Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

lunes, 11 de abril de 2016

Patrones de conducta...

Estoy revisando patrones de comportamiento, en esta época de mi vida en la que puedo mirar hacia atrás con una perspectiva amplia. Objetivamente lo he venido haciendo siempre. Ahora hablo de concluir y valorar cómo se comporta la gente conmigo y cómo eso influye en mi propio patrón de conducta, en mis reacciones y en mis consiguientes reglas.

Me he dado cuenta, por ejemplo, de que me alejo de quien me apartó una primera vez. Y una segunda. Explicaciones peregrinas que justifican el alejamiento en evitación de su sufrimiento, con independencia del mío, claro está. Gestiono muy mal los abandonos y los apegos. Esto ya era sabido y contra eso me encuentro haciendo grandes esfuerzos ahora, precisamente. Y, paradojas de esta época de mi vida, con eso me voy desayunando alguna que otra vez.

Huyo de las personas que huyeron de mi, también. En el caso que me vino a la cabeza, literalmente salí escapada de la casa de alguien que había amagado con escapar y a quien el primer fin de semana coloqué las llaves de mi coche frente a su expresión enfadada, a media noche, señalándole la ubicación del parking y liberándola de la tortura en la que se había introducido por causas que ni recuerdo ni tenían mucho que ver conmigo. Estábamos lejos y le cedía mi medio de transporte. No me importaba. Como casi nada ahora...

Hay mucho ego enorme y suelto, por ahí. Y desconocido y mal gestionado. También hay mucho capricho regalado [y personas caprichosas, evidentemente], algo de tiranía y egoísmo.

Por todas las partes implicadas, que yo también me incluyo y trato de comprenderme y saber por qué me condiciona tanto lo que otros hacen de mi, conmigo.

Lo que de momento he decidido no admitir son los insultos. En esa dinámica ya no juego. Puedo entender miles de cosas: el tirón nostálgico, el miedo a lo irreversible, la llamada de atención y de emergencia, cuando la soledad estrangula, el enfado y la frustración ante las expectativas, los reproches consiguientes. Pero el respeto es básico y la educación se da por supuesta, como el valor en la guerra. El diálogo, incluso el silencio, es preferible a un "vetealamierda", por ejemplo...

No está resultando nada fácil eso de Garriga y conjugar el verbo amar con el adjetivo bien. Qué difícil encontrar el equilibrio, la confianza, la ilusión, el respeto, la pasión. Todo junto, en la misma persona, como en el chiste. ¿Verdad?

domingo, 10 de abril de 2016

Las cosas sucedían sin mi participación...

Lo dice Julieta, en uno de los momentos cruciales de la última peli del director manchego, que coloca una copa de vino en todos los planos en los que resulta verosímil. Un guiño a su tierra, imagino. Me he identificado con ella, la protagonista, y con su voz en off, su cara triste y su alma devastada. Una no se identifica con esa frase miserable si antes no ha dado muchas vueltas por el fondo de todo y supongo que pasará desapercibida a la generalidad, por esa misma razón. No somos tantos, al final, los tocados...

De pronto, dejas de participar en el cada día, en tu propia vida, en la de los demás. Y de repente, sin darte demasiada cuenta, solo quieres salir huyendo, escapada, revuelta y con el desorden en el pelo,  pero no tienes idea de a dónde, hacia qué ni siquiera por qué te está pasando todo eso a ti, precisamente, curiosamente. La vida va siguiendo y se mezclan el día y la tarde con la noche insomne, miras a través de alguna ventana, sin ver, puede ser otoño, o no. Se te pierde la mirada. Tal vez llueve, quizá resbalas lágrimas o se escapa una mueca que ni siquiera sabe, alcanza a ser sonrisa.

