Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

martes, 20 de abril de 2010

Son varias las cosas...

He estado cuarenta minutos moviendo una biela manivela que me hacía quemar calorías a una velocidad que ya ni recordaba. Recupero unas rutinas y me lanzo a proyectar los días que han de venir; aún falta, pero serán dos, juntos, con ellos y sin grandes ataduras porque los controles pasaron y ahora es puro trámite, con lo que no quedo directamente afectada. Me aventuro a apostar que van a faltar máscaras para no respirar partículas de cristal y roca en suspenso en nuestra atmósfera. Ojalá me equivoque y se confirme que me baso en la intuición y me faltan todos los elementos de juicio. Pero la percepción es personal e íntima. Ese país es una trampa, tranquilamente asentado en un suelo tan caliente, justo ahora que este núcleo nuestro tan maltratado se queja con exageración. Estoy perpleja ante el caos que se está produciendo y los efectos colaterales en las vidas cotidianas, tanto sobre personas como sobre objetos, a ser desplazad#s en el espacio, lo cual es ahora altamente complejo. Me encantaría tener pensamientos alegres pero encadeno volcán con Europa, crisis, bolsa, paro, Grecia, Constitucional, Garzón y otras lindezas. Y así no hay manera. Una se va hundiendo en el sillón hasta acabar por desaparecer, como devorada por las circunstancias. Y te sé lejos, triste, como derivando, a la espera. Encima...

lunes, 19 de abril de 2010

Lluvia, cenizas y azahar...

Improvisar un domingo completamente distinto y tan forzado por las circunstancias ajenas y coyunturales, como damnificada, adaptándome. Pasear en una calle estrecha, con pendiente y el pavimento metálico con abundantes puntos de soldadura, abrazada a ti bajo un paraguas demasiado grande y una lluvia demasiado intensa que lo inundaba todo en fracciones de segundo. Oler a azahar con los ojos cerrados y en la mano la empuñadura redonda del paraguas que apenas me cubría y contarte que se siente distinta la fragancia cuando llega tarde a la vida, que no es lo mismo si forma parte de los registros infantiles. Y que me des la razón. Sentir en el paladar y en la memoria el recuerdo de otro de los sabores que incorporé con retraso, aunque te mintiera sobre el momento en el que produje el descubrimiento, compartido con otro alguien por el que sientes poco aprecio. Caminar más de una hora, con los zapatos y las perneras de los pantalones mojados, y sentir que el paseo es corto, que hubiéramos debido buscar alguna excusa para prolongarlo, en el tiempo y también en el espacio. Para estar contigo, para seguir atrapando segundos y esquivar agua acumulada, que podrían haber sido lágrimas si nos hubieran dejado llorar la tristeza. Y sin embargo encontrarte en todas partes, incluso dónde no recordaba haber estado. Y vernos de nuevo y combatir a la nostalgia a base de manotazos invisibles para que no notaras nada, para que no te sintieras fuera, para no dar argumentos ni razones. Visionar de repente un lugar y que estuviéramos ahi, como una realidad y no como el recuerdo olvidado que recuperé, asombrada y sorprendida. Nunca creí que regresaría. Ni que fuera capaz de mantener esos episodios breves tan a mano para cuando debiera revisitarlos. Yo iré cambiando. Pero creo que tú no vas a hacerlo nunca...

viernes, 16 de abril de 2010

Aunque crece mi ansiedad...

De tod#s es sabido que han cerrado el espacio aéreo. Parece que a nosotr#s no nos afecta. Por lo tanto, tampoco a mi, que debo volar esta tarde, dirección sur. Creo que soy afortunada por no tener que verme atrapada en fin de semana y en mi ciudad, no como otr#s tant#s que no va a poder regresar a ella desde sus lugares de estancia por razones, suponemos, de trabajo.

Creo que la pregunta crucial sería algo así como ¿qué le está pasando a la tierra estos últimos meses, que no para de lanzar avisos? Haití, Chile, China e Islandia. ¿Qué más ha de venir?

