auxilio al viento porque ahí no había nadie que pudiera ayudarlos. Definición de horror, ¿verdad?

He colgado y he comenzado un viaje a nuestra adolescencia. A nuestras salidas en motos casualmente gemelas pero de diferentes colores. Nuestros tesoros, nuestra libertad. A nuestras discotecas y al whisky con limón de entonces. A los bares, a los ligues, a las tardes de lluvia escondidas en cualquier parte. Al tocadiscos y a sus hermanas, a mis padres. He vuelto a la humedad de esas montañas y a los mosquitos que se incrustaban en el pelo camino a casa, de noche.

He vuelto a su piel finisima y blanca, a su pelo liso y a sus risas. Nuestras bromas, los veranos y algún fin de semana juntas. Era dulce y bondadosa, poco habladora, algo insegura y buena escuchadora. 

Y últimamente nos habíamos limitado recíprocamente a nuestros contactos por redes. Escasos, insuficientes,

Sí. Quedó un café por tomar en una próxima cita que, sin duda, hubiera tenido lugar de no ser por la maldita pandemia. Que nos ha silenciado y distanciado a todos más de lo que querríamos siquiera reconocer.

Creo que me lo creo tan poco que soy capaz de llamarla algún día para quedar con ella, ahora que soy incapaz de recordar cuándo fue la última vez que nos vimos. Y dónde. Se me ha borrado todo.

Tengo la suerte de que sonrío al visualizarla. 

Aunque se me llenen los ojos de lágrimas...

martes, 8 de marzo de 2022

Rebeliones...

[Mucho tiempo de silencio. Lo sé. Resumo:]

Días grises. De rebeliones. De cambios y precipitaciones [no hablo de meteorología]. Por tanto, de ansiedad y algo de miedo, aunque disimule ser una valiente. Que no soy. Que nunca he sido.

Días de cvosmos revuelto, de caos desordenado (se lo he copiado a Sofía, que ha vuelto y todavía habla de María "Aveces", como si la vida no hubiera ido circulando, más allá; qué sorprendente, todo) y de protesta y de llamadas y conversaciones con las manos entrelazadas, entre caricias.

También son días de llamadas de seguimiento en la distancia, para ayudar a curar, para difuminar decepciones, para disimular traiciones inesperadas. De ella nunca lo hubieras dicho. Y sin embargo. Guiño para Vic.

Además de todo eso, días de pensar en huir para reconstruir y reinventar, ahora que parece que tenemos licencia para soñar y millones de personas, de todos los pelajes y colores, lo hacen en la paz de sus casas. O en la guerra. Qué pena, con lágrimas.

Y, por fin, días felices e inciertos pero con una certeza fija. Ella. Nosotras. Todas sus cosas bonitas y lo que ha de sobrevenirnos. Aquí. En nuestro nuevo lugar...

lunes, 31 de enero de 2022

La simpática de Neuronas zurdas...

Aqui lo dejo. Gracias por las risas... :)

Neuronas zurdas de una mujerenguerra: No estoy sola…

Dilemma...

¿Que qué es un dilema?

Mira lo que dice la RAE: 

  • Situación en la que es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas.
  • Sé que lo sabemos, por supuesto. Aquí solo vienen chicas muy listas. Que yo lo sé.

    Pero la palabra clave aquí es "elegir".

    Cuando alguien tiene que elegir, si hablamos de pactar o negociar algo en una relación, malamente. 

    Mala cosa. 

    Feo.

    Triste.

    Y sospechoso.

    Alarmas y campanas comienzan a sonar ahí detrás, a las espaldas, como persiguiéndote. 

    Y te intentas convencer de que no. De que es todo muy Disney, naif, adolescente, ingénuo y bienintencionado. Que no hay de quién preocuparse.

    Pues peor.

    Porque un dilema supone que por un lado quieres. Pero por el otro sabes que traerá malas consecuencias.

    Y te debates entre ti misma y el impacto de tu decisión en el plural de tu relación.

    Porque hay relaciones que son coqueteos encubiertos, alimentos para el ego, serotonina pura. En las que se comparte más con los habitantes del exterior que con quien convive en el interior de la misma casa. Llega la cena y no hay nada que contar porque se vació todo en otros momentos, lugares, conversaciones...