Apenas existes, quizá solo sobrevives sin ser consciente de nada y no intervienes ni participas, no opinas ni juegas y te arrastras, dejándote llevar, permitiendo que otros se ocupen de ti, de tu viabilidad, de perpetuarte, procurando que las emociones no se presenten, que ahora no hacen ningún bien. Supervivencia. Y nada más. Fluctúas. Malvives.

Confieso que he ido sintiendo eso, igual que las ganas de correr estando sentada en mi propia mesa. Todo sigue en bucle y yo no he llegado, no he terminado, no puedo parar. No es el final porque este caos no puede serlo y trato de llenarlo mientras se vacía. Inquietante, el proceso. Lo aseguro. Lo lloro con lágrimas pequeñas, como sin querer. Yo, que no sé llorar más que en casos de auténtica desesperación...


Empecemos por las primeras partes de todas las cosas...

Hace nada que hice de nuevo algo por primera vez. De hecho fueron varias las cosas, recién soñadas, planeadas y sonreidas. Mucho tiempo sin sentirme creativa, creyendo que ya no quedaban fantasias por cumplir, ilusiones que perseguir, cosas nuevas. Y de pronto la sorpresa, toda la maquinaria en marcha, mi fuerza comprimida en un solo objetivo. Conseguido.

No me pregunto si habrá más. Ni siquiera sé qué será de mi en un par de días. Como si la historia, el riesgo, no fueran conmigo o para mi, como si afectaran a terceros. He decidido que va a ser mi oportunidad, ahora que sé que a las mujeres profesionales de más de sesenta deben matarlas, porque no están en puestos visibles. El camino es largo y nos creemos que tenemos tiempo, cuando nuestras vidas son pura anécdota y se vuelan de manera mediocre, sin dejar grandes rastros. Será la oportunidad que proceda y será aqui o no. No puedo saberlo. En realidad, sigo mi camino y todavía no me he sentado a decidir hacia dónde ir para concentrar toda mi ilusión en conseguirlo.

No importa si el paseo es largo. Me da igual. Me orientaré a resultados y seguiré trabajando todo lo que ha de venir, con cuidado y sin perder de vista que la voluntad es poderosa para conseguir lo que nos proponemos. Cuando tenga tiempo escribiré mi mapa de vientos, mi hoja de ruta, mi plan de acción. Y nada va a detenerme. Incluso si decido huir...

jueves, 7 de abril de 2016

Cansancio, fuerzas, engaños y dragones...

Cansa un poco ir contra la corriente, todo el rato. Es como si todas las fuerzas universales ejercieran presión sobre mi, como si los vientos se levantaran de pronto y chocaran contra mi cara o las olas mutaran en tsunami en mi orillo. No me doy cuenta y algo sale al revés, por no decir mal. Podría entrar en detalles pero no voy a hacerlo.

Solo tengo que recordar la puñetera cruz cósmica, visualizar la imagen de colores, recordar la frase final y sonreir con una mueca timida y algo incrédula. No pasa nada. Es normal. Sigue tu camino, explora, vive y aprende, continúa, nada te detiene, nada te retiene...

Un fuego. En el alma. Un juego. Interminable. Fuego y juego. Era un juego de palabras para un título de un post. Pero ya pasó el momento, surgido a 300 kms a la ida de mi viaje último y ahora puedo obviarlo.

He decidido practicar activamente la gratitud y recordar las tres mejores cosas del día, agradecer lo más trivial aqui y que en otros lugares es puro lujo y tomar consciencia de cosas tan básicas como sentirse bien, poder hacer deporte, ser movible, poder moverme de geografía, estar pasando esta etapa rara como de película que no comprendes pero que te divierte y es útil y ayuda, al final.

Dicho esto, incompleto, veremos que no estoy engañando a nadie, ni siquiera a los dragones de fuego a los que de todas maneras es cuasi imposible despistar. Y lo digo con conocimiento de causa: mi particular dragón de fuego, encantadora compañía y compañera, oyente paciente, siempre me pilla...

miércoles, 6 de abril de 2016

Sapiosexualidad...

