Aquí se viene a jugar con las palabras. A vaciar nostalgias. A comprender miradas y silencios. A compartir sin disfraces. Con seudónimo pero el alma verdadera...

viernes, 26 de marzo de 2010

Visiones y sueños...

Paréntesis largo por el que me disculpo. Fuerza mayor. Motivos laborales. Actividad frenética. Diversión.

Me enfrento a un nuevo paréntesis, más largo que el anterior, en el que habrá un poco de mucho y todas las ganas. Hasta vuelos.

Me siento extraña, consciente de haber entrado en una etapa distinta. Y eso es, en definitiva, de una amplitud que asusta un poco.

Seguiremos viendo...

jueves, 18 de marzo de 2010

Miles de cosas que contar...

Sin tiempo y sin ganas. Así, ¿cómo se puede escribir un post?

martes, 16 de marzo de 2010

Miscellaneous...

Lo he estado intentando. Lo de sonreir cuando hablo por teléfono, dar las gracias cuando hago esperar y tener una expresión calmada. Y funciona. La gente responde, a su manera, devolviendo la actitud que obtiene. No digo yo que sea para ir fingiendo, sobreactuando o falseando la personalidad propia. Pero con algo de esfuerzo...
Sigo con un par de docenas de cosas diferentes a llevar a cabo y reconozco que algunas me divierten infinitamente. Otras no. Está claro que mi camino está alejado de este sillón y lo sé. Lo peor es que también conozco la ubicación exacta, las coordenadas precisas, con precisión milimétrica, de cuál es en realidad mi verdadero y auténtico camino, el único. Supongo que no puede ser [dijo la cobarde de mierda con la cabeza baja y un hilo de voz]...
Mañana de nuevo arriba. Y abajo. Bueno, para ser precisa, al centro. A empezar una nueva actividad, como si escogiera juego en uno de esos pequeños ordenadores de iniciación para los niños y las niñas. Sin escoger, porque me lo han asignado. Pero yo contenta. Que las responsabilidades siempre me han puesto... en guardia...

jueves, 11 de marzo de 2010

Micro...

Fuiste mucho más que mi mitad y nos compartimos a partes. Alma y pensar. Cuerpo y sentir. Eramos un conjunto y fuimos alguna mitad. Somos unidades diferentes, menos redondas, más inaccesibles y tan separadas. Como un todo distinto y un núcleo nuevo, que ni siquiera tiene el sabor igual. No quería dejar de sentir y fuiste inevitable...

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Alguien necesita título?

Los pies helados y el paisaje blanco. Tú eres mi paisaje y mi melodía. Me siento en ebullición manejando veinte asunto de forma simultánea y cayendo en la cuenta que hay piezas de un puzzle imposible que encajan. Pero necesito avanzar, solo un poco más. Moverme para sentir el movimiento y que las cosas se desplazan y la vida va continuando, más lenta de lo que me gustaría. Y no hablo del tiempo. Tampoco de la climatología, como es de apreciar.
Siento que hay tanto por hacer y que apenas evolucionamos. Algún día, quizá, se producirá el gran salto hacia delante.
La gente se va yendo, para siempre. De una forma un poco real y definitiva, también. Y s cumple un año en uno de esos casos míos y solo puedo bajar la cabeza, detenerme y abandonarme al silencio, sin lágrimas. No me gusta llorar y ponerlo todo perdido, excretar lágrimas y padecer hinchazones temporales, acompañadas en rojo. No, no me gusta. Soy lenta recuperando normalidades, además. Pero sí soy de echar de menos. Eso sí. Es que no mancha, no hincha, no moja. Es personal, íntimo, intransferible. Un acto de homenaje, tantas veces, individual que, a mi, me reconforta. Es como si hiciera mis deberes para con la persona que dejó su huella, a la que acudo con una mezcla de miles de sentimientos. Porque hasta a mi me echo de menos, en la que nunca más seré debido a la ausencia de esa misma persona, que se fue para siempre o que desapareció de mi vida.
Porque hay risas que únicamente surgen ante bromas determinadas producto de un único humor. Buscar esas bromas en otras caras es una batalla perdida a la que jamás me someto ni enfrento. Hay cosas que tengo ya aprendidas (como la de no jugarme la vida por esas carreteras en colapso para llegar a un trabajo del que luego no va a ser posible salir con dignidad. Así que a mi este caos reciente me pilló cómodamente instalada en casa...).

martes, 9 de marzo de 2010

Buf...