Confieso que dí una zancada adelante para mandar ayuda a los primeros damnificados en el tiempo. Pero ya no he repetido el gesto en los dos siguientes casos. En este último, el de la erupción, no parece haber daños. Es difícil atrapar a alguien cuando en un país tan relativamente grande viven tan pocos habitantes por metro cuadrado... Tengo mala memoria porque yo he estado ahi y me sabía el dato... El proceso de deterioro hace tiempo que comenzó y mi memoria también se ve afectada. Un desaste. Ya.

He tenido infinitas ganas de marcharme durante las dos últimas semanas. Como siempre, cuando se acerca el momento, me sobrevienen todas la sdudas. Y me asaltan. Pero también sucederá como siempre: al cabo de dos segundos todo será como fue la última vez, antes de la despedida triste...

jueves, 15 de abril de 2010

Si dejo de hablar de ti...

He leído en alguna parte que los blogs nacen por alguna razón y la mia eres tú. Yo lamento este tono monocorde, la tristeza subdérmica, la nostalgia permanente y tantas cosas grises que de aqui se desprenden. Siento ser disuasoria y causar aburrimiento. Pero cuando se abre la pantalla de la nueva entrada, siempre, siempre, regresas tú. Aunque haya estado redactando posts alegres mentalmente, mientras conduzco o dentro de la ducha o en esos largos y lentos desayunos de cada día en la cocina, a solas, ante la cerámica blanca, brillante, límpida y con una cenefa horizontal a base de pequeños cuadros azules, tipo gresite, al tresbolillo. Siempre tú y ninguna otra cosa. Nada más. No hay otro tema para tratar aqui y cuando lo hago tropiezo con el error de no rectificar con un "borrar todo". Me da pena cambiar de registro, abandonar este lugar y substituirlo por otro en el que vaciarme de tantas otras cosas porque estoy segura de que te perdería, para siempre. Temo degenerar en una caricatura forazada de otros asuntos cuando, en realidad, el alma me pide hablar de ti. Recordarte y sentirte de alguna forma, aunque sepa que ni me recuerdas ni me sientes. Y ni te interesan esos verbos que conjugo tan a menudo y tan a destiempo. Como si no hubiera luchado por ti, como si no hubiera llorado tu pérdida, como si no hubiera vivido nuestro duelo, profundo, largo, intenso como una travesía del desierto en una de esas pruebas de atletismo llamadas de autosuficiencia en las que solo cargan el agua por ti. Nada más. Como leí hace un par de días en un blog sublime, la frase cortísima que todo lo resume y que me fue de gran utilidad... me faltas... Nada más. En tantos momentos y en cualquier lugar, porque regresas sin avisar. Como si nunca te hubieras ido...

miércoles, 14 de abril de 2010

Feliz miércoles raro...

Todo avanza de manera simultánea. Al final, incluso van a salir bien la mayoría de las cosas. Pero ya veremos.

He comido sola, leyendo la prensa. Ni una palabra del terremoto de China, porque sucedió cuando la edición ya estaba siendo distribuida. Un reconocido escritos mexicano habla del mal trato al castellano en ese país, con giros anglosajones traducidos directamente a nuestra lengua. Repelús leer sus ejemplos. Peor es que asesinen a gente impunemente en ese mismo lugar, pienso.

No a la desigualdad en la Unión Europea. Y firmo. Últimamente me es fácil adherirme con nombre a las miles de firmas que soportan las diferentes causas de AI. Hasta me he hecho fan.

El día es gris y, por fin, te he hecho saber que hay bromas que considero inapropiadas, de escaso gusto. Me recuerdan desconfianzas pasadas que me revuelven e incomodan. Creo que pasaba el tiempo y me mantenía callada. Hasta hoy, que algún resorte se ha disparado y me ha hecho hablar. No más de la cuenta, sí peor de lo que me hubiera gustado. Pero yo voy repitiendo sin cansarme que hay cosas [y personas] que no cambian nunca, aunque existan intentos de pulir vértices.