Me pregunto seriamente si es posible amar a alguien solo por su físico. No hablo de atracción o deseo. Me refiero a amar, compartir y proyectar con alguien vacuo y sin criterio. Sin duda soy mucho más de inteligencias, de mentes, de esas que atrapan y ya no hay nada que hacer porque es imposible liberarse de la atracción y el enganche. Por mucho tiempo.

A pesar de que hay cabezas que, en efecto, atrapan, sin piedad, algo de maldad, ningún miedo a las consecuencias y a las cicatrices que dejan a su paso, dónde nunca más vuelve a crecer la hierba o a surgir una sonrisa o aparecer la confianza. Esas también enganchan, sí. Odio pensar que pueda haber dolo, en algunos casos que he tenido que vivir en los últimos años. Pero hay comportamientos que parecen imposibles.

Me gusta hablar de mentes sanas. Respiro hondo. Me cuesta mirar hacia adelante y no sentir un poco de vértigo. Hay tantas cosas que no quiero...

lunes, 4 de abril de 2016

Yo sí soy de dulce, aunque tú no...

Cuando bebes, no mezclas. ¿Verdad? En mi caso, adoro estanqueizar. Y no mezclo. Raramente. Si lo hiciera, estaría [más] loca. Me ha costado decenas de reproches, hasta que decidí que no aceptaría más. Ni sobre este tema ni sobre casi ningún otro. Ya no tengo edad ni me interesa y he decidido vivir única y exclusivamente mi vida, con mis normas. Aunque eso haya puesto en riesgo muchas cosas. Ahora me reprochan y arrugo un poco la nariz, me retiro unos centímetros, me elevo de la conversación y me voy alejando. Con el mentón en alto. Como muy digna. Me parece una enorme falta de respeto. Y por ahí, ahora, tampoco paso.

Tener compartimentos estanco puede ser muchas cosas pero la más importante para mi es que es una suerte de respeto, incluido a mi misma. Cuando me introduzco en un paraíso, sea el espacio o la compañía, procuro que nada venga a perturbar la paz. Ni la mía ni la de quienes, en cada caso, me acompañan. A quienes acompaño yo, que a veces la compañía es el mejor de los regalos. Me parece de mal gusto mezclar aunque, ya se sabe, a veces es imposible evitar las interrupciones. Pueden ser múltiples los motivos e incluso a mi se me escapa la agenda, a veces, o el control de los hechos.

También es cierto que me alejo poco del teléfono porque existen remotas posibilidades de que las personas sobre las cuales siento responsabilidad necesiten ponerse en contacto conmigo en mis momentos de libertad, felicidad, descompresión, meditación, deporte, socialización y otras cosas que forman parte de mi paisaje diario. Pero ese mismo teléfono acostumbra a permanecer totalmente inactivo mientras no le dedico pequeños momentos de fiesta, generalmente para responder asuntos prosaicos como el trabajo. Y cada vez menos. En eso también he conseguido operar un cambio de costumbres.

No tengo idea de la razón por la que me meto en este jardín de intentar contar mi relación estanqueizada y mis pautas de comportamiento durante mis fines de semana, cuando en realidad he venido aquí a explicarme a mi misma que me siento como deshinchada y un poco apagada desde que esta misma mañana terminó mi visita al último paraíso, que ha transcurrido en un lapso de 60 horas que ha resultado ser perfecto, en todos los sentidos. Seguramente el sentido más intensamente vivido [si hay que elegir] haya sido el gusto. Sí. Por muchas razones, especialmente por lo dulce...

jueves, 31 de marzo de 2016

Totum revolutum II o la fuerza del destino...