Deja que suspire despacio y a conciencia antes de pensar en lo que duele, en tu ausencia, en las palabras que nunca debimos decir. Deja que cierre los ojos y trate de retrocedernos, un poco, hasta ese sofá naranja y la manta marrón, que tuve la suerte de que los inviernos contigo fueran gélidos. Como éste. Y ahora me abrigo poco, menos y sin ganas, simple gesto de conservación del calor producido por la combustión de previas ingestas, tan equilibradas que para ti serían del género comedia. O ciencia ficción, futurista quizá, me digo. Deja que imagine la expresión de tu cara cuando alguna vez, como ahora yo, rememores, revisistes y nos repases, que es imposible que el ejercicio lo haga solo yo. Con esta frecuencia sí, naturalmente. Con periodicidad anual sería lo normal y ahí te imagino y te coloco, en suspensión por la llegada de alguna de las fechas que recordabas tan bien y por lo que te admiraba, yo, que no soy capaz de recordar nombres propios ni siquiera apellidos ilustres o no. Pienso, y deja que lo diga, que ahora no sé qué tipo de sentimiento tuve antes, mucho menos el que queda ahora, después de haber pasado por todos los registros de los libros de psicología y de los manuales del comportamiento humano, lo habitual entre nosotr#s, vamos. Pienso a veces que utilicé tu presencia para salir ahi fuera en compañía. También me empeñé en que me acompañaras en mis primeros batires de alas. Y estuviste. Quizá mje dieras fuerza para saltar al abismo sin cuerdas elásticas, sin arneses, directa a la soledad. No sé si te escogí para aprender a sentir diferente y acabara dando lecciones un poco más allá de ti y de mi. Es posible que te quisiera, también. Pero poco probable, siendo honest#s. Ya no hay sorpresas, a estas alturas, y una se sabe libre, egoísta, lúcida, sola, herida y superviviente. Cuánto dolor. Toda la distancia. Las ganas intactas y el sentimiento ausente... Deja, deja...

viernes, 5 de marzo de 2010

Vuelos...

La decisión está tomada y no hay vuelta atrás.

Después del madrugón, de llegar pasadas las siete a la flamante nueva terminal, agotada y con la logística familiar por los pelos, me dan vuelo más de una hora después. ¡Una hora! Venga, vamos... era para no creérselo. Me he cuasidesnudado y descalzado con dignidad ante fuerzas privadas que, además, me han cacheado con una envidiable profesionalidad y ya a plena luz del día y ante el público consumidor presente en el escenario y me repetía que era la última vez que opto por ese medio de transporte tan cómodo... ¿Cómo pude pensar un solo nanosegundo que el avión era mejor? Mi capacidad de autoengaño ante los cambios de rutinas es, pienso, infinita.

El vuelo movido, de forma que he acabado incrustada en el espejo del baño por una pequeñas y breves turbulencias que nos han atacado sin previo aviso. Y el aterrizaje ha sido con fuerte rebote de las ruedas en la pista. Fallo de medición del gps, diría yo -que soy profana, también, en esta materia-. Vamos: un lujo de vuelo.

Llovía al llegar. Llovía al salir. Y aqui lucía el sol con generosidad y potencia porque no ha llegado aún el anunciado cambio de tiempo para este fin de semana que, al parecer, regresa el invierno que jamás se fue. Todavía.

Y la verdad es que no me encuentro demasiado bien. Todo coincide: menstrúo con profusión, arrastro escasez de sueño(s), la cabeza llena de datos inútiles o imprescindibles y proyectos de los del tipo difíciles/imposibles. Normal, en este escenario y con esta actriz.

Al fin el fin de semana... y qué semana...

jueves, 4 de marzo de 2010

Trenes...