La vida acaba de repente, a veces. Observo la desolación que permanece y trato de empatizar por lo que ha de venir, aquello que debe suceder. Me preocupa pero creo que hay flancos cubiertos y poco de qué inquietarse. Sin embargo, temo determinados efectos de la ausencia definitiva de ciertas personas y eso me desasosiega...

martes, 13 de abril de 2010

Me detendré y pensaré en ti, con calma...

Creo que ya dije que este dos mil diez tan redondo, tan par, tan perfecto, no me gustaba nada. Está trayendo cosas raras, sustos, enfermedades y muertes inesperadas (algunas son predecibles; otras una sorpresa. Luego vendría la categoría asesinato, que también). Y la racha sigue y mi especial percepción de las cosas me mantiene alerta e intranquila. Y no es cuestión de naturaleza porque tiendo a ser bastante confiada cuando las situaciones no dependen de mi. Creo que no hay que vivir en alerta permanente, sin caer en la despreocupación que puede hacer hablar a lenguas de todo tipo, entre las cuales las comunes biperinas. Cada una es como es, aunque también se trabaje con discreción para incorporar matices que pulan y definan lo todavía indefinido.
El cielo gris me apaga y hay planes que quedan algo demasiado lejos, con lo que no producen todavía ese efecto mitigador de ansiedades que acaba por desaparecer, simultáneamente con el propio viaje, por ejemplo. Existen otros planes que no incluyen desplazamiento físico en medio de transporte diverso. Como, por ejemplo, detenerme y pensar en ti. Recordarte, recordarnos. Encontrarme como fui y ya dejé de ser. Buscarte en lo que tampoco eres. Pero fuimos. Y en algún lugar de las memorias estamos. Estoy segura. Necesariamente. Es que sino nada tendría sentido...

lunes, 12 de abril de 2010

Ninguna prisa, ¿verdad?

Me regalan a diario espárragos trigueros y me amargan [el regalo no. El sabor]. Pienso que con ellos triplico el consumo habitual de huevos y temo por mis niveles de colesterol, que empiezan a avisar. El antibiótico me amodorra o quizá sea la propia infección, aunque no me importa qué fue primero. Será una semana crucial, con final feliz. Espero más bien poco, para tener decepciones en proporción y no como antes, que quería jugarlo todo a una carta garantizándome con ello el fracaso. Hay tanto que hacer.

Odio a l#s egoist#s que viven y actúan como seres únicos en la Tierra, arrasando otras vidas, destrozando autoestimas, abandonándol#s a su suerte [escasa, probablemente, tras la experiencia]. Es posible errar una vez, por ignorancia, falta de inteligencia y/o descuido. Pero cuando un# reincide... Propongo que se quiten los carnets para amar o que ab initio se nos concedan puntos y, así, a la segunda -por ejemplo, y sucesivas- llegaría la sanción, que aumentaría gravedades. Hasta llegar a la inhabilitación y consiguiente soledad forzada. Forzosa. Ambas. Justo castigo.

También propongo detener las percepciones para desmenuzarlas sin prisa y valorar cada pequeña parte, cada espacio vacío, cada conjunto separado y las correspondientes intersecciones. La ley de sentir despacio...

viernes, 9 de abril de 2010

Y así acabará todo, de una vez por todas...

A veces me sé imposible de avanzar sin que se me escapen lágrimas. Aumenta el número de aquell#s que se van yendo de manera definitiva, inevitable. Y así cualquier cosa me eriza la piel, me entristece y me deja los ojos enrojecidos. Es por dentro por dónde duele. Mucho más. Son microsoledades, reproches por lo que nunca se ha dicho, recuerdos que regresan y apenas hoy sabías que alguna vez sucedieron.

Estoy dolida contigo, porque te fuiste sin darme tiempo. Y contigo también. Y no digamos contigo, que escogiste el sur sin avisar y ahi sigues, aunque ignore de qué forma.

Incertezas inquietantes que no acaban porque serán infinitas, tanto como vaya a serlo yo, porque pienso llevarlas conmigo...

jueves, 8 de abril de 2010

Antes yo...