La vida es cachonda...
Mucho.
Un día te lo quita todo, te despoja y desnuda, despedaza tus rincones y hace trapos con tu alma.
De pronto, al segundo todo puede cambiar y se te llena la existencia de felicidad.
Es puntual. Claro.
Todo, es puntual. El subidón y la bajada a las catacumbas. Suelen ser correlativas. Así que ya las espero.
Pero no lo sabes. Solo sospechas que debe haber un motivo extraño que algún día será desvelado. Y yo me impaciento. Soy insufrible.
No me gusta mirar por encima del hombro. Aunque últimamente me ven soberbia. Creo que ya lo he contado. Pero vuelvo y lo repito, con un par de lágrimas, las justas ahora. Duele.
Creo que he hecho bien en no pensar ni un segundo en que era la reina del baile e intentar tejer una red de sonrisas amables que podrían cobijarme unos segundos. Sé también que una vida llena se desertiza en cuanto algo va mal. Solo quedan los valientes, los entregados, la buena gente.
Todo está vuelto del revés. No hay horizonte. Ni plan de acción. Ha vuelto un poco de miedo, un poco de vértigo, un poco de todo lo que no es bueno y le da patadas al cuerpo, que marca sus quejas hora de color blanco en una zona blanda en el tercio superior izquierdo.
Habrá que salir de la cama, ahí afuera, y plantarle cara sin ganas a lo que se avecina, supongo. Nunca he sido de arrugarme pero ahora... No tengo idea de por qué sale todo al revés y nada se define y el tiempo vuela y...

martes, 29 de marzo de 2016

You don't own me...

Voy con cuidado. Mucho cuidado.
Me dejo acompañar. Y camino.
El descanso ha sido útil hasta las 10:30 de esta mañana.
Demasiada tensión después de un paraíso.
No pienso hablar de besos ni de contacto. Esta vez no.
Se queda aquí dentro.
Orquídeas blancas y una nota manuscrita.
Sorprendente, como tantas llamadas de hoy. 
Incertidumbres y seguridad a medias.
Me tambaleo un poco.
Quizá porque no sé dónde estoy. Dónde voy. Con quién.
Cuándo. Tampoco lo sé.

Planes concretos y los que preparo para las vacaciones.
Adivino que las necesitaré como el oxígeno y el argón de la canción.
Hay fechas señaladas. Como mañana. Como un cumpleaños.
Una cena o las primeras flores.
Sigo en shock. Lo reconozco. No puedo ser yo.
Alto precio el de mi último año de vida. Qué caro me costó...
Pero barajo destinos de infarto como si fueran cartas de la baraja.
He comenzado a soñar, después de mi glorioso aterrizaje forzoso de hoy...

Banda sonora: You don't own me. De Grace. El mejor estribillo del mundo...

sábado, 26 de marzo de 2016

Los recuerdos, las oportunidades y los viajes espirituales...

La ropa conserva recuerdos. Incluso la ropa. Hasta ella. Cerca de los olores, el picante, un poco de viento, luz tenue de un teléfono a media noche bajo las sábanas, las manos frías y las ganas de volver a hacer el amor. El turquesa de un mar en verano, los aviones, recibir canciones y oír tu voz. Vivir consiste en crear recuerdos y, cuando no estás, crear pensamientos y también acaban por recordarse.

Podríamos decir que la felicidad está en revisar los recuerdos felices, regenerarlos, actualizarlos y hasta mejorarlos. Porque algunas veces la vida [lo que sea que lo provoca, porque quizá sean las energías y el pensamiento] da nuevas opciones, segundas oportunidades, otra posibilidad, que hay que enfrentar con la responsabilidad de recordar lo que no fue bonito, para no reproducirlo. Otras veces la vida, los pensamientos, las energías te muestra personas interesantes que deciden pasar de largo, no instalarse contigo, ni caminar a tu lado.

Y es que la vida, al final, sabe por qué razón viene y va la gente, suceden las cosas, regresas o sientes el impulso de huir deprisa a romper con todo en el otro extremo de nuestro universo. Me siento expectante, reactiva, sorprendida e improvisando. No trazo planes [me resulta inevitable soñar con mi verano y con eso me entretengo, mucho; pero poco más], no espero gran cosa [con no salir despedazada y el corazón muerto ya me conformaría, por ejemplo], he dejado de juzgar aunque mantengo el criterio y la opinión, que procuro dar sólo si soy preguntada, y he recuperado la ilusión y la sonrisa.