Antes solo iba en tren a Alicante. Un par de veces al año. Eran más de 4 horas y solía hacer el trayecto acompañada de colegas y, sin embargo, amig#s. Extraño a menudo esas horas compartidas entre paseos al coche restaurante, risas tranquilas, llamadas telefónicas y tiempos muertos. Ahora la tenfe nos ha puesto a tiro a los de la costa noreste peninsular los trayectos a diferentes puntos del país (y con esta última palabra me refiero a todo el territorio, todo, incluida Portugal y Andorra, si), especialmente a la capitalidad nacional y me descubro yendo y viniendo con cierta frecuencia, acostumbrándome a nuevas rutinas que ya repito sin querer: compro la prensa, con prisa, en el mismo kiosko; a la hora de comer me acerco siempre al mismo lugar; me gusta llegar temprano y comprar chicles de menta en una tienda de chuches que hace esquina [a veces logro resistirme a la regaliz y al chocolate, pero otras veces ni lo intento, que voy carente...] y entrar pronto, con los vagones medio vacíos, a localizar mi plaza e instalarme; mando algún mensaje y repaso el correo; me siento como una niña cuando percibo que el viaje acaba de comenzar, tan despacio, y espero las bebidas y los auriculares y, últimamente, veo hasta las películas; a medio camino voy al baño y me sorprendo de que esté limpio y tenga lo necesario todavía; suelo consultar en incontables ocasiones mi teléfono, que he puesto en vibración al entrar para no molestar a mis compañer#s de viaje... Y no soporto escuchar que suenen otros teléfonos ni siquiera conversaciones ajenas...

Hace muy poco los de la compañía aérea nacional me encuestaron sobre mi supuesta deserción a la competencia y me sirvió para descubrir que, en contra de lo que yo siempre decía, estoy empezando a preferir el tren... Ahora ellos estarán procesando el dato e intentando implantar medidas correctoras que les permitan recuperar clientes y me da la sensación de que no hay vuelta atrás...

lunes, 1 de marzo de 2010

Un poco de todo, algo de nada... y una sonrisa...

Ha llovido sobre mojado. Necesito comer chocolate y dormir sin interrupciones. Todavía me sorprende ver tractores por la calle, con sus luces naranjas dando vueltas, infinitas. Luce un sol espléndido por encima de casas y árboles. Las palmeras son para otras latitudes, en vacaciones. Me distraigo. Me muero de sueño. Y te extraño. Todo simultáneo menos el chocolate, ausente. No sé envidiar pero admiro en mayúsculas. A veces también olvido con qué dedo debo teclear la y pero la desorientación dura un segundo, solo. Me siento en uno de los últimos bancos de una majestuosa iglesia vestida de domingo, con sus luces y sus turistas, y no me dejas descansar ni agradecer ni pedir, como me había propuesto al invitarte a entrar. No, la conozco. He estado alguna vez. A pesar de tu extranjería en mi ciudad, nada que ver con la ola de inmigración que llegó hace poco con la fuerza de un tsunami. Qué duras consecuencias, el castigo de la naturaleza...

viernes, 26 de febrero de 2010

Vidas...

Saboreo otra vez la palabra ilusión porque no quiero acomodarme. Y proyecto momentos de otros días para dibujar el esbozo de lo mucho que podrían llegar a ser los que están a punto de venir. A pesar de no perder de vista ni un momento que la vida finaliza en seco, a veces. Asumimos riesgos a diario y sin gran conciencia de eso avanzamos, a pasos cortos pero efectivos y eficaces, que nos impulsan en el tiempo. Quiero valorar este sol de ahora después de todas las lluvias caídas días atrás y la alerta de viento que nos aguarda. Quiero saber que cantaré muy fuerte las canciones de Nino Bravo versionado en el coche, esta tarde. Y que saborearé muy deprisa los dulces y los salados, los ácidos y los amargos en un restaurante a pie de carretera. Y que me va a ilusionar hasta el estremecimiento querer y sentir reciprocidad en la piel, envuelta en frío por fuera. Quiero que la vida no resbale entre un calendario, que escape en silencio sin oponer resistencia. Quiero sentir que sigo viva...

jueves, 25 de febrero de 2010

Time goes by...

Hay acontecimientos en esta vida nuestra que pueden cambiarla casi por completo, ¿lo sabes? Son hechos impredecibles e inesperados, relevantes y definitivos, inevitables, casi siempre. Y una no sabe cómo acomodarse al nuevo escenario, a l#s viejos protagonistas ni a las nostalgias que desaparecieron. Podría ser un espejismo transparente, fruto de la imaginación desbocada o un accidente. Podría, incluso, no haber sido nada. Sin em bargo, esta oportunidad lo fue para escuchar frases impensables, impagables, inolvidables. Ya, un poco de cacofonía, para variar. Tampoco a mi me gusta, pero ha salido así, en automático, como tantas veces. Voy al ralentí, recuerdo despacio y no me acostumbro. Tiempo...

miércoles, 24 de febrero de 2010

Fracaso...