A veces me pregunto muy en serio el alcance de tu intervención en mi cambio. Obvio que el tiempo no pasa baldío, somero, breve, para ningún#. Ni siquiera lo hizo para ti. Mucho menos para mí, que soy más maleable, vulnerable y frágil, aunque nunca me creyeras cuando trataba de convencerte de esas lindezas. Digo que el tiempo ha pasado, podría concretar cuánto [pero no voy a hacerlo por varias razones], y soy tan diferente que no consigo recordarme, si me retrotraigo.

Omitiré hablar de valores o escribir largos adjetivos forzados para hacer un comparativo que sea el antónimo de exhaustivo [¿cuál es, digo?]. Y no toda yo he devenido mejor. No precisamente; que una aprende y se refuerza, se construye capas, se protege para ser capaz de ir avanzando, así, en el tiempo. Apenas sin darse cuenta, también.

Yo antes, por ejemplo, amaba mucho más incondicional y abiertamente que hoy. Y me daba cuenta. Antes y hoy. Sin duda. No sé, tampoco, si me prefiero de una o de la otra forma, que solo he mencionado dos [y diría yo que hay zonas grises]. Pero no quisiera entretenerme ni hacer perder valiosos tiempos a tercer#s, ajen#s...

Yo antes me movía peor que ahora, entre encuentros. Eso sí: con sonrisa idiotizada en la mitad inferior de mi rostro, permanente, instalada, sobrándose por los lados. Levantaba sospechas y motivaba preguntas, pero me zafaba. Aún hoy hay quién se cuestiona las razones y me llama hermética, a la vista de los prolongados silencios de felicidad incomprensible.

Yo antes no te quería...

miércoles, 7 de abril de 2010

Blanco. Alto. Frío...

Dos cientas cincuenta entradas publicadas aqui. Veintiséis años de ausencia desde hace un par de días. Extraño la palabra papá y tenerte entre mis brazos, con tiempo de sobra para dormir el descanso que sobreviene después del ejercicio. Y levantarme y volverme a acostar, sabiéndote. Pensar que el visillo gris pálido es lo último que hubiera colocado en una de mis hipotéticas ventanas mientras intento adivinar la temperatura en letras rojas que ilumina una cruz de farmacia extranjera. Tú atravesándome como si también quisieras leerlas, ignorando que, además, obtengo hora y fecha. Nunca tienes bastante y siempre esperas más. A veces dudo ser capaz de alcanzar tus expectativas con dignidad. Veo montañas blancas y pienso en expediciones lejanas que sufren infinitamente más. De hecho, no sufro en absoluto. Pero empatizo con quienes esperan para atacar una cima, recoger a un fracturado en camilla con un deslizar de debutante forzado o esperar a quienes se retrasan, los pies semi inmovilizados dentro de un calzado cuasi ortopédico unido a unas tablas más cortas que nunca, a pesar de la altura. No quiero ni siquiera pararme a decir que ha sido estupendo. Cuanto más lo repito, más me duele...

martes, 6 de abril de 2010

Longevidad...