Este viaje espiritual está siendo difícil, con mi cruz cósmica al hombro, pero productivo. Me está costando construirme, nueva.

Cito de memoria a Silvia Munt en algo que he leído en alguna parte, porque me pareció muy acertado: "de las grandes crisis salen personas muy interesantes". Creo que a mi va a dejar de interesarme media humanidad. Toda la que no ha pasado este proceso. Y francamente: no me importa si me llaman soberbia o prepotente. Con lo que me está costando esta travesía, la opinión de los demás [una vez descubres esa soledad subdérmica que te acompaña todo el tiempo, la de cuando nacemos, la de cuando morimos...] ha dejado de ser relevante...

martes, 22 de marzo de 2016

Fuerzas de flaqueza...

Retomo fuerzas mientras me recupero del enésimo atropello que recibe mi alma de parte de mis emociones. Me está costando. Es cada vez más difícil restablecer la normalidad y ahora me necesito en forma, en serio. 

Frente al fuego, entre manos dulces y abrazos largos, que recuperan el tiempo que antes no pude dedicarles. Deben notar que ando algo baja de energías, a pesar de los suplementos y las gotas y los revitalizantes. Voz de nariz y estornudos. Hablo poco y necesito silencio.

A punto de nuevas carreras por llegar a todas partes y rellenar la maleta para el siguiente destino. Un poco de primavera para este fin de invierno tan frío... 

Y las batallas esperándonos a la vuelta y todo lo complejo que será, como los nuevos escenarios o la espera de una decisión que nunca llega, la elección de algo que con ilusión piensas que tal vez sea aunque el corazón tenga claro que no va a ser y te vas preparando para los cambios, el siguiente atropello, en busca de recursos propios y ajenos, cargando fuerzas aunque ya no quedan. Otra vez no. No otra vez...

lunes, 21 de marzo de 2016

Todo a medias, menos las lágrimas...

Entre la improvisación más salvaje y la parálisis por análisis, me quedo con el punto medio. No se debe empujar ni forzar porque la realidad es que el alma te lleva y el corazón manda, muy por encima de la mente y los planes trazados con regla y cartabón. Hay miles de condicionantes, limitadores e incapacitantes, cientos de motivos, razones, excusas y hasta pretextos. Y al final del camino: tú. Frente al espejo, en los párpados cerrados, a solas contigo. Tú. Tuteándote, a solas, en cualquier lugar. Sin opción a escaparte de ti misma.

Esta época es la del abuso de mirarse hacia adentro, dicen. También lo es de incertidumbres, por ejemplo.

Me gustaría olvidar el día que me fui de excursión para hacer mi última bajada en rafting, en un río que discurría entre frondosas montañas verde oscuro, apenas gente, sonidos de pájaros y caricias disimuladas. Me gustaría no haberlo recordado, entender por qué ha regresado a mi para proyectarme a otro lugar, muy parecido, hoy, en el que suceden cosas idénticas y se siente lo mismo. Me gustaría no saber pensar, poder borrar la memoria, los recuerdos, las vivencias. Me gustaría que las lágrimas me dejaran en paz, no tener nada que sentir con este corazón apisonado, incapaz de gestionar más sentimientos, bloqueado...

domingo, 20 de marzo de 2016

Un caos feliz...

Tengo de nuevo el invierno abrazado al alma. Me ensordece y desborda, inundada. Me revuelvo bajo varias mantas, que me abrigan como si fueras tú, y me proyecto porque estoy en modo creativo y lo necesito. Es simple.