Tener hijos te llena la vida de matices. Se pasan momentos difíciles y se viven experiencias irrepetibles. Una de las más agradables para mi ha sido la de encontrar lecturas adecuadas a cada etapa, edad y momento de su evolución. Al principio [los cuentos] eran pequeños, delgados, con muchos dibujos y vivos colores, apenas con letra ligada. Ahora que estamos en la fase de libros gruesos con tapas negras y algo de rojo [sagas conocidas, by the way] que -confieso- prefieren tener sin necesidad de leerlos, ahora -decía- estoy revisando su colección inicial y hace unos días dí con uno, cuadrado y delgado, al que le tengo un cariño especial. Tanto que, como otras muchas veces, lo volví a leer y observar y acariciar mientras mi hija seguía durmiendo sus cinco minutos más de cada mañana antes de despertar para ir al colegio. Leí sus frases cortas con la perfecta letra fina y de imprenta. Observé las magníficas ilustraciones en gama de ocre suave y azul claro perfilado todo en negro. El maridaje del protagonista con el argumento y los dibujos me parece, por alguna extraña razón, sublime. Me atrapa. Es uno de los pocos cuentos infantiles que pienso conservar para siempre. A veces me imagino evocándonos en esa etapa de vivencias y convivencias de niños, con el libro abierto entre las manos, sentada bajo una manta y observando la calle desde la residencia que [imagino, supongo, deduzco] va a acogerme en mis últimas épocas.
Es tanta la atracción que el cuento me produce que me entretuve en leer el nombre del autor, el del ilustrador, hasta el del editor. Inmediatamente pensé que a ellos les gustaría saber que una madre ha caído rendida ante su obra, años después de haber sido editada y acudí al google para localizar a la persona que había creado unas frases tan evocativas, tan acertadas, tan concisas y perfectas. Fue con tristeza como descubrí que murió hace algunos años, pocos.
Si hubiera reaccionado antes, cuando los niños eran más pequeños, habría llegado a tiempo de hacerle llegar unas líneas.
Siempre llego tarde. La muerte me deja demasiado a menudo con las palabras en la boca. Y esas palabras son tan indigestas...

martes, 23 de febrero de 2010

Reencuentros...

Hoy se ha muerto una parte de mi. Y una etapa grande. Para siempre, como solo la muerte sabe hacer. Han desaparecido tantas cosas, que solo quedan en mi cabeza, para recuperarlas alguna tarde, a solas, con una breve sonrisa de nostalgia y soledad y frío.
La muerte, sin embargo, ha devuelto también viejas amistades interrumpidas, que sería insálubre recuperar. Lo sé, lo sé. Pero es una sensación grata querer así, a pesar del tiempo y del silencio. Y ser querida.
Hay abrazos inolvidables. Y lágrimas. Y caricias en la espalda. Y gestos y algunas miradas desde lejos, sin temor a ser interceptadas. Y compañía. Hay cosas que no importan y otras que seguirán importando tanto... Hay cariños irrompibles, capaces de olvidarlo todo y recomenzar. Hay momentos cargados de temor y de soledad, de miedo al vacío, de desorientación. Es bueno sentirse acompañado, aunque tod#s sepamos que aqui hemos llegado sol#s y así vamos a marcharnos...

lunes, 22 de febrero de 2010

Los besos que no vas a darme...

La pena y las lágrimas se contagian. Hoy me han arrastrado, pero confieso que mi pena era frágil, instensa y estaba muy cerca de la epidermis. Hay días en que la vida deviene seria y hay que estar, sabiendo o no. Aprendiendo, de alguna forma. Y en mi caso, acompañando, porque [a pesar del dolor propio] me envuelven los ajenos, próximos, cercanos, nuevos y sorprendidos. Una caricia, una mirada, la presencia y el gesto. Con esto debería bastar para recomponer una normalidad que ya nunca será como fue. Hay hechos irreversibles, uno especialmente. Y ese es el que estamos procesando como podemos, por sorpresa. Yo con las manos y los pies helados, algunas lágrimas que salen en grupo y una tristeza honda, por los 22 años, por las deudas, por el cariño y la nostalgia, por lo que quedó por decir y lo que nunca me dijo. Por todo eso...

viernes, 19 de febrero de 2010

La vida es una vez...