Un cementerio pequeño, en un pueblo del mismo tamaño, en un valle italiano de alta montaña. Me encantan los cementerios y entro porque no puedo evitarlo, porque tengo tiempo de sobra y porque mi compañía acepta la proposición.
Un breve paseo, sin intención de perturbar descansos, hablando poco y en voz baja, sacando tres fotografías en un momento lumínico maravilloso. No nos detenemos en grandes observaciones pero en seguida nos sobreviene una: qué longevidad en este lugar... Los que allí yacen (en rectángulos tan pequeños que parecería que albergaran a niños más que adultos; con tierra en la que es posible plantar cualquier tipo de planta que se ocupa de sobrevivir sin grandes cuidados; con fotos, fechas, placas, algún objeto personal -un ángel en tridimensional abrazando un corazón, por ejemplo y entre otros muchos-) vivieron más de ochenta años. Y no todos son recientes, así que el mérito se multiplica.
Me detengo en una de las zonas que tienen una pared blanca, en lugar de estar directamente en el suelo, con dos fotografías ovaladas de unos diez centímetros de ancho y quince de alto, idénticas, en las que aparece un matrimonio local, también en blanco y negro, elegantemente vestidos. Serios, sin sonrisa, con peinados cuidados y tocados por un sombrero, él, y una breve tela negra, ella.
Intento preguntarme qué es exactamente lo que me atrapa ante ese lugar. Me quedo y me entretengo y saco una fotografía con el teléfono [que puse en vibración antes de entrar en el lugar, por precaución], sin grandes pretensiones. Y es justo después cuando me doy cuenta de que también fueron longevos y tuvieron una larga vida en común.
Comenzaron su vida en momentos y lugares distintos [él llegó primero, unos cuatro años, que ella].
Pero la terminaron en el mismo pueblo. Con solo cinco días de diferencia. Él fue también quién se fue el primero.
Me gusta pensar que ella se murió de pena, en su ausencia, y decidió que era una tontería seguir ahi... hace más de cien años...

viernes, 26 de marzo de 2010

Visiones y sueños...

Paréntesis largo por el que me disculpo. Fuerza mayor. Motivos laborales. Actividad frenética. Diversión.

Me enfrento a un nuevo paréntesis, más largo que el anterior, en el que habrá un poco de mucho y todas las ganas. Hasta vuelos.

Me siento extraña, consciente de haber entrado en una etapa distinta. Y eso es, en definitiva, de una amplitud que asusta un poco.

Seguiremos viendo...

jueves, 18 de marzo de 2010

Miles de cosas que contar...

Sin tiempo y sin ganas. Así, ¿cómo se puede escribir un post?

martes, 16 de marzo de 2010

Miscellaneous...

Lo he estado intentando. Lo de sonreir cuando hablo por teléfono, dar las gracias cuando hago esperar y tener una expresión calmada. Y funciona. La gente responde, a su manera, devolviendo la actitud que obtiene. No digo yo que sea para ir fingiendo, sobreactuando o falseando la personalidad propia. Pero con algo de esfuerzo...
Sigo con un par de docenas de cosas diferentes a llevar a cabo y reconozco que algunas me divierten infinitamente. Otras no. Está claro que mi camino está alejado de este sillón y lo sé. Lo peor es que también conozco la ubicación exacta, las coordenadas precisas, con precisión milimétrica, de cuál es en realidad mi verdadero y auténtico camino, el único. Supongo que no puede ser [dijo la cobarde de mierda con la cabeza baja y un hilo de voz]...
Mañana de nuevo arriba. Y abajo. Bueno, para ser precisa, al centro. A empezar una nueva actividad, como si escogiera juego en uno de esos pequeños ordenadores de iniciación para los niños y las niñas. Sin escoger, porque me lo han asignado. Pero yo contenta. Que las responsabilidades siempre me han puesto... en guardia...

jueves, 11 de marzo de 2010

Micro...

Fuiste mucho más que mi mitad y nos compartimos a partes. Alma y pensar. Cuerpo y sentir. Eramos un conjunto y fuimos alguna mitad. Somos unidades diferentes, menos redondas, más inaccesibles y tan separadas. Como un todo distinto y un núcleo nuevo, que ni siquiera tiene el sabor igual. No quería dejar de sentir y fuiste inevitable...

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Alguien necesita título?