Estoy convulsa y expectante. Como pendiente, esperando, sin pensar en todo lo mucho que depende de mi. No me interesa y me aparto del núcleo y del nódulo, llena de grises, quizá porque no toca ni siento que sea el momento y tampoco hice suficientes deberes para tener claro hacia dónde quiero ir. No. Aún no. Todavía no.

Caóticamente bien. Es una maravillosa forma de definir lo que sucede en esta vida, en esta mente, hoy...

miércoles, 16 de marzo de 2016

Viviré disimulando y no se me da nada bien...

Fingiré que no está sucediendo y, por tanto, que no existe. 
No voy a pensar en ello, en nada. Ni un segundo pequeño.
Tampoco imaginaré las cosas que pueden estar sucediendo. 
Las risas, los besos, las caricias y la intimidad. 
Disimularé que eso puede doler, siquiera un poco. 
Haré ver que ni va conmigo ni me afecta, que no hay nada más que libertad, elección y voluntad. Y que contra eso nadie puede hacer nada, nadie debe intervenir. Solo cabe fluir, a merced del viento y de las mareas, esperar. Y desesperar un poco.

He ido tomando mis decisiones, pequeñas y cruciales, para construir caminos honestos, para no bajar la mirada ni verme obligada a hacer lo que el alma reniega, para no ir contra mi propia esencia, mis creencias. Sin ser fácil, ayuda. Siendo complejo, libera. Determina, probablemente. Y demuestra que hoy soy diferente de aquella que fui. Algo más disciplinada, acaso. 

Disimularé mal, como siempre. 
Procuraré entretenerme y no pensar.
Meditaré para no conseguir dejar la mente en blanco ni concentrarme todo el rato en mi respiración.
Haré todo el deporte que sea posible y sudaré toxinas y respiraré oxígeno mucho más puro que en la ciudad.
Leeré libros que hablan de canalizaciones y cosas nuevas, difíciles de comprender, buscando respuestas y explicaciones plausibles a preguntas que aún no tengo.
No viviré en cuenta atrás para no saber que todo puede cambiar. 
No recordaré. No extrañaré voces ni el contacto ni la comunicación contínua y el hilo rojo que une.
Y me llenaré la cabeza de pájaros, ideas y teorías [nuevas o no] para que no se note que tengo el corazón al aire y el alma hecha jirones, sangrante y en carne viva...

lunes, 14 de marzo de 2016

El desierto de Atacama...

El mundo está lleno de lugares. Como decía Susan Sontag: "I haven't been everywhere, but it's on my list". Y mi lista sigue siendo larga, a pesar de ser una mujer movida, inquieta y nerviosa que procura abrir su mente para que entren todas las cosas distintas. Y paro poco, quieta. Lo justo para que mi organismo se reponga. Pero debo hacerlo un poco mal, porque se va quejando...

Tengo desde hace años Atacama pendiente. No de cualquier manera. Porque si voy, iré como corresponde, a un tipo de alojamiento especial que, de poder compartir con la compañía soñada, sería inolvidable para los restos. Pienso a menudo en lo que me contaron de ese lugar y me muero de ganas de escuchar los silencios del desierto, sentirme pequeña, pasear de la mano y el viento de cara. Solamente dos. Y nadie más, en este mundo deshabitado en el que sería capaz de convertirlo entonces. 

Ahora, en plena definición de mis siguientes destinos, recuerdo ese lugar, recién refrescado tras recibir una fotografía. No ha llegado el momento, desde luego. Seguiré esperando, con el viaje pendiente, lo que sea necesario, aunque llegará el día en el que mi cuerpo ya no acompañe y, por tanto, no proceda. Pero ¿quién sabe? no tengo ninguna intención de acelerar mi vida y sé que si deseo crear esa realidad, con todos los complementos, voy a vivirla.