    Qué horror.

    Cuando estás en época de construir, de sembrar, de crear, ¿es justo dar pie a los dilemas, alimentarlos, perseguirlos?

    Cuando todo debería ser una ilusión grande y focalizada, con nombre propio, una ni siquiera puede pensar en otros nombres. ¡Hombre no! ¡De verdad!

    Ni mucho menos en algo que ponga en peligro la perfección de la construcción, la ilusión, la alegría. Fuera las distracciones, por favor. Aprovechemos cada segundo de felicidad recién estrenada, recién desenvuelta del papel de regalo. Hombreporfavor.

    Se le llama mandar a tomar por saco el momentum. En serio. Cargárselo y destruirlo metiendo ruido en un lugar pacífico. Metiendo bullicio, metiendo gente.

    No se puede dar paso a las distracciones, en esos momentos. No se debe. ¿Con qué derecho? ¿qué hay tan fuerte como para derribar los proyectos de vida, la vida en sí, tumbar a la otra parte contratante? ¿Cómo justificar que haya que introducir a nuevas personas en un lugar de dos recién estrenado, aún por consolidar, todavía por conquistar?

    Sí. Porque nos conquistamos cada día. Y nos cuidamos y nos mantenemos bien por dentro y fuera para gustarnos a nosotras mismas pero, por supuesto, para interesar a quien comparte la vida con nosotras. Cada una con lo suyo y según su estilo. Pero sí. Hay que trabajar para estar bien y para que os miren a los ojos y nos encuentren atractivas o interesantes, o algo. A mi me gusta sentirme orgullosa de la mente de quien me acompaña. Y de todo lo demás, también.

    ¿O estoy jodidamente equivocada?

    A mi me parece injusto y doloroso que ser muchas vidas en la unión de dos personas se vea como normal. Pero soy la única que lo ve de esta manera.

    Y eso que a sociable y abierta no me gana mucha gente.

    En fin. A mi me ha matado un dilema. A mi y a mi proyecto de vida. Por si interesa a alguien.

    He deshecho la maleta que me acompañaba desde hace algunos meses y que había devenido mi casa. Cada cosa en su sitio. He desmontado el neceser, también. 

    Y he vuelto a casa...

    sábado, 29 de enero de 2022

    El post para el Anónimo desconocido...

    No creo en las casualidades. Así que este post, aunque lo provoque el comentario del Anónimo en el anterior, nace del fondo del alma, toca y es procedente. Este lugar ha sido siempre, y eso son muchos años ya, especialemente terapéutico para mi.

    Vale. Me gusta jugar y que me reten. No niego ni desmiento. Por tanto, gracias por provocarme, seas quien seas.

    Voy a contarte, Anónimo, que hay momentos. Y etapas. Y búsquedas. Y encuentros. Incluso soledades, decepciones y dolores. Alegrías que parecen infinitas y luego duran cinco minutos. Sorpresas y lamentos. Y decisiones grandes como losas.

    Una se propone hacer bien las cosas y luego se tuercen los planes. Y una se plantea proyectos y hace castillos y se caen del aire, porque se construyeron y nunca hubo cimientos, probablemente.

    Pero asumo que tú todo eso ya lo sabes, ¿verdad?

    Dejé de escribir aqui (no en otros lugares, que han seguido escuchando mis risas y mis felicidades y alguna protesta muda y...) cuando decidí ordenarme, dejar de bailar con todas las que me lo pedían, abstenerme de practicar magistralmente (lamento la inmodestia) el arte del coqueteo. Me concentré. Y me centré.

    Hay que conocerme bien para comprender el alcance de esa decisión, las tentaciones que debo vencer y el significado del corte de coleta. Pero en fin... esa sería otra larga historia...

    Porque, cuando dejé de escribir, había llegado al final del camino y encontré la última parada y me puse a construir un futuro plácido, sereno, reconfortante y maduro. Ilusionante, largo. Compartido y con proyectos que eran pegamento...

    ¡Aquí tienes la explicación de por qué había dejado de escribir, Anónimo!

    Tu turno. Si no quieres aparecer en público, te sugiero que uses el correo que sale en mi contacto, en algún lugar de por aquí. :)

    Besos y burbujas. 

    Sparkling

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    Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

    Por si se pierde algo...

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