Los pies helados y el paisaje blanco. Tú eres mi paisaje y mi melodía. Me siento en ebullición manejando veinte asunto de forma simultánea y cayendo en la cuenta que hay piezas de un puzzle imposible que encajan. Pero necesito avanzar, solo un poco más. Moverme para sentir el movimiento y que las cosas se desplazan y la vida va continuando, más lenta de lo que me gustaría. Y no hablo del tiempo. Tampoco de la climatología, como es de apreciar.
Siento que hay tanto por hacer y que apenas evolucionamos. Algún día, quizá, se producirá el gran salto hacia delante.
La gente se va yendo, para siempre. De una forma un poco real y definitiva, también. Y s cumple un año en uno de esos casos míos y solo puedo bajar la cabeza, detenerme y abandonarme al silencio, sin lágrimas. No me gusta llorar y ponerlo todo perdido, excretar lágrimas y padecer hinchazones temporales, acompañadas en rojo. No, no me gusta. Soy lenta recuperando normalidades, además. Pero sí soy de echar de menos. Eso sí. Es que no mancha, no hincha, no moja. Es personal, íntimo, intransferible. Un acto de homenaje, tantas veces, individual que, a mi, me reconforta. Es como si hiciera mis deberes para con la persona que dejó su huella, a la que acudo con una mezcla de miles de sentimientos. Porque hasta a mi me echo de menos, en la que nunca más seré debido a la ausencia de esa misma persona, que se fue para siempre o que desapareció de mi vida.
Porque hay risas que únicamente surgen ante bromas determinadas producto de un único humor. Buscar esas bromas en otras caras es una batalla perdida a la que jamás me someto ni enfrento. Hay cosas que tengo ya aprendidas (como la de no jugarme la vida por esas carreteras en colapso para llegar a un trabajo del que luego no va a ser posible salir con dignidad. Así que a mi este caos reciente me pilló cómodamente instalada en casa...).

martes, 9 de marzo de 2010

Buf...

Deja que suspire despacio y a conciencia antes de pensar en lo que duele, en tu ausencia, en las palabras que nunca debimos decir. Deja que cierre los ojos y trate de retrocedernos, un poco, hasta ese sofá naranja y la manta marrón, que tuve la suerte de que los inviernos contigo fueran gélidos. Como éste. Y ahora me abrigo poco, menos y sin ganas, simple gesto de conservación del calor producido por la combustión de previas ingestas, tan equilibradas que para ti serían del género comedia. O ciencia ficción, futurista quizá, me digo. Deja que imagine la expresión de tu cara cuando alguna vez, como ahora yo, rememores, revisistes y nos repases, que es imposible que el ejercicio lo haga solo yo. Con esta frecuencia sí, naturalmente. Con periodicidad anual sería lo normal y ahí te imagino y te coloco, en suspensión por la llegada de alguna de las fechas que recordabas tan bien y por lo que te admiraba, yo, que no soy capaz de recordar nombres propios ni siquiera apellidos ilustres o no. Pienso, y deja que lo diga, que ahora no sé qué tipo de sentimiento tuve antes, mucho menos el que queda ahora, después de haber pasado por todos los registros de los libros de psicología y de los manuales del comportamiento humano, lo habitual entre nosotr#s, vamos. Pienso a veces que utilicé tu presencia para salir ahi fuera en compañía. También me empeñé en que me acompañaras en mis primeros batires de alas. Y estuviste. Quizá mje dieras fuerza para saltar al abismo sin cuerdas elásticas, sin arneses, directa a la soledad. No sé si te escogí para aprender a sentir diferente y acabara dando lecciones un poco más allá de ti y de mi. Es posible que te quisiera, también. Pero poco probable, siendo honest#s. Ya no hay sorpresas, a estas alturas, y una se sabe libre, egoísta, lúcida, sola, herida y superviviente. Cuánto dolor. Toda la distancia. Las ganas intactas y el sentimiento ausente... Deja, deja...

viernes, 5 de marzo de 2010

Vuelos...

La decisión está tomada y no hay vuelta atrás.

Después del madrugón, de llegar pasadas las siete a la flamante nueva terminal, agotada y con la logística familiar por los pelos, me dan vuelo más de una hora después. ¡Una hora! Venga, vamos... era para no creérselo. Me he cuasidesnudado y descalzado con dignidad ante fuerzas privadas que, además, me han cacheado con una envidiable profesionalidad y ya a plena luz del día y ante el público consumidor presente en el escenario y me repetía que era la última vez que opto por ese medio de transporte tan cómodo... ¿Cómo pude pensar un solo nanosegundo que el avión era mejor? Mi capacidad de autoengaño ante los cambios de rutinas es, pienso, infinita.