La vida es una vez. También tú lo fuiste. Y lo he sido para ti. Y nunca más seremos. No hay esperanzas de repetirnos y parece que sería de todo punto inconveniente. Eso dicen. Yo no podría decir porque lo cierto es que por un momento nos estuvimos repitiendo, sí, y no salió tan mal. Hasta que supe que éramos tres. Y a mi los impares no me gustaron nunca, tal vez porque los pares son más redondos, más dulces y más fáciles, sin aristas. En cambio, esos impares, esos primos imposibles...
La vida solo nos sucede una vez y nos sorprende inexpert#s y con ganas, poco calculador#s de consecuencias y nada dad#s a reflexionar. A la mitad me quedé a solas y sin ti pero hemos ido continuando, a veces un poco mejor... La perspectiva del tiempo nos va redondeando los cantos, como a los pares, y nos transforma en muchas cosas, algunas de las cuales buenas. Sin perder el destino, sin alejarnos de caminos bifurcados y tratando de evitar atajos que solo traen callejones sin salida a nuestros pasos, torpes.
La vida también eres tú, fuiste tú...

jueves, 18 de febrero de 2010

Relaciones...

Me pregunto si es necesario tener que repetir todas las gestiones que hago porque se hacen mal. Me duele ver cada mañana que el diario es cada vez más delgado e imagino a que los proveedores de noticias en todo el mundo ya no les requieren sus servicios y también me pregunto a qué se dedican ahora. Son muchos. Ayer superé en cincuenta mil el millón de puntos en el plock, que me tiene enganchada por su sencillez. Llega la primavera porque escucho los pájaros en el alféizar de mi ventana y me siento feliz. Se van personas que habitaban nuestras vivencias y creo que la vida es un poco distinta. Pienso mis recuerdos y siento algo de todo. A veces me cuesta vivir sin ti. Ando metida en tantas guerras que la sensación de falta de control es un poco inevitable. Y, sin embargo, estoy ilusionada...

miércoles, 17 de febrero de 2010

Resolución, contraste, brillo...

Tengo el estómago golpeado. Hoy es un día de esos en los que los inputs que llegan son todos complejos. Ayuda, consejo, acción. Me gustaría llegar mucho más lejos y me siento pegada a la silla con superglú y no me resulta nada fácil permanecer quieta. No dispongo del tiempo material para cambiar de registro y siento que me arrastro. Creo saber lo que procede, en cada caso, en el momento, y luego todo permanece igual, para no cambiar. Como si nunca se hubiera vislumbrado esa señal lejana, esperanzadora, rellena de ilusión por dentro, cubierta de una pátina de condiciones finas. Mucho que hacer, en realidad. Y tan poca resolución, como en las pantallas planas...

Decisiones...

Tengo una estupenda pantalla grande perfectamente ubicada frente a mi cara. Y lo veo todo limpio, cercano y de tamaño razonable; sin esfuerzo. Habrá que adaptarse deprisa...

No somos conscientes de lo mucho que nos puede cambiar la vida, de la cantidad de vidas diferentes que cada un# puede vivir, de que la suerte se puede girar y todo empeore. No pienso solo en la salud. Es un pensamiento más global.

Esos cambios que ocasionalmente se producen son la consecuencia de las pequeñas [a veces grandes] decisiones que vamos tomando mientras vivimos, creyendo que en absoluto son relevantes ni determinantes de nuestra trayectoria. Y ahi erramos.

Sé de alguien que hace menos de diez años se daba largos paseos por el cielo, en confianza, con seguridad y calma. No existían las preocupaciones, de ninguna clase. Y, sin embargo, todo eran quejas.

Trato de imaginar hoy en cómo ese alguien se enfrentará a cada nueva jornada, que todo cambió y existen serias preocupaciones que empiezan al despertar y no se van ni dentro de la cama, por la noche.

Eso sí. Un día cercano a la cuarentena [topicazo] decidió que esa primera familia que había montado en su juventud ya no interesaba. Buscó otra y la construyó desde cero. Un poco tarde, tal vez.

Ahora su entorno zozobra mientras su primera familia sigue el curso natural, en abundancia de recursos y escasas preocupaciones.

Aquél día tomó una de esas decisiones que lo cambian todo...

martes, 16 de febrero de 2010

Links y networking...

Tengo una paradoja incómoda. Por un lado, la primera víctima cercana de esta crisis que nos empeñamos en invocar como un mantra está temporalmente sin actividad desde el viernes. Por otro, ayer la ficha que tengo abierta en un lugar que me linkea con colegas me proporcionó un nuevo reto profesional. Vale que como en anteriores ocasiones precisé solo un segundo para rechazar amablemente el proyecto, con estupefacción más que sorpresa. Pero el hecho es que alguien me encontró. Así que mi ego y yo regresamos sonrientes a casa, aunque absolutamente nada en mi vida hubiera cambiado...

jueves, 11 de febrero de 2010

Tactos y tocamientos...