Hay otros lugares, en esa lista. Como Sri Lanka y la ayurveda. O Vietnam y las bahías. El cañón americano en avioneta o perderme en auto caravana por Australia, los fiordos, Alaska, mucho Caribe en velero, Sudáfrica y sus vinos, las reservas africanas a mitad de la sabana, Irán o Jordania [motivos religiosos y morales me lo impiden, por eso omito otros lugares obvios...], algunos hoteles pequeños y con encanto cerca de casa, las islas Cook, Maldivas y Filipinas con sus playas desconocidas y Canadá en coche, la ruta 66, trillar Londres de nuevo. Y París, Brujas y la Haya. Volver a Ámsterdam, ir por primera vez a Berlín o Viena, conocer muchas más de las mil y pico islas griegas, el Transiberiano hasta la frontera china, Mongolia y sus montañas, Nepal, la India más británica, los cayos y los manglares de centro América. Esquiar en Bariloche, Aspen y Vail, a pesar del frío, cruzar Europa a golpe de gas.

Todo eso y poco tiempo. Tantas ganas de soñar y de empezar...

domingo, 13 de marzo de 2016

Silencios, abrazos y besos, dulces...

Hay silencios que estallan en la cara, cuando la casa se adormece y sus habitantes se esconden en sus rincones. Porque cuando la casa se vacía y sólo quedas tú, todo es mucho peor. Llega el tiempo de los miedos, los peores pensamientos, los escenarios más terribles, todo lo que nunca sucederá, la quietud y un poco de desesperación, que se entremezclan y se lanzan algunos gritos.

El silencio se incrusta, también. Y se cuela por todas partes y no existe sonido que llene un poco de algo. Tú ni estás ni vendrás, así que el universo muta en desierto y mi sonrisa muere para dar paso a una extraña mueca que se me instaló hace meses en las facciones, sin avisar, cuando abandonaste mi vida.

Pienso, en silencio. Y trato de trazar planes, sin oir ni escuchar lo que nadie dice, para llenarme un poco y pensar en ese más allá que necesito y me conviene definir para que todo esto tenga algún sentido. Leo y escribo. También grito y trato de liberarme de todas las tensiones que tengo instaladas desde el cerebro hasta algo más abajo de mi mitad.

Ando falta de abrazos, algunas caricias y de que me revuelvan el cabello, con esa dulzura tuya, solamente. De los besos que no doy ni recibo ahora solo puedo decir que también me faltan, intensamente...

La cruz cósmica o Nunca es suficiente...

Siguen circulando y la puerta está abierta. No se detienen, ni hago amago por retener. Fluye, simplemente. En este caos jerarquizado en el que está sumergido mi pequeño universo. Tremendo y extraño, autoexplicativo a veces. Hay cosas que apetecen y otras no. Como las personas.

Intercalo episodios de llanto con alguno, escasísimo, de intensa felicidad. Desconocida, que sube escalas en el ranking de "lascosasymomentosmásbonitosjamásvividos". La tristeza es un poco menor que la incertidumbre, así que ya es posible hacerse a la idea.

Todos los procesos van sirviendo, me escucho, me dejo llevar, me ignoro, continúo. Un paso primero, luego el otro. En el centro, este pegajoso dolor de cabeza. Una señal, claro. Y respiro, lenta y profundamente y no puedo mirar al frente. Simplemente, está desierto.

Me resulta extremadamente curioso darme cuenta de que con el paso del tiempo se aclaran mis ideas, gustos y preferencias. Lo que antes no veía, ahora está claro. Lo que quería dudar está resuelto. Lástima que mis descubrimientos sean extemporáneos y ahora ya improcedentes, inútiles y estériles. Ya no importa en ninguna parte lo que yo pueda aprender. A nadie le interesa, tampoco.