El vuelo movido, de forma que he acabado incrustada en el espejo del baño por una pequeñas y breves turbulencias que nos han atacado sin previo aviso. Y el aterrizaje ha sido con fuerte rebote de las ruedas en la pista. Fallo de medición del gps, diría yo -que soy profana, también, en esta materia-. Vamos: un lujo de vuelo.

Llovía al llegar. Llovía al salir. Y aqui lucía el sol con generosidad y potencia porque no ha llegado aún el anunciado cambio de tiempo para este fin de semana que, al parecer, regresa el invierno que jamás se fue. Todavía.

Y la verdad es que no me encuentro demasiado bien. Todo coincide: menstrúo con profusión, arrastro escasez de sueño(s), la cabeza llena de datos inútiles o imprescindibles y proyectos de los del tipo difíciles/imposibles. Normal, en este escenario y con esta actriz.

Al fin el fin de semana... y qué semana...

jueves, 4 de marzo de 2010

Trenes...

Antes solo iba en tren a Alicante. Un par de veces al año. Eran más de 4 horas y solía hacer el trayecto acompañada de colegas y, sin embargo, amig#s. Extraño a menudo esas horas compartidas entre paseos al coche restaurante, risas tranquilas, llamadas telefónicas y tiempos muertos. Ahora la tenfe nos ha puesto a tiro a los de la costa noreste peninsular los trayectos a diferentes puntos del país (y con esta última palabra me refiero a todo el territorio, todo, incluida Portugal y Andorra, si), especialmente a la capitalidad nacional y me descubro yendo y viniendo con cierta frecuencia, acostumbrándome a nuevas rutinas que ya repito sin querer: compro la prensa, con prisa, en el mismo kiosko; a la hora de comer me acerco siempre al mismo lugar; me gusta llegar temprano y comprar chicles de menta en una tienda de chuches que hace esquina [a veces logro resistirme a la regaliz y al chocolate, pero otras veces ni lo intento, que voy carente...] y entrar pronto, con los vagones medio vacíos, a localizar mi plaza e instalarme; mando algún mensaje y repaso el correo; me siento como una niña cuando percibo que el viaje acaba de comenzar, tan despacio, y espero las bebidas y los auriculares y, últimamente, veo hasta las películas; a medio camino voy al baño y me sorprendo de que esté limpio y tenga lo necesario todavía; suelo consultar en incontables ocasiones mi teléfono, que he puesto en vibración al entrar para no molestar a mis compañer#s de viaje... Y no soporto escuchar que suenen otros teléfonos ni siquiera conversaciones ajenas...

Hace muy poco los de la compañía aérea nacional me encuestaron sobre mi supuesta deserción a la competencia y me sirvió para descubrir que, en contra de lo que yo siempre decía, estoy empezando a preferir el tren... Ahora ellos estarán procesando el dato e intentando implantar medidas correctoras que les permitan recuperar clientes y me da la sensación de que no hay vuelta atrás...

lunes, 1 de marzo de 2010

Un poco de todo, algo de nada... y una sonrisa...

Ha llovido sobre mojado. Necesito comer chocolate y dormir sin interrupciones. Todavía me sorprende ver tractores por la calle, con sus luces naranjas dando vueltas, infinitas. Luce un sol espléndido por encima de casas y árboles. Las palmeras son para otras latitudes, en vacaciones. Me distraigo. Me muero de sueño. Y te extraño. Todo simultáneo menos el chocolate, ausente. No sé envidiar pero admiro en mayúsculas. A veces también olvido con qué dedo debo teclear la y pero la desorientación dura un segundo, solo. Me siento en uno de los últimos bancos de una majestuosa iglesia vestida de domingo, con sus luces y sus turistas, y no me dejas descansar ni agradecer ni pedir, como me había propuesto al invitarte a entrar. No, la conozco. He estado alguna vez. A pesar de tu extranjería en mi ciudad, nada que ver con la ola de inmigración que llegó hace poco con la fuerza de un tsunami. Qué duras consecuencias, el castigo de la naturaleza...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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