Voy a comentar [muy brevemente] mi revisión ginecológica anual, porque me consta que otras muchas lo hicieron antes que yo y, lo reconozco, seguro que con más gracia.
Primer paso: la bata, que me tuve que poner hasta tres veces porque no sabía si lo mejor era atada delante o atada detrás. Obviamente, erré con la decisión de atarla atrás, que me había parecido claramente más favorecedora. Por lógica, la exploración mamaria obligaba a la posición contraria... Parece que yo no tengo lógica ninguna...
Segundo: la espera [desnuda y con la bata atada por detrás] en un triste cubículo de uno por uno, aunque las instalaciones sean nuevas y de alto standing. Escuchando mi teléfono dentro de la taquilla cerrada con llave que no dejaba de escupir avisos correspondientes a mensajes de diferentes tipos, tareas, incluso mensajeros diversos.
Tercero: la eco vaginal. No comprendo la razón por la que hay que apretar tanto el enorme falo contra los ovarios. Pero dolió y el gel estaba helado de verdad, como mis pies volando sobre el potro. Situación cómoda, a media luz con la doctora... y sus miraditas... Me pregunta si continúo teniendo la regla (¿?).
Cuarto: nueva espera en el cubículo de antes. Ahora la posición del cierre de la bata azul ya había sido rectificada. El teléfono seguía con vida.
Quinto: creo que se me han olvidado ahi dentro. Me atrevo a salir para recordar a todos los efectos y a quien convenga que estoy como mi teléfono y todos los pasillos están desiertos y en silencio, Murphy...
Sexto: con error en la fonía de mi apellido [cosa que, para mi vergüenza, solo me pasa en los hospitales y las salas de espera de los médicos y derivados], bien alto, soy llamada a la sandwichera mamaria, donde se me practican -en una antinatural posición vertical- diversos bikinis en cada pecho, no sin cierta dosis de dolor y sentimiento de humillación que, sin embargo, se me pasa enseguida. Me explora a conciencia, la jovenzuela de rigor, que, para mi sorpresa, vuelve a preguntarme si sigo teniendo la regla. Pero bueno... ¿qué les pasa a todas este año?
Séptimo: recomposición de las prendas de ropa y joyamen diverso en El Cubículo triste. Consulta a la pantalla del teléfono.
Octavo: espera de resultados en el pasillo que hace las veces de sala de espera, con los separadores correspondientes de cristal esmerilado mate. Termino de ver el correo y la vidilla telefónica en general, abro el primer Hola que me encuentro cerca y, de nuevo Murphy, me vuelven a llamar con errores en el apellido. Creo que ha llegado la hora de aceptarlo y no corregirlas más, que es una guerra perdida. Los recojo sonriendo y pregunto que qué procede ahora. Recojo la tarjeta naranja de otro mostrador, subo un piso andando (recibo mails que me dicen que haga ejercicio y sea ecológica usando mi estupendo par de piernas en lugar del ascensor y a veces obedezco), me acerco a otro mostrador. Pregunto. Entrego de nuevo la tarjeta. Me indican. Me siento en otra salita de espera y abro el diario. En la sección de Política internacional ya me oigo a mi misma contestar "Si, soy yo" y me voy.
Noveno: revisión ginecológica con una doctora a la que le saco unos veinte años. Reconfortante verse confiando en la juventud que nos sustituye a l#s de mi generación... Charla breve. Paso a otra sala con el potro. Exploración mamaria con los brazos flexionados bajo la cabeza. Tacto externo y vaginal, con pellizco y presión en ambos ovarios. Dolor. Ella me pregunta si, además de mantener la regla, tengo pérdidas de orina...
¡Pero bueno! ¿se puede saber qué les ha pasado a todas este año? :(
Menuda perspectiva tendré que plantearme...

Aquí está todo...

Acerca de los datos personales

Mi foto
Si. Claro. Cómo si fuera tan fácil hacer una definición completa y, además, ecuánime de una misma a estas alturas de la vida... Creo que, por lo menos, necesitaría un fin de semana. ¿Hace? ¿Si? :)

Por si se pierde algo...

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