Maravillosa sensación la de seguir a mi descendiente por unas carreteras nuevas, como cuando en su infancia iba delante para ser vigilado, autónomo él, pero oyendo mis indicaciones, avisos, alertas e instrucciones. Hoy era él quien me vigilaba por los retrovisores, preocupado; quién me esperaba detrás de alguna curva para dejarme acortar las distancias que ganaba a golpe de gas y ante mi inseguridad. Está claro que uno conduce según se siente: él iba fuerte; yo, a punta de gas, sin reconocer los caminos, metida en mis pensamientos, hablándome dentro del casco, tarareando ésta canción, justamente...

jueves, 10 de marzo de 2016

Pensamientos acerca de la felicidad. En borrador...

La felicidad a veces llega envuelta en cápsulas, en globos, en burbujas. Es fugaz y efímera. Es sutil y permeable. Imperceptible a ratos, se incrusta en el subconsciente. Permanente a la vez que provisional.

La felicidad puede ser un abrazo largo, pasear las mejillas por tu ombligo, parpadearte la piel, muy despacio, muy cerca, respirando suave y profundamente, a bocanadas cortas.

Me llaman. Voy a seguir soñando...

lunes, 7 de marzo de 2016

Sinceridad y sentimientos...

Me hablan de vaciar y dejar entrar. También me dicen que las respuestas están en mi. Sigo escuchando, buscando, intentando y viviendo. Con un poco de miedo, cierto. Con mucho cuidado, también. Nada de grandes decisiones, tratando de dejarme llevar, de salir del bucle, de no hacer planes de futuro, ni siquiera a corto. Y mira que es complicado en un ser tan organizado como fui yo alguna vez. Bueno, también fui metódica y perfeccionista y solo hay que verme ahora. Saltando entre matas. Nada más.

Alguien me cuenta de astros y entran al detalle. Eclipses, conjunciones y Marte juegan en mi contra. Por las fuerzas opuestas, no porque me sienta agredida. Da la sensación de que voy en dirección contraria a aquella en la que me quiere ver el universo. Y así tengo el pelo y de mi error estos lodos.

Se ha producido un reconocimiento explícito hacia algo que es, realmente, una seña de identidad. De tanto como se repite, creo que puedo decir que está científica y empírica y hasta dermatológicamente comprobado y testado. Mi sinceridad conmigo misma. Hasta el miedo, autoexigencia bloqueante y ultra castigo. Conmigo, con los míos, con los otros y los que no son míos: soy objetiva. Y dura. Implacable e intransigente. Y eso, ya se sabe, es mucho decir.

Sinceridad para todo aquello que no es una virtud, de lo que no te sientes orgullosa, del dejarse llevar, de tener pensamientos improcedentes, sin hablar de los sentimientos inesperados, por ejemplo. Soy crítica si echo la vista atrás. Me asusto mirando hacia los lados. Me aterra ver hacia adelante y proyectarme en algo y alguien que todavía no sé bien qué, quién, cómo y dónde. El por qué es más fácil: sentimientos.

Tengo que sentarme, a solas. Y escribir para vaciar la respuesta esencial ahora: qué es lo que quiero. Con eso, se trazará un camino y podré empezar a andar. Ahora todo está como detenido, en letargo, a la espera, mezclado y confundido. Quizá la respuesta sea, al final, tan simple como trazar un plan de acción y obedecerlo con disciplina. Me sobra. Como sobrada voy de miedos. Y me falta decisión para decidir dónde pongo el foco...

miércoles, 2 de marzo de 2016

La cabeza llena de mi...

Sentimientos. Sensibilidad. Emociones. Búsqueda. Respuestas. Hormonas. Oxitocina. Dopamina. Serotonina. Cerebro. Alarma. Mente. Duelo. Recompensa. Adicción. Amígdala. Peligro. Miedo. Pasado. Abstinencia. Instinto. Neurotransmisores. Angustia. Córtex. Impulsos. Dolor. Ansiedad. Malestar. Anorexia. Ahogo. Insomnio. Estrés. Supervivencia. Vínculos. Conexiones. Duelo. Tiempo. Normalidad.

And life goes on...

martes, 1 de marzo de 2016

Va de citas...

“Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea”.

Alejandro Magno.

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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